La palabra Iris ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece iris.
Estadisticas de la palabra iris
Iris es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 8909 según la RAE.
Iris aparece de media 8.97 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la iris en las obras de referencia de la RAE contandose 1363 apariciones .
Más información sobre la palabra Iris en internet
Iris en la RAE.
Iris en Word Reference.
Iris en la wikipedia.
Sinonimos de Iris.

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece iris
La palabra iris puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1144
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... rante algunos minutos aparece un espléndido arco iris, y es curioso observar el efecto de la niebla, que transportada por el viento a la superficie del agua, transforma el semicírculo ordinario en un círculo completo: una banda de los colores del prisma sale de los dos extremos del arco y atraviesa la bahía para venir a juntarse al barco y forma de este modo un anillo irregular, pero casi completo. ...
En la línea 335
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Por las altas ventanas y por los rosetones del arco toral y de los laterales entraban haces de luz de muchos colores que remedaban pedazos del iris dentro de las naves. ...
En la línea 3477
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y todo aquello había sido movimiento, luz, vida, ruido, cantando en el bosque, volando por el cielo azul, serpeando por las frescas linfas, luciendo al sol destellos de todo el iris, al pender de las ramas, en vega, prados, ríos, montes. ...
En la línea 1373
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Por fin llegó el acto final. El Arzobispo de Canterbury levantó de su cojín la corona de Inglaterra y la suspendió sobre la cabeza temblorosa del fingido rey. En el mismo instante un resplandor de arco iris fulguró en el amplio crucero, porque, en un movimiento simultáneo, cada individuo del gran concurso de nobles levantó la corona y la suspendió sobre su cabeza y la detuvo en esa postura. Un profundo silencio reinó en la Abadía. En este impresionante momento una pasmosa aparición de pronto se hizo presente, avanzando por la gran nave central. Era un niño, con la cabeza descubierta, mal calzado y vestido con burdas prendas plebeyas que se caían a jirones. Levantó su mano, con una solemnidad que no concordaba con su lastimoso sucio aspecto, y pronunció esta advertencia: ...
En la línea 1610
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Pero pronto los «matorrales» se espesaron y crecieron las formaciones arbóreas, abriéndose ante nosotros verdaderos sotos petrificados y largas galerías de una arquitectura fantástica. El capitán Nemo se adentró por una de ellas a lo largo de una suave pendiente que nos condujo a una profundidad de cien metros. La luz de nuestras linternas arrancaba a veces mágicos efectos de las rugosas asperezas de aquellos arcos naturales y de las pechinas que semejaban lucernas a las que hacía refulgir con vivos centelleos. Entre los arbustos de coral vi otros pólipos no menos curiosos, melitas, iris con ramificaciones articuladas, matojos de coralinas, unas verdes y otras rojas, verdaderas algas enquistadas en sus sales calcáreas, a las que los naturalistas han alojado definitivamente, tras largas discusiones, en el reino vegetal. Un pensador ha dicho que «quizá se halle allí el límite real a partir del cual la vida empieza a salir del sueño de la piedra, sin por ello liberarse totalmente y todavía de su rudo punto de partida». ...
En la línea 1741
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Precisamente, sabio Conseil. Ahora bien, entre estos testáceos, la oreja de mar iris, los turbos, las tridacnas, las pinnas, en una palabra, todos los que secretan nácar, es decir, esta sustancia azul, azulada, violeta o blanca que tapiza el interior de sus valvas, son susceptibles de producir perlas. ...
En la línea 3060
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Entre los peces de esos parajes que no había tenido aún la ocasión de estudiar, anoté diversas especies. Entre los cartilaginosos, los petromizones, especie de anguilas de quince pulgadas de longitud, con la cabeza verdosa, las aletas violetas, el dorso gris azulado, el vientre marrón y plateado con motas de vivos colores y el iris de los ojos en un círculo de oro, curiosos animales a los que la corriente del Amazonas había debido arrastrar hasta alta mar, pues habitan las aguas dulces. También unas rayas tuberculadas de puntiagudo hocico, de cola larga y suelta, armadas de un largo aguijón dentado; pequeños escualos de un metro, de piel gris y blancuzca, cuyos dientes, dispuestos en varias filas, se curvan hacia atrás, yque se conocen vulgarmente con el nombre de «pantuflas»; lofios vespertilios, como triángulos isósceles, rojizos, de medio metro aproximadamente, cuyos pectorales tienen unas prolongaciones carnosas que les dan el aspecto de murciélagos pero a los que su apéndice córneo, situado cerca de las fosas nasales, les ha dado el nombre de unicornios marinos; en fin, algunas especies de balistes, el curasaviano, cuyos flancos punteados brillan como el oro, y el caprisco, violeta claro de sedosos matices como el cuello de una paloma. ...
En la línea 3201
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Entre los peces óseos, anoté unos labros grises propios de esos mares; esparos sinágridos cuyo iris resplandecía como el fuego; escienas de un metro de largo, con una ancha boca erizada de pequeños dientes, que emitían un ligero grito; centronotos negros, de los que ya he hablado; corífenas azules con destellos de oro y plata; escaros, verdaderos arco iris del océano que rivalizan en colores con los más bellos pájaros de los trópicos; rombos azulados desprovistos de escarnas; bátracos recubiertos de una faja amarilla y transversal semejante a una t griega; enjambres de pequeños gobios moteados de manchitas pardas; dipterodones de cabeza plateada y de cola amarilla; diversos ejemplares de salmones; mugilómoros de cuerpo esbelto y de un brillo suave, como los que Lacepéde ha consagrado a la amable compañera de su vida, y, por último, un hermoso pez, el «caballero americano», que, condecorado con todas las órdenes y recamado de todos los galones, frecuenta las orillas de esa gran nación que en tan poca estima tiene a los galones y a las condecoraciones. Por la noche, las aguas fosforescentes del Gulf Stream rivalizaban con el resplandor eléctrico de nuestro fanal, sobre todo cuando amenazaba tormenta como ocurría frecuentemente en aquellos días. El 8 de mayo nos hallábamos aún frente al cabo Hatteras, a la altura de la Carolina del Norte. La anchura allí del Gulf Stream es de setenta y cinco millas y su profundidad es de doscientos diez metros. El Nautilus continuaba errando a la aventura. Toda vigilancia parecía haber cesado a bordo. En tales condiciones, debo convenir que podía intentarse la evasión, con posibilidades de éxito. En efecto, las costas habitadas ofrecían en todas partes fáciles accesos. Además podíamos esperar ser recogidos por algunos de los numerosos vapores que surcaban incesantemente aquellos parajes asegurando el servicio entre Nueva York o Boston y el golfo de México, o por cualquiera de las pequeñas goletas que realizaban el transporte de cabotaje por los diversos puntos de la costa norteamericana. Era, pues, una ocasión favorable, a pesar de las treinta millas que separaban al Nautilus de las costas de la Unión. ...

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