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La palabra intentaban
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la palabra intentaban

La palabra Intentaban ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece intentaban.

Estadisticas de la palabra intentaban

Intentaban es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 13171 según la RAE.

Intentaban aparece de media 5.43 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la intentaban en las obras de referencia de la RAE contandose 825 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Intentaban

Cómo se escribe intentaban o hintentaban?
Cómo se escribe intentaban o intentavan?

Más información sobre la palabra Intentaban en internet

Intentaban en la RAE.
Intentaban en Word Reference.
Intentaban en la wikipedia.
Sinonimos de Intentaban.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece intentaban

La palabra intentaban puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2423
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Como ramillete de fuego saltaban las aves e intentaban volar ardiendo vivas. ...

En la línea 1790
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Era un continuo transitar de gentes prisioneras, cogidas en el momento en que intentaban salir de la población. Otros habían sido detenidos en el refugio de las tabernas o tropezados al azar en aquel ojeo que envolvía las calles. ...

En la línea 1960
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Sólo mostraban alguna vehemencia al apreciar el valor con que habían muerto, el gesto que les acompañó al patíbulo. Juanón y el de Trebujena habían marchado al palo como lo que eran: como hombres incapaces de miedo ni de fanfarronadas. Los otros dos asesinos habían muerto como unos brutos. Y el recuerdo del pobre _Maestrico_ casi les dos reales; sino dos reales y medio, y atribuían este aumento a su sumisión y disciplina. «Siendo buenos, sacaréis más que a las malas», les habían dicho. Y ellos lo repetían, pensando con desprecio en los malvados alborotadores que intentaban arrastrarlos a la rebeldía. Siendo obedientes y humildes, tal vez llegasen, con el tiempo, a cobrar tres reales. ¡Una verdadera felicidad!... ...

En la línea 2046
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Le vi también lanzarse de golpe contra dos nacionales que intentaban escaparse, separarlos de la multitud, envolverlos, y empujarlos en otra dirección, golpeándolos despreciativamente con el sable de plano. ...

En la línea 6135
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Qué diría usted si los españoles fuesen a Inglaterra con propósito de quitar el luteranismo establecido allí? —Serían muy bien recibidos—repliqué—, especialmente si intentaban hacerlo por la difusión de la Biblia, el libro de todos los cristianos, como los ingleses hacen en España. ...

En la línea 1817
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Dichas operaciones nocturnas ocasionaban frecuentes escaramuzas y un amanecer, al notar César Borgia que varios grupos de enemigos intentaban una de las mencionadas sorpresas, se armó rápidamente, no acabando de colocarse bien las piezas de su armadura, y montó a caballo, sin que en realidad fuese necesaria su presencia, galopando hacia los partidarios de Beaumont, ya en retirada. Tal era su ímpetu, que no volvió la cabeza atrás para enterarse de si era seguido. ...

En la línea 826
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Su canción era una marcha belicosa de las que entonaba el ejército americano durante la guerra en Francia. Cuando se fatigaba de cantar silbaba, y todos los del cortejo, contagiados por su alegría, intentaban imitarle. Las muchachas de la escolta, no menos regocijadas y enardecidas por la excursión, acompañaban el canto del gigante golpeando sus casquetes con sus espadas. Las aviadoras de larga pluma coreaban la canción o los silbidos desde sus máquinas aéreas, que flotaban muy cerca de Gillespie. Los habitantes de las cabañas y de los pueblecitos corrían hacia el camino, atraídos por esta música ruidosa que parecía venir de las nubes. ...

En la línea 1526
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Con sólo media docena de zancadas llegó el coloso a la puerta de la prisión, hundiendo sus pies en la muchedumbre armada. Las amazonas enviaron a lo alto una nube de flechas contra su pecho y su cabeza, mientras los jinetes de las cimitarras intentaban herirle en las pantorrillas. Pero el, con un golpe de su garrote, abrió anchísimo surco en la masa de enemigos, enviando por el aire docenas de estos, y a continuación le bastaron varias patadas para desbaratar el resto de la tropa. Todos los que aún se mantenían de pie huyeron, dejando el suelo cubierto de camaradas inertes o gimeantes. ...

En la línea 2303
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... También se paseaba por aquellos andurriales, sin perder de vista el convento; iba y venía por las veredas que el paso traza en los terrenos, matando la yerba, y a ratos sentábase al sol, cuando este no picaba mucho. Montones de estiércol y paja rompían a lo lejos la uniformidad del suelo; aquí y allí tapias de ladrillo de color de polvo, letreros industriales sobre faja de yeso, casas que intentaban rodearse de un jardinillo sin poderlo conseguir; más allá tejares y las casetas plomizas de los vigilantes de consumos, y en todo lo que la vista abarca un sentimiento profundísimo de soledad expectante. Turbábala sólo algún perro sabio de los que, huyendo de la estricnina municipal, se pasean por allí sin quitar la vista del suelo. A veces el joven volvía al camino real y se dejaba ir un buen trecho hacia el Norte; pero no tenía ganas de ver gente y se echaba fuera, metiéndose otra vez por el campo hasta divisar las arcadas del acueducto del Lozoya. La vista de la sierra lejana suspendía su atención, y le encantaba un momento con aquellos brochazos de azul intensísimo y sus toques de nieve; pero muy luego volvía los ojos al Sur, buscando los andamiajes y la mole de las Micaelas, que se confundía con las casas más excéntricas de Chamberí. ...

En la línea 3423
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Santa Cruz reconoció aquella fuerza casi superior a la suya, y no tenía gran empeño en oponerse a ella. Por punto, hizo como que sus brazos intentaban someter a los de su querida. Esta pudo más y cerró violentamente la puerta de la alcoba. El Delfín tocó en los cristales, diciendo: «Si no hay motivo para tanta bulla… Nena, nena negra, abre… Ten calma y no te sofoques… ¡Bah!, siempre eres así… ». ...

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