Cómo se escribe.org.es

La palabra haberlo
Cómo se escribe

la palabra haberlo

La palabra Haberlo ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Niebla de Miguel De Unamuno
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece haberlo.

Estadisticas de la palabra haberlo

Haberlo es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 6065 según la RAE.

Haberlo aparece de media 14.52 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la haberlo en las obras de referencia de la RAE contandose 2207 apariciones .


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece haberlo

La palabra haberlo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1431
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Comprendieron, pues por algunas palabras escapadas a D'Artag nan, de qué asunto se trataba, y como pensaron que después de ha ber cogido a su hombre o haberlo perdido de vista, D'Artagnan termi naría por volver a subir a su casa, prosiguieron su camino. ...

En la línea 4895
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El señor Grimaud (él sí ha dicho su nombre, aunque no habla mu cho), el señor Grimaud fue, pues, bajado a la bodega, herido como estaba; entonces su amo, tras haberlo recibido, volvió a atrancar la puer ta y nos ordenó quedarnos en nuestra tienda. ...

En la línea 8663
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Pero en el momento en que el cardenal veía fructificar ya su medio y se aplaudía por haberlo puesto en práctica, un habitante de La Ro chelle, que había podido pasar a través de las líneas reales, Dios sabe cómo, pues tanta era la vigilancia de Bossompierre, de Schomberg y del duque de Angulema, vigilados ellos mismos por el cardenal, un ha bita nte de La Rochelle, decíamos, entró en la ciudad procedente de Porstmouth y diciendo que había visto una flota magnífica dispuesta a hacerse a la vela antes de ocho días. ...

En la línea 9182
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Un cuchillo que ella me devolverá por el postigo un mimuto des pués de haberlo recibido -respondió Felton. ...

En la línea 2883
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¡Qué pecho tiene! ¿Con qué derecho viaja usted en ese caballo, _señor_, haciendo falta tantos para el servicio de la reina? Este caballo pertenece a la _requisa_.» «Con el derecho que me da el haberlo comprado, y el ser yo inglés»—repliqué. ...

En la línea 4612
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Después de una pausa que no fuí capaz de romper, porque estaba atónito de asombro, y casi me imaginaba que tenía delante una aparición, el chepudo avanzó un poco y con voz suave y argentina dijo: «_Señor_ caballero, ¿ha sido usted quien ha traído este libro a las Asturias?» Me figuré que aquellos señores eran las autoridades civiles de la población que venían a arrestarme, y, poniéndome en pie, repuse: «Sí, por cierto: yo he sido, y es una gloria para mí haberlo hecho. ...

En la línea 5994
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Este pueblo le era bastante conocido por haberlo visitado en otro tiempo cuando recorría aquellos términos vendiendo _cacharras_. ...

En la línea 6769
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Un individuo singular nos había seguido hasta la puerta: era un hombre vestido con traje europeo sumamente raído, pero con señales de haberlo cortado un buen sastre. ...

En la línea 2071
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Porque, presupuesto que Luscinda no puede casarse con don Fernando, por ser mía, ni don Fernando con ella, por ser vuestro, y haberlo ella tan manifiestamente declarado, bien podemos esperar que el cielo nos restituya lo que es nuestro, pues está todavía en ser, y no se ha enajenado ni deshecho. ...

En la línea 3537
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Hízolo así el canónigo, y adelantóse con sus criados y con él: estuvo atento a todo aquello que decirle quiso de la condición, vida, locura y costumbres de don Quijote, contándole brevemente el principio y causa de su desvarío, y todo el progreso de sus sucesos, hasta haberlo puesto en aquella jaula, y el disignio que llevaban de llevarle a su tierra, para ver si por algún medio hallaban remedio a su locura. ...

En la línea 6762
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... He declarado dudas, sentenciado pleitos, siempre muerto de hambre, por haberlo querido así el doctor Pedro Recio, natural de Tirteafuera, médico insulano y gobernadoresco. ...

En la línea 338
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ¡Qué magnífico espectáculo debió ser, qué hermoso asunto de cuadro para un pintor: el cuerpo desnudo y bronceado del viejo llevando en un, brazo a su tierno hijo, colgando, como Mazeppa, de su caballo blanco, y escapándose así de la persecución de sus enemigos! Un día vi a un soldado sacar chispas de un trozo de sílex, que al punto conocí que había formado parte de una punta de flecha. Me dijo haberlo encontrado cerca de la isla Cholechel, y que había muchos en ese sitio. Ese pedazo de cuarzo tenía entre dos y tres pulgadas de longitud; por lo tanto, la flecha aquella era doble mayor que las empleadas hoy en la Tierra de Fuego. Estaba formada por un trozo de sílex opaco, de color blanquecino; pero la punta y las aristas estaban rotas. Sabido es que ningún indio de las Pampas emplea hoy arco ni flechas, excepto (según creo) una pequeña tribu en la banda oriental. Pero esta última tribu está muy lejos de los indios de las Pampas y muy cerca, por el contrario, de las tribus que viven en los bosques y que nunca montan a caballo. ...

En la línea 1378
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... eo que este terremoto ha bastado por sí solo para reducir la isla de Quiriquina tanto más que pudiera haberlo hecho la acción ordinaria del mar en todo un siglo. ...

En la línea 2316
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... ra este uso no emplean más que una madera sumamente blanca y muy ligera (Hibiscus liliaceus), la misma que les sirve para portear pesos, y con la que hacen las canoas. este modo se proporcionan lumbre en pocos segundos; pero para el que no sepa la manera de hacerlo; es muy difícil, y no se logra el resultado sino a costa de muchísimo trabajo; yo conseguí hacer fuego, y me sentía orgulloso de haberlo obtenido. gaucho de las Pampas emplea diferente método; toma un palo flexible como de 18 pulgadas de largo, apoya uno de sus extremos en el pecho y aplica .el otro, cortado en punta, en un agujero hecho en medio de un trozo de madera; haciendo girar entonces con mucha rapidez la parte curva del palo, como si fuese un berbiquí, préndese el fuego en la madera ...

En la línea 2368
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... No trataré de describir esta escena, después de haberlo hecho ya, y de un modo tan interesante, el capitán. se había entregado el dinero y tal vez las razones aducidas para explicar el retraso no eran del todo satisfactorias; pero no encuentro palabras para expresar la sorpresa que experimentamos todos viendo el buen sentido; la energía del razonamiento, la moderación, el candor, la prontitud de resolución que mostró el parlamento ...

En la línea 3920
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pero ¿debía haberlo hecho? Tal vez. ...

En la línea 5013
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¿Qué quería usted? —preguntó, como pudo haberlo preguntado la pared. ...

En la línea 6615
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Siempre se le había figurado, por no haberlo pensado bien, que a los curas, una vez perdido el respeto religioso, se les podía abofetear impunemente; no les suponía valor, ni fuerza, ni sangre en las venas. ...

En la línea 7979
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ideas y sentimientos que ella tenía aprisionados como peligrosos enemigos rompieron las ligaduras; y fue un motín general del alma, que hubiera asustado al Magistral de haberlo visto, lo que la Regenta sintió con deleite dentro de sí. ...

En la línea 661
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... «Las valencianas—decía el alemán— visten con singular, pero excesiva, bizarría, pues van escotadas de tal modo que se les pueden ver los pezones, y, además, todas se pintan la cara y usan afeites y perfumes, cosa en verdad censurable. Los habitantes de Valencia acostumbran pasear de noche por las calles, en las que hay tal gentío que se diría estar en una feria, pero con mucho orden, porque nadie se mete con el prójimo. Las tiendas de comestibles no se cierran hasta medianoche. No hubiera creído que existiera tal espectáculo a no haberlo visto.» ...

En la línea 1418
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los mismos españoles instalados en el país contribuían a esta guerra desleal. Los Borgias no podían dar colocación a todos, y con una saña reconcentrada y envidiosa repetían las maledicencias de los noveleros italianos, agrandándolas. Uno de ellos, el capitán Fernández de Oviedo, que fue años después el primer historiador del Nuevo Mundo, acogió en Roma las más absurdas patrañas contra Alejandro y César, culpables en realidad de no, haberlo empleado nunca. ...

En la línea 1779
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Este documento, cuya desaparición interesaba mucho al monarca, no lo poseía ya el cautivo por haberlo confiado a uno de sus lugartenientes italianos, Baltasare de Sciplone; mas al fin consiguió el virrey de Nápoles, por medio de los Colonnas, apoderarse de él, rompiéndolo. ...

En la línea 717
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Ahora pudo ver con claridad, considerablemente agrandado y en todos sus detalles, al joven doctor que estaba con Ra-Ra. De haberlo descubierto una hora antes, estaba seguro de que la lente se habría caído de su rostro empujada por la sorpresa, siéndole imposible al mismo tiempo contener un grito de asombro. Pero después de haber conocido personalmente a Momaren, se consideraba a salvo de toda clase de emociones. ...

En la línea 4917
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Primo—le dijo el otro mirándole con socarronería—; si quieres hijos, haberlo pensado antes. ...

En la línea 5237
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Del salto se puso Fortunata al otro extremo de la habitación. Habíale entrado tal pánico, que por poco sale al pasillo pidiendo socorro. Maxi tenía la cara descompuesta y transfigurada, y sus ojos parecían carbones encendidos. Ni siquiera reparó que su mujer se había alejado de él, y continuó hablando como si aún la tuviera al lado. La infeliz, turbada y muerta de miedo, se acurrucó en el rincón opuesto, y cruzadas las manos, miraba al desgraciado demente, diciendo para sí: «¿En qué lo habrá conocido?… Dios, ¡qué hombre! ¿Será farsa todo esto de la locura? ¿Será que se finge así para poder matarme, sin que la justicia le persiga… ? ¡Pero cómo habrá descubierto… ! ¡Si no lo he dicho a nadie! ¡Si no se me conoce nada todavía… ! ¡Ah!, lo que este hombre tiene es mucha picardía. Eso de la revelación lo dice para engañar a la gente… Sin duda se lo figura, se lo teme, o me lo ha conocido no sé en qué… ¿Lo habré dicho yo en sueños?… Aunque no; podrá haberlo adivinado por su propia locura. ¿No dicen que las grandes verdades las saben los niños y los locos… ? ¡Ay, qué miedo me ha entrado! Dios mío, líbrame de esta tribulación. Este hombre me quiere matar y hace todas estas comedias para vengarse en mí y asesinarme a lo bóbilis bóbilis… ». ...

En la línea 5986
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Al mirar a su hijo, la llama de su ira se avivó más. «¡Decir que no es hijo de su padre… ! ¡Qué infamia! La despedazaría sin compasión ninguna. ¡Inocente!, ¡tan chiquito y ya le quieren deshonrar! Pero no le deshonrarán, no, porque aquí está su madre para defenderle; y al que me diga que este no es el hijo de la casa, le saco los ojos. Él no puede haberlo dicho… A mí me la soltó, pero fue así como en broma. Él no puede haberlo dicho, y si yo supiera que lo había dicho, juro por esta cruz (haciéndola con los dedos y besándola), por esta cruz en que te mataron, Cristo mío, juro que le he de aborrecer… pero aborrecerle de cuajo, no de mentirijillas… ¡Ay, Dios mío! (echándose en la cama, acongojadísima); si le dicen esta mentira tan gorda a Guillermina y a Jacinta, ¿la creerán?… Puede que sí… Todo lo malo se cree, y lo malo que de mí se diga, se cree más… Pero no, puede que no lo crean… Es muy atroz el embuste. Esto no lo puede creer nadie, no puede ser, no puede ser, y primero creerán que el mundo se vuelve del revés, y que el día se hace noche, y el sol luna, y el agua fuego. Y si alguien lo creyera, él lo desmentiría; estoy segura de que lo desmentiría. Yo no he faltado, yo no he faltado (alzando la voz), y quien diga que yo he faltado, miente, y merece que se le arranque la lengua con unas tenazas de hierro echando fuego. Quieren que yo me pierda; pero por más que hagan esos perros, no me quitarán, Dios mío, que yo sea tan ángel como otra cualquiera. Que rabien, que rabien, porque lo seré, lo seré». ...

En la línea 5986
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Al mirar a su hijo, la llama de su ira se avivó más. «¡Decir que no es hijo de su padre… ! ¡Qué infamia! La despedazaría sin compasión ninguna. ¡Inocente!, ¡tan chiquito y ya le quieren deshonrar! Pero no le deshonrarán, no, porque aquí está su madre para defenderle; y al que me diga que este no es el hijo de la casa, le saco los ojos. Él no puede haberlo dicho… A mí me la soltó, pero fue así como en broma. Él no puede haberlo dicho, y si yo supiera que lo había dicho, juro por esta cruz (haciéndola con los dedos y besándola), por esta cruz en que te mataron, Cristo mío, juro que le he de aborrecer… pero aborrecerle de cuajo, no de mentirijillas… ¡Ay, Dios mío! (echándose en la cama, acongojadísima); si le dicen esta mentira tan gorda a Guillermina y a Jacinta, ¿la creerán?… Puede que sí… Todo lo malo se cree, y lo malo que de mí se diga, se cree más… Pero no, puede que no lo crean… Es muy atroz el embuste. Esto no lo puede creer nadie, no puede ser, no puede ser, y primero creerán que el mundo se vuelve del revés, y que el día se hace noche, y el sol luna, y el agua fuego. Y si alguien lo creyera, él lo desmentiría; estoy segura de que lo desmentiría. Yo no he faltado, yo no he faltado (alzando la voz), y quien diga que yo he faltado, miente, y merece que se le arranque la lengua con unas tenazas de hierro echando fuego. Quieren que yo me pierda; pero por más que hagan esos perros, no me quitarán, Dios mío, que yo sea tan ángel como otra cualquiera. Que rabien, que rabien, porque lo seré, lo seré». ...

En la línea 1278
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Aquel mismo día entraron varios presos para pasar la noche; eran conducidos, con su custodia, a diversos lugares del reino para cumplir el castigo de crímenes cometídos. El rey habló con ellos, pues desde el principio se había propuesto enterarse y aprender para su regio oficio, interrogando a los presos cada vez que se le presentaba una oportunidad. La relación de sus desgracias desgarró el corazón del niño. Había allí una pobre mujer, medio demente, que, en castigo por haber robado una o dos varas de paño a un tejedor, iba a ser ahorcada. Un hombre, acusado de robar un caballo, dijo a Eduardo que la prueba había sido negativa y ya se imaginaba estar libre del verdugo; pero no. Apenas estuvo en la calle, cuando fue preso otra vez por haber matado un ciervo en el parque del rey. Se le probó el hecho, y estaba condenado a galeras. Había también un aprendiz de comerciante cuyo caso afectó en lo vivo a Eduardo. Díjole aquel mozo que cierta, noche había encontrado un halcón, escapado de las manos de su dueño, y se lo llevó a su casa, imaginándose con derecho a él; pero el tribunal le declaró convicto de haberlo robado y lo sentenció a muerte. ...

En la línea 1397
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Todos los circunstantes se pasmaron al oír sus palabras, y se maravillaron, más aún al ver al pordioserillo elegir a aquel par del reino sin vacilación ni aparente temor de equivocarse, y llamarlo por su nombre, con el aire plácido y convincente de haberlo conocido toda la vida. El par se sorprendió casi obedeciendo. Incluso hizo un movimiento como para alejarse, pero pronto resuperó su serena actitud y confesó su disparate con un sonrojo. Tom Canty se volvió hacia él y dijo ásperamente: ...

En la línea 1884
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –¡Al otro no le ha engañado! –dijo fríamente Augusto, y después de haberlo dicho se aterró de la frialdad con que lo dijera. ...

En la línea 522
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Huye, Sandokán, mientras sea tiempo. Temo que te suceda una desgracia. Mi tío no ha salido por capricho; debe haberlo llamado el baronet William Rosenthal, que probablemente te ha reconocido. ¡Por favor, parte, vuelve a tu isla ahora! ¡Ponte a salvo antes de que una tempestad caiga sobre tu cabeza! ...

En la línea 1279
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Temo haberlo estropeado todo. Ahora ya saben que estoy aquí y no se dejarán sorprender. ...

En la línea 1826
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Gracias, Dios mío, por haberlo protegido! —exclamó la joven con los ojos llenos de lágrimas. ...

En la línea 177
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Pero esta respuesta probaba la obstinación del arponero y sólo eso. Aquel día no le acosé más. El accidente del Scotia no era negable. El agujero existía, y había habido que colmarlo. No creo yo que la existencia de un agujero pueda hallar demostración más categórica. Ahora bien, ese agujero no se había hecho solo, y puesto que no había sido producido por rocas submarinas o artefactos submarinos, necesariamente tenía que haberlo hecho el instrumento perforante de un animal. ...

En la línea 815
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -No puedo decírselo, Ned. Pero, créame, abandone por el momento la idea de apoderarse del Nautilus o de huir de él. Este barco es una obra maestra de la industria moderna y yo lamentaría no haberlo visto. Son muchos los que aceptarían de buen grado nuestra situación, aunque no fuese más que por contemplar estas maravillas. Así que manténgase tranquilo, y tratemos de ver lo que pasa en torno nuestro. ...

En la línea 1253
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Ned Land conocía bien ese fruto, por haberlo comido durante sus numerosos viajes, y sabía preparar su sustancia comestible. La vista del mismo excitó su apetito, y sin poder contenerse dijo: ...

En la línea 2111
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Francamente, no me pesa este viaje bajo el mar. Y me sentiré contento de haberlo hecho. Pero para haberlo hecho, menester es que haya terminado. Ésa es mi opinión. ...

En la línea 644
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Entonces conté a Joe que era muy desgraciado, y que no me sentí con fuerzas para explicarme con la señora Joe y con el señor Pumblechook, que tan mal me trataban, y que en casa de la señorita Havisham había una joven orgullosa a más no poder, quien dijo que yo era muy ordinario, y como comprendí que el calificativo era justo, me disgustaba sobremanera haberlo merecido. Y ése fue el origen de las mentiras que conté, aunque yo mismo no podía comprender por qué las había dicho. ...

En la línea 734
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... En la estancia había tres señoras y un caballero. Antes de cinco minutos de estar junto a la ventana tuve la impresión de que todos ellos eran farsantes y aduladores, pero que cada uno de ellos fingía ignorar que sus compañeros merecían tales nombres, porque, de haberlo advertido, al mismo tiempo se habrían comprendido en los mismos calificativos. ...

En la línea 781
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Diciendo estas palabras me soltó, cosa que me satisfizo, porque la mano le olía a jabón de tocador, y continuó su camino escaleras abajo. Me pregunté si sería médico, aunque en seguida me contesté que no, porque, de haberlo sido, tendría unos modales más apacibles y persuasivos. Pero no tuve mucho tiempo para reflexionar acerca de ello, porque pronto me encontré en la habitación de la señorita Havisham, en donde tanto ella misma como todo lo demás estaba igual que la vez pasada. Estella me dejó junto a la puerta, y allí permanecí hasta que la señorita Havisham me divisó desde la mesa tocador. ...

En la línea 1116
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Como yo estaba enterado de algo más, supuse que pertenecería a mi penado, es decir, que era el mismo que vi limar en los marjales, mas a pesar de ello no le acusaba de haberlo empleado en herir a mi hermana. Y eso porque sospechaba que otras dos personas lo hubiesen encontrado, utilizándolo para cometer el crimen. Sin duda alguna, el asesino era Orlick o bien aquel hombre extraño que me enseñó la lima. Con referencia al primero, se comprobó que había ido a la ciudad, exactamente como nos dijo cuando le encontramos en la barrera. Por la tarde lo vieron varias personas por las calles y estuvo en compañía de 58 otras en algunas tabernas, hasta que regresó conmigo mismo y con el señor Wopsle. De modo que, a excepción de la pelea, no se le podía hacer ningún cargo. Por lo demás, mi hermana se había peleado con él y con todo el mundo más de diez mil veces. En cuanto a aquel hombre extraño, en caso de que hubiese regresado en busca de sus dos billetes de banco, nadie se los habría disputado, porque mi hermana estaba más que dispuesta a devolvérselos. Por otra parte, no hubo altercado, pues era evidente que el criminal llegó silenciosa y repentinamente y la víctima quedó tendida en el suelo antes de poder volver la cabeza. Era horrible pensar que yo había facilitado el arma, aunque, naturalmente, sin imaginar lo que podía resultar; pero apenas podía apartar de mi cerebro aquel asunto. Sufrí angustias indecibles mientras pensaba en si, por fin, debería referir a Joe aquella historia de mi infancia. Todos los días, y durante varios meses siguientes, decidí no decir nada, pero a la mañana siguiente volvía a reflexionar y a contradecirme a mí mismo. Por último tomé una resolución decisiva en el sentido de guardar silencio, porque tuve en cuenta que el secreto ya era muy antiguo, y como me había acompañado durante tanto tiempo, convirtiéndose ya en una parte de mí mismo, no podía decidirme a separarme de él. Además, tenía el inconveniente de que, habiendo sido tan desagradables los resultados de mi conducta, ello me privaría del afecto de Joe, si creía en la verdad de mis palabras, y, en el caso de que no las creyese, irían a sumarse en la mente de mi amigo con mis invenciones de los perros fabulosos y de las costillas de ternera. Pero sea lo que fuere, contemporicé conmigo mismo y resolví revelar mi secreto en caso de que éste pudiera servir para ayudar al descubrimiento del asesino. ...

En la línea 2596
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «Sí, lo soy, aunque sólo sea, primero, porque me llamo gusano a mí mismo, y segundo, porque llevo todo un mes molestando a la Divina Providencia al ponerla por testigo de que yo no hacía aquello para procurarme satisfacciones materiales, sino con propósitos nobles y grandiosos. ¡Ah!, y también porque decidí observar la más rigurosa justicia y la más perfecta moderación en la ejecución de mi plan. En primer lugar elegí el gusano más nocivo de todos, y, en segundo, al matarlo, estaba dispuesto a no quitarle sino el dinero estrictamente necesario para emprender una nueva vida. Nada más y nada menos (el resto iría a parar a los conventos, según la última voluntad de la vieja)… En fin, lo cierto es que soy un gusano, de todas formas ‑añadió rechinando los dientes‑. Porque soy tal vez más vil e innoble que el gusano al que asesiné y porque yo presentía que, después de haberlo matado, me diría esto mismo que me estoy diciendo… ¿Hay nada comparable a este horror? ¡Cuánta villanía! ¡Cuánta bajeza… ! ¡Qué bien comprendo al Profeta, montado en su caballo y empuñando el sable! '¡Alá lo ordena! Sométete, pues, miserable y temblorosa criatura.' Tiene razón, tiene razón el Profeta cuando alinea sus tropas en la calle y mata indistintamente a los culpables y a los justos, sin ni siquiera dignarse darles una explicación. Sométete, pues, miserable y temblorosa criatura, y guárdate de tener voluntad. Esto no es cosa tuya… ¡Oh! Jamás, jamás perdonaré a la vieja.» ...

En la línea 2684
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Pues creía haberlo dicho. Cuando he entrado hace un momento y le he visto acostado, con los ojos cerrados y fingiendo dormir, me he dicho inmediatamente: «Es él mismo.» ...

En la línea 2849
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Sólo pudo haberlo hecho inspirándose en la carta que usted le envió. ...

En la línea 3526
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Y Piotr Petrovitch entregó a Sonia un billete de diez rublos después de haberlo desplegado cuidadosamente. Sonia lo tomó, enrojeció, se levantó de un salto, pronunció algunas palabras ininteligibles y se apresuró a retirarse. Piotr Petrovitch la acompañó con toda cortesía hasta la puerta. Ella salió de la habitación a toda prisa, profundamente turbada, y corrió a casa de Catalina Ivanovna, presa de extraordinaria emoción. ...

En la línea 983
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Poco antes de las once de la mañana, cuando aún la abuela estaba en su cuarto, el general y Des Grieux resolvieron intentar un último esfuerzo. Habiéndose enterado de que, lejos de marcharse, había vuelto al casino, fueron a verla para discutir definitivamente e incluso “francamente”. El general que temblaba y desfallecía ante la perspectiva de las funestas consecuencias que podían resultar para él, perdió los estribos; después de haber suplicado durante media hora y de haberlo confesado todo, es decir, sus deudas y hasta su pasión por la señorita Blanche —estaba completamente loco tomó de pronto un tono amenazador y comenzó a reñir a la abuela. Ella deshonraba su nombre, se convertía en la causa de un escándalo en toda la ciudad y, en fin… en fin… ...

En la línea 996
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¿A dónde fue usted? —le pregunté, sorprendido de no haberlo hecho hasta entonces. ...

Más información sobre la palabra Haberlo en internet

Haberlo en la RAE.
Haberlo en Word Reference.
Haberlo en la wikipedia.
Sinonimos de Haberlo.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Haberlo

Cómo se escribe haberlo o haberrlo?
Cómo se escribe haberlo o haverlo?
Cómo se escribe haberlo o aberlo?

Busca otras palabras en esta web

Palabras parecidas a haberlo

La palabra miento
La palabra maravilla
La palabra probabilidad
La palabra alquiler
La palabra alqui
La palabra jugarle
La palabra dais

Webs Amigas:

Ciclos Fp de informática en Burgos . Ciclos Fp de Administración y Finanzas en Menorca . VPO en Leon . - Hotel en Córdoba Hostal Triunfo