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La palabra escribir
Cómo se escribe

la palabra escribir

La palabra Escribir ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Niebla de Miguel De Unamuno
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Amnesia de Amado Nervo
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece escribir.

Estadisticas de la palabra escribir

Escribir es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 1306 según la RAE.

Escribir tienen una frecuencia media de 7.08 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la escribir en 150 obras del castellano contandose 1076 apariciones en total.

Más información sobre la palabra Escribir en internet

Escribir en la RAE.
Escribir en Word Reference.
Escribir en la wikipedia.
Sinonimos de Escribir.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece escribir

La palabra escribir puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 42
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... » Y siempre una reunión política, un viaje o un incidente revolucionario de molestas consecuencias me impedía escribir a mi futuro traductor. ...

En la línea 694
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... La ausencia del papel sellado y del escribano aterrador era lo que más gustaba a unas gentes acostumbradas a mirar con miedo supersticioso el arte de escribir, por lo mismo que lo desconocen. ...

En la línea 264
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Ferminillo marchó a Londres, y al escribir, de vez en cuando, mostrábase satisfecho de su vida. El capataz auguraba a su hijo un brillante porvenir. Vendría de allá sabiendo más que todos los señores que plumeaban en el escritorio de Dupont. Además, Salvatierra le había dado cartas para los amigos que tenía en Londres, todos polacos, rusos e italianos, refugiados allí porque en su tierra les querían mal; personajes que eran considerados por el capataz como seres poderosos cuya protección envolvería a su hijo mientras viviese. ...

En la línea 608
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y apoyado por los gestos de aprobación del _Maestrico_, que había guardado sus avíos de escribir para unirse al grupo, Juanón anatematizó la embriaguez. Aquella gente miserable lo olvidaba todo cuando bebía. Si llegaban a sentirse hombres alguna vez, no tendrían los ricos más que abrir las puertas de sus bodegas para vencerlos. ...

En la línea 772
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Me retiré, Fermín, y no me arrepiento. Aún quedan muchos de los que fueron mis compañeros de miserias y entusiasmos, que siguen fieles al pasado con una consecuencia que es testarudez. Pero ellos han nacido para héroes y yo no soy más que un hombre que considera el comer como la primera función de la vida... Además, me cansé de escribir por la gloria y las ideas, de sudar para los demás y vivir en perpetua pobreza. Un día me dije que sólo se puede trabajar para ser grande hombre o para comer. ...

En la línea 893
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El revolucionario pensaba en el _Maestrico_, en aquel muchacho que había visto escribir trabajosamente a la luz del candil, en la gañanía de Matanzuela. Tal vez aquella alma simple contemplaba mejor el porvenir al través de su sencilla fe, que él con su indignación, que ansiaba destruir inmediatamente todo lo malo. Lo primero era crear hombres nuevos, antes de ir a la supresión del mundo caduco. Y pensando en la muchedumbre miserable y sin voluntad, hablaba con cierta tristeza. ...

En la línea 1238
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Otras veces regresaba a su alojamiento para escribir una tesis y rogaba a sus amigos no distraerle. ...

En la línea 2073
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Duque, ya sabéis que no he sido yo quien os ha hecho escribir. ...

En la línea 2868
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Pero será preciso escribir!-¡Oh, sí! Es indispensable. ...

En la línea 3235
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Aquella noche, Aramis velaba, sombrío y soñador; D'Artagnan le hizo algunas preguntas sobre aquella melancolía profunda; Aramis se excusó alegando un comentario del capítulo dieciocho de San Agustín que tenía que escribir en latín para la semana siguiente, y que le preo cupaba mucho. ...

En la línea 261
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Ultimamente, es de notar y saberse que en todas las oficinas hay un crecido y aun exorbitante número de escribientes indios que gozan dotacion desde cuatro pesos á doce cada mes; clase que yo juzgaria prudente suprimir, pues todo empleado debe saber que lo es para ocuparse de lo que se le confie y ponga á su cuidado, y escribir por sí y sin necesidad de sirvientes cuanto demande el negociado de su atribucion. ...

En la línea 479
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Remitimos al autor del folleto á que cuando quiera escribir sobre materias como la presente, beba en fuentes mas claras, y procure adquirir datos mas exactos y modernos, si quiere hacerlo con acierto, en particular al tratar de Filipinas y el estado de sus rentas, la poblacion y demas; pues de donde tomó sus noticias, son como suele decirse, papeles muy mojados, y que con el trascurso del tiempo, que es nada menos que 43 años, están ya tan gastados, que no se pueden leer, porque 43 años es término mas que suficiente para trastornar y empobrecer la nacion mas poderosa y rica, y levantar á la mas miserable y desvalida. ...

En la línea 50
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Jorge Borrow, al escribir, andando el tiempo, sus narraciones autobiográficas, se empeñó en rodear de misterio ciertos años de su vida (1826-1832), y con alusiones más o menos veladas (algunas encontrará el lector en _La Biblia en España_,) quiso dar a entender que se había visto envuelto en misteriosas aventuras y dado cima a dilatados viajes por países como la India, China y Tartaria. ...

En la línea 116
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Excarcelado Borrow, supo por el ministro británico la parte que la conducta de Graydon había tenido en sus persecuciones, y se le ocurrió escribir sendas cartas al _Correo Nacional_ y a la Sociedad Bíblica desautorizando y condenando el proceder de su colega. ...

En la línea 234
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Me ha parecido, sin embargo, conveniente escribir este prefacio, y sobre él llamo humildemente la atención del benévolo lector, porque su lectura contribuirá no poco a la cabal inteligencia y apreciación de estos volúmenes. ...

En la línea 301
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero he recibido en ocasión reciente tales muestras de la lenidad y generosidad extremadas del público británico y americano para conmigo, que sin temor me someto nuevamente a su consideración, y confío en que, si en los presentes volúmenes hay poco que admirar, me darán al menos reputación de hombre bien intencionado y que no se emplea en escribir ruindades. ...

En la línea 1301
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... De las mías no digo nada, pues no han de salir de los límites escuderiles; aunque sé decir que, si se usa en la caballería escribir hazañas de escuderos, que no pienso que se han de quedar las mías entre renglones. ...

En la línea 1428
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Para servir a Dios y al rey, otra vez he estado cuatro años, y ya sé a qué sabe el bizcocho y el corbacho -respondió Ginés-; y no me pesa mucho de ir a ellas, porque allí tendré lugar de acabar mi libro, que me quedan muchas cosas que decir, y en las galeras de España hay mas sosiego de aquel que sería menester, aunque no es menester mucho más para lo que yo tengo de escribir, porque me lo sé de coro. ...

En la línea 1693
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Así es la verdad -dijo el de la Triste Figura-; pero, ¿qué haremos para escribir la carta? -Y la libranza pollinesca también -añadió Sancho. ...

En la línea 1701
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y hará poco al caso que vaya de mano ajena, porque, a lo que yo me sé acordar, Dulcinea no sabe escribir ni leer, y en toda su vida ha visto letra mía ni carta mía, porque mis amores y los suyos han sido siempre platónicos, sin estenderse a más que a un honesto mirar. ...

En la línea 613
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Esto de los bailes solía acontecer en las tertulias a donde el setentón acudía sin falta, porque desde que los médicos le habían prohibido escribir y hasta leer de noche, no podía pasar sin la sociedad más animada y galante. ...

En la línea 1619
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Una tarde de otoño, después de admitir una copa de cumín que su padre quiso que bebiera detrás del café, Anita salió sola, con el proyecto de empezar a escribir un libro, allá arriba, en la hondonada de los pinos que ella conocía bien; era una obra que días antes había imaginado, una colección de poesías A la Virgen. ...

En la línea 1645
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Antes de escribir dejó hablar al pensamiento. ...

En la línea 1648
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Cuando todavía el pensamiento seguía dictando a borbotones, tuvo la mano que renunciar a seguirle, porque el lápiz ya no podía escribir; los ojos de Ana no veían las letras ni el papel, estaban llenos de lágrimas. ...

En la línea 154
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... También usaban con frecuencia el castellano. El cardenal Pedro Bembo, cuando aún era simple literato en Venecia, su patria, aprendía el castellano para escribir cartas amorosas a Lucrecia Borja. Todos los hijos de Alejandro VI, a pesar de ser mestizos de italiana y español y no haber ido nunca a España, hablaban en castellano a los amigos y protegidos de su padre, y se valían con éste del valenciano, como si tal medio de expresión les diese mayor intimidad. ...

En la línea 159
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Tú sabes algo de eso, Claudio— dijo el canónigo—. Muchas veces me hablaste de la obra que pensabas escribir sobre el Papa Luna. Estoy seguro de que no la has terminado… Tal vez no has escrito una sola línea. ¡ Qué vas a escribir en esta vida que ahora llevas!… Pero, en fin, conoces las aventuras del Papa del mar y también lo que ocurrió en el Concilio de Constanza, que de tres papas hizo uno, proclamando a Martín V, así como la resistencia de nuestro don Pedro en el castillo de Peñíscola, donde tú estuviste marchándote sin venir a Valencia… Imagínate cómo sería Roma después de un abandono que duró cerca de un siglo. ...

En la línea 159
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Tú sabes algo de eso, Claudio— dijo el canónigo—. Muchas veces me hablaste de la obra que pensabas escribir sobre el Papa Luna. Estoy seguro de que no la has terminado… Tal vez no has escrito una sola línea. ¡ Qué vas a escribir en esta vida que ahora llevas!… Pero, en fin, conoces las aventuras del Papa del mar y también lo que ocurrió en el Concilio de Constanza, que de tres papas hizo uno, proclamando a Martín V, así como la resistencia de nuestro don Pedro en el castillo de Peñíscola, donde tú estuviste marchándote sin venir a Valencia… Imagínate cómo sería Roma después de un abandono que duró cerca de un siglo. ...

En la línea 213
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Y yo no puedo defenderlos desembarazadamente. Soy un sacerdote, y cada vez que tomo la pluma para escribir sobre ellos, dudo, siento miedo, me parece que voy a faltar a los deberes que me impone la disciplina de la Iglesia. Debo justificar la conducta de este Pontífice, relatando los escándalos de otros pontífices de su época. Necesito recordar lo que olvidaron muchos maliciosamente para ir concentrando sobre el Papa español todas las maldades de su tiempo, presentándolo como si fuese un, caso único. ¿Puedo hacer yo esto, un canónigo, con entera tranquilidad de conciencia?… Tú eres otra cosa. Eres un laico, y te es posible decir la verdad sin faltar a ningún misterio sagrado. ...

En la línea 776
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... No crea usted, gentleman, que este hombre era un intelectual, digno del afecto de Momaren. Por el contrario, apenas sabía leer y escribir, pero era un buen mozo y disponía a su capricho de todas las artes que cultivan los varones metidos en sus casas para atraer y dominar a las pobres mujeres. Como la mujer vive preocupada por sus negocios y vuelve a su domicilio rendida de tanto trabajar, ignora el modo de precaverse de tan diabólicas asechanzas. ...

En la línea 63
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Criáronle con regalo y exquisitos cuidados, pero sin mimo. D. Baldomero no tenía carácter para poner un freno a su estrepitoso cariño paternal, ni para meterse en severidades de educación y formar al chico como le formaron a él. Si su mujer lo permitiera, habría llevado Santa Cruz su indulgencia hasta consentir que el niño hiciera en todo su real gana. ¿En qué consistía que habiendo sido él educado tan rígidamente por D. Baldomero I, era todo blanduras con su hijo? ¡Efectos de la evolución educativa, paralela de la evolución política! Santa Cruz tenía muy presentes las ferocidades disciplinarias de su padre, los castigos que le imponía, y las privaciones que le había hecho sufrir. Todas las noches del año le obligaba a rezar el rosario con los dependientes de la casa; hasta que cumplió los veinticinco nunca fue a paseo solo, sino en corporación con los susodichos dependientes; el teatro no lo cataba sino el día de Pascua, y le hacían un trajecito nuevo cada año, el cual no se ponía más que los domingos. Teníanle trabajando en el escritorio o en el almacén desde las nueve de la mañana a las ocho de la noche, y había de servir para todo, lo mismo para mover un fardo que para escribir cartas. Al anochecer, solía su padre echarle los tiempos por encender el velón de cuatro mecheros antes de que las tinieblas fueran completamente dueñas del local. En lo tocante a juegos, no conoció nunca más que el mus, y sus bolsillos no supieron lo que era un cuarto hasta mucho después del tiempo en que empezó a afeitarse. Todo fue rigor, trabajo, sordidez. Pero lo más particular era que creyendo D. Baldomero que tal sistema había sido eficacísimo para formarle a él, lo tenía por deplorable tratándose de su hijo. Esto no era una falta de lógica, sino la consagración práctica de la idea madre de aquellos tiempos, el progreso. ¿Qué sería del mundo sin progreso?, pensaba Santa Cruz, y al pensarlo sentía ganas de dejar al chico entregado a sus propios instintos. Había oído muchas veces a los economistas que iban de tertulia a casa de Cantero, la célebre frase laissez aller, laissez passer… El gordo Arnaiz y su amigo Pastor, el economista, sostenían que todos los grandes problemas se resuelven por sí mismos, y D. Pedro Mata opinaba del propio modo, aplicando a la sociedad y a la política el sistema de la medicina expectante. La naturaleza se cura sola; no hay más que dejarla. Las fuerzas reparatrices lo hacen todo, ayudadas del aire. El hombre se educa sólo en virtud de las suscepciones constantes que determina en su espíritu la conciencia, ayudada del ambiente social. D. Baldomero no lo decía así; pero sus vagas ideas sobre el asunto se condensaban en una expresión de moda y muy socorrida: «el mundo marcha». ...

En la línea 103
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Porque Estupiñá, al mismo tiempo que corredor, era contrabandista. Las piezas de Hamburgo de 26 hilos que pasó por el portillo de Gilimón, valiéndose de ingeniosas mañas, no son para contadas. No había otro como él para atravesar de noche ciertas calles con un bulto bajo la capa, figurándose mendigo con un niño a cuestas. Ninguno como él poseía el arte de deslizar un duro en la mano del empleado fiscal, en momentos de peligro, y se entendía con ellos tan bien para este fregado, que las principales casas acudían a él para desatar sus líos con la Hacienda. No hay medio de escribir en el Decálogo los delitos fiscales. La moral del pueblo se rebelaba, más entonces que ahora, a considerar las defraudaciones a la Hacienda como verdaderos pecados, y conforme con este criterio, Estupiñá no sentía alboroto en su conciencia cuando ponía feliz remate a una de aquellas empresas. Según él, lo que la Hacienda llama suyo no es suyo, sino de la nación, es decir, de Juan Particular, y burlar a la Hacienda es devolver a Juan Particular lo que le pertenece. Esta idea, sustentada por el pueblo con turbulenta fe, ha tenido también sus héroes y sus mártires. Plácido la profesaba con no menos entusiasmo que cualquier caballista andaluz, sólo que era de infantería, y además no quitaba la vida a nadie. Su conciencia, envuelta en horrorosas nieblas tocante a lo fiscal, manifestábase pura y luminosa en lo referente a la propiedad privada. Era hombre que antes de guardar un ochavo que no fuese suyo, se habría estado callado un mes. ...

En la línea 208
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¡La mía!—replicó prontamente el Delfín, dejando entrever la fuerza de su amor propio—, la mía… un animalito muy mono, una salvaje que no sabía leer ni escribir. Figúrate, ¡qué educación! ¡Pobre pueblo!, y luego hablamos de sus pasiones brutales, cuando nosotros tenemos la culpa… Estas cosas hay que verlas de cerca… Sí, hija mía, hay que poner la mano sobre el corazón del pueblo, que es sano… sí, pero a veces sus latidos no son latidos, sino patadas… ¡Aquella infeliz chica… ! Como te digo, un animal; pero buen corazón, buen corazón… ¡pobre nena! ...

En la línea 489
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Lo referente a esta insigne dama lo sabe mejor que nadie Zalamero, que está casado con una de las chicas de Ruiz-Ochoa. Nos ha prometido escribir la biografía de su excelsa pariente cuando se muera, y entretanto no tiene reparo en dar cuantos datos se le pidan, ni en rectificar a ciencia cierta las versiones que el criterio vulgar ha hecho correr sobre las causas que determinaron en Guillermina, hace veinticinco años, la pasión de la beneficencia. Alguien ha dicho que amores desgraciados la empujaron a la devoción primero, a la caridad propagandista y militante después. Mas Zalamero asegura que esta opinión es tan tonta como falsa. Guillermina, que fue bonita y aun un poquillo presumida, no tuvo nunca amores, y si los tuvo no se sabe absolutamente nada de ellos. Es un secreto guardado con sepulcral reserva en su corazón. Lo que la familia admite es que la muerte de su madre la impresionó tan vivamente, que hubo de proponerse, como el otro, no servir a más señores que se le pudieran morir. No nació aquella sin igual mujer para la vida contemplativa. Era un temperamento soñador, activo y emprendedor; un espíritu con ideas propias y con iniciativas varoniles. No se le hacía cuesta arriba la disciplina en el terreno espiritual; pero en el material sí, por lo cual no pensó nunca en afiliarse a ninguna de las órdenes religiosas más o menos severas que hay en el orbe católico. No se reconocía con bastante paciencia para encerrarse y estar todo el santo día bostezando el gori gori, ni para ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad. La llama vivísima que en su pecho ardía no le inspiraba la sumisión pasiva, sino actividades iniciadoras que debían desarrollarse en la libertad. Tenía un carácter inflexible y un tesoro de dotes de mando y de facultades de organización que ya quisieran para sí algunos de los hombres que dirigen los destinos del mundo. Era mujer que cuando se proponía algo iba a su fin derecha como una bala, con perseverancia grandiosa sin torcerse nunca ni desmayar un momento, inflexible y serena. Si en este camino recto encontraba espinas, las pisaba y adelante, con los pies ensangrentados. ...

En la línea 1059
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... En su júbilo, Milen Hendon olvidó toda compostura y sorprendió al rey, y ofendió su dignidad, echándole los brazos al cuello y estrechándole contra su pecho. La mujer se despidió agradecida y salió con su cerdo, y cuando el alguacil le abrió la puerta la siguió a la angosta antecámara. El juez se puso a escribir en los autos. Hendon, siempre alerta, pensó que no estaría mal averiguar por qué había seguido el alguacil a la mujer, y salió de puntillas a la sombría antecámara, y escuchó una conversación más o menos como ésta: ...

En la línea 1189
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Al decir esto tomó la pluma y se puso a escribir. Hendon le contempló amorosamente un rato y se dijo: ...

En la línea 1190
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Si estuviéramos a oscuras pensaría que ha sido un rey el que ha hablado. No se puede negar que cuando le da la vena, lanza truenos y relámpagos como un verdadero rey. ¿De dónde habrá sacado esa argucia? Miradle escribir tan contento unos garabatos sin significado, imaginándose que son latín y griego… Y como mi ingenio no dé con un arbitrio feliz para apartarle de su propósito, me veré obligado mañana a fingir que salgo a cumplir el cometido que ha inventado para mí. ...

En la línea 1417
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –De guasa, príncipe, cambiamos vestidos. Luego nos pusimos delante de un espejo, y éramos tan parecidos que los dos dijimos que parecía que no hubiera habido cambio ninguno; sí, recordáis eso. Luego notasteis que el soldado había herido mi mano; ¡mirad!, hela aquí; ni siquiera puedo aún escribir con ella, tan tiesos están los dedos. En esto, Vuestra Alteza dio un salto, jurando vengaros del soldado, y corristeis hacia la puerta; pasasteis junto a una mesa; eso que llamáis el Sello estaba sobre ella; lo tornasteis y mirasteis entorno afanosamente, como buscando sitio donde esconderlo; vuestra mirada lo encontró… ...

En la línea 467
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Porque hasta que no llegue el día feliz en que el esperanto sea la única lengua, ¡una sola para toda la humanidad!, hay que escribir el castellano con ortografía fonética. ¡Nada de ces!, ¡guerra a la ce! Za, ze, zi, zo, zu con zeta, y ka, ke, ki, ko, ku con ka. ¡Y fuera las haches! ¡La hache es el absurdo, la reacción, la autoridad, la edad media, el retroceso! ¡Guerra a la hache! ...

En la línea 927
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Sí, ahora creo que sí, me parece que sí; pero cuando me casé no sé si le quería. Mira, eso del amor es una cosa de libros, algo que se ha inventado no más que para hablar y escribir de ello. Tonterías de poetas. Lo positivo es el matrimonio. El Código civil no habla del amor y sí del matrimonio. Todo eso del amor no es más que música… ...

En la línea 1088
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Pero ¿te has metido a escribir una novela? ...

En la línea 1093
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Pues mira, un día de estos que no sabía bien qué pacer, pero sentía ansia de hacer algo, una comezón muy íntima, un escarabajeo de la fantasía, me dije: voy a escribir una novela, pero voy a escribirla como se vive, sin saber lo que vendrá. Me senté, cogí unas cuartillas y empecé lo primero que se me ocurrió, sin saber lo que seguiría, sin plan alguno. Mis personajes se irán haciendo según obren y hablen, sobre todo según hablen; su carácter se irá formando poco a poco. Y a las veces su carácter será el de no tenerlo. ...

En la línea 891
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Fue aquel mismo día cuando comencé a escribir el diario de estas aventuras. Esto es lo que me ha permitido narrarlas con una escrupulosa exactitud. Como detalle curioso, diré que escribí este diario en un papel fabricado con zostera marina. ...

En la línea 1640
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Nada, sin embargo, es evidente para mí en este momento, en el que sólo me es dado entrever algún atisbo de luz en las tinieblas, por lo que debo limitarme a escribir, por así decirlo, al dictado de los acontecimientos. ...

En la línea 3088
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Yo podía comprender esa forma de existencia para un hombre en quien los recuerdos de la tierra no suscitaban la más mínima nostalgia, para un capitán Nemo que allí se sentía en su casa, que iba a donde quería, que por vías misteriosas para otros pero no para él, marchaba hacia su objetivo. Pero nosotros no habíamos roto con la humanidad. Y en lo que a mí concernía, no quería yo sepultar conmigo mis nuevos y curiosos estudios. Tenía yo el derecho de escribir el verdadero libro del mar, y antes o después, más bien antes, quería yo que ese libro pudiera ver la luz. ...

En la línea 347
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Una noche estaba sentado en el rincón de la chimenea, con mi pizarra, haciendo extraordinarios esfuerzos para escribir una carta a Joe. Me parece que eso fue cosa de un año después de nuestra caza del hombre por los marjales, porque había pasado ya bastante tiempo y a la sazón corría el invierno y helaba. Con el alfabeto junto al hogar y a mis pies para poder consultar, logré, en una o dos horas, dibujar esta epístola: ...

En la línea 648
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¿Cómo quieres que crea eso, Pip? ¿Acaso no vi la carta que me escribiste anoche? Incluso estaba escrita en letras de imprenta. Bastante me fijé en eso. Y, sin embargo, puedo jurar que la gente instruida no es capaz de escribir en letras de imprenta. ...

En la línea 650
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — En fin, Pip - dijo Joe -. Tanto si es así como no, es preciso ser un escolar ordinario antes de llegar a ser extraordinario. El mismo rey, sentado en el trono y con la corona en la cabeza, sería incapaz de escribir sus actas del Parlamento en letras de imprenta si cuando no era más que príncipe no hubiese empezado a aprender el alfabeto. Esto es indudable - añadió moviendo significativamente la cabeza -. Y tuvo que empezar por la A hasta llegar a la Z, y estoy seguro de eso, aunque no lo sepa por experiencia propia. ...

En la línea 1538
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... La idea que el señor Pocket, hijo, volvería «en breve» no era la mia sin duda alguna, porque había estado mirando hacia fuera por espacio de media hora y pude escribir varias veces mi nombre con el dedo en la suciedad de cada uno de los vidrios de la ventana antes de que oyese pasos en la escalera. Gradualmente se me aparecieron el sombrero, la cabeza, el cuello de la camisa, el chaleco, los pantalones y las botas de un miembro de la sociedad de poco más o menos mi edad. Llevaba una bolsa de papel debajo de cada brazo, en una mano un cesto con fresas, y estaba sin aliento. ...

En la línea 236
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »No quiere añadir nada a mi carta, pues tiene tantas y tantas cosas que decirte, que no siente el deseo de empuñar la pluma, ya que escribir sólo unas líneas sería en este caso completamente inútil. Me encarga que te envíe mil abrazos. ...

En la línea 826
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Qué he de escribir? ‑preguntó ásperamente el denunciado. ...

En la línea 830
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Qué le pasa que apenas puede escribir? La pluma se le cae de las manos ‑dijo el secretario, observando a Raskolnikof atentamente‑. ¿Está usted enfermo? ...

En la línea 3458
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Nada de escupir. Se trata de una simple protesta. Yo procedo con vistas a una finalidad útil. Así puedo prestar una ayuda indirecta a la propaganda de las nuevas ideas y a la civilización, lo que representa un deber para todos. Y este deber tal vez se cumple mejor prescindiendo de los convencionalismos sociales. Puedo sembrar la idea, la buena semilla. De esta semilla germinarán hechos. ¿En qué ofendo a las personas con las que procedo así? Empezarán por sentirse heridas, pero después verán que les he prestado un servicio. He aquí un ejemplo: se ha reprochado a Terebieva, que ahora forma parte de la commune y que ha dejado a su familia para… entregarse libremente, que haya escrito una carta a sus padres diciéndoles claramente que no quería vivir ligada a los prejuicios y que iba a contraer una unión libre. Se dice que ha sido demasiado dura, que debía haber tenido piedad y haberse conducido con más diplomacia. Pues bien, a mí me parece que este modo de pensar es absurdo, que en este caso las fórmulas están de más y se impone una protesta clara y directa. Otro caso: Ventza ha vivido siete años con su marido y lo ha abandonado con sus dos hijos, enviándole una carta en la que le ha dicho francamente: «Me he dado cuenta de que no puedo ser feliz a tu lado. No te perdonaré jamás que me hayas engañado, ocultándome que hay otra organización social: la commune. Me ha informado de ello últimamente un hombre magnánimo, al que me he entregado y al que voy a seguir para fundar con él una commune. Te hablo así porque me parecería vergonzoso engañarte. Tú puedes hacer lo que quieras. No esperes que vuelva a tu lado: ya no es posible. Te deseo que seas muy feliz.» Así se han de escribir estas cartas. ...

En la línea 1343
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Partí entonces, en efecto, para Homburg, pero apenas llegado me fui de nuevo a Ruletenburg, a Spa e incluso a Baden, en donde acompañé en calidad de criado al consejero Hinze, un canalla, que es aquí mi amo. ¡Sí, he sido lacayo durante cinco meses! Fue inmediatamente después de mi salida de la cárcel —pues he estado en la cárcel, en Ruletenburg, por deudas. Un desconocido me sacó de allí… ¿Quién fue?¿Mr. Astley? ¿Paulina? Lo ignoro, y la deuda fue pagada, doscientos talers en total, y me pusieron en libertad—. ¿Adónde podía ir? Entré al servicio de Hinze. Es un joven atolondrado, le gusta vagar y yo sé hablar y escribir tres lenguas. Me coloqué primero en su casa como una especie de secretario, por treinta florines al mes, pero acabé siendo un criado suyo. No estaba ya en situación de ser secretario y disminuyó mi sueldo. Yo no tenía dónde ir, así que me quedé con él y de este modo me transformé yo mismo en un lacayo. Pude ahorrar, sin embargo, setenta florines en cinco meses. ...

En la línea 518
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Ese día las cuatro parejas llevaron a cabo concienzudamente todas las locuras campestres posibles en ese entonces. Principiaban las vacaciones, y era un claro y ardiente día de verano. Favorita, que era la única que sabía escribir, envió la noche anterior a Tholomyés una nota diciendo: 'Es muy sano salir de madrugada'. ...

En la línea 579
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... No tenía a quién recurrir. Apenas sabía leer, pero no sabía escribir; en su niñez sólo había aprendido a firmar con su nombre. ¿A quién dirigirse? Había cometido una falta, pero el fondo de su naturaleza era todo pudor y virtud. Comprendió que se hallaba al borde de caer en el abatimiento y resbalar hasta el abismo. Necesitaba valor; lo tuvo, y se irguió de nuevo. Decidió volver a M., su pueblo natal. Acaso allí la conocería alguien y le daría trabajo. Pero debía ocultar su falta. Entonces entrevió confusamente la necesidad de una separación más dolorosa aún que la primera. Se le rompió el corazón, pero se resolvió. Vendió todo lo que tenía, pagó sus pequeñas deudas, y le quedaron unos ochenta francos. A los veintidós años, y en una hermosa mañana de primavera, dejó París llevando a su hija en brazos. Aquella mujer no tenía en el mundo más que a esa niña, y esa niña no tenía en el mundo más que a aquella mujer. ...

En la línea 823
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Javert se sentó, sacó del bolsillo una hoja de papel sellado y se puso a escribir. ...

En la línea 888
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Había pasado la noche y la mañana buscando información; ahora lo sabía todo. Conocía todos los dolorosos pormenores de la historia de la joven. Se apresuró a escribir a los Thenardier. Fantina les debía ciento veinte francos; les envió trescientos, diciéndoles que se pagaran con esa suma y que enviaran inmediatamente a la niña a M., donde la esperaba su madre. ...

En la línea 64
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... Algún tiempo después, la infeliz quedó sorda y muda, no pudiendo oír ni aun los ruidos más fuertes y hablando por señas con toda facilidad. Pronto se reveló en ella una quinta personalidad. Cierto día empezó a hablar de nuevo, diciendo que solamente tenía tres días de edad; afirmaba también que el fuego era negro, y lo que es más notable, todas las palabras que pronunciaba las decía al revés, esto es, empezando por la última letra, sin equivocarse nunca. Pasado algún tiempo, su inteligencia pareció entrar en un periodo de normalidad, pero hubo que enseñarla a leer y escribir. Negaba haber visto jamás al doctor Wilson, y en ocasiones perdía por completo el uso de sus manos. ...

En la línea 136
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... ¡Cuántas cosas bellas, nobles, buenas, iba yo a escribir, en la blanca página de esa alma!, ¡con cuánta delicadeza iba a cultivarla, a educarla! ...

En la línea 8
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... ¡Oh, y cuán sano, verdadero y hermoso es nuestro realismo nacional, tradición gloriosísima del arte hispano! ¡Nuestro realismo, el que ríe y llora en la Celestina y el Quijote, en los cuadros de Velázquez y Goya, en la vena cómico-dramática de Tirso y Ramón de la Cruz! ¡Realismo indirecto, inconsciente, y por eso mismo acabado y lleno de inspiración; no desdeñoso del idealismo, y gracias a ello, legítima y profundamente humano, ya que, como el hombre, reúne en sí materia y espíritu, tierra y cielo! Si considero que aun hoy, en nuestra decadencia, cuando la literatura apenas produce a los que la cultivan un mendrugo de amargo pan, cuando apenas hay público que lea ni aplauda, todavía nos adornan novelistas tales, que ni en estilo, ni en inventiva, ni acaso en perspicacia observadora van en zaga a sus compañeros de Francia e Inglaterra (países donde el escribir buenas novelas es profesión, a más de honrosa, lucrativa), enorgullézcome de las ricas facultades de nuestra raza, al par que me aflige el mezquino premio que logran los ingenios de España, y me abochorna la preferencia vergonzosa que tal vez concede la multitud a rapsodias y versiones pésimas de Zola, habiendo en España Galdós, Peredas, Alarcones y otros más que omito por no alargar la nomenclatura. ...

En la línea 993
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Pocos días antes del fijado para la vuelta de Perico, recibió Pilar una carta suya, que entregó a Lucía, a fin de que se la leyese. Anunciaba su llegada próxima, refiriendo a la vez algunos pormenores de su elegante vida en el castillo de Ceyssat, y entre varias noticias daba la de la muerte de la madre de Ignacio Artegui, que Anatole le había contado, creyendo que le interesaría por tratarse de un compatriota. Añadía que su hijo la había llevado a enterrar a Bretaña, al mismo castillote de Hotidan, en que, trascurriera su niñez. Miranda estaba delante cuando se leyó, este párrafo, y hubo de notar la ojeada rápida que se cruzó entre Pilar y Lucía, y la palidez repentina de su mujer. Salió Lucía aquella tarde, y se fue a San Luis, donde pasaría como media hora. Volvió al chalet, y entró en su dormitorio, donde tenía recado de escribir; escribió una carta, y guardándosela en el pecho bajó las escaleras a brincos, y tomó a buen paso hacia la calle principal. Anochecía; encendíanse los primeros faroles, y se esparcían por el arroyo los pilluelos, niños de coro de la civilización, voceando los periódicos recién llegados de Paris. Lucía fue derecha al rojo reverbero del estanco, y acercándose a la caja de madera que hacía de buzón, echó en ella la epístola. Al punto mismo, sintió, como una tenaza que le oprimía el brazo y se volvió. Miranda estaba allí. ...

En la línea 1023
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... «Lucigüela de mis pecados: ay, hija, ¡y qué bien pintamos las cosas para dejar a nuestra personita en el lugar más lucido! Misericordia, ¿eh? ¡yo te daré la misericordia! Has hecho mal, remal, en escribir esa cartita a hurtadillas de tu cónyuge, y no me sorprende que él se haya puesto hecho un dragón. Debiste pedirle permiso; y si te lo negaba ¡paciencia! ¿No te he dicho, mujer, que para ser buena casada, y hacer el viaje en paz, metieses en las maletas un par de arrobas de paciencia? Se nos olvidó, y mire las resultas… Anda, desgraciada, cómprate ahí la paciencia y usala a pasto, que te irá bien. Tu marido no debió insultar al bonazo de tu padre (aunque algo se lo merece, yo me sé por qué); pero repara que estaba airado, y cuando uno se enfada… yo que tengo el genio vivo, me considero. Lo dicho: paciencia, y más paciencia; y nada de esquelitas de tapadijo. ¿Quién la mete a ella a predicadora? Y no afligirse: Dios aprieta, pero no va a ahogar, que no es ningún verdugo; y puede que cuando menos pienses, te mande consuelos, así, de regalo, y no por tus méritos. Y adiós, que va a salir el correo, y además tengo los pulmones de una rana en el porta-objetos del microscopio, y voy a ver qué casta de respiración gastan las señoras ranas. Acuérdate de rezar un poquito, ¿eh? y bajaremos los humos. La bendición de Dios y de San Ignacio sean contigo, chiquilla.-ALONSO URTAZU, S. J.» ...

Errores Ortográficos típicos con la palabra Escribir

Cómo se escribe escribir o hescribir?
Cómo se escribe escribir o escrribirr?
Cómo se escribe escribir o exribir?
Cómo se escribe escribir o ezcribir?
Cómo se escribe escribir o escrivir?

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