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La palabra directamente
Cómo se escribe

la palabra directamente

La palabra Directamente ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
La llamada de la selva de Jack London
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece directamente.

Estadisticas de la palabra directamente

Directamente es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 1120 según la RAE.

Directamente tienen una frecuencia media de 81.07 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la directamente en 150 obras del castellano contandose 12323 apariciones en total.

Algunas Frases de libros en las que aparece directamente

La palabra directamente puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1483
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Al salir Rafael, marchó directamente a la calle, temiendo que el amo le viese con los ojos enrojecidos. Fermín asomó la cabeza al cuarto de la juerga, y después de aceptar una copa de Dupont huyó de éste, que intentaba cogerle por las solapas, para que se quedase. ...

En la línea 1845
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Ahora al grano, Luis. Tú sabes el mal que has hecho. ¿Qué es lo que piensas para remediarlo? El señorito perdió de nuevo su serenidad al ver que Fermín abordaba directamente el temido asunto. Hombre, a él no le correspondía toda la culpa. Era el vino, la maldita juerga, la casualidad... el ser bueno en demasía; pues de no haber estado en Marchamalo, cuidando los intereses de su primo (que maldito si se lo agradecía), nada habría ocurrido. ...

En la línea 317
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Qué pensáis de lo que cuenta el escudero de Chalais ? -pre guntó otro mosquetero sin interpelar directamente a nadie y dirigiéndose por el contrario a todo el mundo. ...

En la línea 1052
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Así es como hacéis vuestra tarea señor? -prosiguió el rey sin responder directamente a la pregunta del señor de Tréville-. ...

En la línea 2159
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Los esbirros que lo habían detenido lo condujeron directamente a la Bastilla, donde, todo tembloroso, se le hizo pasar por delante de un pelotón de soldados que cargaban sus mosquetes. ...

En la línea 3174
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La señora Bonacieux le siguió con los ojos, con esa larga mirada de amor con que la mujer acompaña al hombre del q ue se siente amar; pero cuando hubo desaparecido por la esquina de la calle, cayó de rodillas y, uniendo las manos, exclamó:-¡Oh, Dios mío! ¡Proteged a la reina, protegedme a mï!Capítulo XIXPlan de campañaD'Artagnan se dirigió directamente a casa d el señor de Tréville. ...

En la línea 358
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Emancipadas las Américas, la administracion de correos de Manila empezó á entenderse directamente con la direccion jeneral de Madrid, y poco despues de esta época, se aumentó al administrador en Filipinas un abono de trecientos pesos por razon de casa y cien pesos para un escribiente, únicos gastos de la renta; y que si se querian garantir mas sus ingresos, con solo añadir un interventor al tanto por ciento igualmente, estaba hecho cuanto se podia apetecer para mayor seguridad de sus fondos. ...

En la línea 1120
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Le di las gracias por su extremada cortesía, y guiando el muchacho, fuí directamente a la fonda de las Tres Naciones, que me habían recomendado en Elvas. ...

En la línea 3223
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La calleja conducía directamente a una plaza, al parecer la del mercado, y ya en ella detúvose nuestro guía ante una casa de esquina, y llamó. ...

En la línea 480
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 14 de noviembre.- Salimos de Montevideo por la tarde. Me propongo ir a Colonia del Sacramento, en la margen septentrional de la Plata, frente a Buenos Aires; subir por el Uruguay hasta Mercedes, en la orilla del río Negro (uno de los numerosos ríos que llevan este nombre en la América meridional) y volver luego directamente a Montevideo. Dormimos en casa de mi guía, en Canelones. Nos levantamos temprano con la esperanza de hacer una larga etapa, esperanza frustrada puesto que todos los ríos están desbordados. Atravesamos en barca los riachuelos de Canelones, Santa Lucía y San José, y perdemos así mucho tiempo. En otra excursión había cruzado yo el Santa Lucía por cerca de su desembocadura y me chocó muchísimo ver con qué facilidad nuestros caballos, aun sin estar habituados a nadar, habían recorrido esta distancia, por lo menos de 600 metros. Un día que en Montevideo manifesté mi asombro acerca de este particular, me refirieron que algunos titiriteros acompañados de sus caballos naufragaron en la Plata; uno de esos caballos nadó por espacio de siete millas para llegar a tierra. En aquel día un gaucho me dio un regocijado espectáculo por la destreza con que obligó a un caballo repropiado a atravesar un río a nado. El gaucho se desnudó por completo, montó a caballo y obligó a éste a entrar en el agua hasta perder pie; dejóse escurrir entonces por la grupa y le agarró la cola; cada vez que el animal volvía la cabeza, el gaucho le arrojaba agua para asustarle. En cuanto el caballo llegó a la margen opuesta, irguiose de nuevo en la silla el gaucho e iba montado con firmeza, bridas en mano, antes de haber salido por completo del río. Bello espectáculo es ver a un hombre desnudo jinete sobre un caballo en pelo: nunca hubiera creído que ambos animales fuesen tan bien juntos. La cola del caballo constituye un apéndice muy útil: he atravesado un río en barca acompañado por cuatro personas, arrastrada de la misma manera que el gaucho de que acabo de hablar. Cuando un hombre a caballo tiene que cruzar un río ancho, el mejor medio consiste en agarrar la pera de la silla o la crin del caballo con una mano y nadar con la otra. ...

En la línea 541
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Ehremberg hace constar que estas partículas conservan cierto grado de irritabilidad. Mis observaciones, hechas en su mayor parte con agua tomada directamente en el mar fosforescente, me han conducido a una conclusión distinta; y puedo añadir también que habiendo tenido ocasión de servirme de una red mientras que el mar fosforecía, la dejé en parte, y al usarla de nuevo a la noche siguiente noté que emitía tanta luz al sumergirla en el agua como en el momento en que la extraía el día anterior. No me parece probable, en este caso, que las partículas gelatinosas hayan podido permanecer tanto tiempo vivas. Recuerdo también haber conservado en el agua hasta su muerte un pez del género Dianoea; y este agua se tornó entonces luminosa. ...

En la línea 767
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Decide el capitán Fitz-Roy dejar el estrecho de Magallanes por el de la Magdalena, descubierto poco tiempo hace. Nos dirigimos directamente al sur, siguiendo ese sombrío embudo a que ya me he referido y que he dicho que parecía conducir a otro mundo más terrible que este. El viento es bueno, pero hay mucha bruma, por lo que no distinguimos el paisaje sino de tarde en tarde. Gruesas nubes, negras, pasan con rapidez sobre las montañas, cubriéndolas casi desde la base al vértice. Las pocas que distinguimos entre las masas negras nos interesan mucho: vértices recortados, conos de nieve, ventisqueros azules, siluetas que se destacan sobre un cielo de color lúgubre, aparecen a diferentes alturas y distancias. En medio de estos cuadros echamos el ancla en el cabo Turu, cerca del monte Sarmiento, oculto entonces por las nubes. En la base de los altos y casi perpendiculares acantilados que rodean la pequeña bahía en que nos encontramos, nos recuerda una choza (wigwam) abandonada que en ocasiones habita el hombre estas egiones desoladas. ...

En la línea 953
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 6 de septiembre.- Continuamos directamente hacia el sur y pasamos la noche en Rancagua. camino atraviesa tina estrecha llanura, limitada por una parte por altas colinas y por la otra por la Cordillera. siguiente día remontamos el valle del río Cachapual, donde se hallan los baños calientes de Cauquenes, célebres desde hace mucho tiempo por sus propiedades medicinales. las regiones menos frecuentadas se quitan los puentes, colgados durante el invierno, porque entonces están muy bajas las aguas. í lo han hecho en este valle y tenemos que atravesar el torrente a caballo. paso es desagradable, corre con tanta; rapidez el agua y hace tanta espuma al chocar con las grandes piedras del lecho, que marea, y es difícil asegurar si avanza el caballo o es el terreno el que se mueve. verano, cuando se funden las nieves es imposible atravesar estos torrentes vadeando; tal y tan grande es la fuerza y violencia de su corriente, de la cual hay evidentes signos en ambas orillas ...

En la línea 7957
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ana estaba locuaz, hasta se atrevió a decir lisonjas, que si directamente iban con el caballo también comprendían al jinete. ...

En la línea 10775
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Además, pensaba Anita, fuera orgullo aspirar ahora a la visión de la Divinidad directamente; me faltan muchos pasos, muchas moradas. ...

En la línea 15301
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pero no fue así; el Magistral no volvió a solicitar a Petra; cuando tuvo que hablarla, no fue para asuntos que a ella directamente le importasen, fue. ...

En la línea 16122
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Además, ya ella, por su servicio de policía secreta, y por lo que observaba directamente, había llegado a comprender que su hijo había perdido su poder sobre la Regenta. ...

En la línea 444
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Borja levantó la cabeza, mirándola a su vez directamente. Ya no mostraba la indecisión del que dice mentira. Sus palabras tenían el calor de la sinceridad. ...

En la línea 592
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Únicamente Pío II, el escritor, y Alejandro VI, el segundo Papa Borgia, mantuviéronse al margen de tales engaños. Alejandro hasta se negaba a recompensar varias obras de astrología que le dedicaron sus autores. En cambio, su hijo, César Borgia, casi siempre Incrédulo, mostraba la misma superstición de todos los hombres de lucha que exponen frecuentemente su vida, y semejante a numerosos capitanes de la misma época, consultaba a los astrólogos antes de emprender una batalla o poner sitio a una ciudad. Papas célebres, como Sixto IV, Julio II, León X, y, todavía mas adelante, Paulo III, se dedicaban directamente a la astrología o escuchaban con gravedad los diagnósticos celestes de , los profesionales. Un médico y erudito como Pablo Toscanelli servía de astrólogo a los Medicis, no perdiendo su fe en dicha ciencia hasta los últimos años de su vida, cuando se vio arruinado, a pesar de que los planetas le habían prometido grandes riquezas. ...

En la línea 778
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Juliano de la Rovere, verdadero Papa durante el Pontificado de Inocencio, quería ocupar ahora directamente la silla de San Pedro, apelando al soborno de los cardenales dispuestos a tal venalidad, lo mismo que ya habla hecho en la elección anterior. Como estaba al servicio de los intereses de Francia, se contaba en Roma que el rey Carlos VIII había hecho depositar en un Banco doscientos mil ducados por su elección, y otros cien mil la República de Génova. ...

En la línea 803
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Sólo en los pocos días transcurridos entre la última enfermedad de Inocencio VIII y la coronación de Alejandro VI se habían perpetrado en Roma doscientos veinte asesinatos. Por voluntad del Pontífice, cuatro delegados suyos oyeron las quejas de los vecinos, y el mismo Alejandro concedió audiencia a los que deseaban presentarle sus reclamaciones directamente. ...

En la línea 309
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Aquí la ciencia del universitario se extendía en luminosa digresión para explicar a sus compatriotas la existencia del pañuelo entre los Hombres-Montañas, el uso incoherente que le dan y las cosas poco agradables que depositan en el. Pero, como ocurre siempre en las grandes solemnidades, el público no prestó atención a las explicaciones del hombre de ciencia, prefiriendo examinar directamente lo que tenía ante sus ojos. ...

En la línea 1435
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Esto no puede seguir así -dijo con autoridad-. Afortunadamente, yo vuelvo a ser alguien en los presentes momentos, y remediaré tal desorden. No le prometo volverle hoy mismo a la Galería de la Industria, donde usted se encontraba tan bien. Seria demasiado rápido el cambio y los señores del Consejo Ejecutivo podrían ofenderse. Pero yo hablaré a mi ilustre jefe Gurdilo, y es casi seguro que dentro de unos días ocupará usted su antigua vivienda. Mientras tanto, cuidaré directamente de su alimentación. Ahora manda su amigo Flimnap, y no morirá usted de hambre. ...

En la línea 71
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Ya en 1840 las casas que traían directamente el género de Cantón no podían competir con las que lo encargaban a Liverpool. Cualquier mercachifle de la calle de Postas se proveía de este artículo sin ir a tomarlo en los dos o tres depósitos que en Madrid había. Después las corrientes han cambiado otra vez, y al cabo de muchos años ha vuelto a traer España directamente las obras de King-Cheong; mas para esto ha sido preciso que viniera la gran vigorización del comercio después del 68 y la robustez de los capitales de nuestros días. ...

En la línea 71
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Ya en 1840 las casas que traían directamente el género de Cantón no podían competir con las que lo encargaban a Liverpool. Cualquier mercachifle de la calle de Postas se proveía de este artículo sin ir a tomarlo en los dos o tres depósitos que en Madrid había. Después las corrientes han cambiado otra vez, y al cabo de muchos años ha vuelto a traer España directamente las obras de King-Cheong; mas para esto ha sido preciso que viniera la gran vigorización del comercio después del 68 y la robustez de los capitales de nuestros días. ...

En la línea 4213
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Primero se convino en acudir a la señora de Jáuregui; pero luego creí mejor embestirla a usted directamente, y apelar a su conciencia, porque me parecía a mí que llamando a esa puerta, alguien me respondería desde dentro. Yo no creo que haya nadie malo, malo de todas veras. ¡Me he llevado tantos chascos!… tantas veces me ha pasado ver que una persona con fama de perversa salía de buenas a primeras con un acto de los más cristianos, que ya no me sorprendo de ver saltar el bien en donde menos se piensa. Que usted ha tenido sus extravíos, todo el mundo lo sabe. ¿Para qué hemos de decir otra cosa?». ...

En la línea 5457
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Como iba más aprisa que él, pronto se aumentó la distancia que les separaba. En vez de seguir por la calle de Atocha para tomar por la de Cañizares, como parecía natural (este era el itinerario que usaba Maxi), la joven se metió por el oscuro callejón del Salvador. En la sombra del Ministerio de Ultramar la esperaba un hombre que la detuvo un instante: diéronse las manos y siguieron juntos. «Hola, hola—se dijo Maxi acechando—, ¿belenes tenemos?». Y viéndoles ir por el callejón adelante, una idea o más bien sospecha encendió en él vivísima curiosidad. Siguiéndoles a cierta distancia, se cercioró al punto de lo que antes fuera presunción, y la certidumbre produjo en su alma violentísima sacudida. «Es él, ese infame… La espera; van juntos… y toman la vía más solitaria… Luego, son amantes… ¡Engañar a una pobre mujer… un hombre casado!… ». Determinose en él con poderosa fuerza el rencor de otros tiempos, aquel rencor concentrado y sutil que era como un virus ponzoñoso, tan pronto manifiesto como latente, y que al derramarse por todo su ser, producía tantos y tan distintos fenómenos cerebrales. Al propio tiempo se desbordaba en el alma del desdichado joven un sentimiento quijotesco de la justicia, no tal como la estiman las leyes y los hombres, sino como se ofrece a nuestro espíritu, directamente emanada de la esencia divina. «Esto lo tolera y aun lo aplaude la sociedad… Luego, es una sociedad que no tiene vergüenza. ¿Y qué defensa hay contra esto? En las leyes ninguna. ¡Ay, Dios mío, si tuviera aquí un revólver, ahora mismo, ahora mismo, sin titubear un instante, le pegaba un tiro por la espalda y le partía el corazón! No merece que se le mate por delante. ¡Traidor, miserable, ladrón de honras! ¡Y esa tonta que se deja engañar!… Pero ella no merece la muerte, sino la galera, sí señor, la galera… ». ...

En la línea 182
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A lo largo de las Malvinas, el 30 de junio, la fragata entró en comunicación con unos balleneros norteamericanos, que nos informaron no haber visto al narval. Pero uno de ellos, el capitán del Monroe, conocedor de que Ned Land se hallaba a bordo del Abraham Lincoln, requirió su ayuda para cazar una ballena que tenían a la vista. Deseoso el comandante Farragut de ver en acción a Ned Land, le autorizó a subir a bordo del Monroe. Y el azar fue tan propicio a nuestro canadiense que en vez de una ballena arponeó a dos con un doble golpe, asestándoselo a una directamente en el corazón. Se apoderó de la otra después de una persecución de algunos minutos. Decididamente, si el monstruo llegaba a habérselas con el arpón de Ned Land, no apostaría yo un céntimo por el monstruo. ...

En la línea 420
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El otro respondió con un movimiento de cabeza y añadió dos o tres palabras absolutamente incomprensibles para nosotros. De nuevo los ojos del jefe se posaron en mí y su mirada parecía interrogarme directamente. ...

En la línea 1491
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Marchábamos directamente hacia el oeste, y el 11 de enero pasamos antes el cabo Wessel, situado a 135º de longitud y 10º de latitud norte, que forma la punta oriental del golfo de Carpentaria. Los arrecifes eran todavía numerosos, pero ya más dispersos, y estaban indicados en el mapa con una extremada precisión. El Nautilus evitó con facilidad los rompientes de Money, a babor, y los arrecifes Victoria, a estribor, situados a 130º de longitud sobre el paralelo 10, que seguíamos rigurosamente. ...

En la línea 1862
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Apenas había durado unos segundos la terrible escena. El tiburón se revolvió y se disponía a cortar al indio en dos, cuando sentí al capitán Nemo erguirse a mi lado y avanzar directamente hacia el monstruo, puñal en mano, dispuesto a luchar cuerpo a cuerpo con él. En el momento en que iba a despedazar al desgraciado pescador, el escualo advirtió la presencia de su adversario y se dirigió derecho hacia él. ...

En la línea 565
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Se echó a reír con burla, me dio un empujón para hacerme salir y cerró la puerta a mi espalda. Yo me marché directamente a casa del señor Pumblechook, y me satisfizo mucho no encontrarle en casa. Por consiguiente, después de decirle al empleado el día en que tenía que volver a casa de la señorita Havisham, emprendí el camino para recorrer las cuatro millas que me separaban de nuestra fragua. Mientras andaba iba reflexionando en todo lo que había visto, rebelándome con toda mi alma por el hecho de ser un aldeano ordinariote, lamentando que mis manos fuesen tan bastas y mis zapatos tan groseros. También me censuraba por la vergonzosa costumbre de llamar «mozos» a las sotas y por ser mucho más ignorante de lo que me figuraba la noche anterior, así como porque mi vida era peor y más baja de lo que había supuesto. ...

En la línea 892
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Cuando entré en el patio encontré a Estella que me esperaba con las llaves; pero no me preguntó dónde estuve ni por qué la había hecho esperar. Su rostro estaba arrebolado, como si hubiese ocurrido algo que le causara extraordinaria satisfacción. En vez de ir directamente hacia la puerta, volvió a meterse en el corredor y me hizo señas llamándome. ...

En la línea 946
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... En casa del tío Pumblechook, mi hermana se separó de nosotros. Como entonces eran casi las doce de la mañana, Joe y yo nos encaminamos directamente a casa de la señorita Havisham. Estella abrió la puerta como de costumbre, y, en el momento en que la vió, Joe se quitó el sombrero y pareció sopesarlo con ambas manos, como si tuviese alguna razón urgente para apreciar con exactitud una diferencia de peso de un cuarto de onza. ...

En la línea 1261
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Ya me lo figuro — dijo el abogado —. Ahora, señor Pip, debe usted tener en cuenta que el nombre de la persona que se convierte en su bienhechor ha de quedar absolutamente secreto, hasta que esta persona crea que ha llegado la ocasión de revelarlo. Tengo autorización de esta persona para comunicarle que ella misma se lo revelará directamente, de palabra. Ignoro cuándo o dónde lo hará, pues nadie puede decirlo. Posiblemente pueden pasar varios años. Además, sepa que se le prohíbe hacer ninguna indagación ni alusión o referencia acerca de esa persona, por velada que sea la insinuación, con objeto de averiguar la personalidad de su bienhechor, en cualquiera de las comunicaciones que usted pueda dirigirme. Si en su pecho abriga usted alguna sospecha o suposición, guárdesela para sí mismo. Nada importa cuáles puedan ser las razones de semejante prohibición. Tal vez sean de extremada gravedad o consistan solamente en un capricho. Usted no ha de tratar de averiguarlo. La condición es rigurosa. Ya le he dado cuenta de esta condición. La aceptación de ella y su observancia y obediencia es lo último que me ha encargado la persona que me ha dado sus instrucciones y hacia la cual no tengo otra responsabilidad. Esta persona es la misma a quien deberá usted su espléndido porvenir, y el secreto está solamente en posesión de ella misma y de mí. Nuevamente repito que no es muy difícil de cumplir la condición que le imponen para alcanzar este mejoramiento de fortuna; pero si tiene algún inconveniente en aceptarla, no tiene más que decirlo. Hable. Una vez más, tartamudeé con dificultad que no tenía nada que objetar. ...

En la línea 82
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑No: estoy estudiando ‑repuso el joven, un tanto sorprendido por aquel lenguaje ampuloso y también al verse abordado tan directamente, tan a quemarropa, por un desconocido. A pesar de sus recientes deseos de compañía humana, fuera cual fuere, a la primera palabra que Marmeladof le había dirigido había experimentado su habitual y desagradable sentimiento de irritación y repugnancia hacia toda persona extraña que intentaba ponerse en relación con él. ...

En la línea 177
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Cuando trajo la sopa y Raskolnikof se puso a comer, Nastasia se sentó a su lado, en el diván, y empezó a charlar. Era una campesina que hablaba por los codos y que había llegado a la capital directamente de su aldea. ...

En la línea 2264
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Tengo entendido que ha interrogado a todos los que tenían algún objeto empeñado en casa de la vieja. Yo también tenía algo empeñado… , muy poca cosa… , una sortija que me dio mi hermana cuando me vine a Petersburgo, y el reloj de plata de mi padre. Las dos cosas juntas sólo valen cinco o seis rublos, pero como recuerdos tienen un gran valor para mí. ¿Qué te parece que haga? No quisiera perder esos objetos, especialmente el reloj de mi padre. Hace un momento, temblaba al pensar que mi madre podía decirme que quería verlo, sobre todo cuando estábamos hablando del reloj de Dunetchka. Es el único objeto que nos queda de mi padre. Si lo perdiéramos, a mi madre le costaría una enfermedad. Ya sabes cómo son las mujeres. Dime, ¿qué debo hacer? Ya sé que hay que ir a la comisaría para prestar declaración. Pero si pudiera hablar directamente con Porfirio… ¿Qué te parece… ? Así se solucionaría más rápidamente el asunto… Ya verás como, apenas nos sentemos a la mesa, mi madre me habla del reloj. ...

En la línea 2382
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Porfirio no le respondió, sino que habló a Raskolnikof directamente: ...

En la línea 343
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Nada hay de eso. Desde Berlín tenía las orejas atiborradas de ese “Ja wohl!” constantemente repetido de un modo tan antipático. Al encontrarles en la avenida aquel “Ja wohl!” no sé por qué me vino a la memoria y tuvo el don de crisparme los nervios. Además, la baronesa, a quien he encontrado ya tres veces, tiene la costumbre de andar directamente hacia mí como si yo fuera un gusano al que se quiere aplastar con el pie; convenga conmigo en que yo puedo tener también mi amor propio. Me descubrí, diciendo muy cortésmente —le aseguro a usted que cortésmente—: “Madame, j'ai l'honneur d'étre votre esclave”. Cuando el barón se volvió, diciendo “Hein!”, me sentí incitado a gritar inmediatamente: “Ja wohl!”. Lancé dos veces esta exclamación, la primera con mi voz ordinaria y la segunda con toda la fuerza de mis pulmones. Eso es todo. ...

En la línea 1337
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Me enteré de todo… y luego… luego iré directamente a Homburg. No iré a Ruletenburg, al menos este año. Dicen que no es bueno tentar dos veces seguidas la suerte en la misma mesa. Además, Homburg es la metrópoli del juego. ...

En la línea 160
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Con una última reserva de energía consiguió ponerse en pie y seguirlos a rastras, y una nueva parada le permitió adelantarse dando tumbos y llegar hasta el costado de su propio trineo, donde se detuvo junto a Sol-leks. El conductor se había entretenido un momento para pedir fuego al hombre que iba detrás y encender la pipa. Después volvió a su sitio e hizo arrancar a sus perros, que se pusieron en marcha con insólita facilidad, giraron inquietos la cabeza y se detuvieron sorprendidos. También el conductor se sorprendió: el trineo no se había movido. Llamó a sus colegas para que fueran testigos de lo que estaba viendo. Dave había cortado a dentelladas las correas de Sol-leks y se había colocado directamente delante del trineo, en el sitio que le correspondía. ...

En la línea 259
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Hans se apresuró a sujetarlo con la cuerda, como si Buck fuera una embarcación. Con la cuerda así tensada y el ímpetu de la corriente, el tirón hundió a Buck bajo la superficie y bajo la superficie permaneció hasta que su cuerpo golpeó contra la orilla y lo sacaron del agua. Estaba medio ahogado, y Hans y Pete se arrojaron sobre él, haciéndole tragar aire y vomitar el agua. Se puso de pie tambaleándose y se fue al suelo. Hasta ellos llegó la débil voz de Thornton y, aunque no entendieron las palabras, se dieron cuenta de que ya no podía resistir más. Pero la voz de su amo actuó sobre Buck como una descarga eléctrica. Se levantó de un salto y salió corriendo por la orilla delante de los dos hombres, que se dirigían al punto donde antes se había lanzado. Le ataron otra vez la cuerda y de nuevo lo metieron en el agua; él salió nadando, pero esta vez directamente hacia el centro de la corriente. Había calculado mal en la ocasión anterior, pero no lo haría mal una segunda vez. Hans fue soltando cuerda despacio sin permitir que se aflojara, mientras Pete se ocupaba de que no se enredase. Buck esperó a estar alineado con la posición de Thornton; entonces giró y empezó a desplazarse hacia él a la velocidad de un tren expreso. Thornton lo vio venir y, en el momento en que Buck se precipitaba sobre él como un ariete empujado por la fuerza de la corriente, se irguió y se abrazó con ambos brazos al lanudo cuello del perro. Hans amarró la cuerda al tronco de un árbol y, con el tirón, Buck y Thornton se hundieron bajo el agua. Sofocados y jadeantes, a veces uno encima y a veces el otro, arrastrándose sobre el fondo desigual, chocando con pedruscos y ramas, viraron hacia la orilla. ...

En la línea 334
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... A cinco kilómetros del campamento tropezó con un rastro que le hizo erizar los pelos. El rastro llevaba directamente al campamento y a John Thornton. Buck apretó el paso, moviéndose rápida y sigilosamente, con los nervios crispados y en tensión, atento a los múltiples detalles que le revelaban una historia… aunque no su final. El olfato le explicó la diversidad de elementos relacionados con los seres tras los que corría. Notó el preñado silencio de la selva. Las aves habían huido. Las ardillas estaban escondidas. Sólo vio una, un lustroso ejemplar gris aplastado contra una rama seca como si fuera una protuberancia leñosa de la madera. ...

En la línea 666
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -El señor querrá Champagne helado… Se lo traeré en garrafa, es más cómodo… Las ananas que hay en la casa son excelentes: voy a traer… El Málaga nos llega directamente de España: ¡oh! el vino de España… ¡clac! no hay como la España para vinos… ...

En la línea 227
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -¿Y de Suez se marcha directamente a Bombay? ...

En la línea 337
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Aquella salida precipitada de Londres poco después del robo; aquella fuerte suma con que se hacía el viaje; aquella prisa de llegar a países remotos: aquel pretexto de una apuesta excéntrica, todo confirmaba y debía confirmar a Fix en sus ideas. Hizo hablar todavía más al francés, y adquirió la convicción de que ese mozo no conocía a su amo; que éste vivía aislado en Londres; que se le suponía rico sin saber el origen de su fortuna: que era un hombre impenetrable, etc. Pero al propio tiempo Fix pudo cerciorarse de que Fogg no desembarcaba en Suez y se iba directamente a Bombay. ...

En la línea 410
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Desde 1756- época en que se fundó el primer establecimiento inglés en el sitio ocupado hoy por la ciudad de Madrás, hasta el año en que estalló la gran insurrección de los cipayos, la célebre Compañía de las Indias fue omnipotente. Iba agregado a sus dominios poco a poco las diversas provincias adictas a los rajaes por medio de rentas que no pagaba o pagaba mal; nombraba un gobernador general y todos los empleados civiles y militares: pero ahora ya no existe, y las posesiones inglesas de la India dependen directamente de la Corona. ...

En la línea 523
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En cuanto a Picaporte, apostado sobre el lomo del animal y directamente sometido a los vaivenes, cuidaba muy bien, según se lo había recomendado su amo, de no tener la lengua entre los dientes, porque se la podía cortar rasa. El buen muchacho, ora despedido hacia el cuello del elefante, ora hacia las ancas, daba volteretas como un clown sobre el trampolín; pero en medio de sus saltos de carpa se reía y bromeaba, sacando de vez en cuando un terrón de azúcar, que el inteligente Kiouni tomaba con la trompa, sin interrumpir un solo instante su trote regular. ...


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