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La palabra detiene
Cómo se escribe

la palabra detiene

La palabra Detiene ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece detiene.

Estadisticas de la palabra detiene

Detiene es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 5014 según la RAE.

Detiene aparece de media 18.05 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la detiene en las obras de referencia de la RAE contandose 2743 apariciones .

Más información sobre la palabra Detiene en internet

Detiene en la RAE.
Detiene en Word Reference.
Detiene en la wikipedia.
Sinonimos de Detiene.

Algunas Frases de libros en las que aparece detiene

La palabra detiene puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2586
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... En vuestra opinión parece que si por desgracia se detiene a un mos quetero, Francia está en peligro. ...

En la línea 3266
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Pues bien! Dado que ella ha abandonado Paris y que vos estáis seguro de ello, D'Artagnan, nada me detiene aquí y yo estoy dispuesto a seguiros. ...

En la línea 6660
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Quién se detiene ahora frente a la puerta, sin entrar, y hace una pregunta al hostelero, que se acerca saludándole respetuoso? No es hombre vulgar, o mucho engaña su aspecto. ...

En la línea 1203
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El clima de la parte meridional de América parece muy favorable para la producción de la turba. las islas Falkland casi todas las plantas, incluso la hierba grosera que cubre la casi totalidad del suelo, se transforma en esta sustancia cuyo desarrollo no detiene ninguna situación; algunas capas de turba llegan a tener un espesor de 12 pies, y las partes inferiores son tan compactas cuando se las deseca que arden con mucha dificultad ...

En la línea 1542
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... n esfuerzo se comprende que en este mundo viene a estar el viento como si dijésemos estancado e irregular, porque lo detiene la cadena de montañas. ...

En la línea 14135
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Tendida en la pila, con la mano en el grifo, dejo que el agua tibia me enerve, y la fantasía como en sopor se detiene en imágenes plásticas tranquilas y suaves. ...

En la línea 4434
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En tal situación siente vivos impulsos de salir a la calle; se levanta, se viste, pero no está segura de haberse quitado la venda. Sale, se dirige a la calle de la Magdalena, y se para ante el escaparate de la tienda de tubos, obedeciendo a esa rutina del instinto por la cual, cuando tenemos un encuentro feliz en determinado sitio, volvemos al propio sitio creyendo que lo tendremos por segunda vez. ¡Cuánto tubo!, llaves de bronce, grifos, y multitud de cosas para llevar y traer el agua… Detiénese allí mediano rato viendo y esperando. Después sigue hacia la plaza del Progreso. En la calle de Barrionuevo, se detiene en la puerta de una tienda donde hay piezas de tela desenvueltas y colgadas haciendo ondas. Fortunata las examina, y coge algunas telas entre los dedos para apreciarlas por el tacto. «¡Qué bonita es esta cretona!». Dentro hay un enano, un monstruo, vestido con balandrán rojo y turbante, alimaña de transición que se ha quedado a la mitad del camino darwinista por donde los orangutanes vinieron a ser hombres. Aquel adefesio hace allí mil extravagancias para atraer a la gente, y en la calle se apelmazaban los chiquillos para verle y reírse de él. Fortunata sigue y pasa junto a la taberna en cuya puerta está la gran parrilla de asar chuletas, y debajo el enorme hogar lleno de fuego. La tal taberna tiene para ella recuerdos que le sacan tiras del corazón… Entra por la Concepción Jerónima; sube después por el callejón del Verdugo a la plaza de Provincia; ve los puestos de flores, y allí duda si tirar hacia Pontejos, a donde la empuja su pícara idea, o correrse hacia la calle de Toledo. Opta por esta última dirección, sin saber por qué. Déjase ir por la calle Imperial, y se detiene frente al portal del Fiel Contraste a oír un pianito que está tocando una música muy preciosa. Éntranle ganas de bailar, y quizás baila algo: no está segura de ello. Ocurre entonces una de estas obstrucciones que tan frecuentes son en las calles de Madrid. Sube un carromato de siete mulas ensartadas formando rosario. La delantera se insubordina metiéndose en la acera, y las otras toman aquello por pretexto para no tirar más. El vehículo, cargado de pellejos de aceite, con un perro atado al eje, la sartén de las migas colgando por detrás, se planta, a punto que llega por detrás el carro de la carne con los cuartos de vaca chorreando sangre, y ambos carreteros empiezan a echar por aquellas bocas las finuras de costumbre. No hay medio de abrir paso, porque el rosario de mulas hace una curva, y dentro de ella es cogido un simón que baja con dos señoras. Éramos pocos… A poco llega un coche de lujo con un caballero muy gordo. Que si pasas tú, que si te apartas, que sí y que no. El carretero de la carne pone a Dios de vuelta y media. Palo a las mulas, que empiezan a respingar, y una de estas coces coge la portezuela del simón y la deshace… Gritos, leña, y el carromatero empeñado en que la cosa se arregla poniendo a Dios, a la Virgen, a la hostia y al Espíritu Santo que no hay por dónde cogerlos. ...

En la línea 4191
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Entonces, ¿por qué ha venido usted? ‑preguntó Raskolnikof sin ocultar su enojo‑. Le repito lo que le dije el otro día: si usted me cree culpable, ¿por qué no me detiene? ...

En la línea 482
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Bueno, amigo mío, ¿por qué me miras con los ojos tan abiertos?—me apostrofaba a gritos la abuela—. ¿No sabes saludar y dar los buenos días? ¿Es el orgullo lo que te detiene? ¿No me has reconocido? Mira, Potapytch —y se dirigía a un viejecito vestido de frac y corbata blanca, con una calva rosada, su mayordomo, que la acompañaba en el viaje—. Mira. ¡No me conoce! ¡Ya me han enterrado! Recibíamos telegramas: “¿Se ha muerto o no?” ¡Sí, sí, lo sé todo! Pues bien, ya lo ves; aún estoy vivita. ...


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