La palabra Desusado ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece desusado.
Estadisticas de la palabra desusado
La palabra desusado no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE
Errores Ortográficos típicos con la palabra Desusado
Cómo se escribe desusado o dezuzado?
Algunas Frases de libros en las que aparece desusado
La palabra desusado puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 5443
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... YO.—Pero ¿de quién se trata? ANTONIO.—De uno a quien le aguarda un fin desusado, «porque así está escrito». ...
En la línea 4699
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Un rato llevaban de interesante conferencia, cuando sonó la campanilla, y a poco entró Maxi en el gabinete, que era donde su tía y don Francisco estaban. Fortunata estaba planchando. En cuanto vio llegar a su marido, fue a ver qué se le ofrecía, pues algo desusado debía de ser. A tal hora, las diez de la mañana, no venía jamás a casa el pobre chico. Echándose un pañuelo por los hombros, porque el calor de la plancha la obligaba a estar al fresco, pasó al gabinete. Lo mismo ella que su tía se pasmaron de ver en el semblante del joven una alegría inusitada, Los ojos le brillaban, y hasta en la manera de saludar a D. Francisco advirtieron algo extraño, que las llenó de alarma. «Hola, D. Paco; yo bien, ¿y usted?… Y doña Silvia y Rufinita, ¿siguen tomando los baños del Manzanares?». Este lenguaje tan confianzudo, era lo más contrario al temperamento y a la timidez de Maxi. ...
En la línea 5302
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El cuarto que entonces tenía Segunda en aquella casa era uno de los más altos. Estaba sobre el de Estupiñá. No había llegado Fortunata al segundo, cuando vio bajar a este, y le entraron ganas de saludarle. Puso él una carátula durísima al verla; pero a pesar de esto, la joven sentía ganas de decirle algo. Érale simpático; conocía sus apetitos parlamentarios, y aunque por sus amistades con los de Santa Cruz podía contarle ella en el número de sus enemigos, le miraba ella con buenos ojos, teniéndole por hombre inofensivo y bondadoso. «Aunque usted no quiera, D. Plácido, buenos días». El gran Rossini no se dignó volver hacia ella su perfil de cotorra, y refunfuñando algo que la nueva inquilina no pudo entender, siguió por la escalera abajo, haciendo sonar con desusado estrépito los peldaños de piedra. ...
En la línea 5994
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pasado cierto tiempo, indeterminado para ella, recobró sus sentidos y pudo moverse, apreciando fácilmente la realidad. «¿Quién eres tú? —preguntó a Encarnación, única persona que estaba a su lado—. ¡Ah!, ya te conozco… ¡Qué tonta soy! ¿No está mi tía?». Díjole la chiquilla que la señá Segunda había bajado al mercado, y que subió con la leche para el niño, y después se volvió a marchar. Sacó Fortunata de aquel desvanecimiento una convicción que se afianzaba en su alma como las ideas primarias, la convicción de que se iba a morir aquella mañana. Sentía la herida allá dentro, sin saber dónde, herida o descomposición irremediables, que la conciencia fisiológica revelaba con diagnóstico infalible, semejante a inspiración o numen profético. La cabeza se le había serenado; la respiración era fácil aunque corta; la debilidad crecía atrozmente en las extremidades. Pero mientras la personalidad física se extinguía, la moral, concentrándose en una sola idea, se determinaba con desusado vigor y fortaleza. En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir; en aquella idea estampaba con sencilla fórmula el perfil más hermoso y quizás menos humano de su carácter, para dejar tras sí una impresión clara y enérgica de él. «Si me descuido—pensó con gran ansiedad—, me cogerá la muerte, y no podré hacer esto… ¡qué gran idea!… Ocurrírseme tal cosa es señal de que voy a ir derecha al Cielo… Pronto, pronto, que la vida se me va… ». Llamando a Encarnación, le dijo: «Chiquilla, vete corriendito al cuarto de abajo, y le dices a D. Plácido que le necesito… ¿entiendes?, que le necesito, que suba… Anda, no te detengas. Ya debe de estar ahí, de vuelta de la iglesia, tomándose su chocolate… Anda prontito, hija, y te lo agradeceré mucho». ...

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Más información sobre la palabra Desusado en internet
Desusado en la RAE.
Desusado en Word Reference.
Desusado en la wikipedia.
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