La palabra Delitos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece delitos.
Estadisticas de la palabra delitos
Delitos es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 2612 según la RAE.
Delitos tienen una frecuencia media de 3.66 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la delitos en 150 obras del castellano contandose 556 apariciones en total.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Delitos
Cómo se escribe delitos o delitoz?
Más información sobre la palabra Delitos en internet
Delitos en la RAE.
Delitos en Word Reference.
Delitos en la wikipedia.
Sinonimos de Delitos.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece delitos
La palabra delitos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2411
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero, volviendo a cosas más importantes, dígame: ¿de qué delitos conocía la Santa Casa de Córdoba? —Supongo que sabrá usted cuáles eran los asuntos propios de la función del Santo Oficio; por tanto, no necesito decirle que los delitos en que entendíamos eran los de brujería, judaísmo y ciertos descarríos carnales. ...
En la línea 2411
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero, volviendo a cosas más importantes, dígame: ¿de qué delitos conocía la Santa Casa de Córdoba? —Supongo que sabrá usted cuáles eran los asuntos propios de la función del Santo Oficio; por tanto, no necesito decirle que los delitos en que entendíamos eran los de brujería, judaísmo y ciertos descarríos carnales. ...
En la línea 2428
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —¿Y tuvo usted que entender en muchos casos de delitos carnales? —Entre los seglares, no muchos; sobre los clérigos ejercíamos una rigurosa vigilancia. ...
En la línea 5287
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... A la galería principal daban varios aposentos pequeños, donde residían los presos por deudas o por delitos políticos. ...
En la línea 1362
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Advierta vuestra merced -dijo Sancho- que la justicia, que es el mesmo rey, no hace fuerza ni agravio a semejante gente, sino que los castiga en pena de sus delitos. ...
En la línea 1408
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Respondióle la guarda porque tenía aquel solo más delitos que todos los otros juntos, y que era tan atrevido y tan grande bellaco que, aunque le llevaban de aquella manera, no iban seguros dél, sino que temían que se les había de huir. ...
En la línea 1409
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -¿Qué delitos puede tener -dijo don Quijote-, si no han merecido más pena que echalle a las galeras? -Va por diez años -replicó la guarda-, que es como muerte cevil. ...
En la línea 5277
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Este Ginés, pues, temeroso de no ser hallado de la justicia, que le buscaba para castigarle de sus infinitas bellaquerías y delitos, que fueron tantos y tales, que él mismo compuso un gran volumen contándolos, determinó pasarse al reino de Aragón y cubrirse el ojo izquierdo, acomodándose al oficio de titerero; que esto y el jugar de manos lo sabía hacer por estremo. ...
En la línea 15218
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Las tentativas del mísero don Víctor eran para la Regenta, gracias a las calumnias de Álvaro, delitos consumados. ...
En la línea 1902
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Aquí le hizo dar tormento con la esperanza de que confesase los crímenes de César. El testimonio de este hombre considerábalo precioso para incoar un terrible proceso contra el duque de las Romanas… Pero el duro don Micalet aguantó toda clase de suplicios sin hablar, manteniéndose fiel a su protector. Indudablemente le preguntaron acerca de muchos delitos imaginarios que César no había cometido nunca, ¡Le inventaban tantos!.. Como si no tuviese bastante con los que resultan completamente ciertos… ...
En la línea 1911
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Al sufrir la Reforma protestante, necesitaban sus escritores concretar sobre la cabeza de algún Pontífice todos los vicios y delitos de la Corte de Roma durante siglos, y Julio II les daba ya hecho el trabajo con la leyenda contra los Borgias, de reciente formación. ...
En la línea 1920
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Alejandro fue un gran Pontífice, y hasta su hijo César (la peor persona de la familia), resulta igual a los príncipes de su época. Sólo se diferencia de ellos por tener más talento y mayores condiciones de energía y actividad. Muchos de los crímenes que le atribuyen son indignos de su inteligencia y su carácter. Cuando César se decidía a obrar como malvado, por razones política o particulares realizaba sus delitos con una franqueza bárbara o con una habilidad diplomática que arrancó gritos de admiración a Maquiavelo. ...
En la línea 900
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... No se premite tender rropa, y ni clabar clabos, decía en una pared, y D. José exclamó: «¡Vaya una barbaridad!… ¡Ignorantes!… ¡emplear dos conjunciones copulativas! Pero pedazos de animales, ¿no veis que la primera, naturalmente, junta las voces o cláusulas en concepto afirmativo y la segunda en concepto negativo?… ¡Y que no tenga qué comer un hombre que podría enseñar la Gramática a todo Madrid y corregir estos delitos del lenguaje!… ¿Por qué no me había de dar el Gobierno, vamos a ver, por qué no me había de dar el encargo, mediante proporcionales emolumentos, de vigilar los rótulos?… ¡Zoquetes, qué multas os pondría!… Pues también tú estás bueno: Se alquilan qartos… muy bien, señor mío. ¿Le gustan a usted tanto las úes que se las come con arroz? ¡Ah!, si el Gobierno me nombrara ortógrafo de la vía pública, ya veríais… Vamos, otro que tal: se proive… Se prohíbe rebuznar, digo yo». ...
En la línea 1374
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Jacinta se puso muy colorada, y todos, todos los presentes, incluso el Delfín, celebraron mucho la gracia. Después hubo gran tertulia en el salón; pero poco después de las doce se habían retirado todos. Durmió Jacinta sin sosiego, y a la mañana siguiente, cuando su marido no había despertado aún, salió para ir a misa. Oyola en San Ginés, y después fue a casa de Benigna, donde encontró escenas de desolación. Todos los sobrinitos estaban alborotados, inconsolables, y en cuanto la vieron entrar corrieron hacia ella pidiendo justicia. ¡Vaya con lo que había hecho Juanín!… ¡Ahí era nada en gracia de Dios! Empezó por arrancarles la cabeza a las figuras del nacimiento… y lo peor era que se reía al hacerlo, como si fuera una gracia. ¡Vaya una gracia! Era un sinvergüenza, un desalmado, un asesino. Así lo atestiguaban Isabel, Paquito y los demás, hablando confusa y atropelladamente, porque la indignación no les permitía expresarse con claridad. Disputábanse la palabra y se cogían a la tiita, empinándose sobre las puntas de los pies. Pero ¿dónde estaba el muy bribón? Jacinta vio aparecer su cara inteligente y socarrona. Cuando él la vio, quedose algo turbado, y se arrimó a la pared. Acercósele Jacinta, mostrándole severidad y conteniendo la risa… pidiole cuentas de sus horribles crímenes. ¡Arrancar la cabeza a las figuras!… Escondía el Pituso la cara muy avergonzado, y se metía el dedo en la nariz… La mamá adoptiva no había podido obtener de él una respuesta, y las acusaciones rayaban en frenesí. Se le echaban en cara los delitos más execrables, y se hacía burla de él y de sus hábitos groseros. ...
En la línea 1212
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Como todos los calabozos estaban ocupados, los dos amigos fueron encadenados en un gran aposento, donde se custodiaba a las personas acusadas de delitos de menor cuantía. Tenían compañía, porque había allí unos veinte presos, con esposas y grilletes, de uno y otro sexo y diversas edades, que formaban un grupo obsceno y ruidoso. El rey se lamentaba amargamente de la indignidad a que se veía sometida su realeza, pero Hendon estaba sombrío y taciturno, pues se hallaba del todo aturdido. Había llegado a su hogar como un hijo pródigo, jubiloso, con la esperanza de hallar a todo el mundo enloquecido de alegría por su retorno, y en vez de ello no encontraba más que indiferencia y una cárcel. La esperanza y la realidad eran tan distintas que su contraste abrumaba a Hendon, el cual no podía decir si era trágico o grotesco. Sentíase como un hombre que hubiera, danzado alegremente al aire libre en espera de un arco iris y se viera herido por el rayo. ...
En la línea 758
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En efecto, el agente Fix había comprendido todo el partido que podía sacar de ese desgraciado asunto. Atrasando su marcha doce horas había ido a aconsejar lo que debían hacer los sacerdotes de Malebar Hili. Les había prometido resarcimiento de perjuicios, sabiendo muy bien que el gobierno inglés se mostraba muy severo con esos delitos, y después por el tren siguiente los había hecho ir en seguimiento de los culpables. Pero a causa del tiempo empleado en dar libertad a la joven viuda, Fix y los indios llegaron a Calcuta antes que Phileas Fogg y su criado, a quienes los magistrados, prevenidos por despacho telegráfico, debían prender al apearse del tren. ...

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