La palabra Delicia ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece delicia.
Estadisticas de la palabra delicia
Delicia es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 20693 según la RAE.
Delicia aparece de media 2.89 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la delicia en las obras de referencia de la RAE contandose 440 apariciones .
Más información sobre la palabra Delicia en internet
Delicia en la RAE.
Delicia en Word Reference.
Delicia en la wikipedia.
Sinonimos de Delicia.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece delicia
La palabra delicia puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 326
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Imposible concebir nada más salvaje, más extraordinario que la escena de su vivaqueo. Unos bebían hasta quedar borrachos perdidos; otros tragaban con delicia la humeante sangre de los bueyes que degollaban para su comida; luego les daban náuseas, vomitaban lo que había bebido y se les veía cubiertos por completo de sangre y de inmundicias: Nam simul expletus dapibus, vinoque sepultus, Cervicem inflexam posuit, jacuitque per antrum Immensus, saniem eructans, ac frusta cruenta Per somnum commixta mero. ...
En la línea 1182
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... tos desagradables pájaros, de cabeza pelada y roja, apropiada para sumergirse con delicia en la podredumbre, abundan en la costa occidental, y el cuidado con que vigilan a las focas indica lo que con ellas cuentan para alimentarse. agua, pero quizá sólo en la superficie, es casi dulce; lo que proviene del gran número de torrentes que en forma de cascadas se precipitan in el mar desde lo alto de las montañas de granito. agua dulce atrae a los peces y éstos a su vez llaman numerosas gaviotas y dos especies de cuervos marinos ...
En la línea 817
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Han visto ustedes el panteón, de severa arquitectura románica, sublime en su desnudez; han visto el claustro, ojival puro; han recorrido las galerías de la bóveda, de un gótico sobrio y nada amanerado; han visitado la cripta llamada Capilla Santa de reliquias, y han podido ver un trasunto de las primitivas iglesias cristianas; en el coro han saboreado primores del relieve, si no de un Berruguete, de un Palma Artela, desconocido, pero sublime artífice; en el retablo de la Capilla mayor han admirado y gustado con delicia los arranques geniales, sí, geniales puedo decir, del cincel de un Grijalte; y reasumiendo, en toda la Santa Basílica han podido corroborar la idea de que este templo es obra de arte severo, puro, sencillo, delicado. ...
En la línea 1226
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pudo Anita dormir en adelante la mañana, sin que nadie interrumpiera esta delicia; y pudo Quintanar levantarse con la aurora y recrear el oído con los cercanos conciertos matutinos de codornices, tordos, perdices, tórtolas y canarios. ...
En la línea 1858
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Las tías le permitían levantarse tarde, y gozaba con delicia de aquellas horas. ...
En la línea 2285
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Repasando todos los años de la inútil juventud, recordaba, como la mayor delicia que pudiera cargarse al capítulo de amor tal vez, alguna mirada de algún desconocido en uno de aquellos paseos por las carreteras orladas de árboles poblados de gorriones y jilgueros. ...
En la línea 2036
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En la fecha en que nuestra narración coge a doña Lupe, tenía ya un caudalito de diez mil duros, parte asegurado en acciones del Banco y parte en préstamos con pagaré legalizado, figurando mucha mayor cantidad de la percibida por el deudor. El ex-alabardero era enemigo del materialismo de las hipotecas con seguridad legal y rédito prudente. Los préstamos arriesgados con premio muy subido eran su delicia y su arte predilecto, porque aun cuando alguno no se cobrase hasta la víspera del Juicio Final, la mayor parte de las víctimas caían atontadas por el miedo al escándalo, y se doblaba el dinero en poco tiempo. Tenía olfato seguro para rastrear a las personas pundonorosas, de esas que entregan el pellejo antes que permitir andar en lenguas de la fama, y con estas se metía hasta el fondo, se atracaba de deudor. ...
En la línea 3155
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... A Rubín se le hacía acíbar el café y la tertulia un infierno. Érale insoportable la presencia de aquel hombre a quien no podía mandar a paseo, imagen viva del desorden de su vida, que se le aparecía como el espectro de una víctima cuando más contento estaba. La única delicia de su triste existencia era el café. Aquel sueño plácido, Samaniego se lo trocaba en angustiosa pesadilla. No pudo más, y una noche, sin decir nada, levantó el vuelo hacia otras regiones. ...
En la línea 2437
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Nuestra marcha ascensional se vio interrumpida a unos doscientos cincuenta pies de altura por obstáculos infranqueables. El arco de la bóveda interior se verticalizaba casi a esa altura, obligándonos a cambiar la escalada por un paseo circular. A esa altura el reino vegetal comenzaba a luchar con el reino mineral. Algunos arbustos e incluso algunos árboles salían de las anfractuosidades de las rocas de las paredes. Reconocí unos euforbios que dejaban correr su jugo cáustico. Unos heliotropos, incapaces allí de justificar su nombre por no llegar nunca a ellos los rayos solares, inclinaban tristemente sus flores de colores y perfumes desvaídos. Aquí y allá algunos crisantemos crecían tímidamente al pie de aloes de largas hojas tristes y enfermizas. Pero entre los regueros de lava vi pequeñas violetas, cuyo ligero perfume aspiré con delicia. El perfume es el alma de la flor y las flores de mar, esos espléndidos hidrófitos, no tienen alma. Habíamos llegado al pie de unos dragos robustos que separaban las rocas con la fuerza de sus musculosas raíces, cuando Ned Land lanzó un grito jubiloso: ...
En la línea 2894
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Dunia le parecía ya algo indispensable para su vida y no podía admitir la idea de renunciar a ella. Hacía ya mucho tiempo, años, que soñaba voluptuosamente con el matrimonio, pero se limitaba a reunir dinero y esperar. Su ideal, en el que pensaba con secreta delicia, era una muchacha pura y pobre (la pobreza era un requisito indispensable), bonita, instruida y noble, que conociera los contratiempos de una vida difícil, pues la práctica del sufrimiento la llevaría a renunciar a su voluntad ante él; y le miraría durante toda su vida como a un salvador, le veneraría, se sometería a él, le admiraría, vería en él el único hombre. ¡Qué deliciosas escenas concebía su imaginación en las horas de asueto sobre este anhelo aureolado de voluptuosidad! Y al fin vio que el sueño acariciado durante tantos años estaba a punto de realizarse. La belleza y la educación de Avdotia Romanovna le habían cautivado, y la difícil situación en que se hallaba había colmado sus ilusiones. Dunia incluso rebasaba el límite de lo que él había soñado. Veía en ella una muchacha altiva, noble, enérgica, incluso más culta que él (lo reconocía), y esta criatura iba a profesarle un reconocimiento de esclava, profundo, eterno, por su acto heroico; iba a rendirle una veneración apasionada, y él ejercería sobre ella un dominio absoluto y sin límites… Precisamente poco antes de pedir la mano de Dunia había decidido ampliar sus actividades, trasladándose a un campo de acción más vasto, y así poder ir introduciéndose poco a poco en un mundo superior, cosa que ambicionaba apasionadamente desde hacía largo tiempo. En una palabra, había decidido probar suerte en Petersburgo. Sabía que las mujeres pueden ser una ayuda para conseguir muchas cosas. El encanto de una esposa adorable, culta y virtuosa al mismo tiempo podía adornar su vida maravillosamente, atraerle simpatías, crearle una especie de aureola… Y todo esto se había venido abajo. Aquella ruptura, tan inesperada como espantosa, le había producido el efecto de un rayo. Le parecía algo absurdo, una broma monstruosa. Él no había tenido tiempo para decir lo que quería; sólo había podido alardear un poco. Primero no había tomado la cosa en serio, después se había dejado llevar de su indignación, y todo había terminado en una gran ruptura. Amaba ya a Dunia a su modo, la gobernaba y la dominaba en su imaginación, y, de improviso… No, era preciso poner remedio al mal, conseguir un arreglo al mismo día siguiente y, sobre todo, aniquilar a aquel jovenzuelo, a aquel granuja que había sido el causante del mal. Pensó también, involuntariamente y con una especie de excitación enfermiza, en Rasumikhine, pero la inquietud que éste le produjo fue pasajera. ...
En la línea 803
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Regalada frescura subía del agua. Era la nota característica del paisaje, dulce melancolía, blando adormecimiento, el reposo de la madre Naturaleza cuando, fatigada de la continua gestación del estío, se prepara al sopor invernal. Lucía había dejado de ser niña; los objetos exteriores le hablaban ya elocuentemente, y comenzaba a escucharlos; el parque la sumía en vaga contemplación. Su alma parecía desasirse del cuerpo, como se desase del tronco la hoja, y vagar como ella sin objeto ni dirección, entregada a la delicia del anonadamiento, al dulzor de no sentirse existir. ¡Y cuán grata debía de ser la muerte, si parecida a la de las hojas; la muerte por desprendimiento, sin violencia, representando el paso a más bellas comarcas, el cumplimiento de algún anhelo inexplicable, oculto, allá, en el fondo de su ser! Cuando tales ideas en tropel se le venían a la mente, un pajarillo descendía de un árbol, y oíase el batir de sus alas en el aire. Andaba algún tiempo a brincos por las calles de arena rebotando en las hojas secas; al acercársele Lucía daba de pronto un voleteo yendo a posarse en la cima más alta de las acacias rumorosas. ...
En la línea 901
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Mientras se solazaba Pilar de manera tan conforme a sus inclinaciones, aguardábala Lucía en el balcón del chalet. A aquella hora, nadie estaba en casa, ni Miranda, ni Perico; el Casino se los había tragado a todos. Apenas cruzaba un transeúnte por la retirada calle. Sólo se oía, entre el silencio, el estridor monótono de la máquina de coser que la hija de la conserje manejaba. En el jardín, las rosas, embriagadas del calor bebido durante la mañana entera, se deshacían en perfumes; hasta las frías rosas blancas tenían matices rancios, como de carne pálida, pero carne al fin. De todo el coro de aromas se formaba uno solo, penetrante, fortísimo, que se subía a la cabeza, como si fuera la fragancia de una rosa no más, pero rosa enorme, encendida, que exhalaba de su boca de púrpura hálito fascinador y mortal. Lucía empezaba por coser, al sentarse; pero al cuarto de hora la almohadilla se caía de su regazo, escapabásele el dedal del dedo, y vagarosa la pupila, permanecía con los ojos fijos en los macizos de rosales, hasta que al fin sus párpados se cerraban, y recostando la frente en las ramas que tapizaban el balcón, abandonábase a la delicia de aquella atmósfera embalsamada, sin oír, sin ver, respirando no más. Dos meses antes, no hubiera podido estarse quieta media hora; los jardines la convidaban a correr. Ahora, por el contrario, la incitaban a dejarse estar así, inmóvil, y anonadada, como el güebro ante el sol. ...
Errores Ortográficos típicos con la palabra Delicia
Cómo se escribe delicia o delizia?
Busca otras palabras en esta web
Palabras parecidas a delicia
La palabra irregulares
La palabra arrancarla
La palabra logra
La palabra arbustillo
La palabra elasticidad
La palabra truncado
La palabra carnoso
Webs Amigas:
Ciclos Fp de informática en Lleida . Ciclos Fp de Administración y Finanzas en Soria . Guia Plaza de España . - Hotel Concorde en Gran Canaria