Cómo se escribe.org.es

La palabra deleite
Cómo se escribe

la palabra deleite

La palabra Deleite ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece deleite.

Estadisticas de la palabra deleite

Deleite es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 16285 según la RAE.

Deleite aparece de media 4.05 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la deleite en las obras de referencia de la RAE contandose 616 apariciones .


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece deleite

La palabra deleite puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3158
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No aseguro que aquellos lugares me hubieran producido igual admiración contemplados a otra luz; pero es indiscutible que siendo tantas sus cualidades no pueden por menos de producir en cualquier tiempo hondo deleite; a la belleza apacible de un paisaje inglés júntase allí un no sé qué de grande y de agreste, y tengo para mí que el hombre nacido en aquellos valles, a no ser muy insaciable y turbulento, no querrá abandonarlos jamás. ...

En la línea 3558
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La catedral, aunque obra de varias épocas, en la que se mezclan diversos estilos de arquitectura, es una fábrica majestuosa y venerable, muy a propósito para suscitar la admiración y el respeto; es casi imposible, a la verdad, pasear por sus sombrías naves, oír la solemne música y los nobles cánticos, respirar el incienso de los grandes incensarios, lanzados a veces hasta la bóveda del techo por la maquinaria que los mueve, mientras los cirios gigantescos brillan aquí y allá en la penumbra, en los altares de numerosos santos, ante los que los fieles, de hinojos, exhalan sus plegarias en demanda de protección, de piedad y de amor, y dudar de que hollamos una casa donde el Señor mora con deleite. ...

En la línea 5301
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Quizás en la cárcel de Madrid, tan poblada, no hubiera más de veinte que aparecieran vestidos en la forma que he tratado de describir; eran _gente de reputación_, ladrones encumbrados, casi todos jóvenes, que si bien no tenían dinero propio, los sostenían en la posición sus _majas_ y _amigas_, mujeres de cierta clase que traban amistad con los ladrones y cuya mayor gloria y deleite consiste en satisfacer la vanidad de sus amigos con los gajes de su propia vergüenza y envilecimiento. ...

En la línea 3540
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y, puesto que el principal intento de semejantes libros sea el deleitar, no sé yo cómo puedan conseguirle, yendo llenos de tantos y tan desaforados disparates; que el deleite que en el alma se concibe ha de ser de la hermosura y concordancia que vee o contempla en las cosas que la vista o la imaginación le ponen delante; y toda cosa que tiene en sí fealdad y descompostura no nos puede causar contento alguno. ...

En la línea 4202
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rancores y rabias. ...

En la línea 2019
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Uno a uno despreciaba todos los elogios que a su hermosura tributaban los señoritos nobles y los abogadetes de Vetusta y cuantos la veían; pero al despertar, como una neblina de incienso bien oliente envolvían su voluptuoso amanecer del alma aquellas dulces alabanzas de tantos labios condensadas en una sola, y con deleite saboreaba Ana aquel perfume. ...

En la línea 2020
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y como la historia ha de atreverse a decirlo todo, según manda Tácito, sépase que Anita, casta por vigor del temperamento, encontraba exquisito deleite en verificar la justicia de aquellas alabanzas. ...

En la línea 2051
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La marquesa de Vegallana, que leía libros escandalosos con singular deleite, condenó los versos por mojigatos. ...

En la línea 2876
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Búsquelo usted primero con h —dijo Ronzal con voz de trueno a Joaquinito, que había tomado a su cargo, con deleite, la tarea de aplastar al de Pernueces. ...

En la línea 178
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Jamás en la Historia se vio un deseo tan general de gozar, de ir en busca del deleite, arrollando obstáculos: nunca la Humanidad mostró un cinismo tan sereno para la satisfacción de sus pasiones. ...

En la línea 417
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El deleite de los sentidos no le bastaba para considerarse satisfecho. Quería ir siempre más lejos… , ¡más lejos!, para abrazar una dicha que retrocedía ante su avance, como los castillos encantados de las leyendas huyen delante del viajero. ...

En la línea 955
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Carlos VIII, hijo degenerado del terrible Luis XI, era feo de rostro, débil de piernas, poco inteligente pero con un insaciable apetito genésico. La campaña de Italia iba a servirle para conocer nuevas mujeres, uniendo al deleite carnal el incentivo de la violencia. ...

En la línea 384
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El dulce profesor contempló al gigante largo rato a través de una lenteja de cristal sacada de su toga, mientras tenía los anteojos subidos sobre la frente. Su rostro se contrajo con una sonrisa de doncella feliz, como si estuviese contemplando algo celestial. Al fin se arrancó a este deleite de los ojos para cumplir sus deberes de maestro. ...

En la línea 807
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... La escolta tuvo que quedarse en el antiguo palacio de caza de los emperadores, que casi era una ruina, y Gillespie se lanzó a través de lo más intrincado de la selva, aspirando con deleite el perfume de vegetación prensada que surgía de sus pasos. ...

En la línea 945
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Ilustre amigo -dijo el Padre de los Maestros con una voz untuosa-, las señoras y señoritas aquí presentes me piden que interceda para que nuestro gran poeta nacional las deleite con algunos de sus versos inmortales. ...

En la línea 2186
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Pues es preciso que se nos someta usted a la siguiente prueba—dijo el cura, tapándose un bostezo, porque eran ya las cuatro y no habría tenido inconveniente en tomar una friolera—. Hay en Madrid una institución religiosa de las más útiles, la cual tiene por objeto recoger a las muchachas extraviadas y convertirlas a la verdad por medio de la oración, del trabajo y del recogimiento. Unas, desengañadas de la poca sustancia que se saca al deleite, se quedan allí para siempre; otras salen ya edificadas, bien para casarse, bien para servir en casas de personas respetabilísimas. Son muy pocas las que salen para volver a la perdición. También entran allí señoras decentes a expiar sus pecados, esposas ligeras de cascos que han hecho alguna trastada a sus maridos, y otras que buscan en la soledad la dicha que no tuvieron en el bullicio del mundo. ...

En la línea 2372
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Esto que te doy—añadió la monja—, es una reparación de los nervios y un puntal del ánimo desmayado. No creas que lo hago a escondidas de la Superiora, pues acaba de autorizarme para darte esta golosina, siempre que sea en la medida que separa la necesidad del apetito y el remedio del deleite. Yo sé que esto te entona y te da la alegría necesaria para cumplir bien con los deberes. Mira tú por dónde lo que algunos podrían tener por malo, es bueno en medida razonable». ...

En la línea 3040
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¡Ah, mujer infeliz!—añadió el clérigo con solemnidad, levantándose—; no sólo es usted una bribona, sino una idiota. Todas las enamoradas lo son porque se les seca el entendimiento. Las saca uno del purgatorio del deleite y allá se van otra vez. Tú te lo quieres, pues tú te lo ten. En el Infierno le ajustarán a usted las cuentas. Váyase usted luego allá con sofismas y con zalamerías de amor… Esto se acabó. Ni yo tengo que hacer nada con usted, ni usted tiene nada que hacer en esta casa. Cuenta concluida. Al arroyo, hija; divertirse; usted sale de aquí, y cuando se vaya, sahumaremos, sí, sahumaremos… Perfec… tamente». ...

En la línea 3067
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... La conversación del círculo, que empezaba casi siempre con el tema de la guerra, pasaba insensiblemente al de los empleos. Leopoldo Montes, cesante eterno, Relimpio, y otros que tenían entre los dientes alguna piltrafa del presupuesto, se arrojaban con deleite famélico sobre aquel tema picante. «Usted, ¿cuánto tiene?». ...

En la línea 897
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... La mujer se encontraba muy perpleja, pero no quiso renunciar a sus intenciones. Mientras seguía cocinando, discurría medios de atrapar al muchacho para que descubriera su verdadero secreto. Le habló de vacas y el niño no mostró interesarse; de las ovejas, y fue lo mismo. Por lo tanto, su suposición de que fuese un niño pastor era equivocada. Le habló de molinos, de tejedores, de caldereros, de herreros y de toda índole de industrias y oficios; le habló de Bedlam, de las cárceles y los asilos, pero en todo se veía frustrada, aunque no quería admitirla, pensando que no le había hablado aún del servicio doméstico. Sí; ahora estaba segura de hallarse sobre la verdadera pista. El niño debía de ser un criado. Encaminó la conversación hacia este punto, pero el resultado fue desalentador. De cómo se barría, pareció fatigar al niño; el encender el fuego no le conmovió, y el fregar y frotar no despertó su entusiasmo. Al fin la mujer, perdida ya casi toda esperanza y más bien por aquello de cumplir, habló de la cocina. Con gran sorpresa suya y no menor deleite, el semblante del rey se iluminó al instante. ...

En la línea 1110
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... El buen humor del soldado adquirió gran vuelo el último día del viaje. Sin dar paz a la lengua, habló de su anciano padre y de su hermano Arturo, y refirió hartas cosas que revelaban el generoso carácter de ambos. Tuvo palabras de exaltación para su Edita, y, en suma, estaba tan animado que hasta llegó a decir cosas cordiales y fraternales de Hugo.. Habló largo y tendido de la futura llegada a Hendon Hall. ¡Qué sorpresa para todos, y qué estallido de agradecimiento y deleite se manifestaría! ...

En la línea 1321
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Cuando lo vimos por última vez, la realeza justo empezaba a tener un lado brillante para él. Este lado brillante fue abrillantándose más y más cada día, y muy poco después era casi todo fulgor y deleite. Perdió sus temores; sus recelos se marchitaron y murieron; sus embarazos se disiparon, y cedieron su puesto a un porte tranquilo y confiado. Explotó la mina del 'niño-azotes' en utilidades siempre crecientes. ...

En la línea 1323
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Llegó a disfrutar el ser conducido majestuosamente a la cama, por la noche, y que le vistieran con intrincada y solemne ceremonia por la mañana. Vino a ser un orgulloso deleite el ir a comer asistido por un brillante séquito de funcionarios de Estado y gentilhombres de armas, de tal modo que dobló la guardia de gentilhombres de armas, hasta un centenar. Le gustaba oír las trompetas resonando en los largos corredores, y las distantes voces demandando: 'Paso al rey'. ...

En la línea 1059
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Ya sabía el pícaro lo que se hacía. Ni padre, ni tía se mostraban muy dispuestos a venir a encargarse de Pilar, y auguraba el contratiempo de tener que quedarse de enfermero… Su mente, fecunda en tretas, le sugirió mil para embelesar a Miranda, en aquella ciudad mágica que ya de suyo emboba a cuantos la pisan. Aprendió el esposo de Lucía los refinamientos de la cocina francesa en los mejores restauradores (ensordezca todo hablista); y con la golosina experta de su edad madura, llegó a tomarse gran interés en que la salsa holandesa fuese mejor aquí que dos puertas más abajo, y en que las setas rellenas se hallasen o no a la época más propia para ser saboreadas. Amén de estos goces culinarios, aficionose a los teatrillos del género chocarrero que tanto abundan en París: divirtiéronle las canciones picarescas, las muecas del payaso, la música retozona y los trajes ligeros y casi paradisíacos de aquellas bienaventuradas ninfas que se disfrazaban de cacerolas, de violines o de muñecos. Hasta se susurra -pero sin que existan datos para establecerlo como rigurosa verdad histórica- que el insigne ex buen mozo quiso recordar sus pasadas glorias, y verter una regaderita de agua sobre sus secos y mustios lauros, y eligió para cómplice a cierta rata de proscenio, nombrada Zulma en la docta academia teatral, si bien está averiguado que en regiones menos olímpicas pudo llamarse Antonia, Dionisia o cosa así. Tenía ésta tal el salero del mundo para cantar el estribillo (refrain) de ciertas tonadas (chansonnettes); y era para descuajarse y deshacerse de risa cuando, la mano en la cintura, la pierna derecha en el aire, guiñados los ojos y entreabierta la boca, despedía una exclamación canallesca, un grito venido en derechura de las pescaderías y mercados a posarse en sus labios de púrpura, para deleite y contentamiento de los espectadores. Ni eran estas las únicas gracias y donaires de la cantora, antes lo mejor de su repertorio, la quintaesencia de sus monerías, guardábala para la dulce intimidad de los felices mortales que a aquella Dánae de bambalinas lograban aproximarse, bien provistos de polvos de oro. ¡Con qué felina zalamería menudeaba los golpecitos en la panza, y llamaba a graves sesentones ratoncillos, perritos suyos, gatitos, bibis, y otros apelativos cariñosos y regalados, que a arrope y miel sabían! Pues ¿qué diré del chiste y garbo incomparable con que oprimía entre sus dientes de perlas, un pitillo ruso, lanzando al aire volutas de humo azul, mientras la contracción de sus labios destacaba la arremangada nariz y los hoyuelos de los arrebolados carrillos? ¿Qué de aquella su maestría en ocupar dos sillas a un tiempo sin que propiamente estuviera sentada en ninguna de ellas, y puesto que reposaba en la primera el espinazo, en la segunda los tacones? ¿Qué de la agilidad y destreza con que se sorbía diez docenas de ostras verdes en diez minutos, y bebíase dos o tres botellas de Rhin, que no parece sino que le untaban el gaznate con aceite y sebo para que fuese escurridizo y suave? ¿Qué de la risueña facundia con que probaba a sus amigos que tal anillo de piedras les venía estrecho al dedo, mientras a ella le caía como un guante? En suma, si la aventura que se murmuró por entonces en los bastidores de un teatrillo, y en la mesa redonda de la Alavesa, parece indigna de la prosopopeya tradicional en la mirandesca estirpe, cuando menos es justo consignar que la heroína era la más divertida, sandunguera y comprometedora zapaquilda de cuantas mayaban desafinada y gatunamente en los escenarios de París. ...


El Español es una gran familia

Más información sobre la palabra Deleite en internet

Deleite en la RAE.
Deleite en Word Reference.
Deleite en la wikipedia.
Sinonimos de Deleite.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Deleite

Busca otras palabras en esta web

Palabras parecidas a deleite

La palabra cabello
La palabra abundantes
La palabra dosel
La palabra pozas
La palabra margen
La palabra colocadas
La palabra pizarra

Webs Amigas:

Ciclos Fp de Administración y Finanzas en A Coruña . Ciclos Fp de Automoción en Cuenca . Guia Geiranger . - Hoteles en Corporativa Albayt Corporativa