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La palabra decide
Cómo se escribe

la palabra decide

La palabra Decide ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece decide.

Estadisticas de la palabra decide

Decide es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3779 según la RAE.

Decide tienen una frecuencia media de 24.63 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la decide en 150 obras del castellano contandose 3744 apariciones en total.

Más información sobre la palabra Decide en internet

Decide en la RAE.
Decide en Word Reference.
Decide en la wikipedia.
Sinonimos de Decide.

Algunas Frases de libros en las que aparece decide

La palabra decide puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 680
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 21 de diciembre.- Se hace a la vela el Beagle, y al día siguiente, gracias a una hermosa brisa del este, nos acercamos a las Barnevelts pasamos por delante de las inmensas rocas que forman el cabo Deceit, y a eso de las tres doblamos el cabo de Hornos, batido por las tempestades. La tarde está admirablemente tranquila y nos deja gozar del grandioso espectáculo 'que ofrecen las islas inmediatas. Pero parece que el cabo de Hornos exige que le paguemos su tributo, y antes de cerrar la noche nos envía una espantosa tempestad, que nos sopla precisamente de cara. Nos vemos obligados a ganar alta mar, y al aproximarnos de nuevo a tierra al día siguiente, percibimos este famoso promontorio, y ahora con todos los caracteres que le distinguen, esto es, envuelto en brumas y rodeado de un verdadero huracán de viento y agua. Inmensas nubes negras oscurecen el cielo, las sacudidas del viento y granizo nos asaetean con tan ruda violencia, que el capitán se decide a guarecerse, si es posible, en Wigwan Cove. ...

En la línea 725
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 6 de febrero.- Hemos llegado a Woollya, y se queja tanto Matthews de la conducta de los fueguenses, que el capitán se decide a volverlo a bordo del Beagle; más tarde lo dejamos en Nueva-Zelanda, donde su hermano era misionero. En cuanto nos separamos comenzaron los indígenas a despojarlo de todo lo que tenía; todos los días llegaban nuevos grupos de fueguenses; York y Jemmy habían perdido muchas cosas y Matthews todo lo que no había tenido la precaución de enterrar. Se creía que los indígenas habían roto o desgarrado todo cuanto habían cogido, distribuyéndose los pedazos. Matthews estaba destrozado de cansancio; de día y de noche le rodeaban los indígenas, haciendo, para que no durmiese, un ruido horrible junto a su cabeza. Un día le mandó a un viejo que se marchase de su choza, pero volvió a poco con una piedra tremenda en la mano. Otro día acudió un pelotón armado de piedras y palos y Matthews tuvo que aplacarlos a fuerza de regalos. Otros quisieron despojarlo de las ropas y pelarlo enteramente. Creo que llegamos a tiempo justo de salvarle la vida. Los parientes de Jemmy habían sido lo bastante vanos y lo bastante locos para enseñarles a sus vecinos de otras tribus todo lo que habían adquirido y para decirles cómo se lo habían proporcionado. Bien triste era tener que dejar a nuestros tres fueguenses en medio de sus salvajes compatriotas, pero como ellos no sentían ningún temor, este pensamiento nos servía de gran consuelo. York, hombre fuerte y resuelto, estaba casi seguro de salir sano y salvo, lo mismo que Fuegía, su mujer, de las emboscadas que pudieran tenderle. ...

En la línea 4089
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Visitación siempre tiene que hacer un mandilón para la criada, pero no se decide nunca. ...

En la línea 13749
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Sacudió la cabeza, se puso en pie y dijo: —Dame el brazo, Quintanar; vamos a dar una vuelta por la galería de los perales, mientras la señora torre de la catedral se decide a cantar la hora. ...

En la línea 14015
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Benítez cuando se decide a hablar parece también un confesor. ...

En la línea 4152
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Quedose sola Fortunata con la chiquilla; pero no pudo vigilarla, porque toda la tarde estuvieron entrando visitas. Primero fue doña Casta Moreno, viuda de Samaniego, con sus hijas, dos jóvenes muy bien educadas o que se lo creían ellas. La mamá pertenecía a la familia de los Morenos, que en el primer tercio del siglo se dividieron en dos grandes ramas, los Morenos ricos y los Morenos pobres; pero habiendo nacido en la primera de estas ramas, vino a parar a la segunda. Casó con Samaniego, hombre de bien y muy entendido en Farmacia, pero que no supo hacerse rico. Por los Trujillos, tenía doña Casta parentesco remoto con Barbarita; pero habiendo sido muy amigas en la niñez, apenas se trataban ya, porque la fortuna y las vicisitudes de la vida las habían alejado considerablemente una de otra. Sus relaciones eran intermitentes. A veces se veían y se saludaban; a veces no. Les pasaba lo que a muchas personas que se han tratado en la infancia y que después están años y más años sin verse. Resulta que cuando se encuentran dudan si hablarse o no, y al fin no se hablan, porque ninguna se decide a ser la primera. ...

En la línea 4670
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Qué?—Que si se decide a quererme… usted no se decidirá, pero si se decide, tenga cuidado de no decírmelo de sopetón… porque me moriré de gusto… Sería como una descarga eléctrica. ...

En la línea 4670
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Qué?—Que si se decide a quererme… usted no se decidirá, pero si se decide, tenga cuidado de no decírmelo de sopetón… porque me moriré de gusto… Sería como una descarga eléctrica. ...

En la línea 4829
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata volvió a su tema: «Es preciso tomar una determinación. Las medicinas que usted le da, no le hacen ningún efecto. Hoy hemos hablado mi tía y yo. Antes de llevarle a un manicomio, es preciso probar algún otro medicamento. ¿No se decide usted a darle eso que decía?… no me acuerdo cómo se llama… eso que suena así como un estornudo… ». ...

En la línea 3326
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -El señor haría bien en recordar -dijo entonces Conseil- que ya tenemos alguna experiencia de la natación. Puede confiar en que yo le remolcaré si decide seguir al amigo Ned. ...

En la línea 4399
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Comprendo… (desde luego, usted puede callarse si no quiere hablar), comprendo que usted se plantee una serie de problemas de índole moral. ¿Verdad que se los plantea? Usted se pregunta si ha obrado como es propio de un hombre y un ciudadano. Deje estas preguntas, rechácelas. ¿De qué pueden servirle ya? ¡Je, je! No vale la pena meterse en un asunto, empezar una operación que uno no es capaz de terminar. Por lo tanto, levántese la tapa de los sesos. ¿Qué, no se decide? ...

En la línea 763
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ¡Extraño estado de espíritu! No tengo más que veinte federicos en el bolsillo. Estoy lejos de mi patria, en país extranjero, sin colocación y sin recursos, sin esperanzas ni proyectos, ¡y no me preocupo! Si no fuese por mi amor a Paulina, me entregaría sencillamente al interés cómico del desenlace próximo y me reiría a carcajadas. Pero Paulina me turba. Se decide su suerte. Sin embargo, y lo lamento, no es solamente su suerte lo que me inquieta. Quiero penetrar sus secretos, desearía que viniese a mí y me dijese: “Te amo.” Si es así, si eso es una locura irrealizable… ¿qué desear entonces? ¿Sé, verdaderamente lo que deseo? Me hallo como perdido, me bastaría estar siempre al lado de ella, en su aureola, en su fulgor, eternamente, toda mi vida para ser feliz… ¡No sé nada más! ¿Podré acaso separarme de ella? ...


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