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La palabra creerse
Cómo se escribe

la palabra creerse

La palabra Creerse ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece creerse.

Estadisticas de la palabra creerse

Creerse es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 19746 según la RAE.

Creerse aparece de media 3.1 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la creerse en las obras de referencia de la RAE contandose 471 apariciones .

Más información sobre la palabra Creerse en internet

Creerse en la RAE.
Creerse en Word Reference.
Creerse en la wikipedia.
Sinonimos de Creerse.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece creerse

La palabra creerse puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1207
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Lo único que hubiera podido despistar al investigador habría sido creerse todo lo bueno que él mismo decía de sí. ...

En la línea 2191
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El señor Bonacieux se hallaba en la mayor perplejidad: ¿debía negar todo o decir todo? Negando todo, podría creerse que sabía demasiado para confesar; diciendo todo, daba prueba de buena vo luntad. ...

En la línea 5645
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Podría creerse que Milady, temerosa como lo es de ordinario cualquier mujer, iría ainterponerse en aquel inicio de provocación, a fin de impedir que la querella siguiese adelante; pero, por el contrario, se lanzó al fondo de su carroza y gritó fríamente al cochero. ...

En la línea 2800
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El dueño, hombre de talla gigantesca, de enormes bigotes y de marcialidad afectada, debía de creerse un caballero demasiado principal para fijar la atención en sus huéspedes, de los que, a la verdad, no andaba muy recargado, porque sólo estábamos Antonio y yo. ...

En la línea 2803
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Las cosas andaban muy revueltas en Valladolid por creerse inminente una visita de los facciosos. ...

En la línea 5027
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Al escucharlas llega uno con facilidad a creerse en presencia de un combate encarnizado. ...

En la línea 6297
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero no vaya a creerse ni por un momento que mi intención es negar que entre los andaluces haya individuos estimables y excelentes: uno descubrí yo a quien sin vacilar proclamo como el carácter más extraordinario que he conocido; pero no era un retoño de una familia noble, ni «portador de suaves vestidos», ni personaje lustroso y perfumado, ni uno de los _románticos_ que vagaban por las calles de Sevilla adoptando actitudes lánguidas, con largas melenas negras que, en rizos exuberantes, les llegaban hasta los hombros, sino uno de aquellos a quienes los orgullosos y duros de corazón llaman la hez del populacho; un hombre miserable, sin casa, sin dinero, harapiento, destrozado. ...

En la línea 426
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Llegamos por la mañana temprano a Santa Fe. Me llena de asombro el ver el grandísimo cambio de clima producido por una diferencia de 30 de latitud, nada más, entre esta ciudad y Buenos Aires. Todo lo evidencia: la manera de vestir y el color de los habitantes, el mayor tamaño de los árboles, la multitud de nuevos cactus y otras plantas, y sobre todo el número de aves. En una hora he visto media docena de aves que nunca vi en Buenos Aires. Si se atiende a que no hay fronteras naturales entre las dos ciudades y a que el carácter del país es casi exactamente el mismo, la diferencia es mucho mayor de lo que pudiera creerse. ...

En la línea 483
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 18 de noviembre.- Acompaño a mi hospedero a su estancia, sita en el arroyo de San Juan. Por la tarde damos a caballo una vuelta alrededor de su propiedad: comprende 2 1/2 leguas cuadradas y está en lo que se llama un rincón, es decir, que el río de la Plata costea uno de los lados y los otros dos están defendidos por torrentes infranqueables. Hay allí un excelente puesto para embarcaciones pequeñas y una gran abundancia de monte bajo, lo cual constituye un valor de mucha cuantía, pues esa leña se emplea para la calefacción en Buenos' Aires. Tenía yo curiosidad por saber cuál podría ser el valor de una estancia tan completa. Hay en ella 3.000 cabezas de ganado vacuno y podría alimentar tres o cuatro veces más, 700 yeguas, 150 caballos domados y 600 carneros; además hay agua y piedra caliza en gran cantidad, excelentes corrales, una casa y un vivero de albérchigos. Por todo esto han ofrecido 10.000 pesos al propietario; pide 2.500 pesos más y probablemente lo daría por menos. El principal trabajo que necesita una estancia es recoger dos veces por semana el ganado en un sitio céntrico, para amansarlo y poco y para contarlo. Pudiera creerse que esta operación presentará grandes dificultades cuando se reúnan 12.000 a 15.000 cabezas en un lugar. ...

En la línea 757
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... La falta de toda especie de reptiles constituye uno de los caracteres más notables de la zoología de este país, lo mismo que de las islas Falkland. Y no es sólo en mis pro173 pias observaciones en las que fundo este aserto; los habitantes españoles de dichas islas me lo han asegurado, y respecto de la Tierra del Fuego había insistido en ello Jemmy Button también. En las orillas del Santa Cruz, por los 500 Sur, he visto una rana, puede creerse que estos animales lo mismo que los lagartos habitan hasta los alrededores del estrecho de Magallanes, donde el país conserva los caracteres que distinguen a la Patagonia; pero no existe ni uno en la Tierra del Fuego. Fácilmente se comprende que el clima de este país no conviene a ciertos reptiles, como el lagarto, por ejemplo; pero no es tan sencilla de explicar la falta de ranas. ...

En la línea 1873
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... juzgar por su lecho podría creerse que ha cesado de correr hace poco; en algunos puntos se ven capas de arena y de grava; en otros ha labrado la corriente un canal en la roca, bastante ancho: en un punto llega a 40 metros de anchura por 8 pies de profundidad ...

En la línea 1518
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Esta especie de varones, aunque parece rara, abunda más de lo que pudiera creerse. ...

En la línea 2201
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Se confesaba que era virtuosa, en cuanto no se le conocía ningún trapicheo; pero esto era poco para creerse con vocación de santa. ...

En la línea 2899
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Había comprendido el chiste de la avena que se había de comer el otro y fingió creerse vencido. ...

En la línea 3086
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Con esto y la natural vanidad que lleva a la mujer a creerse querida de veras, la Regenta podía, si le importaba, creer que el Tenorio de Vetusta había dejado de serlo para convertirse en fino, constante y platónico amador de su gentileza. ...

En la línea 2434
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Y llegaba a creerse la muy tonta que la forma, la idea blanca, le decía con familiar lenguaje semejante al suyo: «No mires tanto este cerco de oro y piedras que me rodea, y mírame a mí que soy la verdad. Yo te he dado el único bien que puedes esperar. Con ser poco, es más de lo que te mereces. Acéptalo y no me pidas imposibles. ¿Crees que estamos aquí para mandar, verbi gracia, que se altere la ley de la sociedad sólo porque a una marmotona como tú se le antoja? El hombre que me pides es un señor de muchas campanillas y tú una pobre muchacha. ¿Te parece fácil que Yo haga casar a los señoritos con las criadas o que a las muchachas del pueblo las convierta en señoras? ¡Qué cosas se os ocurren, hijas! Y además, tonta, ¿no ves que es casado, casado por mi religión y en mis altares?, ¡y con quién!, con uno de mis ángeles hembras. ¿Te parece que no hay más que enviudar a un hombre para satisfacer el antojito de una corrida como tú? Cierto que lo que a mí me conviene, como tú has dicho, es traerme acá a Jacinta. Pero eso no es cuenta tuya. Y supón que la traigo, supón que se queda viudo. ¡Bah! ¿Crees que se va a casar contigo? Sí, para ti estaba. ¡Pues no se casaría si te hubieras conservado honrada, cuanti más, sosona, habiéndote echado tan a perder! Si es lo que Yo digo: parece que estáis locas rematadas, y que el vicio os ha secado la mollera. Me pedís unos disparates que no sé cómo los oigo. Lo que importa es dirigirse a Mí con el corazón limpio y la intención recta, como os ha dicho ayer vuestro capellán, que no habrá inventado la pólvora; pero, en fin, es buen hombre y sabe su obligación. A ti, Fortunata, te miré con indilugencia entre las descarriadas, porque volvías a Mí tus ojos alguna vez, y Yo vi en ti deseos de enmienda; pero ahora, hija, me sales con que sí, serás honrada, todo lo honrada que Yo quiera, siempre y cuando que te dé el hombre de tu gusto… ¡Vaya una gracia!… Pero en fin, no me quiero enfadar. Lo dicho, dicho: soy infinitamente misericordioso contigo, dándote un bien que no mereces, deparándote un marido honrado y que te adora, y todavía refunfuñas y pides más, más, más… Ved aquí por qué se cansa Uno de decir que sí a todo… No calculan, no se hacen cargo estas desgraciadas. Dispone Uno que a tal o cual hombre se le meta en la cabeza la idea de regenerarlas, y luego vienen ellas poniendo peros. Ya salen con que ha de ser bonito, ya con que ha de ser Fulano y si no, no. Hijas de mi alma, Yo no puedo alterar mis obras ni hacer mangas y capirotes de mis propias leyes. ¡Para hombres bonitos está el tiempo! Con que resignarse, hijas mías, que por ser cabras no ha de abandonaros vuestro pastor; tomad ejemplo de las ovejas con quien vivís; y tú, Fortunata, agradéceme sinceramente el bien inmenso que te doy y que no te mereces, y déjate de hacer melindres y de pedir gollerías, porque entonces no te doy nada y tirarás otra vez al monte. Con que, cuidadito… ». ...

En la línea 3558
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Con estos diferentes estados de su espíritu se relacionaban ciertas intermitencias de manía religiosa. En las horas en que se sentía muy culpable, entrábale temor de los castigos temporales y eternos. Acordábase de cuanto le enseñaron D. León y las Micaelas, y volvían a su mente las impresiones de la vida del convento con frescura y claridad pasmosas. Cuando le daba por ahí, iba a misa, y aun se le ocurría confesarse; pero de pronto le entraba miedo y lo dejaba para más adelante. Luego venía la contraria, o sea el sentimiento de su inculpabilidad, como una reversión mecánica del estado anterior, y todas las somnolencias y aprensiones místicas huían de su mente. Se pasaba entonces dos o tres días en completa tranquilidad, sin rezar más que los Padrenuestros que por rutina le salían de entre dientes todas las mañanas. Su conciencia giraba sobre un pivote, presentándole, ya el lado blanco, ya el lado negro. A veces esta brusca revuelta dependía de una palabra, de una idea caprichosa que pasaba volando por su espíritu, como pasa un pájaro fugaz por la inmensidad del Cielo. Entre creerse un monstruo de maldad o un ser inocente y desgraciado, mediaban a veces el lapso de tiempo más breve o el accidente más sencillo; que se desprendiese una hoja del tallo ya marchito de una planta cayendo sin ruido sobre la alfombra; que cantase el canario del vecino o que pasara un coche cualquiera por la calle, haciendo mucho ruido. ...

En la línea 4422
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Y usted… —añadió, saliendo a la puerta—, bien comprenderá que debe retirarse. Hágame el favor… Quizás todo habría concluido de un modo pacífico; pero la Delfina se levantó de repente, poseída de la rabia de paloma que en ocasiones le entraba. ¡Ánimas benditas! De un salto salió al gabinete. Estaba amoratada de tanto llorar y de tantísima cólera como sentía… No podía hablar… se ahogaba. Tuvo que hacer como que escupía las palabras para poder decir con gritos intermitentes: «¡Bribona… infame, tiene el valor de creerse!… no comprende que no se la ha mandado… a la galera, porque la justicia… porque no hay justicia… Y usted… (por Guillermina) no sé cómo consiente, no sé cómo ha podido creer… ¡Qué ignominia!… Esta mujerzuela aquí, en esta casa… ¡qué afrenta!… ¡Ladrona… !». ...

En la línea 744
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¡Pobrecillo! - continuó diciendo Camila, mientras yo me daba cuenta de que no había cesado de observarme -. ¡Es tan extraño! ¿Puede creerse que cuando se murió la esposa de Tom, él no pudiera comprender la importancia de que sus hijos llevasen luto riguroso? ¡Dios mío! -me dijo -, ¿qué importa, Camila, que vistan o no de negro, los pobrecillos? Es igual que Mateo. ¡Vaya una idea! ...

En la línea 816
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Nada digno de mencionarse siquiera - replicó Camila -. No quiero hacer ahora ostentación de mis sentimientos, pero por las noches he pensado en usted mucho más de lo que podría creerse. ...

En la línea 799
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En última instancia, Fix estaba decidido a revelárselo todo a Picaporte, dándole a conocer el amo a quien servía y del cual no era ciertamente cómplice. Picaporte, con esta revelación, debería creerse comprometido, y entonces se pondría de parte de Fix. Pero éste era un medio aventurado que sólo podía emplearse a falta de otro. Una sola palabra dicha por Picaporte a su amo hubiera bastado para comprometer irrevocablemente el negocio. ...

En la línea 1406
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Mister Fogg y sus compañeros no encontraron la ciudad muy poblada. Las calles estaban casi desiertas, salvo la parte del templo, adonde no llegaron sino después de atravesar algunos barrios cercados de empalizadas. Las mujeres eran bastante numerosas, lo cual se explica por la composición singular de las familias mormonas. No debe creerse, sin embargo, que todos los mormones son polígamos. Cada cual es libre de hacer sobre este particular lo que guste; pero conviene observar lo que son las ciudadanas del Utah, las que tienen especial empeño en sei'¿asadas, porque, según la religión del país, el cielo mormón no admite a la participación de sus delicias a las solteras. Estas pobres criaturas no parecen tener existencia holgada ni feliz. Algunas, las más ricas sin duda, llevaban un jubón de seda negro, abierto en la cintura, bajo una capucha o chal muy modesto. Las otras no iban vestidas más que de indiana. ...

En la línea 1761
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Al día siguiente, 13 de diciembre, a mediodía, subió un hombre al puentecillo para tomar la altura. ¡Pudiera creerse que era el capitán Speedy! Nada de eso. Era Phileas Fogg. ...

En la línea 1860
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... ¿Tuvo acaso la idea de escaparse? ¿Trató de averiguar si el calabozo tenía alguna salida practicable? ¿Pensaba en huir? Casi pudiera creerse esto último, porque, en cierto momento, se paseó alrededor del cuarto. Pero la puerta estaba sólidamente cerrada, y la ventana tenía una fuerte reja. Volvió a sentarse y sacó de la cartera el itinerario del viaje. En la línea que contenía estas palabras. ...


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Errores Ortográficos típicos con la palabra Creerse

Cómo se escribe creerse o crreerrse?
Cómo se escribe creerse o creerze?
Cómo se escribe creerse o sreerse?

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