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La palabra comprendiendo
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la palabra comprendiendo

La palabra Comprendiendo ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece comprendiendo.

Estadisticas de la palabra comprendiendo

Comprendiendo es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 20308 según la RAE.

Comprendiendo aparece de media 2.97 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la comprendiendo en las obras de referencia de la RAE contandose 451 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Comprendiendo

Cómo se escribe comprendiendo o comprrendiendo?
Cómo se escribe comprendiendo o somprendiendo?

Más información sobre la palabra Comprendiendo en internet

Comprendiendo en la RAE.
Comprendiendo en Word Reference.
Comprendiendo en la wikipedia.
Sinonimos de Comprendiendo.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece comprendiendo

La palabra comprendiendo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1789
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Fermín iba de un lado a otro sin encontrar obstáculos. Su exterior era de señorito, y la fuerza armada sólo daba caza a las mantas, a los sombreros de campo, a los chaquetones rudos; a todos los que tenían aspecto de trabajadores. Montenegro los veía pasar en fila, camino de la cárcel, entre las bayonetas y las grupas de los caballos, unos abatidos, como si les sorprendiese la aparición hostil de la fuerza armada «que había de unirse a ellos»: otros, asombrados, no comprendiendo cómo las cuerdas de presos despertaban tal alegría en la calle Larga, cuando habían desfilado por ella horas antes como triunfadores, sin permitirse el menor atropello. ...

En la línea 7754
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Vaya! -dijo D'Artagnan comprendiendo el ligero fruncimiento de ceño del mosquetero-. ...

En la línea 930
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... dí una que afectaba la forma esférica, y comprendiendo las espinas tenía seis pies y cuatro pulgadas de circunferencia. altura de la especie común, ramosa, es de 12 a 15 pies, y la circunferencia de las ramas, comprendiendo las espinas, es de tres a cuatro pies. ...

En la línea 984
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Ellos preferirían el pan seco, pero sus amos, comprendiendo que este alimento solo no les permitiría un trabajo tan sostenido, los tratan como caballos y les obligan a comer habas ...

En la línea 1032
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... n un poco de imaginación es fácil figurarse que tienen estos pájaros vergüenza de sí mismos, comprendiendo lo ridículos que son ...

En la línea 1556
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... rante el verano traen a este sitio a pastar algunos ganados, pero está ya tan avanzada la estación, que no queda un solo animal; los mismo guanacos se han ido ya, comprendiendo que si se dejan sorprender por una nevada ya no podían salir ...

En la línea 1978
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Otra cosa muy distinta —dijo doña Anuncia, comprendiendo que a ella, por mayor en edad, le tocaba seguir explicando el ten con ten. ...

En la línea 4751
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ella, en cuanto le indiqué la conveniencia de confesar con usted aceptó, comprendiendo que yo no daba más de mí. ...

En la línea 8290
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Por de pronto yo manejo la espada y la pistola como un maestro; cuando era aficionado a representar en los teatros caseros —es decir cuando mi edad y posición social me permitían trabajar, porque la afición aún me dura —comprendiendo que era muy ridículo batirse mal en las tablas, tomé maestro de esgrima y dio la casualidad de que demostré en seguida grandes facultades para el arma blanca. ...

En la línea 12464
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡No faltaba más! Pero comprendiendo que mientras reinase en el corazón de Ana lo que él llamaba el misticismo erótico (era tan grosero como todo esto al pensar) no podría adelantar un paso, se había retirado, había levantado el campo hasta mejor ocasión. ...

En la línea 1626
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Luego, comprendiendo que su resistencia resultaría inútil ante las fuerzas del coloso, apeló a la suplica: ...

En la línea 2469
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¡Como las mieles!—repitió Belén no comprendiendo. ...

En la línea 2588
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por fin se acordó que Fortunata saldría del convento para casarse en la segunda quincena de Setiembre. El día señalado estaba ya muy próximo, y si el pensamiento de la reclusa no se había familiarizado aún de una manera terminante con la nueva vida que la esperaba, no tenía duda de que le convenía casarse, comprendiendo que no debemos aspirar a lo mejor, sino aceptar el bien posible que en los sabios lotes de la Providencia nos toca. En las últimas visitas, Maxi no hablaba más que de la proximidad de su dicha. Contole un día que ya tenía tomada la casa, un cuarto precioso en la calle de Sagunto, cerca de su tía; otro la entretuvo refiriéndole pormenores deliciosos de la instalación. Ya se habían comprado casi todos los muebles. Doña Lupe, que se pintaba sola para estas cosas, recorría diariamente las almonedas anunciadas en La Correspondencia, adquiriendo gangas y más gangas. La cama de matrimonio fue lo único que se tomó en el almacén; pero doña Lupe la sacó tan arreglada, que era como de lance. Y no sólo tenían ya casa y muebles, sino también criada. Torquemada les recomendó una que servía para todo y que guisaba muy bien, mujer de edad mediana, formal, limpia y sentada. Bien podía decirse de ella que era también ganga como los muebles, porque el servicio estaba muy malo en Madrid, pero muy malo. Nombrábase Patricia, pero Torquemada la llamaba Patria, pues era hombre tan económico que ahorraba hasta las letras, y era muy amigo de las abreviaturas por ahorrar saliva cuando hablaba y tinta cuando escribía. ...

En la línea 2898
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... La segunda vez que habló de esto a su mujer, no la encontró tan bien dispuesta. «¿Y tus estudios, y tu carrera? Aconséjate con tu tía, y ella te dirá que lo que estás pensando es un disparate». Maxi estaba muy caviloso por ciertas cosas que en su mujer notaba. Hacía días que apenas levantaba ella los ojos del suelo y su mirar revelaba una gran pesadumbre. De repente, una tarde que volvía Rubín de la botica, al subir la escalera la oyó cantar. Entró, y la cara de Fortunata resplandecía de contento y animación. ¿Qué había pasado? Maxi no lo pudo penetrar, aunque sus celos, aguzadores de la inteligencia, le apuntaban presunciones que bien podrían contener la verdad. Esta era que la prójima había recibido, por conducto de Patria, una esquelita en que se le anunciaba la reapertura del curso amoroso, interrumpido durante una quincena. «Esta alegría—pensaba Maxi—, ¿por qué será?». Y comprendiendo por instinto de celoso que echaba un jarro de agua fría sobre aquel contento, dijo a Fortunata: «Ya está decidido que nos iremos al pueblo. Lo he consultado con mi tía y ella lo aprueba». ...

En la línea 3432
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pero la contenía un cierto respeto que no acertaba a explicarse. Se alejó, y desde la acera de enfrente miró hacia la casa, diciendo para sí: «Habrá luz en el gabinete de Jacinta, donde estarán de tertulia». Pero no vio nada. Todo cerrado; todo a oscuras… «¡Si habrán salido… ! No, estarán ahí burlándose de mí, riéndose de la trastada que me han hecho… Buenos son todos: ¡tales hijos, tales padres!». Volvió a sentir el insensato anhelo de entrar en la casa, y dio tres o cuatro pasos hacia ella; pero retrocedió por segunda vez. «¿A ver quién sale?». Era un viejo que se detenía en el portal y echaba un párrafo con Deogracias. La joven reconoció a Estupiñá, que había sido vecino suyo cuando ella vivía en la Cava, donde tuvieron principio sus interminables desgracias. Plácido se embozó en su capa tomando hacia la calle del Vicario Viejo. Siguiole Fortunata con la vista hasta verle desaparecer, y poco después volvió a su acecho. ¿Quién salía? Un caballero con botines blancos que parecía extranjero. El tal pasó junto a ella, la miró, casi casi se detuvo un instante para verla mejor; después siguió su camino. Otras personas salían o entraban. Aunque en el pensamiento de Fortunata iba condensándose la imposibilidad de entrar, continuaba allí clavada sin saber por qué. No se podía marchar, aunque iba comprendiendo que la idea que a tal sitio la llevó era una locura, como las que se hacen en sueños. Uno de los muchos desvaríos que se sucedieron en su mente fue imaginar que tal o cual hombre de los que vio salir era amante de Jacinta. «Porque a mí no me digan que es virtuosa… Vaya unos embustes que corre la gente. No se puede creer nada. ¿Virtuosa?, tie gracia… Ninguna de estas casadas ricas lo es ni lo puede ser. Nosotras las del pueblo somos las únicas que tenemos virtud, cuando no nos engañan. Yo, por ejemplo… verbigracia, yo». Entrole una risa convulsiva. «¿Y de qué te ríes, pánfila?—se dijo a sí misma—. Más honrada eres tú que el sol, porque no has querido ni quieres más que a uno. ¿Pero estas… estas?… Ja ja ja. Cada trimestre hombre nuevo, y virtuosa me soy. ¿Por qué? Pues porque no dan escándalos, y todo se lo tapan unas con otras. ¡Ah!, señora doña Jacinta, guárdese el mérito para quien lo crea; usted caerá… tiene usted que caer, si no ha caído ya». ...

En la línea 2973
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -¿Por qué dice eso? -pregunté, no comprendiendo la idea del capitán. ...

En la línea 2522
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Pero ¿qué significa esto? ‑dijo Rasumikhine a Porfirio, comprendiendo de súbito las intenciones del juez de instrucción‑. Los pintores trabajaban allí el día del suceso y él estuvo en la casa tres días antes. ¿Por qué le haces estas preguntas? ...

En la línea 3697
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Sonia escuchaba con gran atención, pero no parecía acabar de comprender lo que pasaba: su estado era semejante al de una persona que acaba de salir de un desvanecimiento. No apartaba los ojos de Raskolnikof, comprendiendo que sólo él podía protegerla. La respiración de Catalina Ivanovna era silbante y penosa. Estaba completamente agotada. Pero era Amalia Ivanovna la que tenía un aspecto más grotesco, con su boca abierta y su cara de pasmo. Era evidente que no comprendía lo que estaba ocurriendo. Lo único que sabía era que Piotr Petrovitch se hallaba en una situación comprometida. ...

En la línea 418
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Entonces ya la niña, comprendiendo, y descolorida y turbada, le asió de la manga de la americana, exclamando: ...


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