La palabra Ceremonias ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
El cuervo de Leopoldo Alias Clarín
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece ceremonias.
Estadisticas de la palabra ceremonias
Ceremonias es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 8552 según la RAE.
Ceremonias aparece de media 9.46 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la ceremonias en las obras de referencia de la RAE contandose 1438 apariciones .
Algunas Frases de libros en las que aparece ceremonias
La palabra ceremonias puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 309
del libro El cuervo
del afamado autor Leopoldo Alias Clarín
... Supo don Ángel que su amigo vivía de sus rentas, que le administraba un tío curador, y que todo el tiempo hábil lo invertía en contemplar ceremonias religiosas, prefiriendo siempre las de carácter fúnebre. ...
En la línea 6137
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No puede, sin embargo, alabarse de grandes triunfos; el pueblo ama demasiado la luz para abrazar las tinieblas, y se reiría de la idea de cambiar las gracias del Evangelio por las ceremonias y observancias supersticiosas de la Iglesia de Roma. ...
En la línea 6320
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Cuáles son los puntos de mi religión que a ustedes les parecen mal? Porque claro es que ustedes conocerán perfectamente nuestros dogmas y ceremonias.» «Nada sabemos de su religión de usted, _signor Donatio_, salvo que es muy absurda, y, por tanto, está usted obligado, ya que es hombre bien instruído y sin prejuicios, a renunciar a ella.» «Pero, señores, si no conocen ustedes mi religión, ¿cómo la llaman absurda? No es propio de personas imparciales despreciar lo que se desconoce.» «Pero, _signor Donatio_, la religión de usted no es la Católica, Apostólica, Romana, ¿verdad?» «Podría serlo, señores, juzgando por lo que ustedes saben de ella; para que se enteren, les diré que no; mi religión es la Apostólica Griega. ...
En la línea 195
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya. ...
En la línea 201
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Hechas, pues, de galope y aprisa las hasta allí nunca vistas ceremonias, no vio la hora don Quijote de verse a caballo y salir buscando las aventuras; y, ensillando luego a Rocinante, subió en él, y, abrazando a su huésped, le dijo cosas tan estrañas, agradeciéndole la merced de haberle armado caballero, que no es posible acertar a referirlas. ...
En la línea 563
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Sentáronse a la redonda de las pieles seis dellos, que eran los que en la majada había, habiendo primero con groseras ceremonias rogado a don Quijote que se sentase sobre un dornajo que vuelto del revés le pusieron. ...
En la línea 2826
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -No ha habido lugar para ello -respondió el captivo- después que salió de Argel, su patria y tierra, y hasta agora no se ha visto en peligro de muerte tan cercana que obligase a baptizalla sin que supiese primero todas las ceremonias que nuestra Madre la Santa Iglesia manda; pero Dios será servido que presto se bautice con la decencia que la calidad de su persona merece, que es más de lo que muestra su hábito y el mío. ...
En la línea 690
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Cuando las diferentes tribus se hacen la guerra se vuelven caníbales. Si hemos de dar crédito al testimonio independiente de un joven interrogado por Mr. Dow y al de Jemmy Button, es realmente cierto que cuando se ven muy estrechados por el hambre en invierno se comen a las mujeres viejas antes de comerse a sus perros; y al preguntar Mister Dow el por qué de esta preferencia, le respondió: «Los perros pillan las nutrias y las viejas no las pillan». También explicó este muchacho cómo hacen para matarlas: las colocan sufre un fuerte humo hasta que se asfixian; y al describir este suplicio, imitaba riéndose, los gritos de las víctimas e indicaba las partes del cuerpo que se consideraban como mejores. Por horrible que sea semejante muerte, infligida por mano de los parientes y de los amigos, es más horrible aún pensar en los terrores que deben asaltar a las ancianas cuando el hambre comience a dejarse sentir. Se nos ha contado que entonces se escapan para salvarse a las montañas, pero que los hombres las persiguen y se las traen al matadero, ¡su propio hogar! El capitán Fitz Roy no ha podido nunca llegar a saber si los fueguenses creen en otra vida. A veces entierran a sus muertos en cavernas y otras en los bosques de las montañas; pero no hemos podido averiguar qué clase de ceremonias acompañan a la sepultura. Jemmy Button no quería comer pájaros, porque no quería comer hombres muertos; no hablan de los muertos sino con repugnancia. No tenemos motivo para creer que realicen ceremonia religiosa alguna; sin embargo, quizás las palabras murmuradas por el viejo antes de distribuir la ballena podrida a su hambrienta familia constituyesen una plegaria. Cada familia o tribu tiene su mágico, cuyas funciones no hemos podido nunca definir con claridad. Jemmy creía en los sueños; pero como ya hemos dicho, no creía en el diablo. En suma, no creo que los fueguenses sean más supersticiosos que algunos de nuestros marinos, porque un viejo contramaestre creía firmemente que las terribles tempestades que nos asaltaron junto al cabo de Hornos procedían de tener fueguenses a bordo. Lo que yo oí en la Tierra del Fuego que se aproximase más a un sentimiento religioso, fue una palabra que pronunció York Minster en el momento de matar Mr. Bynoe algunos patos pequeñitos que él quería conservar como muestra. York Minster gritó entonces con tono solemne: «¡Oh, Mr. ...
En la línea 1087
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... ce mil conservan aún sus nombres de familia india, por más que una gran parte de estos últimos no sea de pura raza india. modo de vivir es idéntico al de los demás habitantes y todos son cristianos. Σese, sin embargo, que todavía practican algunas ceremonias extrañas y que pretenden conversar con el diablo en ciertas cavernas ...
En la línea 1333
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... esta mucho trabajo hacerles observar las ceremonias del Matrimonio ...
En la línea 6313
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Cada cual dijo algo en honor del nuncio, y todos hablando, gesticulando, contentos, sin ceremonias, que eran excusadas en casa de doña Rufina, pasaron al comedor. ...
En la línea 6317
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Esto quería decir que el Marqués y la Marquesa, no prescindirían de sus manías y caprichos gastronómicos en consideración a los convidados; pero estos serían tratados a cuerpo de rey; la confianza en aquella mesa no significaba la escasez ni el desaliño; se prescindía de la librea, de la vajilla de plata, heredada de un Vegallana, alto dignatario en Méjico, de las ceremonias molestas, pero no de los vinos exquisitos, de los aperitivos y entremeses en que era notable aquella mesa, ni, en fin, de comer lo mejor que producía la fauna y la flora de la provincia en agua, tierra y aire. ...
En la línea 7549
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El mismo don Fermín, las veces que presenciaba aquellas ceremonias, sentía un vago respeto supersticioso, sobre todo si contemplaba el rostro de su madre, más pálido entonces, algo parecido a una estatua de marfil, la de una Minerva amarilla, la Palas Atenea de la Crusología. ...
En la línea 8682
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Tiene la Iglesia, amiga mía, tal sagacidad para buscar el camino de las entrañas! Verá usted, verá usted cómo reconoce la sabiduría de Nuestra Madre en muchos ritos, en muchas ceremonias y pompas del culto que ahora pueden antojársele indiferentes, insignificantes. ...
En la línea 936
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El 7 de mayo se celebraba en Nápoles la boda de don Jofre y doña Sancha con gran aparato. Alfonso II, padre de la novia, deseaba levantar su crédito ante los napolitanos y los barones de su reino, dando gran brillo a las ceremonias nupciales para inspirar confianza al país, haciéndole creer que su nuevo parentesco con el Pontífice era una garantía contra la anunciada expedición francesa. ...
En la línea 1176
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Tenía a su lado como maestro de ceremonias a un alemán, el famoso Burckhardt, testigo desleal, exasperado y rencoroso, que iba escribiendo en su Diarium cuanto veía hacer de lejos a su protector el Papa y, lo que resultaba más terrible, todo lo que oía decir o murmurar contra él, prescindiendo las más de las veces de buscar pruebas. ...
En la línea 1178
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Me hace recordar a ciertos hombres de nuestra época que escriben sus Memorias para que se publiquen después de su muerte. Poco a poco se apasionan por ellas con un cariño de autor; quieren que sean Interesantes como una novela; se entristecen cuando transcurren días sin poder añadir algo sensacional, y acaban por aceptar serenamente toda clase de chismes y calumnias, sin otra precaución que poner al frente de ellas un se dice . Alejandro Sexto mostraba cierto afecto por los alemanes. Después de los españoles, eran aquéllos los más numerosos en la Corte papal. En realidad, el tal maestro de ceremonias sólo intervenía en los actos públicos, sin tener entrada en la vida particular del Papa, como el español Marrades y otros; pero suplió la falta de intimidad recogiendo en su Diario todas las calumnias y murmuraciones de antesalas y plazuelas contra su protector. ...
En la línea 1181
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Recordó Claudio que en ocasión de las últimas campañas del duque de Gandía, este maestro de ceremonias había escrito en su Diario, con rara justicia, sobre los dos capitanes de la Iglesia que acababan de sacar al Papa de su difícil situación. «El uno, Gonzalo de Córdoba—decía—, es un verdadero hombre de guerra y un verdadero hombre de Estado; el otro, el duque de Gandía, un pobre príncipe de comedia cubierto de oro y de joyas.» ...
En la línea 299
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los altos y poderosos señores del Consejo Ejecutivo solo podían presentarse en las ceremonias oficiales rodeados de gran pompa. ...
En la línea 333
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los cinco gobernantes, obedeciendo a la ley que reglamentaba las ceremonias públicas, iban vestidos con un lujo deslumbrador. Se envolvían en mantos bordados de oro, y sobre sus cabezas llevaban unas tiaras del mismo metal con adornos de piedras preciosas. Querían imitar el esplendor de los últimos emperadores del país, para que el pueblo se convenciese de que los elegidos de la República no eran menos importantes que los antiguos déspotas. Bajo su uniforme esplendoroso los cinco afectaron una actitud de hipócrita indiferencia, mirando sin expresión alguna la máquina que acababa de entrar en el patio. El rector Momaren también hizo un gesto igual, y hasta Gurdilo permaneció inmóvil, imitando la actitud del odiado gobierno. Todos fingían no conocer el mecanismo de acero ni sentir interés por averiguar su uso. ...
En la línea 263
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Nadie sonrió; todos se quedaron absolutamente perplejos y se miraron unos a otros con gran aflicción, pidiéndose consejo. ¡Mirad!, esto era un atolladero, y no había nada en la historia inglesa que dijera cómo salir de él. No se hallaba presente el maestro de ceremonias; no había nadie que se sintiera seguro para aventurarse en aquel inexplorado mar ni para arriesgarse a intentar resolver este solemne problema. ¡Cielos! No había rascador hereditario. Entretanto, las lagrimas habían desbordado su dique y empezaron a rodar por las mejillas de Tom. La comezón en su nariz pedía alivio con más urgencia que nunca. Finalmente, la natuealeza derribó las barreras de la etiqueta: Tom elevó en su interior una plegaria de perdón por si obraba mal, y trajo consuelo a los afligidos corazones de sus cortesanos rascándose la nariz por sí mismo. ...
En la línea 606
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Procedió luego el conde con mucha delicadeza a instruir a Tom en los usos propios de las ceremonias de Estado, con el pretexto de 'recordarle' cosas que él ya sabía; pero con gran satisfacción suya observo que Tom necesitaba muy poca ayuda en ese terreno, ya que se había valido de Humphrey, el cual le había dicho que a los pocos días tendría que empezar a comer en público, cosa que el muchacho sabía por murmuraciones de la corte. Pero Tom guardó para sí estos hechos. ...
En la línea 731
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... 'Un caballero entra en el aposento con una vara, y tras él otro, que trae un mantel; después de haberse arrodillado ambos tres veces con la mayor veneración, tienden el mantel sobre la mesa, y se retiran ambos tras una nueva genuflexión. Vienen luego otros dos, uno también con vara y otro con un salero, un plato y pan. Cuando han hecho sus genuflexiones como los dos anteriores, y colocado dichos objetos sobre la mesa, se retiran con las mismas ceremonias realizadas por los primeros. Por fin, vienen dos nobles ricamente vestidos, uno de ellos con un trinchante, y después de haberse postrado tres veces de la manera más reverente, se acercan y frotan la mesa con pan y sal, dando muestras de tanto respeto como si el rey estuviera presente.' ...
En la línea 1372
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Luego un espléndido himno barrió la Abadía con sus olas de sonido, y de esta manera anunciado y recibido, Tom Canty fue conducido al trono. Hiciéronse las antiguas ceremonias con impresionante solemnidad, mientras el auditorio las contemplaba; y mientras más se acercaban a su fin, Tom Canty palidecía más y más, y una profunda angustia y melancolía, que crecía progresivamente, se posesionó de su ánimo y de su corazón lleno de remordimientos. ...
En la línea 4065
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se detuvo en el umbral. Comenzó el oficio, triste, grave, solemne. Las ceremonias fúnebres le inspiraban desde la infancia un sentimiento de terror místico. Hacía mucho tiempo que no había asistido a una misa de difuntos. La ceremonia que estaba presenciando era para él especialmente conmovedora e impresionante. Miró a los niños. Los tres estaban arrodillados junto al ataúd. Poletchka lloraba. Tras ella, Sonia rezaba, procurando ocultar sus lágrimas. ...
En la línea 488
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡Ah! ¿También aquí tienen sus horas reglamentadas y andan haciendo ceremonias? ¡Se dan tono! Tienen coche, según me han dicho. Los señores rusos. ¿No es eso? Después de haberse comido su fortuna, huyen al extranjero. ¿Y Praskovia, está con ellos? ...
En la línea 433
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Superfluo es insistir aquí en qué ceremonias, siendo todo ojos y oídos Picaporte contemplaba tan curiosas ceremonias para ver y escuchar, y dando a su fisonomía la facha del papanatas más perfecto que imaginarse pueda. ...
En la línea 551
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Alrededor de la estatua se movía y agitaba, en convulsiones, un grupo de fakires, listados con bandas de ocre, cubiertos de incisiones cruciales que goteaban sangre, energúmenos estúpidos que en las ceremonias se precipitaban aún bajo las ruedas del carro de Jaggernaut. ...

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Más información sobre la palabra Ceremonias en internet
Ceremonias en la RAE.
Ceremonias en Word Reference.
Ceremonias en la wikipedia.
Sinonimos de Ceremonias.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Ceremonias
Cómo se escribe ceremonias o cerremonias?
Cómo se escribe ceremonias o ceremoniaz?
Cómo se escribe ceremonias o seremonias?
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