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La palabra castigo
Cómo se escribe

la palabra castigo

La palabra Castigo ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
La llamada de la selva de Jack London
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece castigo.

Estadisticas de la palabra castigo

Castigo es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3417 según la RAE.

Castigo tienen una frecuencia media de 27.18 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la castigo en 150 obras del castellano contandose 4131 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Castigo

Cómo se escribe castigo o caztigo?
Cómo se escribe castigo o sastigo?
Cómo se escribe castigo o castijo?

Más información sobre la palabra Castigo en internet

Castigo en la RAE.
Castigo en Word Reference.
Castigo en la wikipedia.
Sinonimos de Castigo.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece castigo

La palabra castigo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1596
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y se frotaba las manos, como si le regocijase la esperanza del castigo que iban a sufrir los rebeldes. ...

En la línea 1609
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Compadéceme, Fermín--gritaba don Pablo.--Ten lástima de la cruz que llevo a cuestas. El Señor ha derramado todos sus dones sobre su indigno servidor, que soy yo. Tengo riquezas, una madre que es una santa, esposa cristiana e hijos obedientes; pero en este valle de lágrimas, la felicidad no puede ser completa. El Altísimo necesita ponernos a prueba, y mi castigo son las niñas del marqués y ese Luis, que es presa del demonio. Somos la mejor de las familias, pero esos locos se encargan de hacernos llorar, de afligirnos con el tormento de la vergüenza. Ten compasión de mí, Fermín; apiádate del cristiano más infeliz de la tierra, que no por esto se queja, sino que alaba al Señor. ...

En la línea 1912
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Un día, el triste silencio de la ciudad le sacó por unas horas de su anonadamiento. Iban a dar garrote a cinco hombres por la invasión de Jerez. El proceso había marchado de prisa: el castigo era urgente para que las personas de bien se tranquilizasen. ...

En la línea 1914
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Los mismos que habían visto desfilar a los huelguistas sin intento alguno de hostilidad por delante de las casas de los ricos, aceptaban en silencio el inaudito castigo. ...

En la línea 6625
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -No, no dudo; es que ese pobre conde de Wardes me da verda deramente pena desde que ya nolo amáis, y me parece que un hom bre debe estar tan cruelmente castigado por la pérdida sola de vuestro amor, que no necesita de otro castigo. ...

En la línea 7042
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Incurrir en mi desgracia cuando merecíais elogios? Son las personas que no obedecen las que yo castigo, y nos la que, como vos, obedecen. ...

En la línea 8622
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Yo os he sacado de la miseria, Felton, os he hecho nombrar teniente, os he salvado la vida unavez, ya sabéis en qué ocasión; soy para vos no sólo un protector, sino un amigo; no sólo un bienhechor, sino un padre; esta mujer ha vuelto a Inglaterra a fin de conspirar contra mi vida; tengo a esta ser piente entre mis manos; pues bien, os hago llamar y os digo: amigo Felton, John, hijo mío, guárdame y sobre todo guárdate de esta mujer; jura por tu salvación que la conservarás para el castigo que ha merecido. ...

En la línea 9006
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Qué decís! ¡Oh, no me comprendéis! Cuando yo hablo de ignominia, creéis que hablo de un castigo cualquiera, de la prisión o de la muerte. ...

En la línea 2413
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La Iglesia tiene, o al menos tenía, el poder de castigar por algo, fuese real o irreal, _Don Jorge_; y como era necesario castigar para demostrar que tenía el poder de hacerlo, ¿qué importaba si el castigo se imponía por brujería o por otro delito? —¿Ocurrieron en su tiempo de usted muchos casos de brujería? —Uno o dos, _Don Jorge_; eran poco frecuentes. ...

En la línea 2430
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Rara vez castigábamos, salvo en los casos en que la gloria de la Iglesia y la lealtad a María Santísima hacían absolutamente inexcusable el castigo. ...

En la línea 7233
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Fueron descubiertos los asesinos, y el principal de todos estaba preso; pero todos los esfuerzos hechos para que se le impusiera el castigo correspondiente habían sido hasta entonces inútiles, porque era moro, y las víctimas, cristianos. ...

En la línea 291
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Causó risa al licenciado la simplicidad del ama, y mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego. ...

En la línea 459
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y, diciendo esto, se adelantó y se puso en la mitad del camino por donde los frailes venían, y, en llegando tan cerca que a él le pareció que le podrían oír lo que dijese, en alta voz dijo: -Gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche lleváis forzadas; si no, aparejaos a recebir presta muerte, por justo castigo de vuestras malas obras. ...

En la línea 836
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Mas yo me tengo la culpa de todo, que no había de poner mano a la espada contra hombres que no fuesen armados caballeros como yo; y así, creo que, en pena de haber pasado las leyes de la caballería, ha permitido el dios de las batallas que se me diese este castigo. ...

En la línea 1402
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Probóseme todo, faltó favor, no tuve dineros, víame a pique de perder los tragaderos, sentenciáronme a galeras por seis años, consentí: castigo es de mi culpa; mozo soy: dure la vida, que con ella todo se alcanza. ...

En la línea 2661
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Menos ocasión he tenido todavía de juzgar de lo que hay en la condición de los penados. primero que se pregunta es si el transporte es un castigo; por menos, nadie puede sostener que sea pena muy dura ...

En la línea 2807
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Es, pues, evidente que han debido encontrarse varias veces, puesto que la ley del país ordena que las tales piedras pertenezcan a los jefes, y todo el que se apodere de una sufra castigo ...

En la línea 1025
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La castigaban mucho, pero no la pegaban; eran encierros, ayunos y el castigo peor, el de acostarse temprano. ...

En la línea 1240
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En lo de tomar justa y sabrosa venganza los maridos ultrajados, el divino don Pedro había discurrido como nadie y sin quitar a El castigo sin venganza y otros portentos de Lope el mérito que tenían, don Víctor nada encontraba como El médico de su honra. ...

En la línea 1241
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Si mi mujer —decía a Frígilis —fuese capaz de caer en liviandad digna de castigo. ...

En la línea 1308
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Toda la nobleza vetustense aprobaba la conducta de aquellas señoritas, que vieron un castigo de Dios en el desgraciado puerperio de la modista italiana, su cuñada indigna. ...

En la línea 746
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Enciso se valía de una Imagen para aminorar los defectos de Rodrigo de Borja y de los papas y cardenales de aquella época, Igualmente culpables por sus lascivias y escándalos. Los comparaba al soldado que merece castigo por faltar a los reglamentos militares : desobediencia a sus jefes, mal ejemplo para sus compañeros, palabras sediciosas, costumbres desmoralizadoras. Pero este soldado criminal .no es un traidor a su país, no ha renegado de su bandera no ha servido a los enemigos de su patria. ...

En la línea 899
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El austero Savonarola, que tenía algo de charlatán, como la mayoría de los taumaturgos, enterado en secreto de la próxima campaña invasora de los franceses, anunciábala en sus sermones como una revelación que le había hecho Dios para castigo del Pontífice y del rey tirano de Nápoles. Y en un momento tan critico, su amigo don Fernando le exigía que abandonase a los más fuertes y se uniera a un monarca próximo a ser destronado… ...

En la línea 1225
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Rodrigo de Borja, hombre de acción en su mocedad, incapaz de sufrir ninguna ofensa, abandonaba de pronto su actitud devota, resignada ante la desgracia, para dar órdenes furiosas al prefecto de Roma, y a sus esbirros, así como a los capitanes españoles que estaban a sus órdenes y a todos los que pudieran ayudarle en su justa venganza. Era preciso encontrar a los matadores del duque, Imaginando los más atroces suplicios para su castigo. Pero transcurrieron los días sin descubrir un indicio que permitiese conocer la verdad. ...

En la línea 1333
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Todo el resto de la entrevista continuaba en el mismo tono, rechazando el Papa las imputaciones que le hacían y de las cuales la más importante era la exagerada protección a sus hijos. Y como aludiesen los delegados españoles a la muerte del duque de Gandía, presentándola como un castigo divino, replicó el Papa, enojado: ...

En la línea 1285
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - ¿Quién puede tener interés en matarme? -repuso Gillespie tristemente-. Los que deseaban vengarse de mi deben sentirse ya más que satisfechos por el castigo que me han impuesto. Equivale a una muerte lenta. ...

En la línea 1291
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Este se arrodilló y puso sus manos en la arena para reconocer a aquellos hombres bigotudos de Blefuscu, sus presuntos matadores. Tenía el feroz propósito de meterlos en la caldera, como un castigo previsor y ejemplar; pero toda la servidumbre había desaparecido, ocultándose detrás de las colinas de arena y los cañaverales de la playa. ...

En la línea 3056
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Allí brillaba espléndidamente esa fraternidad española en cuyo seno se dan mano de amigo el carlista y el republicano, el progresista de cabeza dura y el moderado implacable. Antiguamente, los partidos separados en público, estábanlo también en las relaciones privadas; pero el progreso de las costumbres trajo primero cierta suavidad en las relaciones personales, y por fin la suavidad se trocó en blandura. Algunos creen que hemos pasado de un extremado mal a otro, sin detenernos en el medio conveniente, y ven en esta fraternidad una relajación de los caracteres. Esto de que todo el mundo sea amigo particular de todo el mundo es síntoma de que las ideas van siendo tan sólo un pretexto para conquistar o defender el pan. Existe una confabulación tácita (no tan escondida que no se encuentre a poco que se rasque en los políticos), por la cual se establece el turno en el dominio. En esto consiste que no hay aspiración, por extraviada que sea, que no se tenga por probable; en esto consiste la inseguridad, única cosa que es constante entre nosotros, la ayuda masónica que se prestan todos los partidos desde el clerical al anarquista, lo mismo dándose una credencial vergonzante en tiempo de paces, que otorgándose perdones e indultos en las guerras y revoluciones. Hay algo de seguros mutuos contra el castigo, razón por la cual se miran los hechos de fuerza como la cosa más natural del mundo. La moral política es como una capa con tantos remiendos, que no se sabe ya cuál es el paño primitivo. ...

En la línea 3127
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Otro de sus temas era: No más pillos y pena de muerte al ladrón. O más claro: castigo inmediato y cruel a todos los que van al gobierno con el único fin de hacer chanchullos. La ráfaga de ambición que pasa por la mente de todo español con más o menos frecuencia haciéndole decir si yo fuera poder, le soplaba a Rubín dos o tres veces cada día, más bien como sueño que como esperanza; pero en sus horas de soledad se adormecía con aquella idea y la trabajaba, batiéndola, como se bate la clara de huevo para que crezca y se abulte y forme espumarajos. La conclusión de este meneo mental era que «aquí lo que hace falta es un hombre de riñones, un tío de mucho talento con cada riñón como la cúpula del Escorial». ...

En la línea 4639
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Mira el tonto de Ponce, haciéndole cucamonas a Olimpia. Yo creo que mi hermana es la única mujer que en el mundo existe capaz de querer a un crítico. Merecería en castigo casarse con él. Solamente, que como es mi hermana, no le deseo esta catástrofe». ...

En la línea 5200
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Serénate—le decía—, que ahora no te he de reñir, aunque bien lo mereces. No, no necesitas explicarme lo que te pasa; justo castigo de Dios. ¿Crees que no tengo yo pesquis? Me basta verte la cara. Ello tenía que suceder, porque los malos pasos conducen siempre a malos fines… El resultado es que sale todo lo que yo digo. El pecado trae la penitencia. Otra vez te da carpetazo ese hombre, ¿acerté? ...

En la línea 269
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Pendientes de ganchos en el friso de madera estaban las diversas piezas de, una brillante armadura de acero, cubierta toda de bellos dibujos exquisitamente incrustados en oro. Esta marcial panoplia pertenecía al verdadero príncipe, regalo reciente de la señora Parr, la reina. Tom se puso las grebes, los guanteletes, el yelmo empenachado y otras piezas tales que pudiera revestirse sin ayuda, y por un momento pensó pedirla para completar el asunto, pero pensó en las nueces que había traído de la mesa, y en el, placer que sería comérselas sin nadie que le mirase y sin grandes hereditarios que le molestasen con sus servicios indeseables; así que volvió las lindas cosas, a sus diversos lugares y pronto estuvo cascando nueces, sintiéndose casi dichosa por primera vez, desde que Dios, en castigo de sus pecados, lo había hecho principe. Cuando desaparecieron las nueces, dio con unos incitantes libros en un armario, entre ellos uno sobre la etiqueta de la corte inglesa. Aquello era un tesoro. Se tendió en un suntuoso diván y procedió a instruirse con verdadero afán. Dejémoslo allí por ahora. ...

En la línea 588
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –No, señor. Mi castigo fue señalado para el día de hoy, y por fortuna será levantado, por no ser propio de los días de luto que han caído sobre nosotros. Yo lo se, y por eso me he atrevido a venir para recordar a Vuestra Majestad su graciosa promesa de interceder en mi favor.. ...

En la línea 591
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Ya ves que mi memoria se enmienda. Tranquilízate, que yo cuidaré de que tu espalda quede libre del castigo. ...

En la línea 1095
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Y su castigo es la muerte. ...

En la línea 513
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — No, señora. Lo siento mucho por usted, mucho. Pero en este momento no puedo jugar. Si da usted quejas de mí, tendré que sufrir el castigo de mi hermana, y sólo por esta causa lo haría si me fuese posible; pero este lugar es tan nuevo para mí, tan extraño, tan elegante y… ¡tan melancólico! ...

En la línea 664
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Como era natural, en el pueblo había una taberna, y también se comprende que Joe gustara de ir allí de vez en cuando a fumar una pipa. Mi hermana me había mandado con la mayor severidad que aquella tarde, al salir de la escuela, fuese a buscar a mi amigo a Los Tres Alegres Barqueros para hacerle volver a casa, con amenaza de castigo en caso de no cumplir esta orden. Por consiguiente, dirigí mis pasos hacia Los Tres Alegres Barqueros. ...

En la línea 1011
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Es cosa muy desagradable el sentirse avergonzado del propio hogar. Quizás en esto haya una negra ingratitud y el castigo puede ser retributivo y muy merecido; pero estoy en situación de atestiguar que, como decía, este sentimiento es muy desagradable. ...

En la línea 1533
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Entramos por un portillo en aquel asilo y fuimos a parar por un pasillo a un espacio cuadrado y muy triste que me pareció un cementerio. Observé que allí había los más tristes árboles, los gorriones más melancólicos, los más lúgubres gatos y las más afligidas casas (en número de media docena, más o menos) que jamás había visto en la vida. Me pareció que las series de ventanas de las habitaciones en que estaban divididas las casas se hallaban en todos los estados posibles de decadencia de persianas y cortinas, de inservibles macetas, de vidrios rotos, de marchitez llena de polvo y de miserables recursos para tapar sus agujeros. En cada una de las habitaciones desalquiladas, que eran bastantes, se veían letreros que decían: «Por alquilar», y eso me daba casi la impresión de que allí ya no iban más que desgraciados y que la venganza del alma de Barnard se había aplacado lentamente con el suicidio gradual de los actuales huéspedes y su inhumación laica bajo la arena. Unos sucios velos de hollín y de humo adornaban aquella abandonada creación de Barnard, y habían esparcido abundante ceniza sobre su cabeza, que sufría castigo y humillación como si no fuese más que un depósito de polvo. Eso por lo que respecta a mi sentido de la vista, en tanto que la podredumbre húmeda y seca y cuanta se produce en los desvanes y en los sótanos abandonados-podredumbre de ratas y ratones, de chinches y de cuadras, que, por lo demás, estaban muy cerca -, todo eso molestaba grandemente mi olfato y parecía recomendarme con acento quejumbroso: «Pruebe la mixtura de Barnard.» ...

En la línea 2496
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑El que sufre reconociendo su error, recibe un castigo que se suma al del penal. ...

En la línea 2792
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Hubo un momento de silencio. Lujine sacó con toda lentitud un pañuelo de batista perfumado y se sonó con aire de hombre amable pero herido en su dignidad y decidido a pedir explicaciones. Apenas había entrado en el vestíbulo, le había acometido la idea de no quitarse el gabán y retirarse, para castigar severamente a las dos damas y hacerles comprender la gravedad del acto que habían cometido. Pero no se había atrevido a tanto. Por otra parte, le gustaban las situaciones claras y deseaba despejar la siguiente incógnita: Pulqueria Alejandrovna y su hija debían de tener algún motivo para haber desatendido tan abiertamente su prohibición, y este motivo era lo primero que él necesitaba conocer. Después tendría tiempo de aplicar el castigo adecuado. ...

En la línea 3702
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Y consiguió terminar de abrirse paso. Pero el de intendencia no quiso dejarle salir de aquel modo. Considerando que los insultos eran un castigo insuficiente para él, cogió un vaso de la mesa y se lo arrojó con todas sus fuerzas. Desgraciadamente, el proyectil fue a estrellarse contra Amalia Ivanovna, que empezó a proferir grandes alaridos, mientras el de intendencia, que había perdido el equilibrio al tomar impulso para el lanzamiento, caía pesadamente sobre la mesa. ...

En la línea 4589
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Svidrigailof dedujo que se trataba de una niña a la que su madre no quería demasiado. Ésta debía de ser una cocinera del barrio, tal vez del hotel mismo, aficionada a la bebida y que solía maltratar a la pobre criatura. La niña había roto una taza y había huido presa de terror. Sin duda había estado vagando largo rato por la calle, bajo la fuerte lluvia, y al fin había entrado en el hotel para refugiarse en aquel rincón, junto al armario, donde había pasado la noche temblando de frío y de miedo ante la idea del duro castigo que le esperaba por su fechoría. ...

En la línea 298
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Se preguntó si la sociedad humana podía tener el derecho de hacer sufrir igualmente a sus miembros, en un caso su imprevisión irracional, y en otro su impía previsión; y de apoderarse para siempre de un hombre entre una falta y un exceso; falta de trabajo, exceso de castigo. ...

En la línea 302
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... La hizo responsable de su suerte, y se dijo que no dudaría quizá en pedirle cuentas algún día. Se declaró a sí mismo que no había equilibrio entre el mal que había causado y el que había recibido; concluyendo, por fin, que su castigo no era ciertamente una injusticia, pero era seguramente una iniquidad. ...

En la línea 934
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - Diréis que podría presentar mi dimisión, pero eso no basta. Dimitir es un acto honorable. Yo he faltado, merezco un castigo y debo ser destituido. -Después de una pausa, agregó-: Señor alcalde, el otro día fuisteis muy severo conmigo injustamente; sedlo hoy con justicia. ...

En la línea 1114
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... El abogado defensor persistía en llamar Champmathieu al acusado y decía que nadie lo había visto escalar la pared ni robar la fruta. Pedía para él la corrección estipulada y no el castigo terrible de un reincidente. ...

En la línea 112
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... El primer día cubrieron el trayecto de cien kilómetros hasta Sixty Mile; y el segundo los encontró avanzando a toda velocidad por el Yukon, camino de Pelly. Pero tan espléndida marcha no se logró sin que François tuviera que afrontar grandes dificultades y contrariedades diversas. La insidiosa revuelta liderada por Buck había destruido la solidaridad en el tiro, que ya no era como un solo perro en acción. El respaldo proporcionado por Buck a los rebeldes los inducía a toda clase de trastadas de poca monta. Spitz había dejado de ser un líder temido. Perdido el respeto temeroso, los demás perros se sentían capaces de desafiarlo. Una noche, Pike, bajo la protección de Buck, le robó la mitad de un pescado y lo engulló. Otra noche, Dub y Joe le hicieron frente y lo forzaron a renunciar al castigo que merecían. Y hasta Billie, el amable, se volvió menos amable y sus gruñidos ya no eran tan cordiales como antes. Buck nunca se acercaba a Spitz sin gruñir ni erizar el pelo, amenazante. De hecho, se comportaba casi como un matón y le daba por pavonearse ante las mismas narices de Spitz. ...

En la línea 144
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Pike, que tiraba inmediatamente detrás de Buck y que jamás había tirado del trineo más que lo estrictamente indispensable, fue inmediata y reiteradamente sacudido por flojear; y antes de acabar la jornada estaba tirando más de lo que jamás había tirado en su vida. La primera noche de campamento, Joe, el resentido, recibió el rotundo castigo que Spitz nunca había conseguido aplicarle. Buck simplemente lo aplastó gracias a su peso superior y lo redujo hasta que el otro dejó de morder y se puso a gemir pidiendo tregua. ...

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