La palabra Capacidad ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
La llamada de la selva de Jack London
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece capacidad.
Estadisticas de la palabra capacidad
La palabra capacidad es una de las palabras más comunes del idioma Español, estando en la posición 486 según la RAE.
Capacidad es una palabra muy común y se encuentra en el Top 500 con una frecuencia media de 172.55 veces en cada obra en castellano
El puesto de esta palabra se basa en la frecuencia de aparición de la capacidad en 150 obras del castellano contandose 26228 apariciones en total.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Capacidad
Cómo se escribe capacidad o capazidad?
Cómo se escribe capacidad o sapasidad?
Más información sobre la palabra Capacidad en internet
Capacidad en la RAE.
Capacidad en Word Reference.
Capacidad en la wikipedia.
Sinonimos de Capacidad.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece capacidad
La palabra capacidad puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 551
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Cuenta unos cinco mil habitantes; pero con sobrada capacidad para doble número de gente. ...
En la línea 4068
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Esas ensenadas y rías son todas de inmensa hondura, y de capacidad sobrada para abrigar las escuadras de las más soberbias naciones marítimas del mundo. ...
En la línea 4329
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No me propongo describirlos; baste decir que el fondeadero oval, rodeado de un muelle de granito, tiene capacidad bastante para cien navíos de primer orden; pero en lugar de tal fuerza sólo había allí una fragata de sesenta cañones y dos bergantines; a tan insignificante número de barcos se halla reducida actualmente la marina de España. ...
En la línea 5040
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero son un tanto lerdos, y su capacidad no es ni con mucho de primer orden, en lo cual se parecen también a los tártaros. ...
En la línea 834
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Y hay que reconocer—dijo e» joven español, comentando las palabras del diplomático—que consiguió sus deseos. Cuentan que la hermosa y pizpireta Farnesina, tan fácil en la distribución de sus encantos, después de la muerte de Alejandro Sexto, fue amante de Julio Segundo, el implacable enemigo de los Borgias, para que siguiese protegiendo a su hermano, el futuro Paulo Tercero. Supo trabajar con sus herramientas naturales, de un modo incansable, para el triunfo de la parentela… ¡Un Papa, una reina Farnesio!… Todo gracias a Rodrigo de Borja y a su inagotable capacidad amorosa, simbolizada por el toro rojo, emblema de su familla. ...
En la línea 1044
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los colosos que habían llegado después eran gentes bárbaras y viciosas, sin educación universitaria y de una capacidad estomacal que acababa causando grandes escaseces y hambres en la nación. Cometían tales desafueros, que finalmente había que suprimirlos. ...
En la línea 5451
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Y se puso a trabajar en las operaciones aritméticas con tanta serenidad, y un temple tan equilibrado, que doña Lupe salió de la estancia haciéndose cruces y diciendo que si lo que acababa de oír se lo hubieran contado los cuatro Evangelistas, no les habría dado crédito. Pero siendo lo que refirió el sobrino un prodigio de capacidad intelectual, la señora no las tenía todas consigo respecto al estado de aquella cabeza. Entráronle alarmas, como las de los peores días pasados, y se puso de un humor vidrioso no acertando a determinar si aquello de la lógica era una crisis favorable, o por el contrario, traería nuevas complicaciones. ...
En la línea 732
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Así pues prosiguió el capitán-, cuando el Nautilus se halla a flote en estas condiciones, una décima parte del mismo se halla fuera del agua. Ahora bien, si se instalan unos depósitos de una capacidad igual a esa décima parte, es decir, con un contenido de ciento cincuenta toneladas con setenta y dos centésimas, y se les llena de agua, el barco pesará o desplazará entonces mil quinientas siete toneladas y se hallará en inmersión completa. Y esto es lo que ocurre, señor profesor. Estos depósitos están instalados en la parte inferior del Nautílus, y al abrir las llaves se llenan y el barco queda a flor de agua. ...
En la línea 2527
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Por el cálculo. Dada la capacidad del navío, que le es conocida al señor, y, consecuentemente, la cantidad de aire que encierra, y sabiendo, por otra parte, lo que cada hombre gasta en el acto de la respiración, así como la necesidad del Nautilus de remontar a la superficie cada veinticuatro horas, la comparación de estos datos… ...
En la línea 2532
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Ahora bien -proseguí-, dado que la capacidad del Nautilus es de mil quinientas toneladas, y la de la tonelada es de mil litros, el Nautilus contiene un millón quinientos mil litros de aire, que divididos por dos mil cuatrocientos… ...
En la línea 1113
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Zosimof era, como ya hemos dicho, alto y grueso. Tenía veintisiete años, una cara pálida, carnosa y cuidadosamente rasurada, y el cabello liso. Llevaba lentes y en uno de sus dedos, hinchados de grasa, un anillo de oro. Vestía un amplio, elegante y ligero abrigo y un pantalón de verano. Toda la ropa que llevaba tenía un sello de elegancia y era cómoda y de superior calidad. Su camisa era de una blancura irreprochable, y la cadena de su reloj, gruesa y maciza. En sus maneras había cierta flemática lentitud y una desenvoltura que parecía afectada. Ejercía una tenaz vigilancia sobre sí mismo, pero su presunción hallaba a cada momento el modo de delatarse. Entre sus conocidos cundía la opinión de que era un hombre difícil de tratar, pero todos reconocían su capacidad como médico. ...
En la línea 2893
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Lo más importante era que Lujine no había podido prever semejante desenlace. Sus jactancias se debían a que en ningún momento se había imaginado que dos mujeres solas y pobres pudieran desprenderse de su dominio. Este convencimiento estaba reforzado por su vanidad y por una ciega confianza en sí mismo. Piotr Petrovitch, salido de la nada, había adquirido la costumbre casi enfermiza de admirarse a sí mismo profundamente. Tenía una alta opinión de su inteligencia, de su capacidad, y, a veces, cuando estaba solo, llegaba incluso a admirar su propia cara en un espejo. Pero lo que más quería en el mundo era su dinero, adquirido por su trabajo y también por otros medios. A su juicio, esta fortuna le colocaba en un plano de igualdad con todas las personas superiores a él. Había sido sincero al recordar amargamente a Dunia que había pedido su mano a pesar de los rumores desfavorables que circulaban sobre ella. Y al pensar en lo ocurrido sentía una profunda indignación por lo que calificaba mentalmente de «negra ingratitud». Sin embargo, cuando contrajo el compromiso estaba completamente seguro de que aquellos rumores eran absurdos y calumniosos, pues ya los había desmentido públicamente Marfa Petrovna, eso sin contar con que hacía tiempo que el vecindario, en su mayoría, había rehabilitado a Dunia. Lujine no habría negado que sabía todo esto en el momento de contraer el compromiso matrimonial, pero, aun así, seguía considerando como un acto heroico la decisión de elevar a Dunia hasta él. Cuando entró, días antes, en el aposento de Raskolnikof, lo hizo como un bienhechor dispuesto a recoger los frutos de su magnanimidad y esperando oír las palabras más dulces y aduladoras. Huelga decir que ahora bajaba la escalera con la sensación de hombre ofendido e incomprendido. ...
En la línea 2926
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑A mí me parece una excelente idea. Naturalmente, no puede improvisarse un gran negocio editorial, pero sí publicar algunos volúmenes de éxito seguro. Yo conozco una obra que indudablemente se vendería. En cuanto a la capacidad de Rasumikhine, podéis estar tranquilas, pues conoce bien el negocio… Además, tenéis tiempo de sobra para estudiar el asunto. ...
En la línea 4235
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... También respecto a este punto se inclinaba por la negativa. ¿Por qué? No lograba explicárselo. Pero, aunque se hubiera sentido capaz de hallar esta explicación, no habría intentado romperse la cabeza buscándola. Todo esto le atormentaba y le enojaba a la vez. Lo más sorprendente era que aquella situación tan crítica en que se hallaba le inquietaba muy poco. Le preocupaba otra cuestión mucho más importante, extraordinaria, también personal, pero distinta. Por otra parte, sentía un profundo desfallecimiento moral, aunque su capacidad de razonamiento era superior a la de los días anteriores. Además, después de lo sucedido, ¿valía la pena tratar de vencer nuevas dificultades, intentar, por ejemplo, impedir a Svidrigailof ir a casa de Porfirio, procurar informarse, perder el tiempo con semejante hombre? ...
En la línea 353
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —General, este asunto no puede quedar así. Lamento mucho que usted haya sufrido molestias por parte del barón, pero, excúseme, la culpa es toda suya. ¿Cómo ha podido usted encargarse de responder al barón en mi lugar y en mi nombre? ¿Qué significa esa expresión de que yo pertenezco a su casa? Soy, sencillamente, un preceptor en su casa y nada más. No soy su hijo ni estoy bajo su tutela, y usted no puede responder de mis actos. Puedo obrar con plena capacidad legal. Tengo veinticinco años, soy gentilhombre, licenciado y completamente ajeno a usted. Sólo el profundo respeto hacia sus méritos me retiene para preguntarle con qué razón se ha arrogado el derecho de preguntarle en mí nombre ante ese alemán… ...
En la línea 77
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... No es que Buck hiciera tal razonamiento. Simplemente era apto, e inconscientemente se adaptaba a su nuevo estilo de vida. Ni rehuía una pelea ni pensaba en las posibilidades. Pero el garrote del hombre del jersey rojo le había inculcado a la fuerza un código más fundamental y primario. Como un ser civilizado, habría sido capaz de morir por un principio moral, por ejemplo, en defensa de la fusta del juez Miller; pero el alcance de su retorno a lo más primitivo ponía de manifiesto ahora su capacidad de rehuir la defensa de una consideración moral y salvar el pellejo. No robaba por el placer de hacerlo, sino obedeciendo al clamor de su estómago. Y por el respeto al garrote y al colmillo no robaba abiertamente sino con astucia y sigilo. En resumen, hacía las cosas porque era más fácil hacerlas que no hacerlas. ...
En la línea 167
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... A todos les dolían terriblemente las plantas de las pies. No podían saltar. Dejaban caer pesadamente las patas en la tierra trasmitiendo la vibración a su cuerpo, con lo que duplicaban la fatiga de la jornada. No les pasaba nada, excepto que estaban muertos de cansancio. No se trataba del agotamiento que sigue a un determinado y excesivo esfuerzo del que cabe recuperarse en cuestión de horas, sino de la lenta y prolongada extenuación provocada por meses de esfuerzo sostenido. Ya no tenían capacidad de recuperación ni reserva de energías a la que recurrir. Habían utilizado todo lo que tenían. Cada músculo, cada fibra, cada célula, participaba de la extenuación, de la mortal fatiga. Y había motivo. En menos de cinco meses habían recorrido cuatro mil quinientos kilómetros, los últimos tres mil con sólo cinco días de descanso. Cuando llegaron a Skaguay estaban en las últimas. Apenas podían mantener tensas las riendas y, en cuesta abajo, les era dificil mantenerse fuera del alcance del trineo. ...
En la línea 269
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Thornton no replicó. No sabía qué decir. Paseó la mirada de un rostro a otro, con la expresión ausente de quien ha perdido la capacidad de pensar y busca en alguna parte el elemento que vuelva a ponerla en marcha. El rostro de Jim OTrien, un rico minero y antiguo camarada, atrajo su mirada. Fue como una señal que lo impulsó a hacer algo que jamás habría imaginado que podría hacer. ...

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