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La palabra bellos
Cómo se escribe

la palabra bellos

La palabra Bellos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece bellos.

Estadisticas de la palabra bellos

Bellos es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 12345 según la RAE.

Bellos aparece de media 5.91 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la bellos en las obras de referencia de la RAE contandose 898 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Bellos

Cómo se escribe bellos o belloz?
Cómo se escribe bellos o vellos?
Cómo se escribe bellos o beyos?

Algunas Frases de libros en las que aparece bellos

La palabra bellos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2875
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La reina tomó las dos manos de la joven en un arrebato apasionado, la miró como para leer en el fondo de su corazón, y al no ver más que sinceridad en sus bellos ojos la abrazó tiernamente. ...

En la línea 4787
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Ah, por mi alma, qué bellos estribos! ¡Hola! Bazin, ven acá ahora mismo. ...

En la línea 4117
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La bahía de Finisterre, la más grande de las dos, resplandecía hasta su entrada con los bellos tornasoles de un inmenso banco de _sardinhas_, en cuyos bordes estaba probablemente el cachalote dándose un festín. ...

En la línea 6659
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No obstante, eran tales, que su país podía enorgullecerse viéndolos tan sanos y bellos de rostro, pintados el valor en el semblante y la inteligencia en sus ojos azules. ...

En la línea 801
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y algunos dieron muestras -de aquellos que de la poderosa flecha de los rayos de sus bellos ojos estaban heridos- de quererla seguir, sin aprovecharse del manifiesto desengaño que habían oído. ...

En la línea 7264
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y mostróle uno de los más bellos y gallardos mozos que pudiera pintar la humana imaginación. ...

En la línea 1009
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Habíamos llegado por fin al linde de ese bosque, uno de los más bellos de los inmensos dominios del capitán Nemo. Él lo consideraba como suyo y se atribuía sobre él los mismos derechos que tenían los primeros hombres en los primeros días del mundo. ¿Y quién hubiera podido disputarle la posesión de esa parcela submarina? ¿Había acaso un pionero más audaz que pudiera ir allí, hacha en mano, a desmontar aquellas umbrosas espesuras? ...

En la línea 1402
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Durante dos horas pescamos activamente, pero sin coger ninguna pieza rara. La draga sé llenaba de orejas marinas, de arpas, de melanias, y muy en particular de algunos de los más bellos martillos que había visto yo hasta ese día. Cogimos también algunas holoturias, ostras perlíferas y una docena de pequeñas tortugas que reservamos para la despensa de a bordo. ...

En la línea 3201
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Entre los peces óseos, anoté unos labros grises propios de esos mares; esparos sinágridos cuyo iris resplandecía como el fuego; escienas de un metro de largo, con una ancha boca erizada de pequeños dientes, que emitían un ligero grito; centronotos negros, de los que ya he hablado; corífenas azules con destellos de oro y plata; escaros, verdaderos arco iris del océano que rivalizan en colores con los más bellos pájaros de los trópicos; rombos azulados desprovistos de escarnas; bátracos recubiertos de una faja amarilla y transversal semejante a una t griega; enjambres de pequeños gobios moteados de manchitas pardas; dipterodones de cabeza plateada y de cola amarilla; diversos ejemplares de salmones; mugilómoros de cuerpo esbelto y de un brillo suave, como los que Lacepéde ha consagrado a la amable compañera de su vida, y, por último, un hermoso pez, el «caballero americano», que, condecorado con todas las órdenes y recamado de todos los galones, frecuenta las orillas de esa gran nación que en tan poca estima tiene a los galones y a las condecoraciones. Por la noche, las aguas fosforescentes del Gulf Stream rivalizaban con el resplandor eléctrico de nuestro fanal, sobre todo cuando amenazaba tormenta como ocurría frecuentemente en aquellos días. El 8 de mayo nos hallábamos aún frente al cabo Hatteras, a la altura de la Carolina del Norte. La anchura allí del Gulf Stream es de setenta y cinco millas y su profundidad es de doscientos diez metros. El Nautilus continuaba errando a la aventura. Toda vigilancia parecía haber cesado a bordo. En tales condiciones, debo convenir que podía intentarse la evasión, con posibilidades de éxito. En efecto, las costas habitadas ofrecían en todas partes fáciles accesos. Además podíamos esperar ser recogidos por algunos de los numerosos vapores que surcaban incesantemente aquellos parajes asegurando el servicio entre Nueva York o Boston y el golfo de México, o por cualquiera de las pequeñas goletas que realizaban el transporte de cabotaje por los diversos puntos de la costa norteamericana. Era, pues, una ocasión favorable, a pesar de las treinta millas que separaban al Nautilus de las costas de la Unión. ...

En la línea 1370
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En esa porción de territorio que se extiende entre San Francisco y Sacramento, el suelo es poco accidentado. Esa parte del ferrocarril, llamada 'Central Pacific', tomaba a Sacramento como punto de partida y avanzaba al Este, al encuentro del que partía de Omaha. De San Francisco a la capital de California la línea corría directamente al Nordeste, siguiendo el río 'American', que desagua en la bahía de San Pablo. Las ciento veinte millas comprendidas entre estas dos importantes ciudades se recorrieron en seis horas, y a cosa de medianoche, mientras que los viajeros se hallaban entregados a su primer sueño, pasaron por Sacramento, no pudiendo, por consiguiente, ver nada de esta gran ciudad, residencia de la legislatura del estado de California, ni sus bellos muelles, ni sus anchas calles, ni sus espléndidos palacios, ni sus plazas, ni sus templos. ...


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Más información sobre la palabra Bellos en internet

Bellos en la RAE.
Bellos en Word Reference.
Bellos en la wikipedia.
Sinonimos de Bellos.

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