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La palabra audacia
Cómo se escribe

la palabra audacia

La palabra Audacia ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece audacia.

Estadisticas de la palabra audacia

Audacia es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 12462 según la RAE.

Audacia aparece de media 5.84 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la audacia en las obras de referencia de la RAE contandose 887 apariciones .

Más información sobre la palabra Audacia en internet

Audacia en la RAE.
Audacia en Word Reference.
Audacia en la wikipedia.
Sinonimos de Audacia.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece audacia

La palabra audacia puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 239
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... La audacia de los primeros Torreroel de la Reconquista y la largueza de los que vivieron después en la corte arruinándose cerca de los reyes, resucitaban en él como la última llamarada de una raza próxima a extinguirse. Podía dar los mismos golpes que dieron sus antecesores al conquistar el pendón en las Navas y se arruinaba con igual indiferencia que aquellos de sus abuelos que se habían embarcado para rehacer su fortuna gobernando las Indias. ...

En la línea 351
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Para Fermín Montenegro no eran un secreto los disgustos de carácter espiritual, las grandes contrariedades que sufría la viuda de Dupont por culpa de los negocios. Su hijo tenía que tratar gentes de todas clases, herejes y hombres sin religión; extranjeros que consumían los vinos de la casa, y al pasar por Jerez habían de ser recibidos con el agasajo que merecen los buenos clientes. ¡Ser buenos servidores del Señor y tener que tratar a sus enemigos como si fuesen iguales! En vano los Padres de la iglesia de San Ignacio disipaban sus escrúpulos recordándola la importancia de los negocios y la influencia que una casa tan poderosa ejercía sobre la religiosidad de Jerez. Doña Elvira sólo se reconciliaba con sus famosas bodegas cuando una vez por año salía con destino a Roma una barrica de vino, dulce y espeso como jarabe, destinado a la misa del Pontífice por recomendación de varios obispos, amigos de la casa. Este honor la servía de lenitivo. Pero aun así, ¡qué angustias no la hacían sufrir aquellos extranjeros rubios y antipáticos que tenían la audacia de leer la Biblia a su modo y en su lengua, sin creer en Su Santidad, ni ir a misa!... ...

En la línea 1319
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Temía comprometerse con alguna audacia en aquella casa, que era la de su severo primo. ¿Qué diría Pablo, que por respeto a su padre consideraba al capataz y los suyos como una prolongación humilde de su propia familia? Además, la famosa noche de Matanzuela le había causado gran daño y no quería comprometer con otro escándalo su naciente fama de hombre grave. Esto le hacía ser tímido con muchas vendimiadoras que le gustaban, limitándose en sus placeres a una perversión intelectual, a hacerlas beber por la noche para verlas alegres, sin las preocupaciones del pudor, charlando entre ellas, pellizcándose y persiguiéndose, como si estuviesen solas. ...

En la línea 1938
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Irían en busca de Fermín. Él tenía dinero para el viaje de todos. Los últimos contrabandos habían sido _gordos_; una locura, que asombraba por su audacia a los del oficio: recuas interminables pasando por los caminos de la sierra, al amparo de su escopeta. No le habían matado, y su buena suerte le daba nuevos ánimos para emprender el largo viaje que cambiaría su existencia. ...

En la línea 672
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Por otra parte tenía la intención formal de dar al valiente mosquetero todas las excusas pertinentes, pero sin debilidad, por temor a que resultara de aquel duelo algo que siempre resul ta molesto en un asunto de este género, cuando un hombre joven y vigoroso se bate contra un adversario herido y debilitado: vencido, du plica el triunfo de su antagonista; vencedor, es acusado de felonía y de fácil audacia. ...

En la línea 994
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Envió a uno de sus criados a casa del señor de La Trémouille con una carta en la que rogaba echar fuera de su casa al guardia del señor cardenal, y reprender a su gentes por la audacia que habían tenido de hacer una salida contra los mos queteros. ...

En la línea 4851
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Qué habéis he cho del gentilhombre al que tuvisteis la audacia, hace quince días poco más o menos, de intentar acusarlo de moneda falsa?El hostelero palideció, porque D'Artagnan había adoptado la acti tud más amenazadora, y Panchet hacía lo mismo que su dueño. ...

En la línea 8667
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Durante este tiempo, libre de las inquietudes de su único y verda dero jefe, el ejército real llevaba una existencia alegre; los víveres no faltaban en el campamento, ni tampoco el dinero; todos los cuerpos rivalizaban en audacia y alegría. ...

En la línea 2611
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Villiers estaba dispuesto a ayudarme en toda ocasión, y de ello me había dado con frecuencia pruebas suficientes, nunca pude esperar que llegase tan adelante en su generosidad ni, dada su importante posición diplomática, que procediese con tanta audacia y resolución. ...

En la línea 8380
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ana estuvo todo el día inquieta, descontenta de sí misma; no se arrepentía de haber puesto en peligro su honor, dando alas (siquiera fuesen de sutil gasa espiritual) a la audacia amorosa de don Álvaro; no le pesaba de engañar al pobre don Víctor, porque le reservaba el cuerpo, su propiedad legítima. ...

En la línea 8567
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El Magistral estaba pasmado de su audacia. ...

En la línea 8569
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Después de su audacia el Magistral temblaba, esperando las palabras de Ana. ...

En la línea 8859
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aquel programa de diversiones, alegría, actividad bulliciosa, que había publicado a son de trompeta Quintanar, se cumplía sólo en las partes y por el tiempo que a su esposa le parecían bien; si ella prefería quedar en casa, volver a sus ensueños, don Víctor que había prometido y hasta jurado no ceder, poco a poco cedía; procuraba que la retirada fuese honrosa, fingía transigir y creía a salvo su honor de hombre enérgico y amo de su casa, permitiéndose la audacia de gruñir un poco, entre dientes, cuando ya nadie le oía. ...

En la línea 333
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Pero toda esta gente había nacido en Italia—añadió el canónigo—, y Calixto Tercero, así como sus parientes, tuvieron la audacia de gobernar a Roma siendo españoles. ...

En la línea 613
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Al reunirse el conclave, Piccolomini era el más moderno de sus individuos; pero tenía en su favor la popularidad literaria. El hábil Rodrigo de Borja, que sólo contaba en aquel entonces veintiséis años de edad, se propuso, con una audacia propia de su juventud ardiente, hacer Papa a Eneas Silvio, que era como de su familia pues siempre se mostró agradecido a Calixto, su protector. No dejó que los cardenales se dividieran, sosteniendo cada uno a su candidato particular, y apenas reunido el conclave, se adelantó a todas las opiniones, proponiendo que Piccolomini fuese nombrado Papa por aclamación. Su elocuencia de meridional y la sorpresa causada por su iniciativa obtuvieron un triunfo instantáneo, y el nuevo Papa tomó el nombre de Pío II. Continuó siendo Borgia bajo su Pontificado una especie de ministro universal de la Iglesia, pues a esto equivalía su cargo de Vicecanciller. ...

En la línea 634
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Tal fomento de las fiestas carnavalescas fue para Paulo II un medio de alejar al pueblo de los manejos revolucionarios. Durante su reinado se descubrió una conspiración que tenía por finalidad asesinar al Pontífice proclamando la República romana. La dirigían los humanistas, uno de ellos el célebre erudito Platina; pero el más temible por su actividad y su audacia fue el poeta Calimaco. ...

En la línea 917
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Muchos autores extranjeros ignorantes de nuestra Historia, han creído ver una gran audacia científica del Papa Alejandro en esta partición del mundo. Es verdad que su acto representa el primer reconocimiento público de la redondez de la Tierra hecho por la Iglesia. Nunca habían hablado de ello los anteriores pontífices. Pero resulta falso elogiarlo, como si entonces las gentes da estudio ignorasen que la Tierra es redonda y sólo hubieran descubierto Colón y los sabios del Vaticano dicha esfericidad… Usted sabe que, antes de la Era cristiana, Tolomeo y Eratóstenes ya habían probado la redondez de nuestro planeta, midiéndolo más o menos, aproximadamente, a las dimensiones que le da la ciencia moderna. Luego, los árabes volvieron a establecer dicha redondez, especialmente su geógrafo Alfagramo. Los moros de España enseñaban en sus escuelas, durante siglos, la esfericidad de nuestro planeta, y los judíos españoles servían de intermediarios, revelando la geografía árabe a los hombres estudiosos de la Cristiandad. Una oculta y sincera relación científica unía las escuelas de mezquitas y sinagogas con las bibliotecas de los conventos. ...

En la línea 794
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A pesar de las grandes muestras de escándalo que provocaba en Flimnap la audacia de los dos amantes, se notó en su voz cierta admiración. Unos días antes su protesta hubiese sido sincera, pero después de conocer a Edwin pensaba de distinto modo, mostrando veneración por todos los que sacrificaban la seguridad y las comodidades de su existencia en pro de un amor. ...

En la línea 885
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Durante varias horas Gillespie visitó la capital, admirando la audacia constructiva de aquellos pigmeos. La mayor parte de los edificios eran de numerosos pisos, y algunos palacios tenían sus azoteas altas al nivel de su cabeza. Las casas, de nítida blancura, estaban cortadas por fajas rojas y negras, y muchos de sus muros aparecían ornados con frescos, gigantescos para los ojos de sus habitantes, que representaban sucesos históricos o alegres danzas. ...

En la línea 915
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Casi celebró que la audacia de Ra-Ra le hubiese dado motivo para descansar en esta plaza solitaria, rodeado del silencio de una gran ciudad desierta. Hasta tuvo la sospecha de que si no venían a buscarle en su retiro acabaría echando un ligero sueño. Encontraba agradable tener por asiento una dependencia del enorme palacio donde reinaba sin límites la autoridad del Padre de los Maestros. ...

En la línea 1039
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Flimnap corrió al palacio del gobierno, entrando en el ala ocupada por el Senado. Su amor por Gillespie le sugería las más atrevidas resoluciones. El tímido profesor, que pocos días antes era incapaz de la más pequeña iniciativa, se asombraba ahora de su audacia. Pensó hablar a Gurdilo, si es que aun no había empezado su interpelación al gobierno. No se conocían, pero el desde unos días antes era un personaje célebre, del que se ocupaban mucho los periódicos, y bien podía permitirse la libertad de hacer una visita a un compañero suyo de gloria. Dentro del Senado, al preguntar por el famoso orador, se convenció de que había llegado tarde. Gurdilo estaba ya en el salón de sesiones, y no admitía visitas que le distrajesen cuando preparaba mentalmente sus terribles discursos. ...

En la línea 3157
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En esta nueva emigración, deseando estar lo más lejos posible del Siglo, se fue a San Joaquín, en la calle de Fuencarral, y no se corrió más al Norte porque no había cafés en las latitudes altas de Madrid. Pero en esta deserción, ya no le acompañaron ni D. Basilio Andrés de la Caña, ni Montes; éste porque San Joaquín estaba donde Cristo dio las tres voces, aquél porque ya se iba cargando de la pertinencia con que Rubín se burlaba de sus profecías sobre la proximidad de la Restauración. El mismo D. Evaristo Feijoo le siguió de mal humor, diciéndole con desabrimiento que no le gustaban los cafés de piano, y que el género y la sociedad no debían ser de lo mejor en aquellas alturas. Estuvieron solos algunos días. No veían por allí caras de amigos, hasta que una noche se apareció en el local una pareja conocida. Eran Feliciana y Olmedo, el estudiante de farmacia amigo de Maxi. Ya no vivían juntos, porque Olmedo había dado un cambiazo en sus costumbres volviéndose aplicadísimo a cara descubierta. No se recataba ya para estudiar, y hacía público alarde, con la mayor desvergüenza, de su decidida inclinación a tomar el grado aquel mismo año, llegando hasta la audacia de escribir un trabajo muy bueno sobre la dextrina, e ilusionándose con la idea de hacer oposición a una cátedra. Pero no se había encontrado a su antiguo amor, hecha un pingo, y la convidó a tomar un café en aquel apartado establecimiento. Más de dos horas estuvieron charlando los que fueron amantes, y ella no paraba el pico refiriendo los malos tratos que le daba el hombre que a la sazón era su dueño. Volvieron dos noches después a la misma mesa, y Rubín trabó conversación con ellos. Hablaron de la boda de Maximiliano y de los increíbles sucesos que después vinieron, diciendo Juan Pablo que su cuñadita era una buena pieza. ...

En la línea 4381
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Es idea mía—prosiguió la otra con la inspiración de un apóstol y la audacia criminal de un anarquista—. Dirá usted lo que guste; pero es idea mía, y no hay quien me la quite de la cabeza… Virtuosa, sí; estamos en ello; pero no le puede dar un heredero… Yo, yo, yo se lo he dado, y se lo puedo volver a dar… ». ...

En la línea 245
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Nadie hablaba de rendición. Todos querían morir, pero allá arriba, en la cubierta del buque enemigo. El cañón que disparaba Sabau había sido desmontado y la mitad de la tripulación yacía tendida por la metralla. La derrota era completa. Sólo quedaban doce hombres que, con los ojos extraviados y los labios espumeantes de rabia, apretaban con manos de tenazas las armas, atrincherados tras los cadáveres de sus compañeros. Sandokán lanzó su nave contra el barco enemigo. Fue un violentísimo encontronazo. Dos arpeos de abordaje se agarraron a las escalillas del crucero. Entonces los trece piratas, sedientos de venganza, aferrados a los postes y a los cables, se descolgaron sobre el puente antes de que los ingleses, asombrados de tanta audacia, pensaran en rechazarlos. ...

En la línea 573
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Los soldados, asombrados por tal audacia, vacilaron un momento, lo que bastó a Sandokán para llegar a la empalizada, saltarla de un solo brinco y desaparecer por el otro lado. ...

En la línea 631
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Los soldados, asombrados por tal audacia, vacilaron un momento, lo que bastó a Sandokán para llegar a la empalizada, saltarla de un solo brinco y desaparecer por el otro lado. ...

En la línea 1200
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Lord James ha de conocer muy bien la audacia del Tigre de la Malasia. ¡Por todos los rayos, cuántas precauciones! ...

En la línea 1881
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Allí pude reflexionar ya con calma sobre los incidentes de nuestra excursión al banco de Manaar. Dos conclusiones se derivaban inevitablemente de esos incidentes: la demostración por el capitán Nemo de su audacia sin igual, por una parte, y, por otra, la de su abnegación por un ser humano, por uno de los representantes de la especie de la que él huía bajo los mares. Dijera lo que dijese, ese hombre extraño no había conseguido matar en él sus sentimientos, su humanidad. ...

En la línea 2687
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Sí, lo sabía. Sabía también de su audacia, una audacia hasta la temeridad. Pero vencer esos obstáculos que se levantan ante el Polo Sur, más inaccesible aún que el Polo Norte todavía no alcanzado por los más audaces navegantes, ¿no era una empresa absolutamente insensata, que sólo el espíritu de un loco podía concebir? ...

En la línea 2687
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Sí, lo sabía. Sabía también de su audacia, una audacia hasta la temeridad. Pero vencer esos obstáculos que se levantan ante el Polo Sur, más inaccesible aún que el Polo Norte todavía no alcanzado por los más audaces navegantes, ¿no era una empresa absolutamente insensata, que sólo el espíritu de un loco podía concebir? ...

En la línea 2710
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Así era. ¡Había llegado yo a superar al capitán Nemo en audacia! Era yo quien le arrastraba hacia el Polo. Me adelantaba a él y le distanciaba… Mas, ¡no, pobre loco! El capitán Nemo sabía mejor que tú los pros y los contras de la cuestión, y se divertía al verte arrebatado por los sueños de lo imposible. ...

En la línea 1333
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑El culpable debe de ser un profesional de gran experiencia. ¡Qué resolución, qué audacia! ...

En la línea 2198
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Sonia se sentó casi temblando y dirigió una tímida mirada a las dos mujeres. Se veía claramente que ni ella misma podía comprender de dónde había sacado la audacia necesaria para sentarse cerca de ellas. Y este pensamiento le produjo una emoción tan violenta, que se levantó repentinamente y, sumida en el mayor desconcierto, dijo a Raskolnikof, balbuceando: ...

En la línea 3869
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Entonces me convencí, Sonia ‑continuó el joven con ardor‑, de que sólo posee el poder aquel que se inclina para recogerlo. Está al alcance de todos y basta atreverse a tomarlo. Entonces tuve una idea que nadie, ¡nadie!, había tenido jamás. Vi con claridad meridiana que era extraño que nadie hasta entonces, viendo los mil absurdos de la vida, se hubiera atrevido a sacudir el edificio en sus cimientos para destruirlo todo, para enviarlo todo al diablo… Entonces yo me atreví y maté… Yo sólo quería llevar a cabo un acto de audacia, Sonia. No quería otra cosa: eso fue exclusivamente lo que me impulsó. ...

En la línea 4178
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Yo estoy seguro de que Mikolka siente una sed de expiación semejante. Mi convicción se funda en hechos positivos, pero él ignora que yo he descubierto las causas. ¿Qué? ¿No cree usted que en un pueblo como el nuestro puedan aparecer tipos extraordinarios? Pues se ven por todas partes. La influencia de la ermita ha vuelto a él con toda pujanza, sobre todo después del episodio del nudo corredizo en su cuello. Ya verá usted como acabará viniendo a confesármelo todo. ¿Lo cree usted capaz de sostener su papel hasta el fin? No, vendrá a abrirme su pecho, a retractarse de sus declaraciones… , y no tardará. Me ha interesado Mikolka y lo he estudiado a fondo. Reconozco, ¡je, je!, que en ciertos puntos ha conseguido dar un carácter de verosimilitud a sus declaraciones (sin duda las había preparado), pero otras están en contradicción absoluta con los hechos, sin que él tenga de ello la menor sospecha. No, mi querido Rodion Romanovitch, no es Mikolka el culpable. Estamos en presencia de un acto siniestro y fantástico. Este crimen lleva el sello de nuestro tiempo, de una época en que el corazón del hombre está trastornado; en que se afirma, citando autores, que la sangre purifica; en que sólo importa la obtención del bienestar material. Es el sueño de una mente ebria de quimeras y envenenada por una serie de teorías. El culpable ha desplegado en este golpe de ensayo una audacia extraordinaria, pero una audacia de tipo especial. Obró resueltamente, pero como quien se lanza desde lo alto de una torre o se deja caer rodando desde la cumbre de una montaña. Fue como si no se diera cuenta de lo que hacía. Se olvidó de cerrar la puerta al entrar, pero mató, mató a dos personas, obedeciendo a una teoría. Mató, pero no se apoderó del dinero, y lo que se llevó fue a esconderlo debajo de una piedra. No le bastó la angustia que había experimentado en el recibidor mientras oía los golpes que daban en la puerta, sino que, en su delirio, se dejó llevar de un deseo irresistible de volver a sentir el mismo terror, y fue a la casa para tirar del cordón de la campanilla… En fin, carguemos esto en la cuenta de la enfermedad. Pero hay otro detalle importante, y es que el asesino, a pesar de su crimen, se considera como una persona decente y desprecia a todo el mundo. Se cree algo así como un ángel infortunado. No, mi querido Rodion Romanovitch, Mikolka no es el culpable. ...

En la línea 1073
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Muy ventajoso hubiera sido, evidentemente, para el piloto, el conducir a los viajeros a Yokohama, puesto que le pagaban a tanto por día; pero arrostraría la grave imprudencia de intentar semejante travesía en rsas condiciones, y era ya bastante audacia, si no temeridad, el subir hasta Shangai. Tenía, sin embargo, John Bunsby confianza en su 'Tankadera', que se elevaba sobre el oleaje como una malva, y quizá no iba descaminado. ...


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