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La palabra asustada
Cómo se escribe

la palabra asustada

La palabra Asustada ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece asustada.

Estadisticas de la palabra asustada

Asustada es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 13687 según la RAE.

Asustada aparece de media 5.13 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la asustada en las obras de referencia de la RAE contandose 780 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Asustada

Cómo se escribe asustada o hasustada?
Cómo se escribe asustada o azuztada?

Más información sobre la palabra Asustada en internet

Asustada en la RAE.
Asustada en Word Reference.
Asustada en la wikipedia.
Sinonimos de Asustada.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece asustada

La palabra asustada puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1457
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Rafael recordaba el final de su última entrevista. Cansado de suplicar, de llorar agarrado a la reja, de arrodillarse como un chiquillo, la desesperación le había hecho prorrumpir en amenazas. ¡Que le perdonase Fermín! pero en aquel momento se sintió capaz del crimen. La muchacha, cansada de sus ruegos, asustada de sus maldiciones, acabó por cerrar de golpe la ventana. ¡Y hasta ahora! Dos veces había ido de día a Marchamalo con la excusa de ver al señor Fermín; pero María de la Luz escondíase, apenas adivinaba su caballo galopando por la carretera. ...

En la línea 2994
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Por vez primera, la señora Bonacieux vio que había ido demasiado lejos, y quedó asustada por haber avanzado tanto. ...

En la línea 6420
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Y por qué me ponéis las manos encima?-He pensado que la señora se mareaba y he querido ayudarla -respondió la sirvienta, completamente asustada por la expresión terrible que había tomado el rostro de su ama. ...

En la línea 8568
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Milady comprendió que lord de Winter mentía y quedó más asustada aún. ...

En la línea 1213
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Quiso ver la codorniz; pero la salvaje africana se daba de cabezadas, asustada, contra el techo de lienzo de su jaula chata y la dejó tranquilizarse. ...

En la línea 3848
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Una nevatilla (en Vetusta lavandera) picoteaba el suelo y brincaba a los pies de Ana, sin miedo, fiada en la agilidad de sus alas; daba vueltas, barría el polvo con la cola, se acercaba al agua, bebía, de un salto llegaba al seto, se escondía un momento entre las ramas bajas de la zarzamora, por pura curiosidad, volvía a aparecer, siempre alegre, pizpireta; quedó inmóvil un instante como si deliberase; y de repente, como asustada, por aprensión, sin el menor motivo, tendió el vuelo recto y rápido al principio, ondulante y pausado después y se perdió en la atmósfera que el sol oblicuo teñía de púrpura. ...

En la línea 4283
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡No faltaba más! —exclamó la Regenta asustada —. ...

En la línea 4464
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Es él! pensó la Regenta que conoció a don Álvaro, aunque la aparición fue momentánea; y retrocedió asustada. ...

En la línea 1624
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Una noche que hacía mucho frío, entró el Delfín en su casa no muy tarde, en un estado lamentable. Se sentía mal, sin poder precisar lo que era. Dejose caer en un sillón y se inclinó de un lado con muestras de intensísimo dolor. Acudió a él su amante esposa, muy asustada de verle así y de oír los ayes lastimeros que de sus labios se escapaban, junto con una expresión fea que se perdona fácilmente a los hombres que padecen. «¿Qué tienes, nenito?». El Delfín se oprimía con la mano el costado izquierdo. Al pronto creyó Jacinta que a su marido le habían pegado una puñalada. Dio un grito… miró; no tenía sangre… ...

En la línea 2110
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Parece que está usted como asustada—dijo Nicolás con fría sonrisa clerical—. No me tenga usted miedo. No me como a la gente. ¿Se figura usted a lo que vengo?». ...

En la línea 3282
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Esta no—repitió Jacinta, asustada de ver a su enemiga tan distinta de como ella se la figuraba. ...

En la línea 3572
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Vivía en la calle de Tabernillas (Puerta de Moros), que para los madrileños del centro es donde Cristo dio las tres voces y no le oyeron. Es aquel barrio tan apartado, que parece un pueblo. Comunícase, de una parte con San Andrés, y de otra con el Rosario y la V.O.T. El vecindario es en su mayoría pacífico y modestamente acomodado; asentadores, placeros, trajineros. Empleados no se encuentran allí, por estar aquel caserío lejos de toda oficina. Es el arrabal alegre y bien asoleado, y corriéndose al Portillo de Gilimón, se ve la vega del Manzanares, y la Sierra, San Isidro y la Casa de Campo. Hacia los taludes del Rosario la vecindad no es muy distinguida, ni las vistas muy buenas, por caer contra aquella parte las prisiones militares y encontrarse a cada paso mujeres sueltas y soldados que se quieren soltar. Al fin de la calle del Águila también desmerece mucho el vecindario, pues en la explanada de Gilimón, inundada de sol a todas las horas del día, suelen verse cuadros dignos del Potro de Córdoba y del Albaicín de Granada. Por la calle de la Solana, donde habita tanta pobretería, iba Fortunata a misa a la Paloma, y se pasmaba de no encontrar nunca en su camino ninguna cara conocida. Ciertamente, cuando un habitante del centro o del Norte de la Villa visita aquellos barrios, ni las casas ni los rostros le resultan Madrid. En un mes no pasó Fortunata más acá de Puerta de Moros, y una vez que lo hizo, detúvose en Puerta Cerrada. Al sentir el mugido de la respiración de la capital en sus senos centrales, volviose asustada a su pacífica y silenciosa calle de Tabernillas. ...

En la línea 1260
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... La noche de ese mismo día, dicha portera estaba sentada en su cuarto, asustada aún, reflexionando tristemente. La fábrica había permanecido cerrada el día entero; la puerta cochera estaba con el cerrojo echado. No había en la casa más que las dos religiosas, sor Simplicia y sor Perpetua, que velaban a Fantina. ...

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