La palabra Aplausos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece aplausos.
Estadisticas de la palabra aplausos
Aplausos es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 5751 según la RAE.
Aplausos aparece de media 15.5 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la aplausos en las obras de referencia de la RAE contandose 2356 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Aplausos
Cómo se escribe aplausos o haplausos?
Cómo se escribe aplausos o aplauzoz?

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece aplausos
La palabra aplausos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 7949
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Un instante después la bandera blanca flotaba por encima de los cuatro amigos; un trueno de aplausos saludó su aparición; la mitad del campamento estaba en las barreras. ...
En la línea 10208
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... (Frenéticos aplausos. ...
En la línea 1387
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... En las fiestas populares de los países conquistados por él, la muchedumbre veía al poderoso duque Valentino hablando familiarmente con labriegos y pastores. De pronto se quitaba el jubón de seda y la camisa de blondas, quedando con el torso al aire e invitaba a hacer lo mismo a los señores que le acompañaban, entregándose a la lucha cuerpo a cuerpo con los más humildes de sus súbditos, siempre que éstos tuviesen una poderosa musculatura, venciéndolos o siendo vencido por ellos, y estrechando finalmente la mano de su adversario entre aplausos y aclamaciones. ...
En la línea 966
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Una salva de aplausos saludó la descarada adulación al jefe universitario y la interesada modestia del gran poeta. ...
En la línea 1003
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El día anterior había regresado muy tarde a la ciudad, después de verse festejado y admirado durante varias horas por más de cien mil mujeres. Su discurso en las gradas del templo de los rayos negros lo había escuchado esta enorme multitud, interrumpiéndolo con aplausos. Su éxito resultó tan ruidoso como el del joven poeta rival de Golbasto. Nunca había llegado a soñar con una gloria semejante, ni aun en los tiempos de la adolescencia, cuando, recién entrado en la vida estudiosa, su entusiasmo le hacía aceptar la posibilidad de las más inauditas elevaciones. ...
En la línea 1212
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Esta contestación enérgica fue acogida con grandes aplausos, y después de ella cesó toda resistencia. Gillespie se libro de la muerte, pero fue condenado a trabajo perpetuo. ...
En la línea 1011
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Una vez más, el rey Fu-Fu I anduvo con los vagabundos y los forajidos como blanco de sus groseras burlas y de sus torpes ultrajes, y a veces víctima del despecho de Canty y de Hugo, cuando el jefe volvía la espalda. No le detestaban más que Hugo y Canty. Algunos de los demás le querían, y todos admiraban su valor y su ánimo. Durante dos o tres días, Hugo, a cuyo cargo y custodia se hallaba el rey, hizo tortuosamente cuanto pudo para molestar al niño, y de noche, durante las orgías acostumbradas, divirtió a los reunidos haciéndole pequeñas perrerías, siempre como por casualidad. Dos veces pisó los pies del rey, como sin querer, y el rey, según convenía a su realeza, despectivamente, fingió no darse cuenta de ello; pero a la tercera vez que Hugo se permitió la misma broma, Eduardo lo derribó al suelo de un garrotazo, con inmenso júbilo de la tribu. Hugo, lleno de ira y de vergüenza, dio un salto, tomó a su vez un garrote y se lanzó con furia contra su pequeño adversario. Al momento se formó un ruedo en torno de los gladiadores y comenzaron las apuestas y los vítores. Pero el pobre Hugo estaba de mala suerte. Su torpe e inadecuada esgrima no podía servirle de nada frente a un brazo que había sido educado por los primeros maestros de Europa con las paradas, ataques y toda clase de estocadas y cintarazos. El reyecito, alerta pero con graciosa soltura, desviaba y paraba la espesa lluvia de golpes con tal facilidad y precisión que tenía admirados a los espectadores; y de cuando en cuando, no bien sus expertos ojos descubrían la ocasión, caía un golpe como un relámpago en la cabeza de Hugo, con lo cual la tormenta de aplausos y risas que despertaba era cosa de maravilla. Al cabo de quince minutos, Hugo, apaleado, contuso y blanco de un implacable bombardeo de burlas, abandonó el campo, y el ileso héroe de la lucha fue acogido y subido en hombros de la alegre chusma hasta el lugar de honor, al lado del jefe, donde con gran ceremonia fue coronado Rey de los Gallos de Pelea, declarándose al mismo tiempo solemnemente cancelado y abolido su anterior título de menos monta, y dictándose un decreto de destierro de la cuadrilla contra todo el que en adelante lo insultase. ...
En la línea 1343
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Este primoroso y llamativo espectáculo entusiasmó tanto al regocijado pueblo, que las aclamaciones ahogaron por completo la vocecita del niño cuya misión era explicar la cosa en runas laudatorias. Pero Tom Canty no lo lamentó, porque aquel leal alboroto era para él música más dulce que cualquier poesía, no importa de qué calidad fuera. Cundo quiera que Tom volvía su joven y feliz semblante, el pueblo reconocía la exactitud del parecido de su efigie con él mismo, la contraparte de carne y hueso, y estallaban nuevos torbellinos de aplausos. ...
En la línea 1353
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Pronto la alegría en los rastros del populacho cambió un poco, y mostraban algo parecido al afán o a la ansiedad; se observó también un descenso en la intensidad de los aplausos. El Lord Protector de inmediato reparó en estas cosas, tanto como para descubrir la causa. Apretó el paso hacia el rey, se inclinó en la silla, con la cabeza descubierta, y dijo: ...
En la línea 1439
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Entretanto el suntuoso manto de gala había pasado de los hombros de Tom a los del rey, cuyos andrajos quedaron de hecho ocultos a la vista debajo de él. Luego se reanudó el ceremonial de la coronación; el verdadero rey fue ungido y la corona colocada sobre su cabeza, mientras los cañonazos retumbaban la noticia a la ciudad, y todo Londres parecía bambolearse por los aplausos. ...
En la línea 1964
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... A los cincuenta y cinco se oyó fuera un estrépito atronador, aplausos, vítores, y hasta imprecaciones que prolongaron en redoble continuo. ...

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Más información sobre la palabra Aplausos en internet
Aplausos en la RAE.
Aplausos en Word Reference.
Aplausos en la wikipedia.
Sinonimos de Aplausos.
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