La palabra Abre ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece abre.
Estadisticas de la palabra abre
Abre es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 1762 según la RAE.
Abre tienen una frecuencia media de 54.26 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la abre en 150 obras del castellano contandose 8247 apariciones en total.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Abre
Cómo se escribe abre o habre?
Cómo se escribe abre o abrre?
Cómo se escribe abre o avre?
Más información sobre la palabra Abre en internet
Abre en la RAE.
Abre en Word Reference.
Abre en la wikipedia.
Sinonimos de Abre.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece abre
La palabra abre puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 9325
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El mismo ruido de una puerta que se abre y se cierra se reprodujo un instante después, el globo resplandeciente descendió de nuevo y volví a encontrarme sola. ...
En la línea 6787
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... «Acaso—añadió—pueda usted darme un consejo provechoso, porque es usted una persona de experiencia, versada en los usos de muchas naciones; y cuando le veo a usted el rostro, parece que el cielo se abre para mí, porque creo ver el rostro de un amigo, el de un hermano.» Entonces se despidió de mí, y se fué; aquel hombre raro, tan bien barbado, que durante nuestra conversación aguardó pacientemente en la puerta, le siguió. ...
En la línea 6800
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El camino no sigue la misma dirección que el de las excavaciones; éstas miran a España, mientras la cueva se abre de cara al Africa. ...
En la línea 7112
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Allí se abre una especie de calleja que desciende hasta la orilla del mar; es muy pendiente y escarpada, y parece una rambla o barranco. ...
En la línea 7195
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿No vengo todas las mañanas, a las tres en punto, y llamo a la puerta, y usted se levanta y me abre, y amaso luego el pan a su presencia, mientras usted sigue acostada, y no tiene fama el pan de usted de ser el mejor de Tánger porque lo amaso yo? ¿No soy el hombre más forzudo de Tánger y también el más noble? Al decir esto, blandió la cuba sobre su cabeza y su rostro tomó una expresión casi demoníaca. ...
En la línea 1255
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Dígolo porque si anoche nos cerró la ventura la puerta de la que buscábamos, engañándonos con los batanes, ahora nos abre de par en par otra, para otra mejor y más cierta aventura; que si yo no acertare a entrar por ella, mía será la culpa, sin que la pueda dar a la poca noticia de batanes ni a la escuridad de la noche. ...
En la línea 467
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Lanza un grito bastante débil, parecido al ruido que se produce golpeando uno contra otros dos guijarros. Otra, un lorito pequeño (Conurus murinus), verde, de pecho gris, parece preferir a cualquiera otro objeto, para construir el nido, los grandes árboles que hay en las islas. Estos nidos están puestos unos junto a otros, en tan gran número, que sólo se ven una multitud de palitos. Esos loros viven siempre en bandadas y producen grandes estragos en los campos de trigo. Me han dicho que cerca de Colonia fueron muertos 2.500 en el transcurso de un año. Otra es un ave de cola en forma de horquilla terminada por dos largas plumas (Tyranus savana), que los españoles llaman Colade- tijeras, es muy común cerca de Buenos Aires. Suele posarse en una rama de ombú, junto a una casa; desde allí sale para perseguir a los insectos y luego vuelve a encaramarse en el mismo sitio. Su modo de volar y su aspecto general hacen que se asemeje, en absoluto, a la golondrina ordinaria; tiene la facultad de dar unos revuelos muy cerrados en el aire, y al hacerlo así, abre y cierra la cola algunas veces en un plano horizontal u oblicuo, otras en un plano vertical, como se abre y se cierra un par de tijeras. ...
En la línea 467
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Lanza un grito bastante débil, parecido al ruido que se produce golpeando uno contra otros dos guijarros. Otra, un lorito pequeño (Conurus murinus), verde, de pecho gris, parece preferir a cualquiera otro objeto, para construir el nido, los grandes árboles que hay en las islas. Estos nidos están puestos unos junto a otros, en tan gran número, que sólo se ven una multitud de palitos. Esos loros viven siempre en bandadas y producen grandes estragos en los campos de trigo. Me han dicho que cerca de Colonia fueron muertos 2.500 en el transcurso de un año. Otra es un ave de cola en forma de horquilla terminada por dos largas plumas (Tyranus savana), que los españoles llaman Colade- tijeras, es muy común cerca de Buenos Aires. Suele posarse en una rama de ombú, junto a una casa; desde allí sale para perseguir a los insectos y luego vuelve a encaramarse en el mismo sitio. Su modo de volar y su aspecto general hacen que se asemeje, en absoluto, a la golondrina ordinaria; tiene la facultad de dar unos revuelos muy cerrados en el aire, y al hacerlo así, abre y cierra la cola algunas veces en un plano horizontal u oblicuo, otras en un plano vertical, como se abre y se cierra un par de tijeras. ...
En la línea 751
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El bosque empieza en el punto en que se detienen las mareas altas. Después de dos horas de esfuerzos empiezo a desesperar de llegar a la cima. De tal manera espeso es el monte, que tenemos que consultar la brújula a cada paso, pues, aun cuando nos encontramos en un lugar montañoso, apenas podemos percibir ningún objeto. En los barrancos profundos, mortales escenas de desolación inenarrables; fuera de los barrancos soplan vientos tempestuosos; en el fondo, ni un soplo de aire que haga temblar las hojas, por muy altos que sean los árboles. En todas partes el suelo frío, tan sombrío y tan húmedo, que ni musgos, ni helechos, ni hongos pueden crecer. En los valles, apenas podíamos avanzar, ni aun arrastrándonos, por lo que obstruían el paso por todas partes los muchos troncos inmensos de árboles podridos, diseminados en todas direcciones. Al atravesar estos puentes naturales, nos encontramos de improviso detenidos, porque nos hundimos hasta las rodillas en la madera podrida. Otras veces nos apoyábamos en lo que nos parecía un árbol magnífico, y veíamos sorprendidos que no era más, que una masa de putrílago dispuesta a caer al primer contacto. Por fin llegamos a la región de los árboles achaparrados, y pronto ganamos la parte desnuda de la montaña y subimos a la cumbre. Desde este punto se extiende a nuestra vista un paisaje con todos los caracteres de la Tierra del Fuego: cadenas de colinas irregulares, aquí y allí masas de nieve, profundos valles verde-amarillentos y brazos de mar que cortan las tierras en todas las direcciones. El viento es fortísimo y horriblemente frío y la atmósfera brumosa; por lo cual permanecemos poco tiempo en aquella altura. La bajada es menos laboriosa que la subida, porque el peso mismo del cuerpo abre paso, y los resbalones y caídas que damos nos llevan, al menos, en la dirección conveniente. ...
En la línea 844
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... tá edificada la ciudad al pie de una colina bastante escarpada y de unos 1.600 pies (480 metros) de elevación; por consecuencia de esta altura no es Valparaíso más que una calle larga paralela a la costa; pero por cada cortadura que se abre en los costados de la colina trepan las casas a uno y otro lado ...
En la línea 624
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Aquí te tengo reservada esta pechuga de calandria. Toma, abre la boquita, nena». ...
En la línea 2708
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... A un tiempo notaron Fortunata y doña Lupe que Maximiliano no se sentía bien. El pobrecito quería engañarse a sí mismo, haciéndose el valiente; mas al fin se entregó. «Tú tienes jaqueca» le dijo su tía. «Sí que la tengo—replicó él con desaliento, llevándose la mano a los ojos—; pero quería olvidarla a ver si no haciéndole caso, se pasaba. Pero es inútil; no me escapo ya. Parece que se me abre la cabeza. Ya se ve, la agitación de ayer, la mala noche, porque a las tres de la mañana desperté creyendo que era la hora, y no volví a dormir». ...
En la línea 2753
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata no hizo movimiento alguno. Se había convertido en estatua. Creía estar sola, y vio que Patria se acercaba pasito a pasito, pisando como los gatos. No con el lenguaje, sino con aquella cara gatesca y aquella boca que parecía que se estaba siempre relamiendo, decía: «Señorita, abra usted y no haga más papeles. Si al fin ha de abrir mañana, ¿por qué no abre esta noche?». ...
En la línea 4549
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «No, no, no… Si creen que me la dan, se equivocan. Lo más horrible es que mi tía es encubridora… Pues qué, ¿entraría nadie en la casa si ella no lo consintiera? Y Papitos también es encubridora. Buenas propinas se calzará. Pero ya te arreglaré yo, celestina menuda. Que no me vengan con tonterías. Ayer noté yo bien marcadas en el felpudo de la entrada las suelas de unas botas de persona fina. Dicen que el aguador… ¡Qué aguador ni que niño muerto!… Y anteayer había en esa misma alcoba la impresión, sí, la impresión de una persona que aquí estuvo. No lo puedo explicar; era como huellas dejadas en el aire, como un olor, como el molde de un cuerpo en el ambiente. No me equivoco; aquí entró alguien. Lucido, lucido papel estoy haciendo. ¡Dios mío! ¿De qué le vale a uno el poner su honor por encima de todas las cosas? Viene un cualquiera y lo pisotea, y lo llena de inmundicia. Y no le basta a uno vigilar, vigilar, vigilar. Yo no duermo nada, y sin embargo… Pero es preciso vigilar más todavía y no perder de vista ni un momento a mi mujer, a mi tía, a Papitos… Esta condenada Papitos es la que abre la puerta, y yo la voy a reventar». ...
En la línea 3204
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Pero, Ned, ¿qué podemos hacer, puesto que la huida es impracticable en estos momentos? -Vuelvo a mi idea. Hay que hablar con el capitán. Usted no le dijo nada cuando estuvimos en los mares de su país. Yo quiero hablar, ahora que estamos en los mares del mío. ¡Cuando pienso que, dentro de unos días, el Nautilus va a encontrarse a la altura de la Nueva Escocia, y que allí, hacia Terranova, se abre una ancha bahía, que en esa bahía desemboca el San Lorenzo, mi río, el río de Quebec, mi ciudad natal! ¡Cuando pienso en eso me enfurezco y se me ponen los pelos de punta! Mire, señor, creo que voy a terminar tirándome al mar. No me quedaré aquí. No aguanto más. Me asfixio aquí. ...
En la línea 3265
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... La profundidad no es considerable en el banco de Terranova, algunos centenares de brazas a lo sumo. Pero hacia el Sur se abre súbitamente una profunda depresión, una sima de tres mil metros. Ahí es donde se ensancha el Gulf Stream desparramando sus aguas para convertirse en un mar, al precio de la pérdida de velocidad y de temperatura. ...
En la línea 3560
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Mírela. Se da cuenta de que estamos hablando de ella, pero no puede oír lo que decimos: por eso abre tanto los ojos. ¡La muy lechuza! ¡Ja, ja, ja! ‑Un golpe de tos y continuó‑: ¿Qué perseguirá con la exhibición de ese gorro? ‑Tosió de nuevo‑. ¿Ha observado usted que pretende hacer creer a todo el mundo que me protege y me hace un honor asistiendo a esta comida? Yo le rogué que invitara a personas respetables, tan respetables como lo soy yo misma, y que diera preferencia a los que conocían al difunto. Y ya ve usted a quién ha invitado: a una serie de patanes y puercos. Mire ese de la cara sucia. Es una porquería viviente… Y a esos polacos nadie los ha visto nunca aquí. Yo no tengo la menor idea de quiénes son ni de dónde han salido… ¿Para qué demonio habrán venido? Mire qué quietecitos están… ¡Eh, pane! ‑gritó de pronto a uno de ellos‑. ¿Ha comido usted crêpes? ¡Coma más! ¡Y beba cerveza! ¿Quiere vodka… ? Fíjese: se levanta y saluda. Mire, mire… Deben de estar hambrientos los pobres diablos. ¡Que coman! Por lo menos, no arman bulla… Pero temo por los cubiertos de la patrona, que son de plata… Oiga, Amalia Ivanovna -dijo en voz bastante alta, dirigiéndose a la señora Lipevechsel‑, sepa usted que si se diera el caso de que desaparecieran sus cubiertos, yo me lavaría las manos. Se lo advierto. ...
En la línea 3590
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Ha oído usted a esa vieja lechuza? ‑siguió diciendo en voz baja Catalina Ivanovna a Raskolnikof‑. Ha querido decir que su padre se paseaba con las manos en los bolsillos, y todo el mundo habrá creído que se estaba registrando los bolsillos a todas horas. ¡Ji, ji! ¿Ha observado usted, Rodion Romanovitch, que, por regla general, los extranjeros establecidos en Petersburgo, especialmente los alemanes, que llegan de Dios sabe dónde, son bastante menos inteligentes que nosotros? Dígame usted si no es una necedad contar una historia como esa del farmacéutico cuyo corazón estaba traspasado de espanto. El muy mentecato, en vez de echarse sobre el cochero y atarlo, enlaza las manos y llora y suplica… ¡Ah, qué mujer tan estúpida! Cree que esta historia es conmovedora y no se da cuenta de su necedad. A mi juicio, ese alcohólico que fue empleado de intendencia es más inteligente que ella. Cuando menos, se ve en seguida que está dominado por la bebida y que hasta el último destello de su lucidez ha naufragado en alcohol… En cambio, todos esos que están tan serios y callados… Pero fíjese cómo abre los ojos esa mujer. Está enojada… ¡Ja, ja, ja! Está que trina… ...
En la línea 4460
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Dónde está la llave? ¡Abre la puerta, abre inmediatamente! ¡Miserable, canalla! ...
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