La palabra Abismos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece abismos.
Estadisticas de la palabra abismos
Abismos es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 23214 según la RAE.
Abismos aparece de media 2.45 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la abismos en las obras de referencia de la RAE contandose 373 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Abismos
Cómo se escribe abismos o habismos?
Cómo se escribe abismos o abizmoz?
Cómo se escribe abismos o avismos?
Más información sobre la palabra Abismos en internet
Abismos en la RAE.
Abismos en Word Reference.
Abismos en la wikipedia.
Sinonimos de Abismos.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece abismos
La palabra abismos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 9145
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Por fugitiva que hubi era sido aquella luz homicida, Felton la vio y se estremeció como si aquella luz hubiera iluminado los abismos del corazón de aquella mujer. ...
En la línea 6817
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No se ha alcanzado término alguno, ni se ha descubierto nada que compense el trabajo y los pavorosos peligros corridos; los precipicios suceden a los precipicios, y los abismos a los abismos en sucesión aparentemente inacabable, con unos salientes de vez en cuando que permiten a los intrépidos exploradores reposar y fijar las escalas de cuerda para descender más hondo. ...
En la línea 6817
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No se ha alcanzado término alguno, ni se ha descubierto nada que compense el trabajo y los pavorosos peligros corridos; los precipicios suceden a los precipicios, y los abismos a los abismos en sucesión aparentemente inacabable, con unos salientes de vez en cuando que permiten a los intrépidos exploradores reposar y fijar las escalas de cuerda para descender más hondo. ...
En la línea 6818
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero lo que más confunde y desazona es observar que esos abismos no se abren sólo delante del observador, sino detrás y a cada lado; pegada a la entrada de la caverna, a la derecha, hay una sima casi tan tenebrosa y amenazadora como la del extremo inferior, y quizás contiene también otras tantas simas y hórridas cavernas, ramificándose en todas direcciones. ...
En la línea 6819
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... De lo que he oído he sacado la opinión de que el interior de la montaña de Gibraltar es como un panal, y apenas me cabe duda de que si la tajaran aparecería llena de abismos tan infernales como las galerías de la cueva de San Miguel. ...
En la línea 5429
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -El que yo he tenido en veros, valeroso príncipe -respondió don Quijote-, es imposible ser malo, aunque mi caída no parara hasta el profundo de los abismos, pues de allí me levantara y me sacara la gloria de haberos visto. ...
En la línea 5917
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... A lo que el duque dijo: -Sancho amigo, la ínsula que yo os he prometido no es movible ni fugitiva: raíces tiene tan hondas, echadas en los abismos de la tierra, que no la arrancarán ni mudarán de donde está a tres tirones; y, pues vos sabéis que sé yo que no hay ninguno género de oficio destos de mayor cantía que no se granjee con alguna suerte de cohecho, cuál más, cuál menos, el que yo quiero llevar por este gobierno es que vais con vuestro señor don Quijote a dar cima y cabo a esta memorable aventura; que ahora volváis sobre Clavileño con la brevedad que su ligereza promete, ora la contraria fortuna os traiga y vuelva a pie, hecho romero, de mesón en mesón y de venta en venta, siempre que volviéredes hallaréis vuestra ínsula donde la dejáis, y a vuestros insulanos con el mesmo deseo de recebiros por su gobernador que siempre han tenido, y mi voluntad será la mesma; y no pongáis duda en esta verdad, señor Sancho, que sería hacer notorio agravio al deseo que de serviros tengo. ...
En la línea 6721
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras que no hay más que ver El haberse detenido Sancho con Ricote no le dio lugar a que aquel día llegase al castillo del duque, puesto que llegó media legua dél, donde le tomó la noche, algo escura y cerrada; pero, como era verano, no le dio mucha pesadumbre; y así, se apartó del camino con intención de esperar la mañana; y quiso su corta y desventurada suerte que, buscando lugar donde mejor acomodarse, cayeron él y el rucio en una honda y escurísima sima que entre unos edificios muy antiguos estaba, y al tiempo del caer, se encomendó a Dios de todo corazón, pensando que no había de parar hasta el profundo de los abismos. ...
En la línea 7135
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Así lo juro -respondió don Quijote-, y aun le echaré una losa encima, para más seguridad; porque quiero que sepa vuestra merced, señor don Antonio -que ya sabía su nombre-, que está hablando con quien, aunque tiene oídos para oír, no tiene lengua para hablar; así que, con seguridad puede vuestra merced trasladar lo que tiene en su pecho en el mío y hacer cuenta que lo ha arrojado en los abismos del silencio. ...
En la línea 5496
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En cierta ocasión, cuando hacía su visita a las parroquias de los vericuetos, en el riñón de la montaña, jinete en un borrico, bordeando abismos, entre la nieve, se le presentó una madre desesperada con su hijo en los brazos. ...
En la línea 6076
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —gritó la Marquesa incorporándose un poco y alargando una mano, que desde lejos, y gracias a su buena estatura, pudo estrechar el Magistral con gallardía, haciendo un arco sobre el cuerpo gentil, color cereza, de Obdulia, que desde allá abajo parecía querer tragar al buen mozo en los abismos de los grandes ojos negros. ...
En la línea 7911
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Sí, esto lo confesó Ana, ella no amaba a su don Víctor como una mujer debe amar al hombre que escogió, o le escogieron, por compañero; otra cosa había: ella sentía, más y más cada vez, gritos formidables de la naturaleza, que la arrastraban a no sabía qué abismos obscuros, donde no quería caer; sentía tristezas profundas, caprichosas; ternura sin objeto conocido; ansiedades inefables; sequedades del ánimo repentinas, agrias y espinosas, y todo ello la volvía loca, tenía miedo no sabía a qué, y buscaba el amparo de la religión para luchar con los peligros de aquel estado. ...
En la línea 8630
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Eso es malo, eso es despreciar los caminos naturales de la piedad, es despreciar con orgullo egoísta la sana moral, pretendiendo, por abismos y cieno y toda clase de podredumbre, llegar a donde los justos llegan por muy diferentes pasos. ...
En la línea 5276
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... De todo esto se deducía que aquella pícara había traído una maldición a la casa; ella tenía la culpa de la demencia de Maxi. Bien lo vaticinó doña Lupe: mucha mujer para tan poco hombre. Naturalmente, el pobre chico tenía que morirse o perder la cabeza. Lo que había que desear ya era que la prójima se perdiese completamente de vista; que entre la familia y ella mediasen abismos infranqueables; que pudiera decir doña Lupe a los amigos: «esa mujer se ha muerto para mí». La sombra de Jáuregui parecía venir en ayuda de las determinaciones de su ilustre viuda, porque a esta le faltaba poco para ver a su marido salirse de aquel cuadro en que retratado estaba, tomar vida y voz para decirle: «Si no arrojas de tu casa a esa pájara, me voy yo, me borro de este lienzo en que estoy, y no me vuelves a ver más. O ella o yo». Y cuando la pájara repitió que se marchaba, doña Lupe no pudo menos de decirle con acritud: «¿Pero qué haces que no has echado ya a correr?… Francamente, me pasma que tengas pachorra para estar aquí todavía. Otra de más frescura no habrá». Llevándola a su gabinete le habló de la entrega de las cantidades que en su poder tenía. Fortunata dijo con mucha calma y frialdad que no se llevaba el dinero y que sólo tomaría los réditos. «¿Cómo voy a colocarlo yo? Téngalo usted; yo guardo el recibo y vendré todos los trimestres a recoger el premio». ...
En la línea 959
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Y el huracán seguía aumentando en intensidad. Se alzaban montañas de agua que, con rugidos espantosos, abrían profundos abismos que parecían tener por fondo las arenas del interior del océano. El viento bramaba agolpando las nubes, dentro de las cuales retumbaba el trueno incesantemente. ...
En la línea 972
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Que el diablo se lo lleve y lo hunda en los abismos! ...
En la línea 2326
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Como dijo Sandokán, la suspensión de la vida duraba justo seis horas, porque apenas cayeron en los abismos del mar los dos piratas volvieron en sí, sin experimentar la menor alteración de sus fuerzas. Con un vigoroso golpe de talones, subieron a la superficie y miraron anhelantes a su alrededor. ...
En la línea 43
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... »Las grandes profundidades del océano nos son totalmente desconocidas. La sonda no ha podido alcanzarlas. ¿Qué hay en esos lejanos abismos? ¿Qué seres los habitan? ¿Qué seres pueden vivir a doce o quince millas por debajo de la superficie de las aguas? ¿Cómo son los organismos de esos animales? Apenas puede conjeturarse. ...
En la línea 525
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... La ira del canadiense fue creciendo durante las dos horas siguientes. Ned Land llamaba y gritaba, pero en vano. Sordas eran las paredes de acero. Yo no oía el menor ruido en el interior del barco, que parecía muerto. No se movía, pues de hacerlo hubiera sentido los estremecimientos del casco bajo la impulsión de la hélice. Sumergido sin duda en los abismos de las aguas, no pertenecía ya a la tierra. El silencio era espantoso. No me atrevía a estimar la duración de nuestro abandono, de nuestro aislamiento en el fondo de aquella celda. Las esperanzas que me había hecho concebir nuestra entrevista con el comandante iban disipándose poco a poco. La dulzura de la mirada de aquel hombre, la expresión generosa de su fisonomía, la nobleza de su porte, iban desapareciendo de mi memoria. Volvía a ver al enigmático personaje, sí, pero tal como debía ser, necesariamente implacable y cruel. Me lo imaginaba fuera de la humanidad, inaccesible a todo sentimiento de piedad, un implacable enemigo de sus semejantes, a los que debía profesar un odio imperecedero. ...
En la línea 572
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -No, señor, esto se llama clemencia. Son ustedes prisioneros míos después de un combate. Les guardo conmigo, cuando podría, con una sola orden, arrojarles a los abismos del océano. Ustedes me han atacado. Han venido a sorprender un secreto que ningún hombre en el mundo debe conocer, el secreto de toda mi existencia. ¿Y creen ustedes que voy a reenviarles a ese mundo que debe ignorarme? ¡jamás! Al retenerles aquí no es a ustedes a quienes guardo, es a mí mismo. ...
En la línea 824
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Si se admite la hipótesis de Erhemberg, que cree en una iluminación fosforescente de los fondos submarinos, la naturaleza ha reservado ciertamente a los habitantes del mar uno de sus más prodigiosos espectáculos, del que yo podía juzgar por los mil juegos de aquella luz. A cada lado tenía una ventana abierta sobre aquellos abismos inexplorados. La oscuridad del salón realzaba la claridad exterior, y nosotros mirábamos como si el puro cristal hubiera sido el de un inmenso acuario. ...
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