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La palabra trrece
Cómo se escribe

Comó se escribe trrece o trece?

Cual es errónea Trece o Trrece?

La palabra correcta es Trece. Sin Embargo Trrece se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra trrece es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra trece

Más información sobre la palabra Trece en internet

Trece en la RAE.
Trece en Word Reference.
Trece en la wikipedia.
Sinonimos de Trece.

Reglas relacionadas con los errores de r

Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece trece

La palabra trece puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 62
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El mismo día el joven se puso en camino, provisto de los tres pre sentes paternos y que estaban compuestos, como hemos dicho, por trece escudos, el caballo y la carta para el señor de Tréville; como es lógico, los consejos le habían sido dados por añadidura. ...

En la línea 996
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Como el debate entre estos dos señores habría podido durar largo tiempo, porque cada uno debía, naturalmente, mantenerse en sus trece, al señor de Tréville se le ocurrió un expediente que tenía por meta acabar con todo, y era ir a buscar él mismo alseñor de La Trémouille. ...

En la línea 5192
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... En trece tiradas perdí todo. ...

En la línea 5193
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡En trece tira das! El número trece me ha sido siempre fatal, era el trece del mes de julio cuando. ...

En la línea 1365
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Lo menos recorrimos trece leguas antes de llegar a la _venta_, donde dormimos. ...

En la línea 1762
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... MENDIZÁBAL.—Esperaba la respuesta, porque he vivido trece años en Inglaterra y conozco algo la fraseología de sus buenos correligionarios. ...

En la línea 2400
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Desde los trece años hasta que se suprimió el Santo Oficio en estos desventurados reinos. ...

En la línea 2918
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Sin aguardar respuesta corrió a la cuadra, y a poco salió trayendo por el ramal una jaca ruana, de unos trece palmos de alzada, llena de mataduras y señales de las cuerdas y ataderos. ...

En la línea 7343
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Esta respuesta tuvo perplejo al visorrey en si les dejaría o no pasar adelante en la batalla; pero, no pudiéndose persuadir a que fuese sino burla, se apartó diciendo: -Señores caballeros, si aquí no hay otro remedio sino confesar o morir, y el señor don Quijote está en sus trece y vuestra merced el de la Blanca Luna en sus catorce, a la mano de Dios, y dense. ...

En la línea 7548
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Déjenme; si no, por Dios que lo arroje y lo eche todo a trece, aunque no se venda. ...

En la línea 378
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 16 de septiembre.- Llegamos a la séptima posta, situada al pie de la sierra Tapalguen. Hemos atravesado un país absolutamente llano; el suelo, blando y turboso, está cubierto de ásperas hierbas. La choza está muy limpia y es muy habitable; los postes y las vigas consisten en una docena de tallos de cardo silvestre, atados con tiras de cuero; esos pies derechos, que parecen columnas jónicas, sostienen la techumbre y los costados, cubiertos de cañas a manera de bálago. Aquí me refieren un hecho que no hubiera podido creer si no hubiese sido en parte testigo presencial de él. Durante la noche anterior, un granizo tan gordo como manzanitas y en extremo duro, había caído con tal violencia, que causó la muerte a un gran número de animales salvajes. Uno de los soldados encontró trece cadáveres de ciervos (Cervus campestris), y me enseñaron la piel aún fresca de éstos; minutos después de mi llegada, otro soldado trajo siete más. ...

En la línea 543
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Dos veces he tenido ocasión de observar fosforescencias procedentes de grandes profundidades bajo la superficie del mar. Cerca de la desembocadura del Plata he visto algunas manchas circulares y ovales de dos a cuatro metros de diámetro con bordes definidos y que emitían una luz pálida pero continua, mientras que el agua circundante no daba sino algunos destellos. El aspecto general de estas manchas recordaba mucho la reflexión de la luna o de otro cuerpo luminoso, porque las ondulaciones de la superficie hacían los bordes sinuosos. El buque, que calaba trece pies, pasó por encima de estos puntos brillantes sin alterarlos en lo más mínimo. Debemos, pues, suponer que a mayor profundidad de la que alcanzaba la quilla del barco se habían reunido cierto número de animales. ...

En la línea 779
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Aquel a quien no interese el clima de las partes meridionales del continente americano con relación a sus producciones, límite de las nieves, marcha extraordinariamente lenta de los ventisqueros y zona de congelación perpetua en las islas antárticas, puede pasar la discusión siguiendo sobre estos curiosos puntos o contentarse con leer la recapitulación que hago después. daré, sin embargo, más que un extracto, remitiendo para más detalles al capítulo trece y al apéndice de la primera edición de esta obra. ...

En la línea 1581
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... mo ejemplo puedo citar el ratón, del cual hallo trece especies en las costas del Atlántico y sólo cinco en las del Pacífico; y sólo una de ellas no se parece a las otras ...

En la línea 1521
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Entre doña Camila y don Carlos habían ajado las rosas de su rostro; aquella turgencia y expansión de formas que al amante del aya le arrancaban chispas de los ojos, habían contenido su crecimiento; Anita iba a transformarse en mujer cuando parecía muy lejos aún de esta crisis; estaba delgada, pálida, débil; sus quince años eran ingratos: a los diez tenía las apariencias de los trece, y a los quince representaba dos menos. ...

En la línea 10512
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En las siguientes filas estaban las educandas de doce y trece primaveras, presumidillas, entonadas; y detrás de estas las señoritas que frisaban con los quince, flor y nata de la hermosura vetustense algunas de ellas, casi todas iniciadas en los misterios legendarios del amor de devaneo, muchas próximas a la transformación natural que revela el sexo, y dos o tres, pequeñas, pálidas y recias, mujeres ya, disfrazadas de niñas, con ojos pensadores cargados de malicia disimulada. ...

En la línea 1734
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Antes de salir de Roma pagó a sus tropas, con las riquezas arrebatadas por don Michelotto. Abrían la marcha trece piezas de artillería, cañones y bombardas, y cien carros conteniendo los equipajes del duque. Su Caballería escoltaba este convoy, mostrando todos los jinetes un aspecto uniforme y silencioso, revelador de la sólida disciplina mantenida por una mano severa. Así abandonó el Vaticano, saliendo de él por la puerta Viridaria. ...

En la línea 1742
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Contaba en el conclave con el partido español, compuesto de trece cardenales, y desde fuera de Roma, luchando desesperadamente con su enfermedad, envió continuos emisarios al Vaticano, Influyendo en la elección pontificia ...

En la línea 1755
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Hizo el médico del Pontífice una operación torpe, pero oportuna, en una pierna que tenía enferma, y esto lo mató repentinamente, dejando vacante el trono apostólico. Rovere, a pesar de su odio a los Borgias, se puso en comunicación con César, haciéndole toda clase de promesas a cambio de que le proporcionase los votos de los trece cardenales españoles. ...

En la línea 4863
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Pero tú… ?—Espera, te contaré—dijo Aurora con cautela, asegurándose de que ningún curioso se destacaba de la tertulia para acecharlas—. Pues este primo Moreno, aunque pariente lejano, y más lejano por ser rico y nosotras pobres, nos visitaba alguna vez… hará de esto trece o catorce años. Mamá le consideraba mucho, y cuando venía a casa le recibía poco menos que en palio. Tuvo mamá en un tiempo la ilusión ¡qué tontería!, de casarme con él. Yo tenía dieciocho años, él treinta y pico. ¿Te vas enterando? ...

En la línea 5486
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En aquel segundo ataque desesperado que dio Juan Pablo a su tía, salió de la casa el pobre hombre más muerto que vivo. Su tía no era ya simplemente una mujer mala; era un monstruo, una furia, un dragón mitológico. Aquel tiro con que él se amenazaba a sí mismo, ¡cuánto mejor estaría empleado en ella! «Pero ese tiro, ¿me lo doy o no me lo doy?… No tengo más remedio que dármelo—discurría entrando por la calle de la Magdalena—. Por ninguna parte veo la solución. Sí, lo que es el tiro me lo pego; vaya si me lo pego… Lo malo es que no tengo revólver… Se me está figurando que al fin y al cabo no me pegaré tiro ninguno. Es uno así, tan dejado, que no se arranca… Ya voy viendo yo que una cosa es decir uno de buena fe que se mata, y otra cosa es hacerlo… Pero en fin, yo sigo en mis trece, y al fin, me lo tendré que pegar, no habrá más remedio». ...

En la línea 1097
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Aprovechándose de la situación de una persona en peligro y que se hallaba a tu merced, te has apoderado de, objetos de valor superior a trece peniques y medio sin pagar más que una miseria por ellos; y eso, a los ojos de la ley, es vejación constructiva, prisión infundada de traición, fechoría en el cargo, ad hominem expurgatis in statu quo, y la pena es la muerte por manos del verdugo, sin rescate, conmutación ni beneficio de clerecía. ...

En la línea 1070
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Pero si don Eloíno rechazó indignado tal proposición, figúrate lo que diría la patrona: «¿Yo? ¿Casarme yo, a mis años, y por tercera vez, con ese carcamal? ¡Qué asco!» Pero se informó del médico, le aseguraron que no le quedaban a don Eloíno sino muy pocos días de vida, y diciendo: «La verdad es que trece duros al mes me arreglan», acabó aceptándolo. Y entonces se le llamó al párroco, al bueno de don Matías, varón apostólico, como sabes, para que acabase de convencer al desahuciado. «Sí, sí, sí –dijo don Matías–; sí, ¡pobrecito!, ¡pobrecito!» Y le convenció. Llamó luego don Eloíno a Correíta y dicen que le dijo que quería reconciliarse con él –estaban reñidos–, y que fuese testigo de su boda. «Pero ¿se casa usted, don Eloíno?» «Sí, Correíta, sí, ¡me caso con la patrona!, ¡con doña Sinfo!; ¡yo, un Rodríguez de Alburquerque y Álvarez de Castro, figúrate! Yo porque me cuide los pocos días de vida que me queden… no sé si llegarán mis hermanos a tiempo de verme vivo… y ella por los trece duros de viudedad que le dejo.» ...

En la línea 1070
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Pero si don Eloíno rechazó indignado tal proposición, figúrate lo que diría la patrona: «¿Yo? ¿Casarme yo, a mis años, y por tercera vez, con ese carcamal? ¡Qué asco!» Pero se informó del médico, le aseguraron que no le quedaban a don Eloíno sino muy pocos días de vida, y diciendo: «La verdad es que trece duros al mes me arreglan», acabó aceptándolo. Y entonces se le llamó al párroco, al bueno de don Matías, varón apostólico, como sabes, para que acabase de convencer al desahuciado. «Sí, sí, sí –dijo don Matías–; sí, ¡pobrecito!, ¡pobrecito!» Y le convenció. Llamó luego don Eloíno a Correíta y dicen que le dijo que quería reconciliarse con él –estaban reñidos–, y que fuese testigo de su boda. «Pero ¿se casa usted, don Eloíno?» «Sí, Correíta, sí, ¡me caso con la patrona!, ¡con doña Sinfo!; ¡yo, un Rodríguez de Alburquerque y Álvarez de Castro, figúrate! Yo porque me cuide los pocos días de vida que me queden… no sé si llegarán mis hermanos a tiempo de verme vivo… y ella por los trece duros de viudedad que le dejo.» ...

En la línea 1071
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... Y cuentan que cuando Correíta se fue a su casa y se lo contó todo, como es natural, a su mujer, a Emilia, esta exclamó: «Pero ¡tú eres un majadero, Pepe! ¿Por qué no le dijiste que se casase con Encarna –Encarnación es una criada, ni joven ni guapa, que llevó Emilia como de dote a su matrimonio–, que le habría cuidado por los trece duros de viudedad tan bien como esa tía?» Y es fama que la Encarna añadió: «Tiene usted razón, señorita; también yo me hubiera casado con él y le habría cuidado lo que viviese, que no será mucho, por trece duros.» ...

En la línea 1071
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... Y cuentan que cuando Correíta se fue a su casa y se lo contó todo, como es natural, a su mujer, a Emilia, esta exclamó: «Pero ¡tú eres un majadero, Pepe! ¿Por qué no le dijiste que se casase con Encarna –Encarnación es una criada, ni joven ni guapa, que llevó Emilia como de dote a su matrimonio–, que le habría cuidado por los trece duros de viudedad tan bien como esa tía?» Y es fama que la Encarna añadió: «Tiene usted razón, señorita; también yo me hubiera casado con él y le habría cuidado lo que viviese, que no será mucho, por trece duros.» ...

En la línea 20
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El 13 de abril de 1867, el Scotia se hallaba a 15º 12' de longitud y 45º 37' de latitud, navegando con mar bonancible y brisa favorable. Su velocidad era de trece nudos y cuarenta y tres centésimas, impulsado por sus mil caballos de vapor. Sus ruedas batían el agua con una perfecta regularidad. Su calado era de seis metros y sesenta centímetros, y su desplazamiento de seis mil seiscientos veinticuatro metros cúbicos. ...

En la línea 609
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -¡Sí! ¡Lo amo! ¡El mar es todo! Cubre las siete décimas partes del globo terrestre. Su aliento es puro y sano. Es el inmenso desierto en el que el hombre no está nunca solo, pues siente estremecerse la vida en torno suyo. El mar es el vehículo de una sobrenatural y prodigiosa existencia; es movimiento y amor; es el infinito viviente, como ha dicho uno de sus poetas. Y, en efecto, señor profesor, la naturaleza se manifiesta en él con sus tres reinos: el mineral, el vegetal y el animal. Este último está en él ampliamente representado por los cuatro grupos de zoófitos, por tres clases de articulados, por cinco de moluscos, por tres de vertebrados, los mamíferos, los reptiles y esas innumerables legiones de peces, orden infinito de animales que cuenta con más de trece mil especies de las que tan sólo una décima parte pertenece al agua dulce. El mar es el vasto receptáculo de la naturaleza. Fue por el mar por lo que comenzó el globo, y quién sabe si no terminará por él. En el mar está la suprema tranquilidad. El mar no pertenece a los déspotas. En su superficie pueden todavía ejercer sus derechos inicuos, batirse, pelearse, devorarse, transportar a ella todos los horrores terrestres. Pero a treinta pies de profundidad, su poder cesa, su influencia se apaga, su potencia desaparece. ¡Ah! ¡Viva usted, señor, en el seno de los mares, viva en ellos! Solamente ahí está la independencia. ¡Ahí no reconozco dueño ni señor! ¡Ahí yo soy libre! ...

En la línea 740
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Ahora bien, si es cierto que el agua no es absolutamente incompresible, no lo es menos que es muy poco compresible. En efecto, según los cálculos más recientes, esta compresión no es más que de cuatrocientas treinta y seis diezmillonésimas por atmósfera, o lo que es lo mismo, por cada treinta pies de profundidad. Si quiero descender a mil metros, tendré que tener en cuenta la reducción del volumen bajo una presión equivalente a la de una columna de agua de mil metros, es decir, bajo una presión de cien atmósferas. Dicha reducción será en ese caso de cuatrocientas treinta y seis cienmilésimas. Consecuentemente, deberé aumentar el peso hasta mil quinientas trece toneladas y setenta y siete centésimas, en lugar de mil quinientas siete toneladas y dos décimas. El aumento no será, pues, más que de seis toneladas y cincuenta y siete centésimas. ...

En la línea 1662
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... No respondí al canadiense. No quería discutir. En el fondo, lo que yo deseaba de todo corazón era recorrer hasta el fin los caminos del azar, del destino que me había llevado a bordo del Nautilus. A partir de la isla Keeling, nuestra marcha se tornó más lenta y más caprichosa, con frecuentes incursiones por las grandes profundidades. En efecto, se hizo uso en varias ocasiones de los planos inclinados por medio de palancas interiores que los disponían oblicuamente a la línea de flotación. Descendimos así hasta dos y tres kilómetros, pero sin llegar a tocar fondo en esos mares en los que se han hecho sondeos de hasta trece mil metros sin poder alcanzarlo. En cuanto a la temperatura de las capas bajas, el termómetro indicó invariablemente cuatro grados sobre cero en todos los descensos. Pude observar que, en las capas superiores, el agua estaba siempre más fría sobre los altos fondos que en alta mar. ...

En la línea 4838
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Todas estas circunstancias contribuyeron considerablemente a suavizar el veredicto. Además, en el curso de los debates se habían puesto en evidencia otros hechos favorables al acusado: los documentos presentados por el estudiante Rasumikhine demostraban que, durante su permanencia en la universidad, el asesino Raskolnikof se había repartido por espacio de seis meses sus escasos recursos, hasta el último kopek, con un compañero necesitado y tuberculoso. Cuando éste murió, Raskolnikof prestó toda la ayuda posible al padre del difunto, un anciano que era ya como un niño y del que su hijo se había tenido que cuidar desde que tenía trece años. Rodia consiguió que lo admitieran en un asilo y más tarde, cuando murió, pagó su entierro. ...

En la línea 719
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¿Eh, que sí? ¡He ganado doce mil florines! ¡Qué digo doce mil! ¡Con el oro casi hacen trece! ¿Cuánto es eso en rublos? Unos seis mil, ¿no es verdad? ...

En la línea 1706
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... La fecha del día siguiente era el 12 de diciembre. Desde el 12, a las siete de la mañana, hasta el 21, a las ocho y cuarenta y cinco minutos de la noche, queda ban nueve días, trece horas y cuarenta y cinco minu tos. Si Phileas Fogg hubiera salido la víspera con e 'China~' uno de los mejores andadores de la Line Cunard, habría llegado a Liverpool, y luego a Londres en el tiempo estipulado. ...


la Ortografía es divertida

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