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La palabra trratando
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Comó se escribe trratando o tratando?

Cual es errónea Tratando o Trratando?

La palabra correcta es Tratando. Sin Embargo Trratando se trata de un error ortográfico.

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Errores Ortográficos típicos con la palabra Tratando

Cómo se escribe tratando o trratando?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece tratando

La palabra tratando puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 157
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Entonces, tratando de hacerle com-prender que la policía podría jugarle una mala pasada por haber ido a buscar querella a un gran señor -porque, en opinión del huésped, el desconocido no podía ser más que un gran señor-, le convenció para que, pese a su debilidad, se levantase y prosiguiese su camino. ...

En la línea 185
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Apenas hubo dado diez pasos, cuando sus oídosle zum baron, le dominó un vahído, una nube de sangre pasó por sus ojos, y cayó en medio de la calle gritando todavía:-¡Cobarde, cobarde, cobarde!-En efecto, es muy cobarde -murmuró el hostelero aproximándose a D'Artagnan, y tratando mediante esta adulación de reconciliar se con el obre muchacho, como la garza de la fábula con su limaco nocturno . ...

En la línea 540
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Perdonadme -dijo D'Artagnan tratando de reemprender su carrera-, perdonadme, pero tengo prisa. ...

En la línea 651
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Señor, os equivocáis tratando de humillarme -dijo D'Artagnan, en quien el carácter peleón comenzaba a hablar más alto que las resoluciones pacíficas-. ...

En la línea 475
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Ademas, si estas observaciones y algunas otras sobre el mismo asunto, que mas adelante puede que vean la luz pública, las creyesen algunos exajeradas ó diminutas, no por eso me hagan un cargo que no merezco; pues mis deseos son únicamente dar alguna idea de la utilidad, importancia é inestimable valor de nuestras Filipinas, y escitar por este medio á otros, que adornados de mejores talentos, y con mas tiempo para poder ocuparse, continúen tratando tan interesante objeto, para llevarlo al punto de vista que pueda proporcionar mayores ventajas al estado con la conservacion de las provincias de Ultramar, y á estas los grados mas de prosperidad de que son susceptibles; deseos que opino graduarán todos de laudables y españoles á toda prueba. ...

En la línea 6524
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La mayor parte de aquel día y del siguiente estuve ocupado en la Aduana, tratando de obtener los documentos necesarios para exportar los Testamentos. ...

En la línea 2408
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Finalmente, quiero decirte unos versos que se me han venido a la memoria, que los oí en una comedia moderna, que me parece que hacen al propósito de lo que vamos tratando. ...

En la línea 5465
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Con todo, dijo que diesen la camisa a Sancho, y, encerrándose con él en una cuadra donde estaba un rico lecho, se desnudó y vistió la camisa; y, viéndose solo con Sancho, le dijo: -Dime, truhán moderno y majadero antiguo: ¿parécete bien deshonrar y afrentar a una dueña tan veneranda y tan digna de respeto como aquélla? ¿Tiempos eran aquéllos para acordarte del rucio, o señores son éstos para dejar mal pasar a las bestias, tratando tan elegantemente a sus dueños? Por quien Dios es, Sancho, que te reportes, y que no descubras la hilaza de manera que caigan en la cuenta de que eres de villana y grosera tela tejido. ...

En la línea 6040
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -¡Eso sí, Sancho! -dijo don Quijote-: ¡encaja, ensarta, enhila refranes, que nadie te va a la mano! ¡Castígame mi madre, y yo trómpogelas! Estoyte diciendo que escuses refranes, y en un instante has echado aquí una letanía dellos, que así cuadran con lo que vamos tratando como por los cerros de Úbeda. ...

En la línea 7123
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Comieron aquel día con don Antonio algunos de sus amigos, honrando todos y tratando a don Quijote como a caballero andante, de lo cual, hueco y pomposo, no cabía en sí de contento. ...

En la línea 840
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... r último, tratando de penetrar unos misioneros en cierto brazo de mar, verían descender ríos de hielos desde las montañas poco elevadas hasta el mar, con témpanos flotantes, unos grandes y otros pequeños, que detenían a cada paso sus embarcaciones; ¡y esto sucedería el 22 de junio, exactamente en el punto en que se encuentra el lago de Ginebra! CAPITULO XII SUMARIO: Valparaíso.- Excursión al pie de los Andes.- Conformación del suelo.- Ascensión a la Campana de Quillota ...

En la línea 176
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Todo era para ellos motivo de felicidad. Contemplar una maravilla del arte les entusiasmaba y de puro entusiasmo se reían, lo mismo que de cualquier contrariedad. Si la comida era mala, risas; si el coche que les llevaba a la Cartuja iba danzando en los baches del camino, risas; si el sacristán de las Huelgas les contaba mil papas, diciendo que la señora abadesa se ponía mitra y gobernaba a los curas, risas. Y a más de esto, todo cuanto Jacinta decía, aunque fuera la cosa más seria del mundo, le hacía a Juanito una gracia extraordinaria. Por cualquier tontería que este dijese, su mujer soltaba la carcajada. Las crudezas de estilo popular y aflamencado que Santa Cruz decía alguna vez, divertíanla más que nada y las repetía tratando de fijarlas en su memoria. Cuando no son muy groseras, estas fórmulas de hablar hacen gracia, como caricaturas que son del lenguaje. ...

En la línea 575
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Don Baldomero decía con acento de tristeza una cosa muy sensata: «¡Si D. Juan Prim viviera… !». Juan y Samaniego se apartaron del corrillo y charlaban con Jacinta y doña Bárbara, tratando de quitarles el miedo. No habría tiros, ni jarana… no sería preciso hacer provisiones… ¡Ah! Barbarita soñaba ya con hacer provisiones. A la mañana siguiente, si no había barricadas, ella y Estupiñá se ocuparían de eso. ...

En la línea 1697
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata le miró también a él, sorprendida. Le parecía imposible que el bicho raro se expresase así… Vio en sus ojos una lealtad y una honradez que la dejaron pasmada. Después reflexionó un instante, tratando de apoyarse en un juicio pesimista. Se habían burlado tanto de ella, que lo que estaba viendo no podía ser sino una nueva burla. Aquel era, sin duda, más pillo y más embustero que los demás. Consecuencia de tales ideas fue la sonora carcajada que soltó la mujer aquella ante la faz compungida de un hombre que era todo espíritu. Pero él no se desconcertó, y la circunstancia de verse escuchado con atención, dábale un valor desconocido. ¡Ánimo! «Si usted me quiere, yo la adoraré, yo la idolatraré a usted… ». ...

En la línea 2211
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¡Quién sabe—se dijo—, lo que pasará después de estar allí tratando con las monjas, rezando y viendo a todas horas la custodia! De seguro me volveré otra sin sentirlo. Yo saco la cuenta de lo bueno que puede sucederme, por lo malo que me ha sucedido. Calculo que esto es como cuando una teme llegar a la cosa más mala del mundo y dice una: 'jamás llegaré a eso'. Y ¿qué pasa?, que luego llega una y se asombra de verse allí, y dice: 'parecía mentira'. Pues lo mismo será con lo bueno. Dice una: 'jamás llegaré tan arriba', y sin saber cómo, arriba se encuentra». ...

En la línea 286
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... El rey comenzó a mascullar inarticuladamente, meneando de tiempo en tiempo su canosa cabeza débilmente, y tratando de recordar lo que había hecho del sello. Por fin, milord Hertford se aventuró a arrodillarse y a ofrecer información: ...

En la línea 418
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¡Eso ya lo veremos! –exclamó John Canty, tratando de pasar por el lado de Hendon para agarrar al niño–. Por fuerza… ...

En la línea 524
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Al romper el alba aquella misma mañana, Tom Canty se estremeció al salir de un profundo sueño y abrió los ojos en la oscuridad. Permaneció en silencio unos instantes, tratando de analizar sus confusos pensamientos e impresiones, y de ponerlos en orden; de pronto estalló con voz arrebatada, pero sofocada: ...

En la línea 1446
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Al mediodía estaba aún deambulando, ahora entre la turba que seguía al regio cortejo, porque arguyó que este regio despliegue atraería poderosamente a su pequeño lunático. Siguió a la procesión en todos sus rodeos tortuosos por Londres y en todo el camino hasta Westminster y la Abadía. Iba a la ventura de acá para allá, entre las multitudes que se apiñaban en las inmediaciones, durante largas y tediosas horas, chasqueado y perplejo, hasta que al, fin se alejó pensando y tratando de idear la manera de mejorar su plan de campaña. Luego, cuando volvió en sí de sus meditaciones, descubrió que la ciudad quedaba muy atrás y que iba declinando el día. Hallabase cerca del río, y en el campo; era una zona de hermosas fincas rústicas, no la clase de distrito que habría de dar la bienvenida a un hombre con indumentaria tal. ...

En la línea 1084
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Iluminada por la luz eléctrica, una enorme masa negruzca, inmóvil, se mantenía suspendida en medio de las aguas. La observé atentamente, tratando de reconocer la naturaleza del gigantesco cetáceo. Pero otra idea me asaltó súbitamente. ...

En la línea 1114
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Aquel día era Navidad, y me pareció que Ned Land lamentaba vivamente que no se celebrara el Christmas, verdadera fiesta familiar de la que los protestantes son fanáticos observadores. Hacía ya ocho días que no veía al capitán Nemo cuando, el 27 por la mañana, entró en el gran salón, con ese aire del hombre que acaba de dejarle a uno hace cinco minutos. Estaba yo tratando de reconocer en el planisferio la ruta seguida por el Nautilus. El capitán se acercó, marcó con el dedo un punto del mapa y pronunció una sola palabra: ...

En la línea 1517
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Así proseguía nuestro viaje, siempre amenizado por alguna nueva maravilla. Conseil observaba y clasificaba sus zoófitos, sus articulados, sus moluscos y sus peces. Los días pasaban rápidamente y ya no los contaba yo. Por su parte, Ned se entretenía tratando de variar la dieta de a bordo. Éramos unos verdaderos caracoles, ya acostumbrados a nuestro caparazón. Por eso puedo afirmar que es fácil llegar a ser un perfecto caracol. Así estábamos, adaptados ya a una existencia que había llegado a parecernos fácil y natural, sin que apenas pudiéramos imaginar ya que existiera una vida diferente en la superficie de la tierra, cuando sobrevino un acontecimiento que habría de recordarnos lo extraño de nuestra situación. ...

En la línea 1791
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Tiene usted razón, Ned. A propósito -dije, tratando de remedar la naturalidad del capitán Nemo-, ¿no tiene usted miedo de los tiburones? ...

En la línea 652
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Además, creo - prosiguió Joe que sería mejor que las personas ordinarias siguiesen tratando a las que son como ellas, en vez de ir a jugar con personajes extraordinarios. Eso me hace pensar que, por lo menos, se podrá creer que en aquella casa haya siquiera una bandera. ...

En la línea 1063
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... El maestro se negó a seguir tratando el asunto hasta que el obrero estuviese de mejor humor. Orlick se dirigió a la fragua, sacó una barra candente, me amenazó con ella como si quisiera atravesarme el cuerpo y hasta la paseó en torno de mi cabeza; luego la dejó sobre el yunque y empezó a martillearla con la misma saña que si me golpease a mí y las chispas fuesen gotas de mi sangre. Finalmente, cuando estuvo acalorado y el hierro frío, se apoyó nuevamente en su martillo y dijo: ...

En la línea 1079
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Aquí mi hermana, después de un ataque de gritos y de golpearse el pecho y las rodillas con las manos, se quitó el gorro y se despeinó, lo cual era indicio de que se disponía a dejarse dominar por la furia. Y como ya lo había logrado, se dirigió hacia la puerta, que yo, por fortuna, acababa de cerrar. El pobre y desgraciado Joe, después de haber ordenado en vano al obrero que dejara en paz a su mujer, no tuvo más remedio que preguntarle por qué había insultado a su esposa y luego si era hombre para sostener sus palabras. El viejo Orlick comprendió que la situación le obligaba a arrostrar las consecuencias de sus palabras y, por consiguiente, se dispuso a defenderse; de modo que, sin tomarse siquiera el trabajo de quitarse los delantales, se lanzaron uno contra otro como dos gigantes. Pero si alguien de la vecindad era capaz de resistir largo rato a Joe, debo confesar que a ese alguien no lo conocía yo. Orlick, como si no hubiera sido más que el joven caballero pálido, se vio en seguida entre el polvo del carbón y sin mucha prisa por levantarse. Entonces Joe abrió la puerta, cogió a mi hermana, que se había desmayado al pie de la ventana (aunque, según imagino, no sin haber presenciado la pelea), la metió en la casa y la acostó, tratando de hacerle recobrar el conocimiento, pero ella no hizo más que luchar y resistirse y agarrar con fuerza el cabello de Joe. Reinaron una tranquilidad y un silencio singulares después de los alaridos; y más tarde, con la vaga sensación que siempre he relacionado con este silencio, es decir, como si fuese domingo y alguien hubiese muerto, subía la escalera para vestirme. ...

En la línea 1318
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... —Los señores Hubble tendrían mucho gusto en verte con tu traje nuevo, Pip—dijo Joe tratando de cortar el pan y el queso sobre la palma de su mano izquierda y mirando a mi parte que yo no había tocado, como si recordase el tiempo en que teníamos costumbre de comparar nuestros respectivos bocados —. También le gustaría a Wopsle. Y en Los Tres Alegres Barqueros, todos lo considerarían una deferencia. — Esto, precisamente, es lo que no quiero, Joe. Empezarían a charlar tanto de eso y de un modo tan ordinario, que yo mismo no podría soportarme. ...

En la línea 875
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... De pronto se preguntó, asombrado, por qué habría estado errando durante media hora ansiosamente por lugares peligrosos, cuando se le ofrecía una solución tan clara. Había perdido media hora entera tratando de poner en práctica un plan insensato forjado en un momento de desvarío. Cada vez era más propenso a distraerse, su memoria vacilaba, y él se daba cuenta de ello. Había que apresurarse. ...

En la línea 1488
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El semblante grave e inmóvil de Raskolnikof cambió de expresión repentinamente, y el ex estudiante se echó a reír con la misma risa nerviosa e incontenible que le había acometido momentos antes. De súbito le pareció que volvía a vivir intensamente las escenas turbadoras del crimen… Estaba detrás de la puerta con el hacha en la mano; el cerrojo se movía ruidosamente; al otro lado de la puerta, dos hombres la sacudían, tratando de forzarla y lanzando juramentos; y él se sentía dominado por el deseo de insultarlos, de hacerles hablar, de mofarse de ellos, de echarse a reír, con risa estrepitosa a grandes carcajadas… ...

En la línea 1542
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Déjame en paz ‑dijo Raskolnikof, tratando de pasar por el lado de su amigo. ...

En la línea 1853
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Tú también pierdes la calma, Dunetchka ‑dijo la madre, aterrada y tratando de hacer callar a su hija‑. Mañana hablaremos. Ahora lo que debemos hacer es marcharnos. ...

En la línea 568
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Judío… lo que es judío no lo soy -respondió Artegui, tratando de dar al diálogo giro festivo. ...


El Español es una gran familia

Reglas relacionadas con los errores de r

Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r

Más información sobre la palabra Tratando en internet

Tratando en la RAE.
Tratando en Word Reference.
Tratando en la wikipedia.
Sinonimos de Tratando.

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La palabra incluso
La palabra haced
La palabra caba
La palabra aguantar
La palabra molesta
La palabra bolsa
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