Cual es errónea Ternera o Terrnerra?
La palabra correcta es Ternera. Sin Embargo Terrnerra se trata de un error ortográfico.
La falta ortográfica detectada en la palabra terrnerra es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra ternera
Errores Ortográficos típicos con la palabra Ternera
Cómo se escribe ternera o terrnerra?

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Reglas relacionadas con los errores de r
Las Reglas Ortográficas de la R y la RR
Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
En castellano no es posible usar más de dos r
Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r
Algunas Frases de libros en las que aparece ternera
La palabra ternera puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 6238
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... De aquella ternera, si no fuera asada y en adobo, aún se pudiera probar, pero no hay para qué. ...
En la línea 6364
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Con esto quedó contento el gobernador, y esperaba con grande ansia llegase la noche y la hora de cenar; y, aunque el tiempo, al parecer suyo, se estaba quedo, sin moverse de un lugar, todavía se llegó por él el tanto deseado, donde le dieron de cenar un salpicón de vaca con cebolla, y unas manos cocidas de ternera algo entrada en días. ...
En la línea 6365
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Entregóse en todo con más gusto que si le hubieran dado francolines de Milán, faisanes de Roma, ternera de Sorrento, perdices de Morón, o gansos de Lavajos; y, entre la cena, volviéndose al doctor, le dijo: -Mirad, señor doctor: de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas regaladas ni manjares esquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus quicios, el cual está acostumbrado a cabra, a vaca, a tocino, a cecina, a nabos y a cebollas; y, si acaso le dan otros manjares de palacio, los recibe con melindre, y algunas veces con asco. ...
En la línea 6950
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Desa manera -dijo Sancho-, no faltará ternera o cabrito. ...
En la línea 386
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Llegamos después de cerrar la noche a la posta, sita en las márgenes del río Tapalguen. Al cenar, según algunas palabras que oigo decir, me estremezco repentinamente de horror pensando que como uno de los platos favoritos del país: ternera sin acabar de formarse. Era puma: la carne de este animal es muy blanca y tiene gusto a ternera. Mucho se han burlado del doctor Shaw por haber dicho que «la carne del león es muy estimada y que por su color y sabor se parece mucho a la carne de ternera». Así sucede ciertamente con el puma. Los gauchos difieren de opinión en cuanto al jaguar; pero todos ellos dicen que el gato es un manjar excelente. ...
En la línea 386
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Llegamos después de cerrar la noche a la posta, sita en las márgenes del río Tapalguen. Al cenar, según algunas palabras que oigo decir, me estremezco repentinamente de horror pensando que como uno de los platos favoritos del país: ternera sin acabar de formarse. Era puma: la carne de este animal es muy blanca y tiene gusto a ternera. Mucho se han burlado del doctor Shaw por haber dicho que «la carne del león es muy estimada y que por su color y sabor se parece mucho a la carne de ternera». Así sucede ciertamente con el puma. Los gauchos difieren de opinión en cuanto al jaguar; pero todos ellos dicen que el gato es un manjar excelente. ...
En la línea 460
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —No más perdiz. Hoy hemos de ver si Pantaleón tiene buenos cabritos. También quisiera una buena lengua de vaca, cargada, y ver si hay ternera fina. ...
En la línea 905
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por fin no pudo resistir; colose dentro del ventorrillo, y tomando asiento junto a una de aquellas despintadas mesas, empezó a palmotear para que viniera el mozo, que era el mismo Tartera, un hombre gordísimo, con chaleco de Bayona y mandil de lanilla verde rayado de negro. No lejos de donde estaba Ido había un rescoldo dentro de enorme braserón, y encima una parrilla casi tan grande como la reja de una ventana. Allí se asaban las chuletas de ternera, que con la chamusquina en tan viva lumbre, despedían un olor apetitoso. «Chuletas» dijo D. José, y a punto vio entrar a un amigo, el cual le había visto a él y por eso sin duda entraba. ...
En la línea 1881
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Aquel día la compra duró algo más, pues habiéndole anunciado Maximiliano que almorzaría con ella, pensaba hacerle un plato que a entrambos les gustaba mucho, y que era la especialidad culinaria de Fortunata, el arroz con menudillos. Lo hacía tan ricamente, que era para chuparse los dedos. Lástima que no fuera tiempo de alcachofas, porque las hubiera traído para el arroz. Pero trajo un poco de cordero que le daba mucho aquel. Compró chuletas de ternera, dos reales de menudillos y unas sardinas escabechadas para segundo plato. ...
En la línea 2159
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Para que ningún malicioso interprete mal las bruscas aproximaciones del sillón de Nicolás Rubín al asiento de su interlocutora, conviene hacer constar de una vez que era hombre de temple fortísimo, o más propiamente hablando, frigidísimo. La belleza femenina no le conmovía o le conmovía muy poco, razón por la cual su castidad carecía de mérito. La carne que a él le tentaba era otra, la de ternera por ejemplo, y la de cerdo más, en buenas magras, chuletas riñonadas o solomillo bien puesto con guisantes. Más pronto se le iban los ojos detrás de un jamón que de una cadera, por suculenta que esta fuese, y la mejor falda para él era la que da nombre al guisado. Jactábase de su inapetencia mujeril haciendo de ella una estupenda virtud; pero no necesitaba andar a cachetes con el demonio para triunfar. Las embestidas del sillón eran simplemente un hábito de confianza, adquirido con el uso del secreto penitenciario. ...
En la línea 869
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Sintióse el rey hondamente avergonzado de sí mismo por haber experimentado tal espanto y horror ante una cosa tan insignificante como es una ternera dormida; mas no debió haber pensado así, porque lo que le había asustado no era la ternera, sino un terrible no se qué sin vida representado por la misma, y cualquier otro niño en aquellos tiempos supersticiosos habría hecho y padecido lo mismo que él. ...
En la línea 869
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Sintióse el rey hondamente avergonzado de sí mismo por haber experimentado tal espanto y horror ante una cosa tan insignificante como es una ternera dormida; mas no debió haber pensado así, porque lo que le había asustado no era la ternera, sino un terrible no se qué sin vida representado por la misma, y cualquier otro niño en aquellos tiempos supersticiosos habría hecho y padecido lo mismo que él. ...
En la línea 870
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Sintióse encantado el rey no sólo de ver que encantado animal era una ternera, sino también de tenerla en su compañía, porque se había sentido tan solo y desamparado, que acogió con agrado como camarada aun a aquel humilde animal. Se había visto tan maltratado, tan afrentado por sus propios semejantes, que fue para él un verdadero consuelo hallarse al fin en la sociedad de un ser que por lo menos tenía corazón tierno y animo apacible, por más que, no tuviera atributos más elevados, por lo cual Eduardo decidió prescindir de etiquetas y hacerse amigo de la ternera. ...
En la línea 870
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Sintióse encantado el rey no sólo de ver que encantado animal era una ternera, sino también de tenerla en su compañía, porque se había sentido tan solo y desamparado, que acogió con agrado como camarada aun a aquel humilde animal. Se había visto tan maltratado, tan afrentado por sus propios semejantes, que fue para él un verdadero consuelo hallarse al fin en la sociedad de un ser que por lo menos tenía corazón tierno y animo apacible, por más que, no tuviera atributos más elevados, por lo cual Eduardo decidió prescindir de etiquetas y hacerse amigo de la ternera. ...
En la línea 3074
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Sin por ello desdeñar esas teorías, la tripulación del Nautilus se apoderó de media docena de manatís para aprovisionar la despensa de una carne excelente, superior a la del buey y la ternera. La caza no fue interesante porque los manatís se dejaban cazar sin defenderse. Se almacenaron a bordo varios millares de kilos de carne para desecarla. ...
En la línea 622
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Pero cuando vi que Joe abría sus azules ojos y miraba a todos lados con el mayor asombro, los remordimientos se apoderaron de mí; pero eso tan sólo ocurría mientras le miraba a él y no cuando fijaba mi vista en los demás. Con respecto a Joe, y tan sólo al pensar en él, me consideraba a mí mismo un monstruo en tanto que los tres discutían las ventajas que podría reportarme el favor y el conocimiento de la señorita Havisham. No tenían la menor duda de que ésta «haría algo» por mí; sus dudas se referían tan sólo a la manera de hacer este «algo». Mi hermana aseguraba que recibiría dinero. El señor Pumblechook creía, más bien, que como premio se me pondría de aprendiz en algún comercio agradable, por ejemplo en el de cereales y semillas. En cuanto a Joe, discrepó de los dos al sugerir que quizá me regalara uno de los perros que se pelearon por las costillas de ternera. ...
En la línea 635
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Por lo menos estaban los perros, ¿verdad, Pip? Seguramente, si no les sirvieron costillas de ternera, perros sí habría. ...
En la línea 656
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — No, querido Pip. Pero, teniendo en cuenta que tus mentiras fueron extraordinarias y que hablaste de costillas de ternera y de perros que se peleaban, yo, que soy buen amigo tuyo, te aconsejaré que cuando te vayas a la cama no lo acuerdes más de eso. Es cuanto tengo que decirte, y que no lo hagas nunca más. ...
En la línea 1116
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Como yo estaba enterado de algo más, supuse que pertenecería a mi penado, es decir, que era el mismo que vi limar en los marjales, mas a pesar de ello no le acusaba de haberlo empleado en herir a mi hermana. Y eso porque sospechaba que otras dos personas lo hubiesen encontrado, utilizándolo para cometer el crimen. Sin duda alguna, el asesino era Orlick o bien aquel hombre extraño que me enseñó la lima. Con referencia al primero, se comprobó que había ido a la ciudad, exactamente como nos dijo cuando le encontramos en la barrera. Por la tarde lo vieron varias personas por las calles y estuvo en compañía de 58 otras en algunas tabernas, hasta que regresó conmigo mismo y con el señor Wopsle. De modo que, a excepción de la pelea, no se le podía hacer ningún cargo. Por lo demás, mi hermana se había peleado con él y con todo el mundo más de diez mil veces. En cuanto a aquel hombre extraño, en caso de que hubiese regresado en busca de sus dos billetes de banco, nadie se los habría disputado, porque mi hermana estaba más que dispuesta a devolvérselos. Por otra parte, no hubo altercado, pues era evidente que el criminal llegó silenciosa y repentinamente y la víctima quedó tendida en el suelo antes de poder volver la cabeza. Era horrible pensar que yo había facilitado el arma, aunque, naturalmente, sin imaginar lo que podía resultar; pero apenas podía apartar de mi cerebro aquel asunto. Sufrí angustias indecibles mientras pensaba en si, por fin, debería referir a Joe aquella historia de mi infancia. Todos los días, y durante varios meses siguientes, decidí no decir nada, pero a la mañana siguiente volvía a reflexionar y a contradecirme a mí mismo. Por último tomé una resolución decisiva en el sentido de guardar silencio, porque tuve en cuenta que el secreto ya era muy antiguo, y como me había acompañado durante tanto tiempo, convirtiéndose ya en una parte de mí mismo, no podía decidirme a separarme de él. Además, tenía el inconveniente de que, habiendo sido tan desagradables los resultados de mi conducta, ello me privaría del afecto de Joe, si creía en la verdad de mis palabras, y, en el caso de que no las creyese, irían a sumarse en la mente de mi amigo con mis invenciones de los perros fabulosos y de las costillas de ternera. Pero sea lo que fuere, contemporicé conmigo mismo y resolví revelar mi secreto en caso de que éste pudiera servir para ayudar al descubrimiento del asesino. ...
Más información sobre la palabra Ternera en internet
Ternera en la RAE.
Ternera en Word Reference.
Ternera en la wikipedia.
Sinonimos de Ternera.
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