Cual es errónea Sendero o Senderro?
La palabra correcta es Sendero. Sin Embargo Senderro se trata de un error ortográfico.
La falta ortográfica detectada en la palabra senderro es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra sendero
Más información sobre la palabra Sendero en internet
Sendero en la RAE.
Sendero en Word Reference.
Sendero en la wikipedia.
Sinonimos de Sendero.
Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r
Reglas relacionadas con los errores de r
Las Reglas Ortográficas de la R y la RR
Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
En castellano no es posible usar más de dos r

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece sendero
La palabra sendero puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 715
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Ibamos por un sendero bordeado de altas malezas, cuando el jinete me rogó que pasase yo delante, y él me seguiría, porque era incapaz de afrontar la oscuridad. ...
En la línea 721
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Corríamos como un torbellino, iluminándose el sendero con las chispas arrancadas a las piedras por las herraduras de los animales. ...
En la línea 3113
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El valle se asemejaba un poco a una herradura; el camino seguía las laderas dando un gran rodeo; pero cabalmente delante de nosotros arrancaba un sendero que en suave descenso, al parecer, cruzaba el valle para unirse de nuevo al camino al otro lado, a un cuarto de milla de distancia; nos metimos por el atajo para evitar el rodeo. ...
En la línea 3124
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El suceso trajo a mi memoria la pradera y el sendero que tentaron a Cristián cuando seguía el angosto camino del cielo, y que acabaron por llevarle a los dominios del gigante Desesperado. ...
En la línea 5704
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¡Oh tú, gloria y honor de cuantos visten las túnicas de acero y de diamante, luz y farol, sendero, norte y guía de aquellos que, dejando el torpe sueño y las ociosas plumas, se acomodan a usar el ejercicio intolerable de las sangrientas y pesadas armas! A ti digo ¡oh varón, como se debe por jamás alabado!, a ti, valiente juntamente y discreto don Quijote, de la Mancha esplendor, de España estrella, que para recobrar su estado primo la sin par Dulcinea del Toboso, es menester que Sancho, tu escudero, se dé tres mil azotes y trecientos en ambas sus valientes posaderas, al aire descubiertas, y de modo que le escuezan, le amarguen y le enfaden. ...
En la línea 678
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Una estrecha meseta unía esta montaña a otra situada a pocas millas y que era más alta, por cuanto se hallaba en parte cubierta de nieve. Como todavía era temprano nos decidimos llegar hasta ella herborizando. Estábamos a punto de renunciar a esta excursión por las dificultades del camino, cuando nos encontramos un sendero muy recto y bien batido, trazado por los guanacos; pues estos animales, como los carneros, marchan en fila siempre unos tras otros; y ganamos la colina, que -es la más elevada que se encuentra por aquellos contornos; sus aguas vierten al mar en otra dirección. ...
En la línea 1505
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... biendo salido el 21 muy temprano caminamos siempre remontando el río que va perdiendo importancia poco a poco, hasta que llegamos al fin, al pie de la cadena que separa la depresión del océano Pacífico de la del océano Atlántico. camino, bastante bueno hasta entonces, aunque en verdad subiendo siempre, pero gradualmente, cambia entonces, convirtiéndose en un sendero en zig-zags, que trepa por las faldas de la gran cadena que separa a Chile de la República de Mendoza. ...
En la línea 2306
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... epando los taitianos por aquellas eminencias para buscar frutas, descubren un sendero que permite subir hasta el vértice del precipicio. principio la ascensión es peligrosa, porque hay que pasar sobre una superficie de rocas inclinadísimas, donde no hay una planta a que agarrarse, para salir de este sitio tuvimos que valernos de las cuerdas que habíamos llevado con las provisiones. ԭo se ha llegado a descubrir que este terrible paso es el único punto practicable del cortado de la cordillera es lo que no he podido comprender. ...
En la línea 2342
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Después de almorzar emprendemos otra vez nuestra marcha. único objeto que me proponía era ver un poco el interior de la isla; y volvemos, por consiguiente, por otro sendero que nos conduce algo más abajo al valle principal. principio es muy difícil la marcha en este costado de la montaña que cierra el valle; pero luego que el terreno se allana algo, atravesamos verdaderas selvas de bananeros silvestres ...
En la línea 15589
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Don Víctor se detuvo pensativo, apoyó la culata de su escopeta en la arena húmeda del sendero y exclamó: —¡Me lo han adelantado! ¿Pero quién? ¿Son las ocho menos cuarto o las siete menos cuarto? ¡Esta obscuridad!. ...
En la línea 815
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... En una replaza abierta entre espesos árboles persiguió a un jabalí, que, al verse acorralado, le acometió con espumarajos de rabia, pretendiendo hundir sus colmillos en el cuero de sus zapatos. Pero una patada del gigante lo envió por alto, yendo a estrellarse contra un árbol copudo y robusto semejante a un cedro. Luego, en un sendero, agarró a un ciervo en mitad de su fuga veloz y lo subió a la altura de su pecho, colocándolo a corta distancia de Flimnap, de modo que el asustado animal, al mover la cabeza, casi le tocaba con las puntas de su cornamenta. ...
En la línea 373
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... «¡Ay, Orfeo! –decía ya en su casa Augusto, dándole la leche a aquel–. ¡Ay, Orfeo! Di el gran paso, el paso decisivo; entré en su hogar, entré en el santuario. ¿Sabes lo que es dar un paso decisivo? Los vientos de la fortuna nos empujan y nuestros pasos son decisivos todos. ¿Nuestros? ¿Son nuestros esos pasos? Caminamos, Orfeo mío, por una selva enmarañada y bravía, sin senderos. El sendero nos lo hacemos con los pies según caminamos a la ventura. Hay quien cree seguir una estrella; yo creo seguir una doble estrella, melliza. Y esa estrella no es sino la proyección misma del sendero al cielo, la proyección del azar. ...
En la línea 498
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Mariana apareció caminando por un sendero. ...
En la línea 1083
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Estamos cerca de la quinta —dijo con voz ahogada—. Este sendero conduce al parque. ...
En la línea 1085
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Sandokán cargó la carabina y echó a andar por el sendero con tal rapidez que el portugués apenas podía seguirlo. ...
En la línea 1385
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Se dirigió hacia el sendero y se detuvo bajo unos mangos. Su corazón dio un vuelco al ver iluminada la ventana de Mariana. ...
En la línea 165
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Mr. Astley se encuentra con nosotros a menudo en el paseo. Se descubre y pasa muriéndose de ganas de acercarse a nosotros. Si se le invita, se apresura a rehusar. En los lugares donde nos sentamos, en el casino, en el concierto o delante de la fuente, no deja de pararse cerca de nosotros. Allí donde estemos —en el parque, en el bosque, en el Schlangenberg—basta mirar en torno nuestro para que, indefectiblemente, en el sendero vecino o detrás de una maleza, aparezca el inevitable Mr. Astley. ...
En la línea 313
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Tomé un sendero que se dirige hacia la avenida, me detuve en mitad del camino y esperé a la baronesa y al barón. A cinco pasos de distancia me quité el sombrero y saludé. ...
En la línea 431
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Cuando ya el sol iba a desaparecer en el horizonte y alargaba en el suelo hasta la sombra de la menor piedrecilla, Jean Valjean se sentó detrás de un matorral en una gran llanura rojiza, enteramente desierta. Estaría a tres leguas de D. Un sendero que cortaba la llanura pasaba a algunos pasos del matorral. ...
En la línea 432
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... En medio de su meditación oyó un alegre ruido. Volvió la cabeza, y vio venir por el sendero a un niño saboyano, de unos diez años, que iba cantando con su gaita al hombro y su bolsa a la espalda. ...
En la línea 105
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... El enfrentamiento por el liderazgo era inevitable. Buck lo deseaba. Lo deseaba porque así se lo pedía su naturaleza, porque se había apoderado de él ese indescriptible e incomprensible orgullo del sendero y el arnés, un orgullo que sostiene a esos perros en su esfuerzo hasta el último aliento, que los lleva a morir en el tiro con alegría y les destroza el corazón si se los excluye del equipo. Así era el orgullo de Dave como perro zaguero, el de Solleks mientras tiraba con todas sus fuerzas; el orgullo que al levantarse el campamento se apoderaba de ellos transformándolos de bestias taciturnas, en criaturas esforzadas, entusiastas y ambiciosas; el orgullo que los espoleaba el día entero y por la noche los abandonaba en los límites del campamento, dejándolos caer en el desasosiego y el descontento más sombríos. Era la arrogancia que movía a Spitz y lo llevaba a castigar a los perros del tiro que metían la pata o se escaqueaban durante la marcha o se escondían por la mañana a la hora de ser amarrados a los arneses. Era precisamente ese orgullo lo que hacía que temiese a Buck como posible perro guía. Y ése era también el orgullo de Buck. ...
En la línea 159
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Cuando el trineo arrancó, Dave se puso a correr por la nieve blanda que flanqueaba el sendero batido, empezó a darle dentelladas a Sol-leks, a embestirlo para que cayera sobre la nieve blanda de otro lado, y a intentar meterse entre Sol-leks y el trineo, gruñendo y aullando sin parar de dolor y consternación. El mestizo intentó alejarlo con el látigo; pero Dave no hizo caso del cinto urticante y al hombre le habría partido el alma golpearle con más fuerza. El perro se negó a correr obediente detrás del trineo, donde le habría sido más fácil, y continuó marchando con dificultad a un lado, por la nieve blanda, hasta que ya no pudo más. Entonces cayó y quedó postrado donde había caído, aullando de un modo lúgubre mientras la larga caravana de trineos corría con rapidez. ...
En la línea 769
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Dirigíanse las dos amigas, ya hacia la Montaña Verde, ya hacia el camino de las Señoras o hacia el manantial intermitente de Vesse. La Montaña Verde es el punto más elevado de las inmediaciones de Vichy. Está la montañuela cubierta de vegetación, pero de vegetación baja, a flor de tierra, de suerte que, vista de lejos, se les figuraba cabeza de gigante con cabellera corta y espesísima. Ya en la cúspide, subían al mirador y manejaban el gran anteojo, registrando el inmenso panorama que se extendía en torno. Las suaves laderas, tapizadas de viñas, bajaban hasta el Allier, que culebreaba a lo lejos como enorme sierpe azul. En lontananza, la cadena del Forez erguía sus mamelones donde la nieve refulgía cual una caperuza de plata; los gigantes de Auvernia, vaporosos y grises, parecían fantasmas de neblina; el castillo de Borbón Busset surgía de las brumas con sus torreones señoriales, avergonzando al pacifico palacio de Randán, con todo el desdén de un Borbón legítimo hacia la rama degenerada de los Orleáns. El camino de las Señoras era la excursión favorita de Lucía. Estrecha vereda, sombreada por espesos árboles, sigue dócil el curso del Sichón, deteniéndose cuando al río se le antoja formar un remanso y torciéndose en graciosas curvas como la tranquila corriente. A cada paso corta la monotonía de las hileras de chopos y negrillos algún accidente pintoresco: ya un lavadero, ya una casita que remoja los pies en el río, ya una presa, ya un molino, ya una charca de patos. El molino, en particular, parecía dispuesto por un pintor efectista para algún lienzo de naturaleza perfeccionada. Vetusto, comido de húmeda y verdegueante lepra, sustentado en postes de madera que iba pudriendo el agua, brillaba sobre el edificio la rueda, como el ojo disforme sobre la morena y rugosa frente de un cíclope. Eran destellos de la enorme pupila las gotas de refulgente argentería líquida que saltaban de rayo a rayo, a cada vuelta; y el quejido penoso que la pesada rueda exhalaba al girar, completaba el símil, remedando el hálito del monstruo. Un puente lanzado con osadía sobre el mismo arco de la catarata que formaba la presa dejaba ver, al través de su tablazón mal junta, el agua espumante y rugiente. En la presa bogaban con pachorra hasta media docena de patos, e infinitos gorriones revolaban en el alero irregular del tejado, mientras en el obscuro agujero de una de las desiguales ventanas florecía un tiesto de petunias. Quedábase Lucía muchos ratos mirando al molino, sentada en el ribazo opuesto, arrullada por el ronquido cadencioso de la rueda y por el blando chapaleteo del agua batida. Pilar prefería el manantial intermitente que le proporcionaba las emociones de que era tan ávido su endeble organismo. Llegábase al manantial por un ameno sendero; ya desde el puente se cogía bella perspectiva. El Allier es vasto y caudaloso, pero muy mermado a la sazón por los calores estivales; sólo en los puntos más anchos del cauce llevaba agua, y el resto descubría el álveo formado de arena en prolongadas zonas blancas. A lo más rápido de la corriente, obscuros peñascos se interponían, originando otros tantos remolinos; saltaba el agua, espumaba un punto colérica, y después seguía mansa y sesga como de costumbre. En lontananza se descubría extensa vega. Dilatadas praderías, donde pacían vacas y borregos, estaban limitadas al término del horizonte por una línea de chopos verde pálido, muy rectos y agudos, a la manera de los árboles contrahechos de las cajas de juguetes; los mimbrales, en cambio, eran rechonchos y panzones, como bolas de verdor sombrío rodantes por la pradera. Completaba la lejanía la cima de la Montaña Verde, recortándose sobre el cielo con cierta dureza de paisaje flamenco en sus contornos exactos y marcados, de un verde obscuro límpido. A la margen del río se veía bajar y subir el brazo derecho de las lavanderas, como miembro de marioneta movido por resortes, y se oía el plas acompasado de la paleta con que azotaban la ropa. Por el agrio talud de la ribera ascendían lentos carros cargados de arena y casquijo, y cruzaban después el puente, bañado en sudor el tiro, muy despacio, sonando a largos intervalos las campanillas. Pasaban las aldeanas auvernesas, vestidas de colores apagados, la esportilla de paja puesta sobre la blanca escofieta, conduciendo sus vacas, cuyos ubres henchidos de leche se columpiaban al andar, y que, posando una mirada triste en los transeúntes, solían pegar una huida de costado, un trote de diez segundos, tras de lo cual recobraban la resignación de su paso grave. En la esquina del puente, un pobre, decentemente vestido y con trazas de militar, pedía limosna con sólo una inflexión suplicante de la voz y un doliente fruncimiento de cejas. ...

la Ortografía es divertida
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