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La palabra plalla
Cómo se escribe

Comó se escribe plalla o playa?

Cual es errónea Playa o Plalla?

La palabra correcta es Playa. Sin Embargo Plalla se trata de un error ortográfico.

La Palabra plalla es una error ortográfica de la palabra playa en la que se ha cambiado la letra u por la ü o viceversa, esto es falta o sobra la diéresis sobre una de sus vocales u de la palabra correcta que es playa

Errores Ortográficos típicos con la palabra Playa

Cómo se escribe playa o plalla?

Algunas Frases de libros en las que aparece playa

La palabra playa puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4084
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Por una playa de arena de blancura deslumbradora avanzamos hacia el Cabo, meta de nuestro viaje. ...

En la línea 4088
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Singulares recuerdos comenzaron a invadir mi espíritu: en aquella playa, según la tradición de toda la antigua cristiandad, Santiago, el Santo patrono de España, predicó el Evangelio a los idólatras españoles. ...

En la línea 4089
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... En aquella playa se alzaba en otro tiempo una ciudad comercial inmensa, la más orgullosa de España. ...

En la línea 4207
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Mucho antes de cerrar la noche, montado de nuevo en la jaca y acompañado por el guía, emprendí a través de la playa el regreso a Corcubión. ...

En la línea 3881
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Ya no hay ninguno que, saliendo deste bosque, entre en aquella montaña, y de allí pise una estéril y desierta playa del mar, las más veces proceloso y alterado, y, hallando en ella y en su orilla un pequeño batel sin remos, vela, mástil ni jarcia alguna, con intrépido corazón se arroje en él, entregándose a las implacables olas del mar profundo, que ya le suben al cielo y ya le bajan al abismo; y él, puesto el pecho a la incontrastable borrasca, cuando menos se cata, se halla tres mil y más leguas distante del lugar donde se embarcó, y, saltando en tierra remota y no conocida, le suceden cosas dignas de estar escritas, no en pergaminos, sino en bronces. ...

En la línea 7094
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Apartóse Roque a una parte y escribió una carta a un su amigo, a Barcelona, dándole aviso como estaba consigo el famoso don Quijote de la Mancha, aquel caballero andante de quien tantas cosas se decían; y que le hacía saber que era el más gracioso y el más entendido hombre del mundo, y que de allí a cuatro días, que era el de San Juan Bautista, se le pondría en mitad de la playa de la ciudad, armado de todas sus armas, sobre Rocinante, su caballo, y a su escudero Sancho sobre un asno, y que diese noticia desto a sus amigos los Niarros, para que con él se solazasen; que él quisiera que carecieran deste gusto los Cadells, sus contrarios, pero que esto era imposible, a causa que las locuras y discreciones de don Quijote y los donaires de su escudero Sancho Panza no podían dejar de dar gusto general a todo el mundo. ...

En la línea 7101
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Llegaron a su playa la víspera de San Juan en la noche, y, abrazando Roque a don Quijote y a Sancho, a quien dio los diez escudos prometidos, que hasta entonces no se los había dado, los dejó, con mil ofrecimientos que de la una a la otra parte se hicieron. ...

En la línea 7104
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces dellos no visto; parecióles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera, que en la Mancha habían visto; vieron las galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de flámulas y gallardetes, que tremolaban al viento y besaban y barrían el agua; dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías, que cerca y lejos llenaban el aire de suaves y belicosos acentos. ...

En la línea 693
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Las diferentes tribus no tienen gobierno, ni jefe, y están rodeadas por otras tribus hostiles que hablan dialectos distintos. Están separadas unas de otras por un territorio neutral que permanece desierto; la principal causa de sus guerras perpetuas parece ser la dificultad que experimentan para proporcionarse alimentos. Todo el país no es más que una enorme masa de rocas abruptas, de colinas elevadas, de inútiles bosques, envueltos en brumas perpetuas y atormentados por tempestades incesantes. La tierra habitable se compone sólo de las piedras de la costa. Para encontrar alimento han de errar constantemente de playa en playa, y es tan escarpada la costa que no pueden cambiar de domicilio sino mediante sus miserables canoas. No pueden conocer las dulzuras del hogar doméstico, y menos aún las del afecto conyugal, porque el hombre no es más que el dueño brutal de su mujer o más bien de su esclava. ¡Qué acto se habrá cometido jamás tan horrible como aquel de que Byron fue testigo en la costa occidental! Vio a una desgraciada mujer recogiendo el cadáver sangriento de su hijo, a quien su marido había estrellado contra las rocas porque el niño había derramado un cesto de huevos de mar. ¿Hay, por lo demás, en su existencia nada que pueda desarrollar facultades intelectuales elevadas? ¿Necesitan imaginación, razón, ni juicio? Nada tienen que imaginar, nada que comparar, nada que decidir. Para despegar una lapa de las piedras, ni aun necesita emplear la astucia, esa ínfima facultad del espíritu. En cierto modo pueden compararse sus escasas facultades al instinto de los animales, puesto que no se aprovechan de la experiencia. Su producción más ingeniosa, la canoa, tan primitiva como es, no ha hecho ningún progreso durante los doscientos cincuenta años últimos; para convencernos de ello no tenemos más que abrir los relatos del viaje de Drake. ...

En la línea 1135
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s rocas están formadas de micasquisto, lo que hace que no haya playa, sino que se hunde perpendicularmente la roca en el mar. paisaje recuerda más, por lo tanto, a la Tierra del Fuego, que a las otras partes de la isla de Chiloé. vano tratamos de llegar a la cumbre de la montaña; es tan espeso el monte, que nadie que no lo haya visto puede imaginar siquiera aquel amasijo de troncos de árboles muertos y moribundos ...

En la línea 1285
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... A la mañana siguiente, después de almorzar, vamos a visitar Punta Huantamó, situada algunas millas más al norte. camino sigue a lo largo de una amplísima playa, en la que, a pesar de tan larga serie de días buenos, rompe la á mar con furia. han dicho que durante las tempestades grandes, los bramidos del mar se oyen de noche en Castro, que se halla a 20 millas marinas de distancia y en país montañoso y de bosque. ...

En la línea 1365
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... te espectáculo es el que origina, en cuantos han visto y sentido sus efectos, ese indecible horror a los temblores de tierra. el bosque es el fenómeno muy interesante, pero no causa ningún temor. choque afectó de un modo muy curioso al mar. verificó en el momento de la bajamar; una vieja que estaba en la playa me dijo que vino el agua muy deprisa hacia la costa, pero sin formar grandes olas, se levantó de repente hasta el nivel de las grandes mareas y recobró su nivel también muy deprisa: la línea de arena mojada me confirmó el dicho de la vieja ...

En la línea 14961
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... A fines del mes comenzó la dispersión general; todos los que tenían cuatro cuartos, y muchos que no los tenían, dejaron la capital y buscaron la frescura de la playa. ...

En la línea 15042
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Salacia, la hija del mar, sacaba a sus hermanas del océano y no se sabe por qué a las bacantes a bailar en la playa una danza infernal; Ana recordó la impresión que aquella polka había causado en sus sentidos. ...

En la línea 657
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Era la primera vez que regresaba a su patria, de la que había salido siendo adolescente, y luego de dicha visita nunca volvió a ella. Según era costumbre, todos los cardenales residentes en Roma escoltaron a su compañero hasta la puerta de San Pablo, dándole el beso de despedida. En el puerto de Ostia tuvo que aguardar a que pasase un furioso temporal, y emprendió su navegación días después en dos naves del rey Ferrante de Nápoles, haciendo escala en Córcega y llegando el 17 de junio a la playa de Valencia. ...

En la línea 680
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Al día siguiente aparecían en la playa más de doscientos cadáveres, entre ellos los de tres obispos italianos y otros personajes eme habían seguido al legado en su viaje a España. Setenta y cinco familiares de la servidumbre del cardenal se ahogaron Igualmente, y con ellos doce jurisconsultos, seis caballeros y gran número de jóvenes valencianos que iban a Roma por el gusto de vivir en ella o para estudiar en la universidad de Bolonia. ...

En la línea 1233
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Otro día, aburrido de la monotonía de sus continuos viajes entre la orilla de la playa y la punta de la escollera, el Hombre Montaña quiso permitirse una ligera diversión. Sentía el deseo de nadar un poco en aguas más profundas, pues el mar solo le llegaba a la cintura en sus idas y venidas. Y después de acarrear cuatro piedras en vez de dos, se echo de espaldas en el agua, nadando mar adentro. ...

En la línea 1253
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Un anochecer, cuando Gillespie había terminado su trabajo y, sentado en la playa, descansaba de ciento ochenta viajes entre la orilla del mar y la punta de la escollera, recibió una visita extraordinaria. ...

En la línea 1291
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Este se arrodilló y puso sus manos en la arena para reconocer a aquellos hombres bigotudos de Blefuscu, sus presuntos matadores. Tenía el feroz propósito de meterlos en la caldera, como un castigo previsor y ejemplar; pero toda la servidumbre había desaparecido, ocultándose detrás de las colinas de arena y los cañaverales de la playa. ...

En la línea 1294
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Cuando en la tarde siguiente empezaba la playa a obscurecerse, Gillespie vio la llegada de otro hombre con faldas y velos. Debía ser Popito, que le traía más noticias. Lo mismo que la vez anterior, dio varias vueltas en torno de él con la cara oculta. Al fin se decidió a subir a una de las piernas extendidas del coloso. Entonces pudo darse cuenta de que el visitante era más grueso que Popito y se balanceaba a cada paso. ...

En la línea 4795
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¡Miedo!—exclamó él con asombro y desconsuelo—. Pues yo creí que habría conseguido infundirte mi idea y que ya mi idea te era familiar. ¡Miedo a la muerte!, es decir, ¡miedo a la libertad y amor al calabozo! ¿Ahora salimos con eso? Si lo primero, mil veces te lo he dicho, es mirar a la muerte como el fin de los padecimientos, como miran a la playa los infelices que luchan con las olas, agarrados a un madero. ...

En la línea 57
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —En la playa están con sus respectivos jefes. No tendrás más que escoger los mejores. ...

En la línea 83
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Sandokán saltó al barco. De la playa se elevó un entusiasta grito: ...

En la línea 309
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Tendido en una playa, presa de un delirio terrible. ¿Adónde se dirigía cuando lo asaltaron? ...

En la línea 524
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Un instante después se arrojó como una fiera a través del parque, saltando los arroyos y la cerca. No se detuvo hasta llegar a la playa, por la cual vagó largo tiempo sin saber qué hacer. Cuando decidió regresar, ya había caído la noche y salía la luna. ...

En la línea 1227
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A las ocho y media, la canoa del Nautilus arribó a una playa de arena, tras haber franqueado con fortuna el anillo de coral que rodeaba a la isla de Gueboroar. ...

En la línea 1344
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A las seis de la tarde nos hallábamos de regreso en la playa. Nuestra canoa estaba varada en su lugar habitual. El Nautilus emergía de las olas, como un largo escollo, a dos millas de la costa. Sin más tardanza, Ned Land se ocupó de la cena, con su acreditada pericia. Las chuletas de bari outang, puestas sobre las ascuas, perfumaron deliciosamente el aire… ...

En la línea 1383
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Señor Aronnax -respondió el capitán Nemo, cuyos dedos se habían posado nuevamente sobre el teclado del órgano-, aunque todos los indígenas de la Papuasia se reunieran en esta playa, nada tendría que temer de sus ataques al Nautilus. ...

En la línea 1385
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Subí a la plataforma. Había sobrevenido de golpe la noche, pues a tan baja latitud el sol se pone rápidamente, sin crepúsculo. Se veía ya muy confusamente el perfil de la isla Gueboroar, pero las numerosas fogatas que iluminaban la playa mostraban que los indígenas no pensaban abandonarla. Permanecí así, solo, durante varias horas. Pensaba en aquellos indígenas, ya sin temor, ganado por la imperturbable confianza del capitán. Les olvidé pronto, para admirar los esplendores de la noche tropical. Siguiendo a las estrellas zodiacales, mi pensamiento voló a Francia, que habría de ser iluminada por aquéllas dentro de unas horas. ...

En la línea 917
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Prefería Miranda el salón de lectura, donde hallaba cantidad de periódicos españoles, incluso el órgano de Colmenar, que leía dándose tono de hombre político. A Perico se le encontraba con más frecuencia en otro departamento tétrico como una espelunca, las paredes color de avellana tostada, los cortinajes gris sucio con franjas rojas, donde una hilera de bancos de gutapercha moteada hacía frente a otra hilera de mesas, cubiertas con el sacramental, melodramático y resobadísimo tapete verde. Así como la marea al retirarse va dejando en la playa orlas paralelas de algas, así se advertían en los respaldos de los bancos de gutapercha roja series de capas de mugre, depositadas por la cabeza y espaldas de los jugadores, señales que iban en aumento desde el primer banco hasta el último, conforme se ascendía del inofensivo piquet al vertiginoso écarté, porque la hilera empezaba en el juego de sociedad, acabando en el de azar. Los bancos de la entrada estaban limpios, en comparación de los del fondo. Aquella pieza donde tan nefando culto se tributaba a la Ninfa de las aguas fue testigo de hartas proezas de Perico, que, por su semejanza con todas las de la misma laya, no merecen narrarse. Ni menos requiere ser descrito el espectáculo, caro a los novelistas, de las febriles peripecias que en torno de las mesas se sucedían. Tiene el juego en Vichy algo de la higiénica elegancia del pueblo todo, cuyos habitantes se complacen en repetir que en su villa nadie se levantó la tapa de los sesos por cuestión del tapete verde, como sucede en Mónaco a cada paso; de suerte que no se presta la sala del Casino a descripciones del género dramático espeluznante; allí el que pierde se mete las manos en los bolsillos, y sale mejor o peor humorado, según es de nervioso o linfático temperamento, pero convencido de la legalidad de su desplume, que le garantizan agentes de la Autoridad y comisionados de la Compañía arrendataria, presentes siempre para evitar fraudes, quimeras y otros lances, propios solamente de garitos de baja estofa, no de aquellas olímpicas regiones en que se talla calzados los guantes. Es de advertir que Perico, aun siendo de los que más ayudaban a engrasar y bruñir con la pomada de su pelo y el frote de sus lomos los bancos de gutapercha, no realizaba el tipo clásico del jugador que anda en estampas y aleluyas morales y edificantes. Cuando perdía, no le ocurrió jamás tirarse de los cabellos, blasfemar ni enseñar los puños a la bóveda celeste. Eso sí, él tomaba cuantas precauciones caben, a fin de no perder. Análogo es el juego a la guerra: dícese de ambos que los decide la suerte y el destino; pero harto saben los estratégicos consumados que una combinación a la vez instintiva y profunda, analítica y sintética, suele traerles atada de manos y pies la victoria. En una y otra lucha hay errores fatales de cálculo que en un segundo conducen al abismo, y en una y otra, si vencen de ordinario los hábiles, en ocasiones los osados lo arrollan todo y a su vez triunfan. Perico poseía a fondo la ciencia del juego, y además observaba atentamente el carácter de sus adversarios, método que rara vez deja de producir resultados felices. Hay personas que al jugar se enojan o aturden, y obran conforme al estado del ánimo, de tal manera, que es fácil sorprenderlas y dominarlas. Quizá la quisicosa indefinible que llaman vena, racha o cuarto de hora no es sino la superioridad de un hombre sereno y lúcido sobre muchos ebrios de emoción. En resumen: Perico, que tenía movimientos vivos y locuacidad inagotable, pero de hielo la cabeza, de tal suerte entendió las marchas y contramarchas, retiradas y avances de la empeñada acción que todos los días se libraba en el Casino, que después de varias fortunitas chicas, vino a caerle un fortunón, en forma de un mediano legajo de billetes de a mil francos, que se guardó apaciblemente en el bolsillo del chaleco, saliendo de allí con su paso y fisonomía de costumbre, y dejando al perdidoso dado a reflexionar en lo efímero de los bienes terrenales. Aconteció esto al otro día de aquel en que Lucía manifestara a Pilar tal interés por la salud de la madre de Artegui. Era Perico naturalmente desprendido, a menos que careciese de oro para sus diversiones, que entonces escatimaría un maravedí, y avisando a Pilar que estaba en el salón de Damas, reuniose con ella en la azotea, y le dijo dándole el brazo: ...


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Reglas relacionadas con los errores de y;ll

Las Reglas Ortográficas de la Y:

Se escriben con y algunos tiempos y personas de los verbos cuyos infinitivos terminan en -uir:
Presente del Modo Indicativo
Ejemplos: construyo, influyes, huyo.
Excepciones: Nunca se escriben con y la primera y segunda personas del plural: huimos, construís, influimos.

Modo Imperativo
Ejemplo: construye, influye, influyamos, construya
Tercera persona del singular y del plural del pretérito indefinido.
Ejemplos: influyó, influyeron, construyó, construyeron
Modo subjuntivo.
Ejemplos: influya, construyera, influyere

Se escriben con y algunas formas de los verbos caer, leer, oír.
Ejemplos: cayó, leyeras, oyes

Las Reglas Ortográficas de la LL y la Y

Se escribe LL:

Se escribe ll en las palabras que terminan en -illo, -illa. Por ejemplo: librillo, ventanilla.


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Más información sobre la palabra Playa en internet

Playa en la RAE.
Playa en Word Reference.
Playa en la wikipedia.
Sinonimos de Playa.

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