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La palabra oyerron
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Comó se escribe oyerron o oyeron?

Cual es errónea Oyeron o Oyerron?

La palabra correcta es Oyeron. Sin Embargo Oyerron se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra oyerron es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra oyeron

Más información sobre la palabra Oyeron en internet

Oyeron en la RAE.
Oyeron en Word Reference.
Oyeron en la wikipedia.
Sinonimos de Oyeron.

Algunas Frases de libros en las que aparece oyeron

La palabra oyeron puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1425
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... En el colmado del _Montañés_, al pasar frente al cuarto más grande del establecimiento, oyeron rasgueos de guitarra, palmas y gritos de mujeres. ...

En la línea 8109
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Se oyeron los clamores de todo el campamento que gritaba:-¡Bajad, bajad!Athos bajó; sus camaradas, que lo esperaban con ansiedad, lo vie ron aparecer con alegría. ...

En la línea 10398
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Al llegar al patio, oyeron el ruido de un coche que se detenía en la puerta. ...

En la línea 2061
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No se oyeron más gritos de viva la Constitución; la revuelta parecía efectivamente dominada en la capital. ...

En la línea 3219
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Llamamos a la puerta de dos o tres de aquellas casas (en cuyos pisos superiores había luces encendidas), con el fin de orientarnos, pero no nos oyeron o no nos hicieron caso. ...

En la línea 690
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Apenas le oyeron esto, cuando todos le tuvieron por loco; y, por averiguarlo más y ver qué género de locura era el suyo, le tornó a preguntar Vivaldo que qué quería decir 'caballeros andantes'. ...

En la línea 1145
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Alegróles el ruido en gran manera, y, parándose a escuchar hacia qué parte sonaba, oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco ánimo. ...

En la línea 1146
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Digo que oyeron que daban unos golpes a compás, con un cierto crujir de hierros y cadenas, que, acompañados del furioso estruendo del agua, que pusieran pavor a cualquier otro corazón que no fuera el de don Quijote. ...

En la línea 1229
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Yo soy aquél para quien están guardados los peligros, las hazañas grandes, los valerosos fechos...» Y por aquí fue repitiendo todas o las más razones que don Quijote dijo la vez primera que oyeron los temerosos golpes. ...

En la línea 807
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El Magistral y el Arcipreste oyeron voces dentro de la capilla. ...

En la línea 3138
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Al llegar al vestíbulo del primero, oyeron grandes carcajadas. ...

En la línea 8650
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pero ellos no oyeron la señal de la torre que vigilaba. ...

En la línea 15481
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Cuando calló, se oyeron nada más los ruidos apagados de la calle; las ruedas de un coche que corría muy lejos, la voz de un mercader ambulante que pregonaba a grito limpio paños de manos y encajes finos. ...

En la línea 1721
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El motivo de haber dicho esto la chiquilla con relativo juicio y serenidad, fue que se oyeron los pasos de doña Lupe, y su voz temerosa: «Mira, Papitos, que voy allá… ». ...

En la línea 1966
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Y salió al recibimiento, acompañado de doña Lupe. Maximiliano les sintió cuchicheando en la puerta. Por fin se oyeron las botas chillonas del ex-alabardero bajando la escalera, y doña Lupe reapareció en el gabinete. El júbilo que le causaba la cobranza de aquel dinero que creía perdido era tan grande, que sus ojos pardos le lucían como dos carbones encendidos, y su boca traía bosquejada una sonrisa. Desde que la vio entrar, conoció Maximiliano que su cólera se había aplacado. El guano, como decía Torquemada, no podía menos de dulcificarla; y llegándose a donde estaba el delincuente, que no se había movido de la butaca, le puso una mano en el hombro, empuñando fuertemente en la otra los billetes, y le dijo: ...

En la línea 1975
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¡Papitos… !» gritó la señora, y al punto se oyeron las patadas de la chica en el pasillo como las de un caballo en el Hipódromo. Presentose con una patata en la mano y el cuchillo en la otra. ...

En la línea 2054
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Hubiera hurgado doña Lupe a su sobrino mayor para que le relevase la causa de su tristeza; pero como presumía fuese cosa de política, no quiso tocar este punto delicado por no armar camorra con Juan Pablo, que era o había sido carlista, al paso que doña Lupe era liberal, cosa extraña, liberal en toda la extensión de la palabra. Después de servir a D. Carlos en una posición militar administrativa, Rubín había sido expulsado del Cuartel Real. Sus íntimos amigos le oyeron hablar de calumnias y de celadas traidoras; pero nada se sabía concretamente. Dejaba escapar de su pecho exclamaciones de ira, juramentos de venganza y apóstrofes de despecho contra sí mismo. «¡Bien merecido lo tengo por meterme con esa gente!». Cuando llegó a Madrid echado de la corte de D. Carlos, fue a casa de su tía, según costumbre antigua; pero apenas paraba en la casa. Dormía fuera, comía también fuera, casi siempre en los cafés o en casa de alguna amiga, y doña Lupe se desazonaba juzgando con razón que semejante vida no se ajustaba a las buenas prácticas morales y económicas. De repente, el misántropo volvió al Norte, diciendo que regresaría pronto, y mientras estuvo fuera se supo la muerte de Melitona Llorente. La primera noticia que de la herencia tuvo Juan Pablo diósela su tía paterna por una carta que le dirigió a Bayona. Preparábase a volver a España, y la carta aquella con la noticia que llevaba aceleró su vuelta. Entró por Santander, se fue a Zaragoza por Miranda y de allí a Molina de Aragón. Diez días estuvo en esta villa, donde ninguna dificultad de importancia le ofreció la toma de posesión del caudal heredado. Este ascendía a unos treinta mil duros entre inmuebles y dinero dado a rédito sobre fincas; y descontadas las mandas y los derechos de traslación de dominio, quedaban unos veintisiete mil duros. Cada hermano cobraría nueve mil. Juan Pablo, al llegar a Madrid, escribió a Nicolás para que también viniese, con objeto de estar reunidos los tres hermanos y tratar de la partición. ...

En la línea 1388
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Era extraño, era maravilloso, sí, era inexplicable, así dijeron todos cuantos lo oyeron. La corriente comenzaba a variar y las esperanzas de Tom Canty a crecer, cuando el Lord Protector meneó la cabeza y dijo: ...

En la línea 2086
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Al amanecer se oyeron fuertes gritos: -¡El enemigo! ¡El enemigo! ...

En la línea 2307
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... A pesar del ruido de las máquinas, todos oyeron los gritos, más que nadie Mariana que los esperaba presa de gran ansiedad. ...

En la línea 2347
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Cuando salieron a la superficie para respirar, oyeron una voz que gritaba: Juraría haber visto dos cabezas a babor. Si no fuera por el tiburón que nos sigue a popa, bajaría una chalupa para ir a ver. ...

En la línea 2485
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Se oyeron pasos precipitados que bajaban la escalera. ...

En la línea 290
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... El sargento iba delante, y cuando nosotros habíamos pasado ya del lugar en que se oyeron los gritos, vimos que aquél y dos de sus hombres corrían aún, apuntando con los fusiles. ...

En la línea 1819
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Ya estaban cerca de la puerta, cuando, de súbito, oyeron voces en la habitación. ...

En la línea 1907
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Veinte minutos después de haberse marchado Rasumikhine se oyeron en la puerta dos discretos y rápidos golpes. Era el estudiante, que estaba de vuelta. ...

En la línea 2335
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof se reía de tal modo, que parecía no poder cesar de reír. La hilaridad le duraba todavía cuando llegaron a casa de Porfirio Petrovitch. Esto era lo que él quería. Así, desde el despacho le oyeron entrar en la casa riendo, y siguieron oyendo estas risas cuando los dos amigos llegaron a la antesala. ...

En la línea 3306
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... En efecto, se oyeron ruidos procedentes de la pieza vecina. ...

En la línea 252
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Fue en Circle City, antes de que acabara el año, donde los hechos dieron razón a los temores de Pete el Negro Burton, un individuo malhumora do y pendenciero, había iniciado una riña con un forastero en un bar, cuando Thornton se interpuso entre ambos. Buck, según su costumbre, estaba echado en un rincón, con la cabeza sobre las patas, atento a cada movimiento de su amo. Burton, sin avisar, le soltó un puñetazo directo. Thornton salió despedido girando sobre sí mismo y sólo se salvó de la caída porque se agarró a la barra del bar. Los que miraban la escena oyeron algo que no fue ladrido ni un gruñido, sino más bien un rugido, y vieron que, desde el suelo, el cuerpo de Buck saltaba por los aires hacia la garganta de Burton. El hombre salvó la vida alzando instintivamente el brazo, pero cayó de espaldas con Buck encima. El perro aflojó la dentellada del brazo para buscar nuevamente la garganta. Esta vez el hombre sólo consiguió bloquear parcialmente el ataque y sufrió un desgarro en el cuello. Entonces la concurrencia se abalanzó sobre Buck, apartándolo; pero mientras un médico controlaba la hemorragia, él permaneció al acecho, gruñendo con furia, intentando atacar y forzado a retroceder ante el despliegue de garrotes. Enseguida se reunió una «asamblea de mineros», que decidió que el perro había sido provocado y lo exculpó. Pero su reputación estaba servida, y desde aquel día su nombre corrió de boca en boca por todos los campamentos de Alaska. ...

En la línea 293
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Thornton, por su parte, se dejó caer de rodillas junto a Buck. Con las cabezas juntas, el amo mecía la del perro a un lado y a otro. Quienes se acerca ron a ellos le oyeron decir reiteradamente palabrotas a Buck, en un tono que era a la vez ferviente, dulce y amoroso. ...

En la línea 337
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Los yeehat estaban bailando en torno a los restos de la choza de ramas cuando oyeron el espantoso rugido y vieron venírseles encima a un animal como nunca habían visto otro igual. Era Buck, furioso ciclón viviente, que se lanzaba contra ellos poseído de frenesí destructivo. Saltó sobre el que más destacaba (era el jefe de los yeehat) y le hizo un amplio desgarrón en la garganta, hasta que la yugular destrozada se convirtió en una fuente de sangre. No se entretuvo en acosar a la víctima, sino que prosiguió mordiendo indiscriminadamente, y al siguiente brinco le desgarró la garganta a un segundo hombre. No había forma de detenerlo. Metido entre ellos, mordía, rasgaba, destrozaba, en un aterrador movimiento continuo que desafiaba las flechas que le arrojaban. De hecho, tan increíblemente rápidos eran sus movimientos y tan amontonados estaban los indios, que eran ellos los que se herían con las flechas unos a otros. Y un cazador joven que lanzó un venablo a Buck en pleno salto, se lo clavó a otro cazador con tanta fuerza, que se le quedó clavado en la espalda. Entonces el pánico se apoderó de los yeehat que escaparon despavoridos al bosque proclamando en la huida el advenimiento del Espíritu del Mal. ...

En la línea 1615
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En efecto; a las dos de la tarde, mientras que la nieve caía a grandes copos, se oyeron unos silbidos procedentes del Este. Una sombra enorme, precedida de un resplandor rojizo, avanzaba con lentitud, considerablemente abultada por las brumas que le daban fantástico aspecto. ...


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Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


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