Cual es errónea Obscuridad o Obscurridad?
La palabra correcta es Obscuridad. Sin Embargo Obscurridad se trata de un error ortográfico.
La falta ortográfica detectada en la palabra obscurridad es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra obscuridad
Errores Ortográficos típicos con la palabra Obscuridad
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la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece obscuridad
La palabra obscuridad puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3182
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Era ya noche cerrada y nos hallábamos rodeados de bosques, buscando a tientas el camino, porque la obscuridad era tal que apenas veía a una vara más allá de la cabeza del caballo. ...
En la línea 3190
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Eran cerca de las once, y me pareció mejor esperar al siguiente día en aquel lugar que seguir sin dilación a Villafranca, exponiéndonos a los horrores de la obscuridad en un camino solitario y desconocido. ...
En la línea 3241
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Me dicen que tenemos que trepar por esas montañas; se despearán los caballos.—Dejé la plaza del mercado y subí a la muralla de la ciudad con ánimo de descubrir la puerta por donde habíamos entrado la noche precedente; pero no tuve mejor éxito con luz del sol que en la obscuridad. ...
En la línea 3324
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La luz de dos teas puestas delante del correo brillaba en las armas de varios soldados, formados, al parecer, a ambos lados del camino; pero la obscuridad no me permitía ver los objetos claramente. ...
En la línea 549
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En la parte interior la obscuridad era absoluta. ...
En la línea 973
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Anita lloraba sobre la almohada, después saltaba del lecho; pero no se atrevía a andar en la obscuridad y pegada a la cama seguía llorando, tendida así, de bruces, como ahora, acariciando con el rostro la sábana que mojaba con lágrimas también. ...
En la línea 2465
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... la obscuridad le favorecía. ...
En la línea 3242
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En tanto, el salón amarillo estaba en una discreta obscuridad, si había pocos tertulios. ...
En la línea 1352
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Se tendió en la playa, como siempre, colocándose a poca distancia de la hoguera, que empezaba a disminuir sus llamas. Poco a poco se fueron retirando sus acompañantes para dormir detrás de las dunas o al abrigo de los cañares. Transcurrieron largas horas de silencio. La obscuridad era cortada de tarde en tarde por los rayos de colores que llegaban de las máquinas aéreas. Pero en la presente noche estas iluminaciones resultaban menos numerosas, como si alguien hubiese influido para que sus guardianes le vigilasen menos. En los largos periodos de obscuridad, las palpitaciones de la hoguera poblaban la noche de repentinos fulgores de incendio, seguidos de largas y profundas tinieblas. ...
En la línea 1372
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Gillespie, que había tomado estos dos animalejos entre sus dedos, los subió a su rostro, colocándoselos entre ambos ojos. Pero la obscuridad no le permitió reconocerlos. Únicamente pudo ver que eran mujeres. ...
En la línea 1377
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Lo mismo que dos piedras atravesaron la obscuridad, perdiéndose sus lamentos en el sonoro chapoteo de su caída. ...
En la línea 1414
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Pasó una gran parte de la noche de pie, mirando hacia la ciudad. Su estatura le permitía abarcar con los ojos la mayoría de sus barrios. El halo rojo de la iluminación duró hasta altas horas de la noche. Llegaba a sus oídos el vocerío de la inmensa muchedumbre, sus aclamaciones entusiastas, las canciones patrióticas entonadas a coro y el estruendo enardecedor de las músicas militares. Al mismo tiempo surcaban el espacio, como si fuesen cometas de distintos colores, los ojos de las máquinas voladoras con sus largas colas de luz. Abajo, en la obscuridad del mar, se deslizaban igualmente otras estrellas con todos los fulgores del iris. Por el aire y por el agua, un movimiento continuo y extraordinario iba llevándose fuera de la capital miles y miles de seres. ...
En la línea 383
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Calló Artegui, y no osó inquirir más Lucía. El calor iba en aumento, más pegajoso cada vez. Parecía el día de otoño sofocante jornada estival, y el polvillo del carbón, disuelto en la candente atmósfera, ahogaba. Intrincábase el país, haciéndose cada vez más montañoso y quebrado. De cuando en cuando penetraban en un túnel, y entonces la obscuridad, el crujido fuerte del tren, un aire húmedo de subterráneo, colándose en el departamento, consolaban algo de la tórrida temperatura. ...
En la línea 616
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Quien de lejos divisara aquella pareja, mancebo galán y lozana doncellita, departiendo solos en la vega frondosa, tomáralos, a buen seguro, por enamorados novios; y no creyera que hablaban de dolor y muerte, sino de amor, que es la vida misma. Artegui, de pie, se veía claramente en los garzos ojos que hacia él alzaba Lucía, ojos que, a pesar de la obscuridad del cielo, parecían salpicados de pajuelas luminosas. ...
En la línea 985
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Mas también la golondrina de Levante se voló, en busca de zonas más templadas. Un día no encontraron ya a Ibrahim Antonio en su sitio de costumbre: probablemente cansado de una jornada sin venta, había cargado con el surtido y emprendido el camino Dios sabe dónde. Lucía le echó de menos; pero el movimiento de retirada era general; no se veían sino tiendas que se vaciaban y cerraban. Había en las aceras montones de paja, rimeros de recortes de papel de embalaje, cajones y cajas con grandes rótulos que decían: «muy frágil.» Era la tristeza, el desorden, el creciente vacío de una casa mudada. Pilar encontraba tan feo a Vichy de aquel modo, que ideaba paseos inusitados, que la apartasen de las calles principales. Una mañana se encaprichó en ir a ver la pastillería, y presenció el nacimiento de dos o tres mil pastillas y bombones; otra quiso visitar las subterráneas galerías que encierran los inmensos depósitos del agua, y los formidables tubos por donde asciende a alimentar los baños del establecimiento termal. Bajaron estrecha escalera, cuyos últimos peldaños se hundían ya en la obscuridad de las galerías. La guardiana les precedía alumbrando con una lámpara de minero, aplastada y de hediondo tufo; Miranda llevaba otra, y un pilluelo que allí se apareció caído de las nubes, encargose de la última. Era la bóveda tan baja, que Miranda hubo de inclinar la cabeza, por no deshacerse la frente. Hacía brusco recodo el angosto pasadizo, y se hallaron de pronto en otra galería, abierta como una boca, donde se internaban los tubos, comidos de orín, gracias a la perenne humedad. Sudaba el techo pálidas y brillantes gotitas de vapor acuoso; a uno y otro lado corría el agua, sobre un lecho de residuos, de fosfatos alcalinos, blancos y farináceos, como nieve recién llovida. A medida que adelantaban por el largo canal subterráneo, calor sofocante anunciaba el paso de las sobras de la Reja Grande, un raudal hirviente, cuya temperatura subía más aún en aquella prisión. De las paredes, leprosas, herpéticas, cubiertas de roña caliza, colgaban monstruosas fungosidades, criptógamas preñadas de veneno, cuya blancura ponzoñosa se destacaba sobre el muro, como una pupila pálida y siniestra en un rostro amoratado. En los codos de los tubos, polvorientas telarañas se tendían, semejantes a sudario gris de olvidados muertos. Las losas der pavimento, dislocadas, dejaban entrever el agua negra. Sobre sus cabezas oían los expedicionarios el pisar de la gente, el batir del duro casco de las bestias. A veces se abría un respiradero, y al través de la reja de hierro filtrábase la luz del día, lívida y cadavérica, amarilleando la rojiza de las lámparas. Los tubos, intestinos de aquel húmedo vientre, daban mil vueltas, y tan pronto rastreaban a flor de tierra, parecidos a sierpes enormes, como se erguían a la bóveda, remedando los negros tentáculos de un pulpo descomunal. Hubo un instante en que los expedicionarios salieron de los pasadizos a plaza más despejada; era una especie de cueva circular, con tragaluz, y en su fondo bostezaban las anchas fauces del pozo Lucas, lleno de un agua soñolienta, sombría y honda. El pilluelo acercó curioso su lámpara. La guardiana le asió del brazo. ...
En la línea 1118
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Subió. Al llegar al segundo peldaño tropezó pisándose el traje por delante, y sólo entonces echó de ver que su bata de merino negro, manchada por la asistencia, arrugada por las vigilias, era muy fea y de corte asaz descuidado. Vio, además, que tenía los puños de la chambra hechos un trapo, remojados de lágrimas, y la falda sembrada de hilitos de hacer labor. Se recorrió maquinalmente con ambas manos, sacudiendo los cabos de hilo, y estirose algo los puños, mientras llegaba a la puerta. En ésta vaciló aún; pero la media obscuridad que ya reinaba le dio ánimos. Empujó las hojas y hallose en una gran pieza lóbrega a la sazón, que no era sino el comedor, y por tener cubiertos los muros de una imitación del antiguo cuero cordobés, parecía harto más sombría, ayudando a ello los altos aparadores de roble esculpido, y sitiales de lo mismo. ...

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Reglas relacionadas con los errores de r
Las Reglas Ortográficas de la R y la RR
Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
En castellano no es posible usar más de dos r
Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r
Más información sobre la palabra Obscuridad en internet
Obscuridad en la RAE.
Obscuridad en Word Reference.
Obscuridad en la wikipedia.
Sinonimos de Obscuridad.
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