Cual es errónea Huella o Hueya?
La palabra correcta es Huella. Sin Embargo Hueya se trata de un error ortográfico.
La Palabra hueya es una error ortográfica de la palabra huella en la que se ha cambiado la letra u por la ü o viceversa, esto es falta o sobra la diéresis sobre una de sus vocales u de la palabra correcta que es huella
Más información sobre la palabra Huella en internet
Huella en la RAE.
Huella en Word Reference.
Huella en la wikipedia.
Sinonimos de Huella.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Huella
Cómo se escribe huella o hueya?
Cómo se escribe huella o uella?

El Español es una gran familia
Vaya error ortográfico ¡¡¡¡
Reglas relacionadas con los errores de ll;y
Las Reglas Ortográficas de la LL y la Y
Se escribe LL:
Se escribe ll en las palabras que terminan en -illo, -illa. Por ejemplo: librillo, ventanilla.
Las Reglas Ortográficas de la Y:
Se escriben con y algunos tiempos y personas de los verbos cuyos infinitivos terminan en -uir:
Presente del Modo Indicativo
Ejemplos: construyo, influyes, huyo.
Excepciones: Nunca se escriben con y la primera y segunda personas del plural: huimos, construís, influimos.
Modo Imperativo
Ejemplo: construye, influye, influyamos, construya
Tercera persona del singular y del plural del pretérito indefinido.
Ejemplos: influyó, influyeron, construyó, construyeron
Modo subjuntivo.
Ejemplos: influya, construyera, influyere
Se escriben con y algunas formas de los verbos caer, leer, oír.
Ejemplos: cayó, leyeras, oyes
Algunas Frases de libros en las que aparece huella
La palabra huella puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1837
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Teresa y su hija, rendidas por el llanto, agotada la energía después de tantas noches de insomnio, habían acabado por quedar inertes, cayendo sobre aquella cama que aún conservaba la huella del pobre niño. ...
En la línea 2790
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Era una cosa tan rara una fiesta para la pobre Ana de Austria que, como había pensado el cardenal, ante este anuncio la última huella de sus resentimientos desapareció, si no de su corazón, al menos de su rostro. ...
En la línea 4102
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Además, las ruedas de un coche, que pa recía venir de París, habían cavado en la tierra blanda una pro funda huella que no pasaba más allá del pabellón y que volvía hacia Paris. ...
En la línea 4719
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El silencio es la última alegría de los desgraciados; guardaos de poner a alguien, quienquiera que sea, tras la huella de vuestros dolores; los curiosos empapan nuestras lágri mas como las moscas sacan sangre de un gamo herido. ...
En la línea 6389
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Pues bien, de verdad, hijo mío, tenéis r azón - dijo el gentilhombre apretando la mano del gascón con un cariño casi paterno -; ojalá quiera Dios que esa mujer, que apenas ha entrado en vuestra vida, no deje en ella una huella funesta. ...
En la línea 14205
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... y hasta mordió una que dejó allí, señalada apenas por la huella de dos dientes. ...
En la línea 1145
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Su primer movimiento hacia atrás hizo vacilar a las máquinas inmóviles en el aire; pero estas, pasada la sorpresa, tiraron todas a la vez en dirección opuesta. El pobre gigante no pudo resistirse a las energías mecánicas conjuradas contra el; se sintió empujado brutalmente, hasta caer al suelo, y luego arrastrado un largo espacio, derramando sobre la huella que dejaba su cuerpo dos regueros de sangre. Los hilos metálicos partían sus carnes como el filo de un cuchillo. ...
En la línea 4591
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Usted, tía, se empeñará en negarlo ahora… pero esta no lo niega. Cierto que no le cogeré; porque habrá saltado por el balcón; pero no me negarán que entró… Le he visto yo, le he visto pasar por delante de la botica… En la escalera ha dejado su huella, su rastro, rastro y huella, señores, que no se pueden confundir con nada… pero con nada. ...
En la línea 997
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Caminábamos sobre una arena fina lisa, no arrugada como la de las playas que conservan la huella de la resaca. Aquella alfombra deslumbrante, como un verdadero reflector, reflejaba los rayos del sol con una sorprendente intensidad, produciendo una inmensa reverberación que penetraba en todas las moléculas líquidas. ¿Se me creerá si afirmo que a esa profundidad de treinta pies veía yo como si estuviera en la superficie? Durante un cuarto de hora anduvimos por ese fondo de arena sembrado de una impalpable capa de polvo de conchas. El casco del Nautilus, perceptible como un largo escollo, desaparecía poco a poco, pero su fanal, cuando se hiciera la noche en medio de las aguas, facilitaría nuestro retorno a bordo, con la proyección de sus rayos nítidamente visibles. Efecto difícil de comprender para quien no ha visto más que en tierra esas luces blancas tan vivamente acusadas. Allí, el polvo que satura el aire les da la apariencia de una niebla luminosa; pero en el mar, como bajo el mar, esa luz se transmite con una incomparable pureza. ...
En la línea 998
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Seguíamos caminando por aquella vasta llanura que parecía no tener límites. Al cortar con la mano la masa líquida que se cerraba tras de mí, comprobé que la huella de mis pasos se borraba inmediatamente bajo la presión del agua. ...
En la línea 1707
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Entró el doctor, un viejecito alemán, pulcramente vestido, que dirigió en torno de él una mirada de desconfianza. Se acercó al herido, le tomó el pulso, examinó atentamente su cabeza y después, con ayuda de Catalina Ivanovna, le desabrochó la camisa, empapada en sangre. Al descubrir su pecho, pudo verse que estaba todo magullado y lleno de heridas. A la derecha tenía varias costillas rotas; a la izquierda, en el lugar del corazón, se veía una extensa mancha de color amarillo negruzco y aspecto horrible. Esta mancha era la huella de una violenta patada del caballo. El semblante del médico se ensombreció. El agente de policía le había explicado ya que aquel hombre había quedado prendido a la rueda de un coche y que el vehículo le había llevado a rastras unos treinta pasos. ...
En la línea 248
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... Ninguna huella quedaba en su rostro de la crisis de la víspera. ...

la Ortografía es divertida
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