Cual es errónea Funcionarios o Funcionarrios?
La palabra correcta es Funcionarios. Sin Embargo Funcionarrios se trata de un error ortográfico.
La falta ortográfica detectada en la palabra funcionarrios es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra funcionarios
Más información sobre la palabra Funcionarios en internet
Funcionarios en la RAE.
Funcionarios en Word Reference.
Funcionarios en la wikipedia.
Sinonimos de Funcionarios.
Algunas Frases de libros en las que aparece funcionarios
La palabra funcionarios puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4873
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Del nuevo Gobierno poco podía yo esperar: casi todos los hombres que lo formaban habían sido cortesanos o funcionarios del difunto rey Fernando, eran partidarios del absolutismo y no estaban en modo alguno dispuestos a hacer o permitir cosas que pudieran enojar a la Corte de Roma, a la que ansiaban tener contenta, esperando inducirla quizás a reconocer a la niña Isabel II, no como reina constitucional, sino como reina absoluta. ...
En la línea 1072
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... r otra parte, en varios sitios andaban los habitantes muy sorprendidos al ver embarcaciones de guerra, creyendo y hasta esperando que precedían a una flota española que venía a arrancar a la isla del gobierno patriótico de Chile, pero como todos los funcionarios habían sido prevenidos de nuestra próxima visita nos agobiaron a cumplidos. gobernador vino a visitarnos mientras estábamos cenando; era un antiguo teniente coronel al servicio de España; pero al presente horrorosamente pobre ...
En la línea 2992
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s clases inferiores, o esclavos emancipados, son, creo, muy pobres, y se quejan de falta de trabajo. aumentado la pobreza a consecuencia de la retirada de muchos funcionarios y de la emigración de casi todas las familias ricas, desde que abandonó la isla la Compañía de las Indias orientales ...
En la línea 302
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Pasaron igualmente las literas de los presidentes del Senado y de la Cámara de diputados, y a continuación la del rector de la Universidad, que tenía la forma de una lechuza y era llevada a brazos por cuatro profesores auxiliares. Finalmente, cerraban la marcha, pero a pie, los ministros, los altos funcionarios y un destacamento de la Guardia gubernamental con largas lanzas. ...
En la línea 629
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Miles y miles de hombres entusiastas, entre los cuales hay muchos que son esposas e hijas de altos funcionarios, se han encargado de mantenerme y ocultarme en mis excursiones de propaganda. Mi deber me ordena continuar estos viajes, pero los hombres nos dejamos esclavizar por el amor mucho más que las hembras, le concedemos mayor importancia, y yo hago traición a mi causa para vivir en esta capital, completamente inactivo durante algunas semanas, con la esperanza de poder hablar a una mujer. ...
En la línea 1057
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... 'Si se deja continuar este espectáculo subversivo, si no se le pone remedio, el llamado 'partido masculista', insignificante y ridículo en el presente, crecerá hasta convertirse en una gran fuerza; los hombres querrán llevar pantalones, y nosotros, las mujeres que somos senadores, guerreros, funcionarios, en una palabra, todos los que desempeñamos un cargo público o contribuimos a la buena marcha del Estado, todos los que somos cabeza de una familia, tendremos que vestirnos con faldas. ...
En la línea 1269
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... En aquel momento volvió el alcaide con algunos de sus subalternos, y ordenó que los presos fueran conducidos al patio de la cárcel. El rey se puso muy alegre, porque era una cosa magnífica volver a ver el azul del cielo y respirar una vez más el aire fresco. Se impacientó y refunfuñó por la lentitud de los funcionarios, pero al fin le llegó la vez y se vio liberado de sus cadenas, con la orden de seguir a Hendon y a los otros presos. ...
En la línea 1273
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Abrióse una gran verja y entró una muchedumbre, que se agrupó en torno de las dos mujeres, ocultándolas a la vista del rey. Entró un clérigo y cruzó por entre la muchedumbre hasta perderse de vista. Eduardo oyó después preguntas y respuestas, mas no pudo comprender qué es lo que se decía. Luego hubo mucho alboroto de preparativos y de idas y venidas de los funcionarios por la parte de la muchedumbre que se hallaba al otro lado de donde estaban las mujeres, y mientras tanto un prolongado siseo imponiendo silencio a la gente. De pronto, a una orden, la multitud se separó a ambos lados y el rey vio un espectáculo que le heló la sangre en las venas. Habían apilado haces de leña en torno de las dos mujeres, y unos hombres arrodillados los estaban encendiendo. ...
En la línea 1323
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Llegó a disfrutar el ser conducido majestuosamente a la cama, por la noche, y que le vistieran con intrincada y solemne ceremonia por la mañana. Vino a ser un orgulloso deleite el ir a comer asistido por un brillante séquito de funcionarios de Estado y gentilhombres de armas, de tal modo que dobló la guardia de gentilhombres de armas, hasta un centenar. Le gustaba oír las trompetas resonando en los largos corredores, y las distantes voces demandando: 'Paso al rey'. ...
En la línea 828
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof creyó advertir que el joven secretario se mostraba más desdeñoso con él después de su confesión; pero, cosa extraña, a él ya no le importaban lo más mínimo los juicios ajenos sobre su persona. Este cambio de actitud se había producido en Raskolnikof súbitamente, en un abrir y cerrar de ojos. Si hubiese reflexionado, aunque sólo hubiera sido un minuto, se habría asombrado, sin duda, de haber podido hablar como lo había hecho con aquellos funcionarios, a los que incluso obligó a escuchar sus confidencias. ¿A qué se debería su nuevo y repentino estado de ánimo? Si en aquel momento apareciese la habitación llena no de empleados de la policía, sino de sus amigos más íntimos, no habría sabido qué decirles, no habría encontrado una sola palabra sincera y amistosa en el gran vacío que se había hecho en su alma. Le había invadido una lúgubre impresión de infinito y terrible aislamiento. No era el bochorno de haberse entregado a tan efusivas confidencias ante Ilia Petrovitch, ni la actitud jactanciosa y triunfante del oficial, lo que había producido semejante revolución en su ánimo. ¡Qué le importaba ya su bajeza! ¡Qué le importaban las arrogancias, los oficiales, las alemanas, las diligencias, las comisarías… ! Aunque le hubiesen condenado a morir en la hoguera, no se habría inmutado. Es más: apenas habría escuchado la sentencia. Algo nuevo, jamás sentido y que no habría sabido definir, se había producido en su interior. Comprendía, sentía con todo su ser que ya no podría conversar sinceramente con nadie, hacer confidencia alguna, no sólo a los empleados de la comisaría, sino ni siquiera a sus parientes más próximos: a su madre, a su hermana… Nunca había experimentado una sensación tan extraña ni tan cruel, y el hecho de que él se diera cuenta de que no se trataba de un sentimiento razonado, sino de una sensación, la más espantosa y torturante que había tenido en su vida, aumentaba su tormento. ...
En la línea 2657
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Es cierto que tengo aquí conocidos ‑dijo el visitante, sin responder a la pregunta principal que se le acababa de dirigir‑. Ya me he cruzado con algunos, pues llevo tres días paseando. Yo los he reconocido y ellos me han reconocido a mí, creo yo. Es natural que sea un hombre bien relacionado. Voy bien vestido y se me considera como hombre acomodado, pues, a pesar de la abolición de la servidumbre, nos quedan bosques y praderas fertilizados por nuestros ríos, que siguen proporcionándonos una renta. Pero no quiero reanudar mis antiguas relaciones; hace ya tiempo que estas amistades no me seducen. Ya hace tres días que voy vagando por aquí, y todavía no he visitado a nadie… Además, ¡esta ciudad… ! ¿Ha observado usted cómo está edificada? Es una población de funcionarios y seminaristas. Verdaderamente, hay muchas cosas en que yo no me fijaba hace ocho años, cuando no hacía otra cosa que holgazanear e ir por esos círculos, por esos clubes, como el Dussaud. No volveré a visitar ninguno ‑continuó, fingiendo no darse cuenta de la muda interrogación del joven‑. ¿Qué placer se puede experimentar en hacer fullerías? ...
En la línea 3174
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El visitante paseó por toda la estancia una mirada retadora, preguntándose si habría allí algún esbirro, algún espía encargado de vigilarle para impedir su fuga. Pero no había nada de esto. Sólo veía caras de funcionarios que reflejaban cuidados mezquinos, y rostros de otras personas que, como los funcionarios, no se interesaban lo más mínimo por él. Se podría haber marchado al fin del mundo sin llamar la atención de nadie. Poco a poco se iba convenciendo de que si aquel misterioso personaje, aquel fantasma que parecía haber surgido de la tierra y al que había visto el día anterior, lo hubiera sabido todo, lo hubiera visto todo, él, Raskolnikof, no habría podido permanecer tan tranquilamente en aquella sala de espera. Y ni habrían esperado hasta las once para verle, ni le habrían permitido ir por su propia voluntad. Por lo tanto, aquel hombre no había dicho nada… , porque tal vez no sabía nada, ni nada había visto (¿cómo lo habría podido ver?), y todo lo ocurrido el día anterior no había sido sino un espejismo agrandado por su mente enferma. ...
En la línea 3174
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El visitante paseó por toda la estancia una mirada retadora, preguntándose si habría allí algún esbirro, algún espía encargado de vigilarle para impedir su fuga. Pero no había nada de esto. Sólo veía caras de funcionarios que reflejaban cuidados mezquinos, y rostros de otras personas que, como los funcionarios, no se interesaban lo más mínimo por él. Se podría haber marchado al fin del mundo sin llamar la atención de nadie. Poco a poco se iba convenciendo de que si aquel misterioso personaje, aquel fantasma que parecía haber surgido de la tierra y al que había visto el día anterior, lo hubiera sabido todo, lo hubiera visto todo, él, Raskolnikof, no habría podido permanecer tan tranquilamente en aquella sala de espera. Y ni habrían esperado hasta las once para verle, ni le habrían permitido ir por su propia voluntad. Por lo tanto, aquel hombre no había dicho nada… , porque tal vez no sabía nada, ni nada había visto (¿cómo lo habría podido ver?), y todo lo ocurrido el día anterior no había sido sino un espejismo agrandado por su mente enferma. ...
En la línea 1084
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - Ninguno. La puerta está cerrada y nadie puede entrar. Sólo hay dos o tres sitios detrás del señor presidente; pero allí sólo pueden sentarse los funcionarios públicos. ...
En la línea 365
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Se vivía por lo tanto, bien, a bordo del 'Mongolia' entre aquella sociedad de funcionarios, con los cuales alternaban algunos jóvenes ingleses que con un millón en el bolsillo iban a fundar a lo lejos establecimientos de comercio. El 'purser', hombre de confianza de la Compañía, igual al capitán a bordo, lo hacía todo con suntuosidad, en el 'lunch' de las dos, en la comida de las cinco y media, en la cena de las ocho, las mesas crujían bajo el peso de la carne fresca y de los entremeses que suministraba la camiceria y la repostería del vapor. Las pasajeras, de las cuales había algunas, mudaban de traje dos veces al día. Había músico y hasta baile cuando el mar lo permitía. ...
En la línea 447
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... El tren había salido a la hora reglamentaria. Llevaba cierto número de viajeros, algunos oficiales, funcionarios civiles y comerciantes de opio y de añil a quienes llamaba su trafico a la parte oriental de la península. ...

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Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r
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Las Reglas Ortográficas de la R y la RR
Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
En castellano no es posible usar más de dos r

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