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La palabra figurraba
Cómo se escribe

Comó se escribe figurraba o figuraba?

Cual es errónea Figuraba o Figurraba?

La palabra correcta es Figuraba. Sin Embargo Figurraba se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra figurraba es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra figuraba


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Reglas relacionadas con los errores de r

Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r

Algunas Frases de libros en las que aparece figuraba

La palabra figuraba puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2852
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Entre los llegados durante mi estancia allí, figuraba una mujer muy fornida y jovial, en extremo bien vestida, con traje de seda negra y _mantilla_ de mucho precio. ...

En la línea 2895
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Lo menos un minuto estuvimos mirándonos mutuamente, hasta que el cabo, en la más elocuente lamentación gitana imaginable, me dijo: ¡El _erray_ nos conoce a nosotros, pobres _Caloré_! ¿Y dice que es inglés? _¡Bullati!_ No me figuraba encontrar por aquí un _Busnó_ que nos conociera, porque en estas tierras no se ven nunca _gitanos_. ...

En la línea 3365
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Es lo que yo me figuraba—continuó el huésped cuando el criado se fué a su recado—: son andaluces y van a hacer lo que llaman un _gazpacho_ para cenar. ...

En la línea 5320
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No figuraba entre los _valientes_ de profesión de la cárcel: su edad no le permitía ya asumir tan eminente calidad; pero todos los demás presos parecían tratarle con cierto temor: quizás temían su lengua, pues, en ocasiones, empleábala en verter maldiciones horrendas sobre los que incurrían en su desagrado. ...

En la línea 2660
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... tendiéndose el país habitable a lo largo de la costa y siendo sus colonos ingleses ha de ser en realidad potencia marítima. figuraba yo que Australia podía llegar a ser un país tan grande y tan poderoso como América del Norte, pero ahora que lo he visto he dado un poco de lado a estos sueños de grandeza. ...

En la línea 2953
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... tes de ver a estas gentes me figuraba yo que tenían imponente aspecto los indios; tienen la piel sumamente oscura; muchos de los viejos llevan grandes bigotes y toda la barba blanca como la nieve ...

En la línea 334
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En cuanto abrió la puerta de la torre y se encontró en la nave Norte de la iglesia, recobró la sonrisa inmóvil, habitual expresión de su rostro, cruzó las manos sobre el vientre, inclinó hacia delante un poco con cierta languidez entre mística y romántica la bien modelada cabeza, y más que anduvo se deslizó sobre el mármol del pavimento que figuraba juego de damas, blanco y negro. ...

En la línea 362
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El beneficiado admiraba al Magistral, creía en su porvenir, se le figuraba obispo, cardenal, favorito en la corte, influyente en los ministerios, en los salones, mimado por damas y magnates. ...

En la línea 498
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aquella coraza estaba apretada contra algún armazón (no podía ser menos) que figuraba formas de una mujer exageradamente dotada por la naturaleza de los atributos de su sexo. ...

En la línea 649
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Encontraba el Arcediano, sin haber leído a Darwin, cierta misteriosa y acaso cabalística relación entre aquella manera de F que figuraba su cuerpo y la sagacidad, la astucia, el disimulo, la malicia discreta y hasta el maquiavelismo canónico que era lo que más le importaba. ...

En la línea 522
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Sólo quedaban de él algunos fragmentos de ladrillos, guardados como reliquias artísticas. Había sido hecho indudablemente de azulejos de Manises, adornados con escudos heráldicos, en los que figuraba el toro rojo de los Borgias. Traía dibujos de ellos destinados a la ilustración de su próximo estudio sobre la azulejeria valenciana. ...

En la línea 644
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Otra vez Rodrigo de Borja, que figuraba al frente del Importante grupo de cardenales aseglarados, ricos audaces e Inquietos, influyó en la elección pontifical, ayudado por sus compañeros Gonzaga y Orsini, que tampoco eran de mejores costumbres. Fué el elegido un genovés, antiguo fraile, el cardenal Francisco de la Rovere, que tomó el nombre de Sixto IV. ...

En la línea 766
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Jofre, único de sus hijos, insignificante y sin historia, que recibió el mismo nombre puramente valenciano de su abuelo, fue también en su infancia canónigo y arcediano de la catedral de Valencia. Lucrecia, por su sexo, no podía aspirar a ninguna prebenda eclesiástica, y su padre la destinó a unirse en matrimonio con el hijo de alguno de aquellos señores de la nobleza valenciana, grandes amigo de la familia Borja desde los tiempos en que Calixto III figuraba como secretario del rey Alfonso. ...

En la línea 794
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Su coronación, el 26 de agosto, resultó una ceremonia extraordinaria por su fastuosidad. Los embajadores escribían a sus cortes que «nunca se había visto una coronación tan esplendorosa». Toda la nobleza de los estados pontificios acudía a Roma. Las calles ostentaron ricos tapices, guirnaldas de flores, arcos de triunfo con poesías laudatorias para Alejandro VI, escritas en el estilo pagano, de moda entonces. Tales eran el entusiasmo y la adulación inspirados por Borja, que en uno de los arcos figuraba este dístico: ...

En la línea 1660
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por esto le gustaba más, cuando el tiempo no era muy frío, vagar por las calles, embozadito en su pañosa, viendo escaparates y la gente que iba y venía, parándose en los corros en que cantaba un ciego, y mirando por las ventanas de los cafés. En estas excursiones podía muy bien emplear dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cogía impulso, el cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presión altísima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo aventuras y ser muy otro de lo que era. La calle con su bullicio y la diversidad de cosas que en ella se ven, ofrecía gran incentivo a aquella imaginación, que al desarrollarse tarde, solía desplegar los bríos de que dan muestras algunos enfermos graves. Al principio no le llamaban la atención las mujeres que encontraba; pero al poco tiempo empezó a distinguir las guapas de las que no lo eran, y se iba en seguimiento de alguna, por puro éxtasis de aventura, hasta que encontraba otra mejor y la seguía también. Pronto supo distinguir de clases, es decir, llegó a tener tan buen ojo, que conocía al instante las que eran honradas y las que no. Su amigo Ulmus sylvestris, que a veces le acompañaba, indújole a romper la reserva que su encogimiento le imponía, y Maximiliano conoció a algunas que había visto más de una vez y que le habían parecido muy guapetonas. Pero su alma permanecía serena en medio de sus tentativas viciosas: las mismas con quienes pasó ratos agradables le repugnaban después, y como las viera venir por la calle, les huía el bulto. ...

En la línea 2431
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Debe decirse que aquella tarde, cuando Maximiliano habló a su futura de próxima salida, los sentimientos de ella experimentaron un retroceso. ¡Salir, casarse!… En aquel instante parecíale su dichoso novio más antipático que nunca, y advirtió con miedo que aquellas regiones magníficas de la hermosura del alma no habían sido descubiertas por ella en la soledad y santidad de las Micaelas, como le anunciara Nicolás Rubín, a pesar de haber rezado tanto y de haber oído tantismos sermones. Porque lo que el capellán decía en el púlpito era que debemos hacer todo lo posible para salvarnos, que seamos buenos y que no pequemos; también decía que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y que Dios es hermosismo en sí y tal como el alma le ve; pero a ella se le figuraba que por bajo de esto quedaba libre el corazón para el amor mundano, que este entra por los ojos o por la simpatía, y no tiene nada que ver con que la persona querida se parezca o no se parezca a los santos. De este modo caía por tierra toda la doctrina del cura Rubín, el cual entendía tanto de amor como de herrar mosquitos. ...

En la línea 3282
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Esta no—repitió Jacinta, asustada de ver a su enemiga tan distinta de como ella se la figuraba. ...

En la línea 3806
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Respecto a Fortunata lo dispuso tan bien que no cabía más. No le dejaba en su testamento más que algunos regalitos, llamándola ahijada; pero, por medio de un agente de Bolsa muy discreto, se hizo una operación en que la chulita figuraba como compradora de cierta cantidad de acciones del Banco, dándole además, de mano a mano, algunas cantidades en billetes. No olvidó por esto D. Evaristo a sus parientes, que eran dos sobrinas, residentes la una en Astorga, la otra en Ponferrada. Ambas quedaban muy bien atendidas en el testamento; y en cuanto a los socorros que anualmente les enviaba, no perdió aquel año la memoria de esta obligación, a pesar de los muchos quebraderos de cabeza que tuvo. Doña Paca y los dos criados también se llevarían un pellizco el día en que el amo faltara. ...

En la línea 565
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Se echó a reír con burla, me dio un empujón para hacerme salir y cerró la puerta a mi espalda. Yo me marché directamente a casa del señor Pumblechook, y me satisfizo mucho no encontrarle en casa. Por consiguiente, después de decirle al empleado el día en que tenía que volver a casa de la señorita Havisham, emprendí el camino para recorrer las cuatro millas que me separaban de nuestra fragua. Mientras andaba iba reflexionando en todo lo que había visto, rebelándome con toda mi alma por el hecho de ser un aldeano ordinariote, lamentando que mis manos fuesen tan bastas y mis zapatos tan groseros. También me censuraba por la vergonzosa costumbre de llamar «mozos» a las sotas y por ser mucho más ignorante de lo que me figuraba la noche anterior, así como porque mi vida era peor y más baja de lo que había supuesto. ...

En la línea 807
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Si solamente Estella hubiese sido la única testigo de nuestro entretenimiento, eso ya habría sido bastante desagradable para mí; pero como apareció en compañía de las tres señoras y del caballero a quienes viera abajo, me quedé sin saber qué hacer. Por cortesía habría querido pararme, pero la señorita Havisham me retorció el hombro y seguimos adelante, en tanto que yo, avergonzado, me figuraba que ellos creerían que el paseo era obra mía. ...

En la línea 901
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Cuando empezamos a acostumbrarnos más uno a otro, la señorita Havisham hablaba más conmigo y me dirigía preguntas acerca de lo que había aprendido y lo que me proponía ser. Le dije que me figuraba sería puesto de aprendiz con Joe; además, insistí en que no sabía nada y que me gustaría saberlo todo, con la esperanza de que pudiera ofrecerme su ayuda para alcanzar tan deseado fin. Pero no hizo nada de eso, sino que, por el contrario, pareció que prefería fuese un ignorante. Ni siquiera me dio algún dinero u otra cosa más que mi comida diaria, y tampoco se estipuló que yo debiera ser pagado por mis servicios. ...

En la línea 976
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Así me lo figuraba — dijo Joe —. Pues bien, que presentásemos sus cumplimientos a la señora Gargery. — Poco me importa eso — observó mi hermana, aunque, sin embargo, complacida. ...

En la línea 4648
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Me lo figuraba. Pero puedo acompañarte. Y Dunia también. Te quiere mucho. Además, puede venir con nosotros Sonia Simonovna. De buen grado la aceptaría como hija. Dmitri Prokofitch nos ayudará a hacer los preparativos… Pero dime: ¿adónde vas? ...

En la línea 261
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Usted decía que esta esclavitud le causaba delicia… Yo también así me lo figuraba. —¡Usted también se lo figuraba! —exclamé con una volubilidad extraña—. ¡Extraordinaria candidez la suya! Pues bien, lo confieso, ser su esclavo me produce placer. Hay un deleite en el último grado de la humillación y del rebajamiento —continué de un modo delirante—. Quien sabe, quizá se experimenta bajo el knut, cuando sus correas se abaten y desgarran la espalda… Pero yo deseo tal vez gozar otros placeres. Hace un momento, en la mesa, el general me ha sermoneado delante de usted porque me paga setecientos rublos al año, que quizá nunca logre cobrar. El marqués Des Grieux, con las cejas fruncidas, me contemplaba y al mismo tiempo fingía no verme. Y yo, por mi parte, es muy probable que arda en deseos de agarrar a ese marqués por la nariz, en presencia de usted. ...

En la línea 1266
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Vivía en un círculo burgués, mercantil, donde se contaba por céntimos. Los primeros quince días, Blanche no podía sufrirme; me daba perfecta cuenta de ello; cierto que me vestía con elegancia, que me hacía el nudo de la corbata todas las mañanas, pero, en el fondo de su alma sentía por mí un sincero desprecio. Eso no me interesaba, no ponía en eso la menor atención. Melancólico y abatido, adquirí la costumbre de ir al Château des Fleurs, donde, regularmente, todas las noches me emborrachaba y aprendí el cancán —que se bailaba allí con mucho descoco—. Llegué a hacerme famoso en aquel ambiente. Finalmente, Blanche comprendió con quién trataba. Parecía haberse formado de antemano la idea de que yo, durante nuestras relaciones, la seguiría con un lápiz y una hoja de papel en la mano y llevaría una cuenta de gastos y de sus pillerías, tanto pasadas como futuras. Indudablemente se figuraba que regañaríamos por cada diez francos que gastase. Para cada uno de mis ataques, que daba por descontados, tenía preparada una réplica. Al ver que no ocurría nada de eso, tomó ella la ofensiva. ...

En la línea 1304
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Desde que el general apareció en nuestra casa, Blanche empezó a ponerse a su favor. Recurrió incluso a la elocuencia; me recordó que le había engañado por mi causa, que era casi su novia, y que habiendo dado su palabra, él había abandonado a su familia, que yo había estado a su servicio y debí tener esto en cuenta. ¿Cómo no me daba vergüenza? Acabé tomando a risa sus frases, y las cosas quedaron así. Al principio se figuraba ella que yo era un imbécil, pero luego, al final, reconoció que tenía buen carácter. Tuve la suerte de ganarme la simpatía de aquella excelente muchacha. Aunque tarde, reconocía sus méritos. ...

En la línea 245
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Sí, señor… -contestó Lucía, atribulada ya-. Pues claro está que venía… venía don Aurelio Miranda, mi marido… -y al decirlo, sonriose involuntariamente, de lo nueva y peregrina que se le figuraba tal expresión en su boca. ...

En la línea 769
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Dirigíanse las dos amigas, ya hacia la Montaña Verde, ya hacia el camino de las Señoras o hacia el manantial intermitente de Vesse. La Montaña Verde es el punto más elevado de las inmediaciones de Vichy. Está la montañuela cubierta de vegetación, pero de vegetación baja, a flor de tierra, de suerte que, vista de lejos, se les figuraba cabeza de gigante con cabellera corta y espesísima. Ya en la cúspide, subían al mirador y manejaban el gran anteojo, registrando el inmenso panorama que se extendía en torno. Las suaves laderas, tapizadas de viñas, bajaban hasta el Allier, que culebreaba a lo lejos como enorme sierpe azul. En lontananza, la cadena del Forez erguía sus mamelones donde la nieve refulgía cual una caperuza de plata; los gigantes de Auvernia, vaporosos y grises, parecían fantasmas de neblina; el castillo de Borbón Busset surgía de las brumas con sus torreones señoriales, avergonzando al pacifico palacio de Randán, con todo el desdén de un Borbón legítimo hacia la rama degenerada de los Orleáns. El camino de las Señoras era la excursión favorita de Lucía. Estrecha vereda, sombreada por espesos árboles, sigue dócil el curso del Sichón, deteniéndose cuando al río se le antoja formar un remanso y torciéndose en graciosas curvas como la tranquila corriente. A cada paso corta la monotonía de las hileras de chopos y negrillos algún accidente pintoresco: ya un lavadero, ya una casita que remoja los pies en el río, ya una presa, ya un molino, ya una charca de patos. El molino, en particular, parecía dispuesto por un pintor efectista para algún lienzo de naturaleza perfeccionada. Vetusto, comido de húmeda y verdegueante lepra, sustentado en postes de madera que iba pudriendo el agua, brillaba sobre el edificio la rueda, como el ojo disforme sobre la morena y rugosa frente de un cíclope. Eran destellos de la enorme pupila las gotas de refulgente argentería líquida que saltaban de rayo a rayo, a cada vuelta; y el quejido penoso que la pesada rueda exhalaba al girar, completaba el símil, remedando el hálito del monstruo. Un puente lanzado con osadía sobre el mismo arco de la catarata que formaba la presa dejaba ver, al través de su tablazón mal junta, el agua espumante y rugiente. En la presa bogaban con pachorra hasta media docena de patos, e infinitos gorriones revolaban en el alero irregular del tejado, mientras en el obscuro agujero de una de las desiguales ventanas florecía un tiesto de petunias. Quedábase Lucía muchos ratos mirando al molino, sentada en el ribazo opuesto, arrullada por el ronquido cadencioso de la rueda y por el blando chapaleteo del agua batida. Pilar prefería el manantial intermitente que le proporcionaba las emociones de que era tan ávido su endeble organismo. Llegábase al manantial por un ameno sendero; ya desde el puente se cogía bella perspectiva. El Allier es vasto y caudaloso, pero muy mermado a la sazón por los calores estivales; sólo en los puntos más anchos del cauce llevaba agua, y el resto descubría el álveo formado de arena en prolongadas zonas blancas. A lo más rápido de la corriente, obscuros peñascos se interponían, originando otros tantos remolinos; saltaba el agua, espumaba un punto colérica, y después seguía mansa y sesga como de costumbre. En lontananza se descubría extensa vega. Dilatadas praderías, donde pacían vacas y borregos, estaban limitadas al término del horizonte por una línea de chopos verde pálido, muy rectos y agudos, a la manera de los árboles contrahechos de las cajas de juguetes; los mimbrales, en cambio, eran rechonchos y panzones, como bolas de verdor sombrío rodantes por la pradera. Completaba la lejanía la cima de la Montaña Verde, recortándose sobre el cielo con cierta dureza de paisaje flamenco en sus contornos exactos y marcados, de un verde obscuro límpido. A la margen del río se veía bajar y subir el brazo derecho de las lavanderas, como miembro de marioneta movido por resortes, y se oía el plas acompasado de la paleta con que azotaban la ropa. Por el agrio talud de la ribera ascendían lentos carros cargados de arena y casquijo, y cruzaban después el puente, bañado en sudor el tiro, muy despacio, sonando a largos intervalos las campanillas. Pasaban las aldeanas auvernesas, vestidas de colores apagados, la esportilla de paja puesta sobre la blanca escofieta, conduciendo sus vacas, cuyos ubres henchidos de leche se columpiaban al andar, y que, posando una mirada triste en los transeúntes, solían pegar una huida de costado, un trote de diez segundos, tras de lo cual recobraban la resignación de su paso grave. En la esquina del puente, un pobre, decentemente vestido y con trazas de militar, pedía limosna con sólo una inflexión suplicante de la voz y un doliente fruncimiento de cejas. ...

En la línea 1164
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Picaporte la leyó, y allí no figuraba el nombre de su amo. ...

En la línea 1506
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Allí fue donde se inauguró el 'Union Paciflc', el 23 de octubre de 1867, cuyo ingeniero jefe fue el general J. M. Dodge, y donde se detuvieron las dos poderosas locomotoras que remolcaban los nuevos vagones de convidados, entre los cuales figuraba el vicepresidente Tomás C. Durant. Allí dieron el simulacro de un combate indio; allí brillaron los fuegos artificiales, en medio de ruidosas aclamaciones: allí, por último, se publicó, por medio de una imprenta portátil, el primer número del 'Rail way Pioneer'. Así fue celebrada la inauguración de ese gran ferrocarril, instrumento de progreso y de civilización, trazado a través del desierto y destinado a enlazar entre sí ciudades que no existían aún. El silbato de la locomotora, más poderoso que la lira de Anfión, iba a hacerlas surgir muy en breve del suelo americano. ...

Errores Ortográficos típicos con la palabra Figuraba

Cómo se escribe figuraba o figurraba?
Cómo se escribe figuraba o figurava?
Cómo se escribe figuraba o fijuraba?

Más información sobre la palabra Figuraba en internet

Figuraba en la RAE.
Figuraba en Word Reference.
Figuraba en la wikipedia.
Sinonimos de Figuraba.

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