Cual es errónea Estirpe o Estirrpe?
La palabra correcta es Estirpe. Sin Embargo Estirrpe se trata de un error ortográfico.
La falta ortográfica detectada en la palabra estirrpe es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra estirpe
Más información sobre la palabra Estirpe en internet
Estirpe en la RAE.
Estirpe en Word Reference.
Estirpe en la wikipedia.
Sinonimos de Estirpe.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Estirpe
Cómo se escribe estirpe o hestirpe?
Cómo se escribe estirpe o estirrpe?
Cómo se escribe estirpe o eztirpe?
Algunas Frases de libros en las que aparece estirpe
La palabra estirpe puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1589
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Pero el hijo de doña Elvira rehusaba obstinadamente esta distinción. ¡La Iglesia por encima de todo!... pero la nobleza histórica también era obra de Dios. Y, orgulloso de la estirpe materna, sonreía irónicamente al hablar de la nobleza papal, despreciando a los industriales y los ricos improvisados que se pavoneaban con sus títulos de Roma. Se proponía solicitar para él, más adelante, aquel marquesado rancio y glorioso de San Dionisio que estaba sin sucesión desde la muerte de su famoso tío Torreroel. ...
En la línea 6005
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Inumerables son aquellos que, de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran. ...
En la línea 876
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Asi empezó su vida matrimonial la famosa Lucrecia Borgia, descrita por los enemigos de su estirpe como un monstruo nunca visto desde los tiempos de Mesallna, y calumniada por las invenciones de su primer marido, deseoso de vengar de tal modo un divorcio que le afrentaba como hombre. ...
En la línea 1238
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Resultaba absurda también la suposición de que Alejandro VI había transigido, por miedo o por mantener incólume el honor de su estirpe, con el asesino de su hijo mayor, luego de confesar César su culpabilidad, como decían los calumniadores. Rodrigo de Borja, violento en sus cariños, era incapaz de aceptar un crimen tan inaudito. Jamás habría podido tener con el supuesto fratricida la confianza que le mostró en los años posteriores, ni sentir entusiasmos tan sinceros por sus victorias. ...
En la línea 1346
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... «Denota orgullo—pensó—por la solidez y aguante de esta navarra vigorosa que va a ser madre de sus hijos. Necesita alegrar con su confidencia al futuro abuelo, ansioso de que la estirpe de los Borjas se prolongue, de que lleguen a ser reyes de Italia, ambición persistente en la familia desde Calixto Tercero.» ...
En la línea 1396
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... César hizo prisionera a Catalina, tratándola con los honores debidos a su estirpe, mientras esperaba ocasión de enviarla a Roma, donde le seguían un proceso por haber intentado envenenar al Papa. Los cronistas de Venecia, que aprovechaban todos los sucesos para inventar una nueva calumnia contra los Borgias, escribieron que el vencedor de Catalina Sforza no se había contentado con penetrar en la fortaleza de Forli, haciendo sufrir a su antigua poseedora otros asaltos. También llegaron a insinuar que Alejandro VI había abusado de ella cuando la tuvo cautiva en el Vaticano, cómodamente alojada en el palacio del Belvedere. ...
En la línea 1059
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Ya sabía el pícaro lo que se hacía. Ni padre, ni tía se mostraban muy dispuestos a venir a encargarse de Pilar, y auguraba el contratiempo de tener que quedarse de enfermero… Su mente, fecunda en tretas, le sugirió mil para embelesar a Miranda, en aquella ciudad mágica que ya de suyo emboba a cuantos la pisan. Aprendió el esposo de Lucía los refinamientos de la cocina francesa en los mejores restauradores (ensordezca todo hablista); y con la golosina experta de su edad madura, llegó a tomarse gran interés en que la salsa holandesa fuese mejor aquí que dos puertas más abajo, y en que las setas rellenas se hallasen o no a la época más propia para ser saboreadas. Amén de estos goces culinarios, aficionose a los teatrillos del género chocarrero que tanto abundan en París: divirtiéronle las canciones picarescas, las muecas del payaso, la música retozona y los trajes ligeros y casi paradisíacos de aquellas bienaventuradas ninfas que se disfrazaban de cacerolas, de violines o de muñecos. Hasta se susurra -pero sin que existan datos para establecerlo como rigurosa verdad histórica- que el insigne ex buen mozo quiso recordar sus pasadas glorias, y verter una regaderita de agua sobre sus secos y mustios lauros, y eligió para cómplice a cierta rata de proscenio, nombrada Zulma en la docta academia teatral, si bien está averiguado que en regiones menos olímpicas pudo llamarse Antonia, Dionisia o cosa así. Tenía ésta tal el salero del mundo para cantar el estribillo (refrain) de ciertas tonadas (chansonnettes); y era para descuajarse y deshacerse de risa cuando, la mano en la cintura, la pierna derecha en el aire, guiñados los ojos y entreabierta la boca, despedía una exclamación canallesca, un grito venido en derechura de las pescaderías y mercados a posarse en sus labios de púrpura, para deleite y contentamiento de los espectadores. Ni eran estas las únicas gracias y donaires de la cantora, antes lo mejor de su repertorio, la quintaesencia de sus monerías, guardábala para la dulce intimidad de los felices mortales que a aquella Dánae de bambalinas lograban aproximarse, bien provistos de polvos de oro. ¡Con qué felina zalamería menudeaba los golpecitos en la panza, y llamaba a graves sesentones ratoncillos, perritos suyos, gatitos, bibis, y otros apelativos cariñosos y regalados, que a arrope y miel sabían! Pues ¿qué diré del chiste y garbo incomparable con que oprimía entre sus dientes de perlas, un pitillo ruso, lanzando al aire volutas de humo azul, mientras la contracción de sus labios destacaba la arremangada nariz y los hoyuelos de los arrebolados carrillos? ¿Qué de aquella su maestría en ocupar dos sillas a un tiempo sin que propiamente estuviera sentada en ninguna de ellas, y puesto que reposaba en la primera el espinazo, en la segunda los tacones? ¿Qué de la agilidad y destreza con que se sorbía diez docenas de ostras verdes en diez minutos, y bebíase dos o tres botellas de Rhin, que no parece sino que le untaban el gaznate con aceite y sebo para que fuese escurridizo y suave? ¿Qué de la risueña facundia con que probaba a sus amigos que tal anillo de piedras les venía estrecho al dedo, mientras a ella le caía como un guante? En suma, si la aventura que se murmuró por entonces en los bastidores de un teatrillo, y en la mesa redonda de la Alavesa, parece indigna de la prosopopeya tradicional en la mirandesca estirpe, cuando menos es justo consignar que la heroína era la más divertida, sandunguera y comprometedora zapaquilda de cuantas mayaban desafinada y gatunamente en los escenarios de París. ...
Reglas relacionadas con los errores de r
Las Reglas Ortográficas de la R y la RR
Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
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