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La palabra doszientos
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Comó se escribe doszientos o doscientos?

Cual es errónea Doscientos o Doszientos?

La palabra correcta es Doscientos. Sin Embargo Doszientos se trata de un error ortográfico.

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Más información sobre la palabra Doscientos en internet

Doscientos en la RAE.
Doscientos en Word Reference.
Doscientos en la wikipedia.
Sinonimos de Doscientos.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece doscientos

La palabra doscientos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 267
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Entre los doscientos pequeños resplando res, el de Tréville era uno de los más buscados. ...

En la línea 7736
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Entonces echó una nueva camera, restregó a su caballo con los brezales y las hojas de los árboles y vino a situarse de través en el camino, a doscientos pasos del campamento aproximadamente. ...

En la línea 487
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... , contenian un repuesto de 275,000 fardos de tabaco, que considerados en venta por su mas ínfimo valor, debian producir la no despreciable suma de »cuatro millones, ciento catorce mil ochocientos diez y seis pesos fuertes, ó sean ochenta y dos millones, doscientos noventa y seis mil trecientos veinte reales vellon. ...

En la línea 1818
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Cercados por un muro de tierra que apenas mide legua y media a la redonda, se agolpan doscientos mil seres humanos, que forman, con toda seguridad, la masa viviente más extraordinaria del mundo entero; y no se olvide nunca que esta masa es estrictamente española. ...

En la línea 2186
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La Prensa de Sevilla publicaba continuamente noticias absurdas de victorias ganadas contra Gómez; entre otras cosas se dijo que su ejército había sido exterminado, muerto el mismo Gómez, y que mil doscientos prisioneros estaban en camino de Sevilla. ...

En la línea 2187
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Yo vi a los prisioneros: en lugar de mil doscientos desesperados, vi pasar una veintena de miserables, aspeados, harapientos, muchos de ellos mozalbetes de catorce a diez y seis años. ...

En la línea 2825
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Lo menos caben aquí doscientos estudiantes. ...

En la línea 1866
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... rante los doscientos veinte últimos años, no ha pasado de 19 pies la elevación de Valparaíso; aun cuando en Lima se ha levantado un acantilado de 80 a 90 pies desde el período indo-humano; pero de todas maneras, elevaciones tan pequeñas no pueden tener sino muy escasa influencia sobre las corrientes atmosféricas ...

En la línea 1996
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... r más que durante los doscientos veinte años que precedieron a nuestra visita no hay pasado de 19 pies el levantamiento de Valparaíso, no es menos cierto que a partir de 1817 se ha producido un movimiento ascensional de 10 a 11 pies, en parte de un modo sensible, y en parte durante el terremoto de 1822. hemos de juzgar por el levantamiento del terreno a 85 pies desde que objetos humanos han podido hundirse en la tierra, la antigüedad de la raza india en este país es tanto más notable, cuanto que existía en la costa de Patagonia el Macranchenia hallándose el suelo más bajo en la misma proporción; pero como la costa de Patagonia se encuentra más apartada de la Cordillera, ha podido producirse allí el levantamiento más despacio que en la costa del Perú. Bahía Blanca no ha sido más que de unos cuantos pies desde que se han enterrado muchos cuadrúpedos gigantescos ...

En la línea 2026
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... y doscientos o trescientos habitantes, y casi todos son gentes de color condenados por causas políticas en la República del Ecuador, cuya capital es Quito. colonia se ha instalado a cuatro millas y media tierra adentro y a unos 1.000 pies de elevación. primera parte del camino que a ella conduce está entre arbustos sin hojas, parecidos a los que hemos visto en la isla Chatham. poco más arriba se presentan más verdes, y al llegar a la cumbre o vértice de la isla se disfruta una fresca brisa del sur y descansa la vista una hermosa vegetación verde ...

En la línea 2272
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... tes de almorzar rodea nuestro barco una verdadera flotilla de canoas; seguro estoy de que suben a bordo doscientos indígenas lo menos ...

En la línea 671
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Viajaba don Pedro de Mendoza con más aparato que los monarcas siendo su lujo tan grande como el de los demás fastuosos cardenales. Entró en Valencia precedido de una música de negros a caballo, entre muchos señores castellanos, que llevaban sobre sus pechos pesadas cadenas de oro, y seguido de una escolta de doscientos jinetes y una tropa no menor de halconeros y monteros. Como Borja conocía la esplendidez del prelado de Castilla, le obsequió con un banquete, que hizo recordar a los cronistas de Valencia el lujo de Alfonso el Magnánimo. ...

En la línea 680
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Al día siguiente aparecían en la playa más de doscientos cadáveres, entre ellos los de tres obispos italianos y otros personajes eme habían seguido al legado en su viaje a España. Setenta y cinco familiares de la servidumbre del cardenal se ahogaron Igualmente, y con ellos doce jurisconsultos, seis caballeros y gran número de jóvenes valencianos que iban a Roma por el gusto de vivir en ella o para estudiar en la universidad de Bolonia. ...

En la línea 778
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Juliano de la Rovere, verdadero Papa durante el Pontificado de Inocencio, quería ocupar ahora directamente la silla de San Pedro, apelando al soborno de los cardenales dispuestos a tal venalidad, lo mismo que ya habla hecho en la elección anterior. Como estaba al servicio de los intereses de Francia, se contaba en Roma que el rey Carlos VIII había hecho depositar en un Banco doscientos mil ducados por su elección, y otros cien mil la República de Génova. ...

En la línea 803
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Sólo en los pocos días transcurridos entre la última enfermedad de Inocencio VIII y la coronación de Alejandro VI se habían perpetrado en Roma doscientos veinte asesinatos. Por voluntad del Pontífice, cuatro delegados suyos oyeron las quejas de los vecinos, y el mismo Alejandro concedió audiencia a los que deseaban presentarle sus reclamaciones directamente. ...

En la línea 507
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Guillermina—dijo Casa-Muñoz algo conmovido—, cuente usted con doscientos quintales, y del blanco, que es a nueve reales. ...

En la línea 601
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Si todo lo que les pasa a las personas superiores mereciera una efeméride, es fácil que en una hoja de calendario americano, correspondiente a Diciembre del 73, se encontrara este parrafito: «Día tantos: fuerte catarro de Juanito Santa Cruz. La imposibilidad de salir de casa le pone de un humor de doscientos mil diablos». Estaba sentado junto a la chimenea, envuelto de la cintura abajo en una manta que parecía la piel de un tigre, gorro calado hasta las orejas, en la mano un periódico, en la silla inmediata tres, cuatro, muchos periódicos. Jacinta le daba bromas por su forzada esclavitud, y él, hallando distracción en aquellas guasitas, hizo como que le pegaba, la cogió por un brazo, le atenazó la barba con los dedos, le sacudió la cabeza, después le dio bofetadas, terribles bofetadas, y luego muchísimos porrazos en diferentes partes del cuerpo, y grandes pinchazos o estocadas con el dedo índice muy tieso. Después de bien cosida a puñaladas, le cortó la cabeza segándole el pescuezo, y como si aún no fuera bastante sevicia, la acribilló con cruelísimas e inhumanas cosquillas, acompañando sus golpes de estas feroces palabras: «¡Qué guasoncita se me ha vuelto mi nena!… Voy yo a enseñar a mi payasa a dar bromitas, y le voy a dar una solfa buena para que no le queden ganas de… ». ...

En la línea 1156
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Don Baldomero estaba muy sereno, y el golpe de suerte no le daba calor ni frío. Todos los años compraba un billete entero, por rutina o vicio, quizás por obligación, como se toma la cédula de vecindad u otro documento que acredite la condición de español neto, sin que nunca sacase más que fruslerías, algún reintegro o premios muy pequeños. Aquel año le tocaron doscientos cincuenta mil reales. Había dado, como siempre, muchas participaciones, por lo cual los doce mil quinientos duros se repartían entre la multitud de personas de diferente posición y fortuna; pues si algunos ricos cogían buena breva, también muchos pobres pellizcaban algo. Santa Cruz llevó la lista al comedor, y la iba leyendo mientras comía, haciendo la cuenta de lo que a cada cual tocaba. Se le oía como se oye a los niños del Colegio de San Ildefonso que sacan y cantan los números en el acto de la extracción. ...

En la línea 1159
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Eulalia Muñoz, un décimo: veinticinco mil reales. Benignita, medio décimo: doce mil quinientos reales. Federico Ruiz, dos duros: cinco mil reales. Ahora viene toda la morralla. Deogracias, Rafaela y Blas han jugado diez reales cada uno. Les tocan mil doscientos cincuenta». ...

En la línea 774
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Al amanecer los separaban de Mompracem unos doscientos kilómetros, distancia que podían recorrer en menos de veinticuatro horas. ...

En la línea 1433
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... El soldado estaba a doscientos pasos; era muy joven, probablemente un soldado novato. Avanzaba silbando. Sin duda no había visto a Yáñez, pues de haber sido así, habría empuñado el arma y tomado precauciones. Ambos piratas se le echaron encima. ...

En la línea 1688
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Sandokán y Yáñez fueron hasta unos doscientos metros de la cerca y luego volvieron al bosque y se tendieron bajo la tienda. ...

En la línea 15
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El 5 de marzo de 1867, el Moravian, de la Montreal Ocean Company, navegando durante la noche a 27º 30' de latitud y 72º 15' de longitud, chocó por estribor con una roca no señalada por ningún mapa en esos parajes. Impulsado por la fuerza combinada de viento y de sus cuatrocientos caballos de vapor, el buque navegaba a la velocidad de trece nudos. Abierto por el choque, es indudable que de no ser por la gran calidad de su casco, el Moravian se habría ido a pique con los doscientos treinta y siete pasajeros que había embarcado en Canadá. ...

En la línea 27
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Tal fue este último hecho, que tuvo por resultado el de apasionar nuevamente a la opinión pública. Desde ese momento, en efecto, todos los accidentes marítimos sin causa conocida se atribuyeron al monstruo. El fantástico animal cargó con la responsabilidad de todos esos naufragios, cuyo número es desgraciadamente considerable, ya que de los tres mil barcos cuya pérdida se registra anualnente en el Bureau Veritas, la cifra de navíos de vapor o de vela que se dan por perdidos ante la ausencia de toda noticia asciende a no menos de doscientos. ...

En la línea 157
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -En los negocios, sí, Ned, pero no en matemáticas. Escuche. Admitamos que la presión de una atmósfera esté representada por la presión de una columna de agua de treinta y dos pies de altura. En realidad, la altura de la columna sería menor, puesto que se trata de agua de mar cuya densidad es superior a la del agua dulce. Pues bien, cuando usted se sumerge, Ned, tantas veces cuantas descienda treinta y dos pies soportará su cuerpo una presión igual a la de la atmósfera, es decir, de kilogramos por cada centímetro cuadrado de su superficie. De ello se sigue que a trescientos veinte pies esa presión será de diez atmósferas, de cien atmósferas a tres mil doscientos pies, y de mil atmósferas, a treinta y dos mil pies, es decir a unas dos leguas y media. Lo que equivale a decir que si pudiera usted alcanzar esa profundidad en el océano, cada centímetro cuadrado de la superficie de su cuerpo sufriría una presión de mil kilogramos. ¿Y sabe usted, mi buen Ned, cuántos centímetros cuadrados tiene usted en superficie? ...

En la línea 165
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Exactamente, Ned. Así, pues, a treinta y dos pies por debajo de la superficie del mar sufriría usted una presión de diecisiete mil quinientos sesenta y ocho kilogramos; a trescientos veinte pies, diez veces esa presión, o sea, ciento setenta y cinco mil seiscientos ochenta kilogramos; a tres mil doscientos pies, cien veces esa presión, es decir, un millón setecientos cincuenta y seis mil ochocientos kilogramos; y a treinta y dos mil pies, mil veces esa presión, o sea diecisiete millones quinientos sesenta y ocho mil kilogramos. En una palabra, que se quedaría usted planchado como si le sacaran de una apisonadora. ...

En la línea 252
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Esto tiene un pase en mamá, que es así, pero en Dunia es inexplicable. Te conozco bien, mi querida Dunetchka. Tenías casi veinte años cuando te vi por última vez, y sé perfectamente cómo es tu carácter. Mamá dice en su carta que Dunetchka posee tal entereza, que es capaz de soportarlo todo. Esto ya lo sabía yo: hace dos años y medio que sé que Dunetchka es capaz de soportarlo todo. El hecho de que haya podido soportar al señor Svidrigailof y todas las complicaciones que este hombre le ha ocasionado demuestra que, en efecto, es una mujer de gran entereza. Y ahora se imagina, lo mismo que mamá, que podrá soportar igualmente a ese señor Lujine que sustenta la teoría de la superioridad de las esposas tomadas en la miseria y para las que el marido aparece como un bienhechor, cosa que expone (es un detalle que no hay que olvidar) en su primera entrevista. Admitamos que las palabras se le han escapado, a pesar de ser un hombre razonable (seguramente no se le escaparon, ni mucho menos, aunque él lo dejara entrever así en las explicaciones que se apresuró a dar). Pero ¿qué se propone Dunia? Se ha dado cuenta de cómo es este hombre y sabe que habrá de compartir su vida con él, si se casa. Sin embargo, es una mujer que viviría de pan duro y agua, antes que vender su alma y su libertad moral: no las sacrificaría a las comodidades, no las cambiaría por todo el oro del mundo, y mucho menos, naturalmente, por el señor Lujine. No, la Dunia que yo conozco es distinta a la de la carta, y estoy seguro de que no ha cambiado. En verdad, su vida era dura en casa de Svidrigailof; no es nada grato pasar la existencia entera sirviendo de institutriz por doscientos rublos al año; pero estoy convencido de que mi hermana preferiría trabajar con los negros de un hacendado o con los sirvientes letones de un alemán del Báltico, que envilecerse y perder la dignidad encadenando su vida por cuestiones de interés con un hombre al que no quiere y con el que no tiene nada en común. Aunque el señor Lujine estuviera hecho de oro puro y brillantes, Dunia no se avendría a ser su concubina legítima. ¿Por qué, pues, lo ha aceptado? ...

En la línea 1310
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑No digas tonterías ‑replicó Rasumikhine‑. El sentido de los negocios no nos llueve del cielo, sino que sólo lo podemos adquirir mediante un difícil aprendizaje. Y nosotros hace ya doscientos años que hemos perdido el hábito de la actividad… De las ideas ‑continuó, dirigiéndose a Piotr Petrovitch‑ puede decirse que flotan aquí y allá. Tenemos cierto amor al bien, aunque este amor sea, confesémoslo, un tanto infantil. También existe la honradez, aunque desde hace algún tiempo estemos plagados de bandidos. Pero actividad, ninguna en absoluto. ...

En la línea 1647
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... De súbito, distinguió a lo lejos, a unos doscientos metros aproximadamente, al final de una calle, un grupo de gente que vociferaba. En medio de la multitud había un coche del que partía una luz mortecina. ...

En la línea 642
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... La aparición de la abuela produjo viva impresión en el público. En torno a la ruleta y al otro extremo de la sala, donde funcionaba una mesa de “treinta y cuarenta”, se apiñaba un grupo de hasta doscientos jugadores. Según costumbre, los que habían conseguido llegar hasta el tapete verde se mantenían firme y no cedían su puesto mientras les quedaba dinero que perder, pues no hay derecho a permanecer allí como simple espectador, sin llevarse la mano al bolsillo. ...

En la línea 822
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... La abuela no comprendió de pronto, pero cuando vio al croupier que recogía sus cuatro mil florines con todo lo demás que estaba encima de la mesa, y se enteró de que el “cero”, que se nos había escapado tantas veces y en el que habíamos arriesgado cerca de doscientos federicos había salido, como si se burlara de ella por no haber tenido fe en él, lanzó un gemido y dio una estrepitosa palmada. Esto hizo reir a los que la rodeaban. ...

En la línea 1085
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Nueva ganancia. Tenía, pues, ochenta federicos. Lo puse todo sobre la docena del centro —ganando triple, pero dos contras—. El platillo comenzó a girar… Salió el veinticuatro. Me entregaron tres cartuchos de cincuenta federicos y diez monedas de oro. Mi haber se elevaba ahora a doscientos federicos. ...

En la línea 1131
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡He ganado doscientos mil francos! —exclamé, sacando del bolsillo el último cartucho de oro. ...

En la línea 405
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - ¡Ah, habéis regresado! -dijo mirando a Jean Valjean-. Me alegro de veros. Os había dado también los candeleros, que son de plata, y os pueden valer también doscientos francos. ¿Por qué no los habéis llevado con vuestros cubiertos? ...

En la línea 262
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Aquel invierno en Dawson, Buck llevó a cabo otra hazaña, no tan heroica quizá, pero que hizo ascender muchas muescas su nombre en el tótem de la fama, en Alaska. Fue una proeza especialmente satisfactoria para los tres hombres, que carecían de equipo y les permitió realizar el viaje al este virgen, donde aún no habían aparecido los mineros. Surgió de una conversación en la barra del Eldorado Saloon, donde los hombres alardeaban de las cualidades de sus perros. Por sus antecedentes, Buck era el objetivo de aquellos hombres, y Thornton tuvo que defenderlo. Había transcurrido media hora cuando un hombre afirmó que su perro era capaz de arrancar un trineo con doscientos kilos y seguir tirando de él; otro se jactó de que el suyo lo arrancaba con doscientos cincuenta; y un tercero con trescientos kilos. ...

En la línea 262
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Aquel invierno en Dawson, Buck llevó a cabo otra hazaña, no tan heroica quizá, pero que hizo ascender muchas muescas su nombre en el tótem de la fama, en Alaska. Fue una proeza especialmente satisfactoria para los tres hombres, que carecían de equipo y les permitió realizar el viaje al este virgen, donde aún no habían aparecido los mineros. Surgió de una conversación en la barra del Eldorado Saloon, donde los hombres alardeaban de las cualidades de sus perros. Por sus antecedentes, Buck era el objetivo de aquellos hombres, y Thornton tuvo que defenderlo. Había transcurrido media hora cuando un hombre afirmó que su perro era capaz de arrancar un trineo con doscientos kilos y seguir tirando de él; otro se jactó de que el suyo lo arrancaba con doscientos cincuenta; y un tercero con trescientos kilos. ...

En la línea 275
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Thornton tenía la duda pintada claramente en el semblante, pero aquello despertó su espíritu de lucha, el que hace crecer al hombre ante las difi cultades, le impide aceptar lo imposible y lo hace sordo a todo lo que no sea el clamor de la batalla. Llamó a Hans y a Peter. Los recursos de ambos eran exiguos y, sumándolos a los suyos, los tres socios apenas pudieron reunir doscientos dólares. Aunque aquella cantidad constituía el total de su capital, no vacilaron en depositarla junto a los seiscientos dólares de Matthewson. ...

En la línea 294
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... -¡Aquí, señor! ¡Escuche! -farfulló el magnate minero de antes-. Le doy mil por él, señor, mil dólares, señor… mil doscientos, señor. ...

En la línea 193
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Entretanto, los partidarios de Phileas Fogg se iban reduciendo en número; todo el mundo, y no sin razón, se volvía contra él; ya no lo tomaban sino a uno por ciento cincuenta, y aun por doscientos, cuando siete días después de su marcha un incidente completamente inesperado hizo que ya no se quisiera a ningún precio. ...

En la línea 246
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -Allí en la esquina de la plaza- respondió el inspector, indicando una casa que distaba unos doscientos pasos. ...

En la línea 1303
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Desde el sitio elevado que ocupaba, Picaporte observaba con curiosidad la gran ciudad americana: anchas calles; casas bajas bien alineadas; iglesias y templos de estilo gótico anglo sajón; docks inmensos; depósitos como palacios, unos de madera, otros de ladrillo; en las calles muchos coches, ómnibus, tranvías y las aceras atestadas, no sólo de americanos y europeos, sino de chinos e indianos con que componer una población de doscientos mil habitantes. ...

En la línea 1309
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Phileas Fogg no había andado doscientos pasos, cuando, 'por una de las más raras casualidades', encontró a Fix. El inspector se manifestó extraordinariamente sorprendido. ¡Cómo! ¡Habían hecho la travesía juntos, sin verse a bordo! En todo caso, Fix no podía menos de considerarse honrado con la vista del caballero a quien tanto debía, y llamándolo sus negocios a Europa, se alegraba mucho de proseguir su viaje en tan amable compañía. ...


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Reglas relacionadas con los errores de c;z

Las Reglas Ortográficas de la Z

Se escribe z y no c delante de a, o y u.

Se escriben con z las terminaciones -azo, -aza.

Ejemplos: pedazo, terraza

Se escriben con z los sustantivos derivados que terminan en las voces: -anza, -eza, -ez.

Ejemplos: esperanza, grandeza, honradez

La X y la S


Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras c;z

Errores Ortográficos típicos con la palabra Doscientos

Cómo se escribe doscientos o doxientos?
Cómo se escribe doscientos o dozcientoz?
Cómo se escribe doscientos o doszientos?

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