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La palabra dirrigimos
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Comó se escribe dirrigimos o dirigimos?

Cual es errónea Dirigimos o Dirrigimos?

La palabra correcta es Dirigimos. Sin Embargo Dirrigimos se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra dirrigimos es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra dirigimos

Más información sobre la palabra Dirigimos en internet

Dirigimos en la RAE.
Dirigimos en Word Reference.
Dirigimos en la wikipedia.
Sinonimos de Dirigimos.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Dirigimos

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Cómo se escribe dirigimos o dirijimos?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece dirigimos

La palabra dirigimos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 255
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Sus ojos no se apartaban un instante del horizonte, escudriñándolo con cuidado. Su imperturbable sangre fría acabó por parecerme una verdadera broma, y le pregunté por qué no nos volvíamos al fuerte. Su respuesta me intranquilizó un poco: «Volveremos, dijo, pero de modo que vayamos junto a un pantano; pondremos allí a galope a nuestros caballos y nos llevarán hasta donde puedan; después nos confiaremos a nuestras piernas; de este modo no hay peligro». Confieso que, no sintiéndome muy convencido, le apremié a caminar más deprisa. «No, me respondió, mientras ellos no aceleren el paso». Nos poníamos a galopar en cuanto una desigualdad del terreno nos ocultaba a los enemigos, pero cuando estábamos a la vista de ellos íbamos al paso. Por fin llegamos a un valle, y volviendo a la izquierda nos dirigimos rápidamente a galope tendido al pie de una colina; entonces me hizo tenerle el caballo, hizo acostarse a los perros y se adelantó arrastrándose a gatas para reconocer al pretenso enemigo. Permaneció algún tiempo en esa postura, y a la postre, riéndose a carcajadas, exclamó: «Mujeres!». Acababa de reconocer a la esposa y a la cuñada del hijo del mayor de la plaza, que iban buscando huevos de avestruz. He descrito la conducta de este hombre porque todos sus actos estaban dictados por el convencimiento de que teníamos indios al frente. Sin embargo, tan pronto como hubo descubierto su absurdo error, me dio un sin fin de buenas razones para probarme que no podían ser indios, razones que un momento antes había olvidado en absoluto. Entonces nos encaminamos sosegadamente a Punta Alta, 7 Voyage dans l'Ameiique meridionale, por M.A. D'Orbigny, part ...

En la línea 359
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 11 de septiembre.- Nos dirigimos a la tercera «posta», en compañía del teniente que la mandaba. Dícese que hay 15 leguas entre las dos postas, pero sólo es una suposición y por lo común se exagera un poco. El camino tiene poco interés; continuamente se cruza una llanura seca, cubierta de césped; por nuestra izquierda, a una distancia variable, hay uña fila de montecillos que atravesamos en el momento de llegar a la posta. Encontramos también un inmenso rebaño de bueyes y de caballos, custodiado por quince soldados que nos dicen haber perdido ya muchos animales. En efecto, es muy difícil hacer a éstos atravesar las llanuras; porque si durante la noche se acerca a la piara un puma, o aunque sea una zorra, nada puede impedir que los caballos enloquecidos se dispersen en todas direcciones; el mismo efecto les produce una tempestad. Hace poco tiempo salió de Buenos Aires un oficial con 500 caballos y sólo tenía 20 cuando se reunió al ejército. ...

En la línea 490
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Cuando la hierba es lo suficientemente larga, los bóvidos niata se valen para comer de la lengua y del paladar, como la raza ordinaria; pero, durante las grandes sequías, cuando tantos animales perecen, la raza niata desaparecería por completo si no se cuidase de impedirlo. En efecto, el ganado vacuno ordinario, lo mismo que el caballar, consiguen aún sostenerse ramoneando con los belfos los tallos tiernos de los árboles y de las cañas. Por el contrario, los niata carecen de este recurso, pues no juntan los labios; por eso mueren antes que todas las demás bestias. ¿No es esto un ejemplo demostrativo de las raras indicaciones que pueden suministrarnos las costumbres ordinarias de la vida acerca de las causas determinantes de la escasez o extinción de las especies, cuando esas causas no se presentan sino a grandes intervalos? 19 de noviembre.- Después de atravesar el valle de Las Vacas, pasamos la noche en casa de un norteamericano que explota un horno de cal en el arroyo de Las Víboras. Por la mañana temprano nos dirigimos a un sitio llamado Punta Gorda, que forma un promontorio a orilla del río. En el camino nos proponemos encontrar un jaguar. Las huellas recientes de esos animales abundan por todas partes; visitamos los árboles donde se dice que afilan las uñas, pero no conseguimos dar la vuelta ni a uno solo. El río Uruguay, visto desde ese punto, presenta una magnífica masa de agua. Lo claro y lo rápido de la corriente hacen que el aspecto de este río sea muy superior al de su vecino, Paraná. En la margen opuesta, varios brazos de este último río desaguan en el Uruguay. Brillaba el sol y podía distinguirse con claridad el diferente color de las aguas de ambos ríos. ...

En la línea 528
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... ya no hemos de volver a entrar en este río fangoso. Nos dirigimos a Puerto Deseado, en las costas de Patagonia. ...

En la línea 3032
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Cierto, pero está por saber si nos dirigimos al Pacífico o al Atlántico, es decir, hacia los mares frecuentados o desiertos. ...

En la línea 3174
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Les acompañaremos -dije, y siguiendo al capitán Nemo nos dirigimos a la escalera central. ...

En la línea 729
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Nos dirigimos a la puerta de la casita, que estaba abierta, y entramos en una tétrica habitación de techo muy bajo, situada en la planta baja y en la parte trasera. En la estancia había algunas personas, y cuando Estella llegó hasta ella me dijo: ...

En la línea 1092
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Mientras andaba distraídamente por la calle Alta, mirando desconsolado a los escaparates y pensando en lo que compraría si yo fuese un caballero, de pronto salió el señor Wopsle de una librería. Llevaba en la mano una triste tragedia de Jorge Barnwell, en la que acababa de emplear seis peniques con la idea de arrojar cada una de sus palabras a la cabeza de Pumblechook, con quien iba a tomar el té. Pero al verme creyó sin duda que la Providencia le había puesto en su camino a un aprendiz para que fuese la víctima de su lectura. Por eso se apoderó de mí e insistió en acompañarme hasta la sala de Pumblechook, y como yo sabía que me sentiría muy desgraciado en mi casa y, además, las noches eran oscuras y el camino solitario, pensé que mejor sería ir acompañado que solo, y por eso no opuse gran resistencia. Por consiguiente, nos dirigimos a casa de Pumblechook, precisamente cuando la calle y las tiendas encendían sus luces. Como nunca asistía a ninguna otra representación de los dramas de Jorge Barnwell, no sé, en realidad, cuánto tiempo se invierte en cada una; pero sé perfectamente que la lectura de aquella obra duró hasta las nueve y media de la noche, y cuando el señor Wopsle entró en Newgate creí que no llegaría a ir al cadalso, pues empezó a recitar mucho más despacio que en otro período cualquiera de su deshonrosa vida. Me pareció que el héroe del drama debería de haberse quejado de que no se le permitiera recoger los frutos de lo que había sembrado desde que empezó su vida. Esto, sin embargo, era una simple cuestión de cansancio y de extensión. Lo que me impresionó fue la identificación del drama con mi inofensiva persona. Cuando Barnwell empezó a hacer granujadas, yo me sentí benévolo, pero la indignada mirada de Pumblechook me recriminó con dureza. También Wopsle se esforzo en presentarme en el aspecto más desagradable. A la vez feroz e hipócrita, me vi obligado a asesinar a mi tío sin circunstancias atenuantes. Milwood destruía a cada momento todos mis argumentos. La hija de mi amo me manifestaba el mayor desdén, y todo lo que puedo decir en defensa de mi conducta, en la mañana fatal, es que fue la consecuencia lógica de la debilidad de mi carácter. Y aun después de haber sido felizmente ahorcado, y en cuanto Wopsle hubo cerrado el libro, Pumblechook se quedó mirándome y meneó la cabeza diciendo al mismo tiempo: ...

En la línea 1245
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... En absoluto silencio salimos de Los Tres Alegres Barqueros y, sin despegar los labios, nos dirigimos a casa. Mientras andábamos, el extraño desconocido me miraba con mucha atención y a veces se mordía el borde de su dedo índice. Cuando ya estábamos cerca de casa, Joe, creyendo que la ocasión era, en cierto modo, importante y ceremoniosa, se anticipó a nosotros para abrir la puerta. Nuestra conferencia tuvo lugar en el salón, que alumbraba débilmente una bujía. Ello empezó sentándose el desconocido a la mesa; acercándose la bujía y consultando algunas notas en un libro de bolsillo. Luego dejó éste a un lado y miró en la penumbra a Joe y a mí, para saber dónde estábamos respectivamente. ...

En la línea 1783
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Por varias razones y por no comprender claramente cuál sería «la faena» en que podía encontrar al señor Jaggers, contesté afirmativamente. Nos dirigimos, pues, a la City, y llegamos a la sala de un tribunal muy concurrida, en la que varios parientes consanguíneos (en el sentido criminal) del difunto que sentía tal debilidad por los broches estaban en el banquillo de los acusados, mascando incómodamente alguna cosa, en tanto que mi tutor preguntaba o repreguntaba - no lo sé exactamente - a una mujer, y no sólo a ella, sino a todos los demás, los dejaba estupefactos. Si alguien, cualquiera que fuese su condición, decía una palabra que a él no le gustara, instantáneamente exigía que la retirase. Si alguien se negaba a declarar alguna cosa, ...


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r

Reglas relacionadas con los errores de r

Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


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