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La palabra degan
Cómo se escribe

Comó se escribe degan o dejan?

Cual es errónea Dejan o Degan?

La palabra correcta es Dejan. Sin Embargo Degan se trata de un error ortográfico.

El Error ortográfico detectado en el termino degan es que hay un Intercambio de las letras g;j con respecto la palabra correcta la palabra dejan

Errores Ortográficos típicos con la palabra Dejan

Cómo se escribe dejan o degan?

Algunas Frases de libros en las que aparece dejan

La palabra dejan puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1580
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Vaya! ¡Cuatromosqueteros dejan arrestar en medio de ellos a un desgraciado que pide ayuda! ¡Un gentilhom-bre brindar con un corchete!-Porthos -dijo Aramis-, ya Athos lo ha prevenido que eras un necio, y yo soy de su opinión. ...

En la línea 2907
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Encontró al señor Bonacieux solo; el pobre hombre ponía a duras penas orden en la casa, cuyos muebles había encontrado casi rotos y cuyos armarios casi vacíos, pues no es la justicia ninguna de las tres cosas que el rey Salomón indica que no dejan huellas de su paso. ...

En la línea 7490
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Vuestro nombre? -repitió por segunda vez el caballero dejan do caer su capa de tal forma que dejaba el rostro al descubierto. ...

En la línea 10002
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Las pasiones siempre nuevas que la consumían daban a su vi da las apariencias de esas nubes que vuelan en el cielo, reflejando tan pronto el azul, tan pronto el fuego, tan pronto el negro opaco de la tempestad, y que no dejan más rastros sobre la tierra que la devasta ción y la muerte. ...

En la línea 3067
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Llevan afeitado el cráneo, y sólo se dejan un ligero cerquillo de pelo en la parte inferior. ...

En la línea 3488
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Sin duda el dicho podrá ser cierto después de una de las lluvias que con tal frecuencia empapan el suelo de Galicia, y dejan el piso de la calle muy lustroso. ...

En la línea 3662
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Qué comodidades pueden encontrar ahí dentro los enfermos? ¿Quién los cuida? —Ahí los dejan entregados a sí mismos—respondió el librero—. ...

En la línea 4505
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¡Dios Nuestro Señor nos libre de todos los pajarracos, frailes, curas y gorriones que por ahí van volando, que los gorriones no dejan de trigo siquiera un grano, los frailes se beben la uva que nosotros vendimiamos y los curas tienen todas las mujeres a su mando. ...

En la línea 953
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Si no se dejan ver, déjanse sentir -dijo Sancho-; si no, díganlo mis espaldas. ...

En la línea 1141
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y, a poco trecho que caminaban por entre dos montañuelas, se hallaron en un espacioso y escondido valle, donde se apearon; y Sancho alivió el jumento, y, tendidos sobre la verde yerba, con la salsa de su hambre, almorzaron, comieron, merendaron y cenaron a un mesmo punto, satisfaciendo sus estómagos con más de una fiambrera que los señores clérigos del difunto -que pocas veces se dejan mal pasar- en la acémila de su repuesto traían. ...

En la línea 2318
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y, ¡Jesús!, yo no sé qué gente es aquélla tan desalmada y tan sin conciencia, que por no mirar a un hombre honrado, le dejan que se muera, o que se vuelva loco. ...

En la línea 3047
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... »Digo, pues, que cada vez que pasaba con su barca daba fondo en una caleta que estaba no dos tiros de ballesta del jardín donde Zoraida esperaba; y allí, muy de propósito, se ponía el renegado con los morillos que bogaban el remo, o ya a hacer la zalá, o a como por ensayarse de burlas a lo que pensaba hacer de veras; y así, se iba al jardín de Zoraida y le pedía fruta, y su padre se la daba sin conocelle; y, aunque él quisiera hablar a Zoraida, como él después me dijo, y decille que él era el que por orden mía le había de llevar a tierra de cristianos, que estuviese contenta y segura, nunca le fue posible, porque las moras no se dejan ver de ningún moro ni turco, si no es que su marido o su padre se lo manden. ...

En la línea 142
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El tercer día seguimos una dirección bastante irregular, pues estaba yo ocupado en examinar algunas capas de mármol. Vimos muchos avestruces (Struthio rhea) en las hermosas llanuras de césped. Algunas bandadas eran hasta de veinte o treinta individuos. Cuando estos avestruces se colocan en una pequeña eminencia y su contorno se destaca sobre el cielo, forman un espectáculo muy bonito. Nunca he encontrado en ninguna otra parte del país avestruces tan domesticados; os dejan aproximaros hasta muy cerca de ellos, pero entonces extienden las alas, huyen, y bien pronto os dejan atrás, cualquiera que fuere la velocidad de vuestros caballos. ...

En la línea 168
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... No se mueven durante la noche; se alimentan principalmente con las raíces de las plantas, y para encontrarlas hacen galerías inmensas. En todas partes se conoce a este animal, por un ruido muy particular que hace debajo del suelo. La persona que por vez primera oye este ruido se queda muy sorprendida: no es fácil decir de dónde viene y es imposible suponer quién lo causa. Ese ruido consiste en un gruñido nasal corto pero no muy fuerte, repetido rápidamente cuatro veces en el mismo tono6; se ha dado a este animal el nombre de tucutuco, para imitar el sonido que produce. Allí donde abunda este animal puede oírsele en todos los instantes del día, y a menudo exactamente debajo del sitio donde estamos. En un aposento los tucutucos se mueven despacio y con pesadez, lo cual parece depender de la acción de sus patas traseras; les es imposible saltar a la más pequeña altura vertical, por carecer de cierto ligamento la articulación del muslo. No tratan de escaparse; cuando están encolerizados o se asustan, dejan oír el tucutuco. Conservé algunos vivos y la mayor parte se domesticaron perfectamente desde el primer día, sin tratar de huir ni de morder; otros siguieron siendo ariscos un poco más tiempo. ...

En la línea 178
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Pueden comprenderse en esta lista cuatro especies de caracaras o Polyvorus, el buitre, el gallinazo y el cóndor. La conformación de las caracaras las hace colocar en el número de las águilas; veremos sin son dignas de tan alta alcurnia. Sus costumbres las hacen asemejarse mucho a nuestros cuervos, a nuestras picazas, a nuestras cornejas, que se alimentan de carnes muertas; tribu de aves muy difundida en todo el resto del mundo, pero que no existe en la América del Sur. Comencemos por el Polyvorus brasiliensis. Esta ave es muy común y habita en una superficie geográfica muy extensa; está en extremo difundida por las llanuras herbosas del Plata, donde recibe el nombre de carrancha, y se encuentra también bastante a menudo en los llanos estériles de la Patagonia. En el desierto que separa el río Negro del Colorado están en gran número en el camino de las caravanas para devorar los cadáveres de los infelices animales a quienes la sed y la fatiga han hecho morir en el camino. Aunque muy común en estos países secos y abiertos, así como en las costas áridas del Pacífico, habita también en los impenetrables bosques tan húmedos de la Patagonia occidental y de la Tierra de Fuego. Las carranchas, así como los chimangos, están siempre presentes en gran número en las «estancias», así como en los mataderos. Así que muere un animal en la llanura comienzan a comérselo los gallinazos; luego vienen las dos especies de Polyvorus, que no dejan absolutamente más que los huesos. Aunque estas aves se encuentran juntas en la misma presa, distan mucho de ser amigas. Mientras que la carrancha está tranquilamente encaramada sobre una rama de árbol o descansa en el suelo, el chimango continúa a menudo volando durante largo tiempo de acá para allá. ...

En la línea 377
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... La especie de chorlito real de patas largas, que parece andar con zancos (Himantopus nigricollis), se encuentra aquí en bandadas considerables. Hase acusado sin razón a este ave de tener poca elegancia cuando va por el agua poco profunda, su residencia favorita, dista mucho de carecer de gracia. Reunidas en bandadas, estas aves dejan oír un grito que se asemeja muchísimo a los ladridos de una jauría de perros pequeños en plena caza; despierto de pronto en mitad de la noche; durante algunos momentos me parece oír ladridos. El teru-tero (Vanellus Cayanus) es otra ave que a menudo turba también el silencio de la noche. Por su aspecto y sus costumbres se parece, desde muchos puntos de vista, a nuestros vencejos; sin embargo, tiene armadas las alas con unos espolones agudos como los que el gallo común lleva en las patas. Cuando se atraviesan las llanuras cubiertas de césped, esas aves se persiguen incesantemente; parecen profesar odio al hombre, el cual se lo devuelve con creces, pues no hay nada tan desagradable como su agudo grito, siempre el mismo y que no deja de hacerse oír ni un solo instante. El cazador las aborrece porque anuncian su aproximación a las demás aves y a todos los cuadrúpedos. Quizá prestan algunos servicios a los viajeros, pues, como dice Molina, le anuncian la vecindad de los ladrones en los caminos. Durante la estación de los amores fingen estar heridas y poder huir apenas, con el propósito de llevar lejos de sus nidos a los perros y a todos sus demás enemigos. Dícese que los huevos de estas aves son un manjar muy delicado. ...

En la línea 2294
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... pero lo dejan; falta una posición; las muchachas pierden su hermosura y acaban en beatas; los muchachos dejan el luciente sombrero de copa, se embozan en la capa y se hacen jugadores. ...

En la línea 2294
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... pero lo dejan; falta una posición; las muchachas pierden su hermosura y acaban en beatas; los muchachos dejan el luciente sombrero de copa, se embozan en la capa y se hacen jugadores. ...

En la línea 4725
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y ahora rabian porque no les dejan decir esas picardías en los periódicos. ...

En la línea 7186
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡Madre! —¡Por una mala mujer! —¡Señora! —Cien veces, mil veces peor, que esas que le tiran de la levita a don Saturno, porque esas cobran, y dejan en paz al que las ha buscado; pero las señoras chupan la vida, la honra. ...

En la línea 599
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Una noche fue al teatro Real de muy mala gana. Había estado todo el día y la noche anterior en casa de Candelaria que tenía enferma a la niña pequeña. Mal humorada y soñolienta, deseaba que la ópera se acabase pronto; pero desgraciadamente la obra, como de Wagner, era muy larga, música excelente según Juan y todas las personas de gusto, pero que a ella no le hacía maldita gracia. No lo entendía, vamos. Para ella no había más música que la italiana, mientras más clarita y más de organillo mejor. Puso su muestrario en primera fila, y se colocó en la última silla de atrás. Las tres pollas, Barbarita II, Isabel y Andrea, estaban muy gozosas, sintiéndose flechadas por mozalbetes del paraíso y de palcos por asiento. También de butacas venía algún anteojazo bueno. Doña Bárbara no estaba. Al llegar al cuarto acto, Jacinta sintió aburrimiento. Miraba mucho al palco de su marido y no le veía. ¿En dónde estaba? Pensando en esto, hizo una cortesía de respeto al gran Wagner, inclinando suavemente la graciosa cabeza sobre el pecho. Lo último que oyó fue un trozo descriptivo en que la orquesta hacía un rumor semejante al de las trompetillas con que los mosquitos divierten al hombre en las noches de verano. Al arrullo de esta música, cayó la dama en sueño profundísimo, uno de esos sueños intensos y breves en que el cerebro finge la realidad como un relieve y un histrionismo admirables. La impresión que estos letargos dejan suele ser más honda que la que nos queda de muchos fenómenos externos y apreciados por los sentidos. Hallábase Jacinta en un sitio que era su casa y no era su casa… Todo estaba forrado de un satén blanco con flores que el día anterior había visto ella y Barbarita en casa de Sobrino… Estaba sentada en un puff y por las rodillas se le subía un muchacho lindísimo, que primero le cogía la cara, después le metía la mano en el pecho. «Quita, quita… eso es caca… ¡qué asco!… cosa fea, es para el gato… ». Pero el muchacho no se daba a partido. No tenía más que la camisa de finísima holanda, y sus carnes finas resbalaban sobre la seda de la bata de su mamá. Era una bata color azul gendarme que semanas antes había regalado a su hermana Candelaria… «No, no, eso no… quita… caca… ». Y él insistiendo siempre, pesadito, monísimo. Quería desabotonar la bata, y meter mano. Después dio cabezadas contra el seno. Viendo que nada conseguía, se puso serio, tan extraordinariamente serio que parecía un hombre. La miraba con sus ojazos vivos y húmedos, expresando en ellos y en la boca todo el desconsuelo que en la humanidad cabe. Adán, echado del paraíso, no miraría de otro modo el bien que perdía. Jacinta quería reírse; pero no podía porque el pequeño le clavaba su inflamado mirar en el alma. Pasaba mucho tiempo así, el niño-hombre mirando a su madre, y derritiendo lentamente la entereza de ella con el rayo de sus ojos. Jacinta sentía que se le desgajaba algo en sus entrañas. Sin saber lo que hacía soltó un botón… Luego otro. Pero la cara del chico no perdía su seriedad. La madre se alarmaba y… fuera el tercer botón… Nada, la cara y la mirada del nene siempre adustas, con una gravedad hermosa, que iba siendo terrible… El cuarto botón, el quinto, todos los botones salieron de los ojales haciendo gemir la tela. Perdió la cuenta de los botones que soltaba. Fueron ciento, puede que mil… Ni por esas… La cara iba tomando una inmovilidad sospechosa. Jacinta, al fin, metió la mano en su seno, sacó lo que el muchacho deseaba, y le miró segura de que se desenojaría cuando viera una cosa tan rica y tan bonita… Nada; cogió entonces la cabeza del muchacho, la atrajo a sí, y que quieras que no le metió en la boca… Pero la boca era insensible, y los labios no se movían. Toda la cara parecía de una estatua. El contacto que Jacinta sintió en parte tan delicada de su epidermis, era el roce espeluznante del yeso, roce de superficie áspera y polvorosa. El estremecimiento que aquel contacto le produjo dejola por un rato atónita, después abrió los ojos, y se hizo cargo de que estaban allí sus hermanas; vio los cortinones pintados de la boca del teatro, la apretada concurrencia de los costados del paraíso. Tardó un rato en darse cuenta de dónde estaba y de los disparates que había soñado, y se echó mano al pecho con un movimiento de pudor y miedo. Oyó la orquesta, que seguía imitando a los mosquitos, y al mirar al palco de su marido, vio a Federico Ruiz, el gran melómano, con la cabeza echada hacia atrás, la boca entreabierta, oyendo y gustando con fruición inmensa la deliciosa música de los violines con sordina. Parecía que le caía dentro de la boca un hilo del clarificado más fino y dulce que se pudiera imaginar. Estaba el hombre en un puro éxtasis. Otros melómanos furiosos vio la dama en el palco; pero ya había concluido el cuarto acto y Juan no parecía. ...

En la línea 926
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Entonces, tocayo de mi arma, viendo que me querían meter en el estaribel y enredarme con los guras, tomé el olivo y no juimos a Cartagena. ¡Ay, qué vida aquella! ¡Re-hostia! A mí me querían hacer menistro de la Gubernación; pero dije que nones. No me gustan suponeres. A cuenta que salimos con las freatas por aquellos mares de mi arma. Y entonces, que quieras que no, me ensalzaron a tiniente de navío, y estaba mismamente a las órdenes del general Contreras, que me trataba de tú. ¡Ay qué hombre y qué buen avío el suyo! Parecía verídicamente el gran turco con su gorro colorao. Aquello era una gloria. ¡Alicante, Águilas! Pelotazo va, pelotazo viene. Si por un es caso nos dejan, tocayo, nos comemos el santísimo mundo y lo acantonamos toíto… ¡Orán! ¡Ay qué mala sombra tiene Orán y aquel judío vu de los franceses que no hay cristiano que lo pase!… Me najo de allí, güelvo a mi Españita, entro en Madriz mu callaíto, tan fresco… ¿a mí qué?… y me presento a estos tiólogos, mequetrefes y les digo: 'Aquí me tenéis, aquí tenéis a la personalidá del endivido verídico que se pasó la santísima vida peleando como un gato tripa arriba por las judías libertades… Matarme, hostia, matarme; a cuenta que no me queréis colocar… '. ¿Usté me hizo caso? Pues ellos tampoco. Espotrica que te espotricarás en las Cortes, y el santísimo pueblo que reviente. Y yo digo que es menester acantonar a Madriz, pegarte fuego a las Cortes, al Palacio Real, y a lo judíos ministerios, al Monte de Piedad, al cuartel de la Guardia Cevil y al Dipósito de las Aguas, y luego hacer un racimo de horca con Castelar, Pi, Figueras, Martos, Bicerra y los demás, por moderaos, por moderaos… ». ...

En la línea 2061
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En suma, que mi hombre se veía más respetado y considerado desde que se las tuvo tiesas con su tía la mañana de marras. La única persona que no participaba ni poco ni mucho de este respeto era Papitos, que cada día le trataba con familiaridad más chocarrera. «Feo, cara de pito, memo en polvo—decíale sacando un trozo de lengua tal que casi parecía inverosímil—. Valiente mico está vusté… Verá cómo no le dejan casar… Sí, para vusté estaba. Bobo, más que bobo». Maximiliano la despreciaba y se lo decía: «Lárgate de aquí, sinvergüenza, o te quito todas las muelas de una bofetada». «¿Vusté, vusté?, ja, ja. Si le cojo, del primer borleo va a parar al tejado». ...

En la línea 2166
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Perfectamente… Porque es preciso que usted se fije bien en una cosa: eso de la ilusión es pura monserga, eso es para bobas. Ilusionarse con un caballerete porque tenga los ojos así o asado, porque tenga el bigotito de esta manera, el cuerpo derecho y el habla dengosa, es propio de hembras salvajes. Amar de ese modo no es amar, es perversión, es vicio, hija mía. El verdadero amor es el espiritual, y la única manera de amar es enamorarse de la persona por las prendas del alma. Las mujeres de estos tiempos se dejan pervertir por las novelas y por las ideas falsas que otras mujeres les imbuyen acerca del amor. ¡Patraña y propaganda indecente que hace Satanás por mediación de los poetas, novelistas y otros holgazanes! Diranle a usted que el amor y la hermosura física son hermanos, y le hablarán a usted de Grecia y del naturalismo pagano. No haga usted caso de patrañas, hija mía, no crea en otro amor que en el espiritual, o sea en las simpatías de alma con alma… ...

En la línea 1013
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Enseguida se volvió hacia los marineros. -Preparen la chalupa. Cuando la ola barra la cubierta, la sueltan y la dejan ir. ...

En la línea 823
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Conocida es la diafanidad del mar. Sabido es que su limpidez es aún mayor que la de las aguas de roca. Las sustancias minerales y orgánicas que mantiene en suspensión aumentan incluso su transparencia. En algunas partes del océano, en las Antillas, ciento cuarenta y cinco metros de agua dejan ver el lecho de arena con una sorprendente nitidez y la fuerza de penetración de los rayos solares no parece detenerse sino hasta una profundidad de trescientos metros. Pero en el medio fluido que recorría el Nautilus el resplandor eléctrico se producía en el seno mismo del agua, que no era ya agua luminosa sino luz líquida. ...

En la línea 643
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «¡Sea lo que Dios quiera! Si me paran, estoy perdido, y si me dejan pasar, también, pues luego se acordarán de mí.» ...

En la línea 1511
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑El caso es que todos hacen lo mismo ‑repuso Zamiotof‑. Después de haber demostrado tanta destreza como astucia al cometer el crimen, se dejan coger en la taberna. Y es que no todos son tan listos como usted. Usted, naturalmente, no iría a una taberna. ...

En la línea 1838
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En efecto, Queenstown es un puerto de la costa irlandesa, en el cual los trasatlánticos de los Estados Unidos dejan pasar la valija del correo. Las cartas se llevan a Dublín por un expreso siempre dispuesto, y de Dublín llegan a Liverpool por vapores de gran velocidad, adelantando doce horas a los rápidos buques de las compañías marítimas. ...


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Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras g;j

Reglas relacionadas con los errores de g;j

Las Reglas Ortográficas de la G

Las palabras que contienen el grupo de letras -gen- se escriben con g.

Observa los ejemplos: origen, genio, general.

Excepciones: berenjena, ajeno.

Se escriben con g o con j las palabras derivadas de otra que lleva g o j.

Por ejemplo: - de caja formamos: cajón, cajita, cajero...

- de ligero formamos: ligereza, aligerado, ligerísimo...

Se escriben con g las palabras terminadas en -ogía, -ógico, -ógica.

Por ejemplo: neurología, neurológico, neurológica.

Se escriben con g las palabras que tienen los grupos -agi-, -igi. Por ejemplo: digiere.

Excepciones: las palabras derivadas de otra que lleva j. Por ejemplo: bajito (derivada de bajo), hijito

(derivada de hijo).

Se escriben con g las palabras que empiezan por geo- y legi-, y con j las palabras que empiezan por

eje-. Por ejemplo: geografía, legión, ejército.

Excepción: lejía.

Los verbos cuyos infinitivos terminan en -ger, -gir se escriben con g delante de e y de i en todos sus

tiempos. Por ejemplo: cogemos, cogiste (del verbo coger); elijes, eligieron (del verbo elegir).

Excepciones: tejer, destejer, crujir.

Las Reglas Ortográficas de La J

Se escriben con j las palabras que terminan en -aje. Por ejemplo: lenguaje, viaje.

Se escriben con j los tiempos de los verbos que llevan esta letra en su infinitivo. Por ejemplo:

viajemos, viajáis (del verbo viajar); trabajábamos, trabajemos (del verbo trabajar).

Hay una serie de verbos que no tienen g ni j en sus infinitivos y que se escriben en sus tiempos

verbales con j delante de e y de i. Por ejemplo: dije (infinitivo decir), traje (infinitivo traer).


la Ortografía es divertida

Más información sobre la palabra Dejan en internet

Dejan en la RAE.
Dejan en Word Reference.
Dejan en la wikipedia.
Sinonimos de Dejan.

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