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La palabra sulpable
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Comó se escribe sulpable o culpable?

Cual es errónea Culpable o Sulpable?

La palabra correcta es Culpable. Sin Embargo Sulpable se trata de un error ortográfico.

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Errores Ortográficos típicos con la palabra Culpable

Cómo se escribe culpable o kulpable?
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la Ortografía es divertida

Reglas relacionadas con los errores de c;s

Las Reglas Ortográficas de la S

Se escribe s al final de las palabras llanas.
Ejemplos: telas, andamos, penas
Excepciones: alférez, cáliz, lápiz

Se escriben con s los vocablos compuestos y derivados de otros que también se escriben con esta letra.
Ejemplos: pesar / pesado, sensible / insensibilidad

Se escribe con s las terminaciones -esa, -isa que signifiquen dignidades u oficios de mujeres.
Ejemplos: princesa, poetisa

Se escriben con s los adjetivos que terminan en -aso, -eso, -oso, -uso.
Ejemplos: escaso, travieso, perezoso, difuso

Se escribe con s las terminaciones -ísimo, -ísima.
Ejemplos: altísimo, grandísima

Se escribe con s la terminación -sión cuando corresponde a una palabra que lleva esa letra, o cuando otra palabra derivada lleva -sor, -sivo, -sible,-eso.
Ejemplos: compresor, compresión, expreso, expresivo, expresión.

Se escribe s en la terminación de algunos adjetivos gentilicios singulares.
Ejemplos: inglés, portugués, francés, danés, irlandés.

Se escriben s con las sílabas iniciales des-, dis-.
Ejemplos: desinterés, discriminación.

Se escribe s en las terminaciones -esto, -esta.
Ejemplos: detesto, orquesta.


Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras c;s


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece culpable

La palabra culpable puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1866
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --¡Ea! se acabó. Haré lo que buenamente pueda para quedar bien, como un caballero que soy. Pero no me caso, ¿lo entiendes? No me caso... Además, ¿por qué he de ser yo el culpable? El cinismo brillaba en sus ojos. Fermín apretaba los dientes y hundía sus manos en los bolsillos, haciéndose atrás, como si temiese las palabras crueles que iban a salir de la boca del señorito. ...

En la línea 1876
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --¡Mala mujer!--murmuraba.--¡Jembra mardita! Ella, sólo ella, era la culpable de la desgracia que pesaba sobre la familia. ...

En la línea 1894
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Don Pablo Dupont hizo llegar hasta él ofrecimientos de limosna para sostener su vejez, aunque le consideraba el principal culpable de todo lo ocurrido, por no haber enseñado a sus hijos religión. Pero el viejo rehusó todo socorro. Muchas gracias, señor: admiraba su caridad, pero moriría de hambre, antes que aceptar una moneda de los Dupont. ...

En la línea 2641
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Por eso es más culpable, señor duque. ...

En la línea 2769
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Oh, si ella traicionase a Vuestra Ma-jestad en su honor, sería otra cosa, y yo sería el primero en decir: «¡Na da de gracia sire, nada de gracia para la culpable!» Afortunadamente no es nada de eso, y Vuestra Majestad acaba de adquirir una nueva prueba. ...

En la línea 2783
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Ya veremos, señor cardenal, ya veremos -dijo el rey, que en su alegría por hallar a la reina culpable de un crimen que le importaba poco a inocente de una falta que temía mucho, estaba dispuesto a re conciliarse con ella-. ...

En la línea 2906
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Diez minutos más tarde estaba en su casa; como le había dicho a la reina no había vuelto a ver a su marido desde su puesta en libertad; por tant o ignoraba el cambio que se había operado en él respecto del cardenal, cambio que habían logrado la lisonja y el dinero de Su Eminencia y que habían corroborado, luego, dos o tres visitas del conde de Rochefort, convertido en el mejor amigo de Bonacieux, a l que ha bía hecho creer sin mucho esfuerzo que ningún sentimiento culpable le había llevado al rapto de su mujer, sino que era solamente una pre caución política. ...

En la línea 4375
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Por fortuna, Quintanar era correccionalista; quería la enmienda del culpable, pero no su destrucción. ...

En la línea 12912
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... A don Fermín le quiero con el alma, a pesar de su amor, que acaso él no puede vencer como yo no puedo vencer la influencia de Mesía sobre mis sentidos; pero de no amar al Magistral de modo culpable estoy bien segura. ...

En la línea 15913
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ana, culpable según las leyes divinas y humanas, no lo era tanto en concepto de Frígilis que mereciera la muerte. ...

En la línea 1031
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - ¡Buena la hiciste ayer! -dijo el gigante en voz queda, como si hablase con el mismo-. En realidad tu eres el culpable de todo lo ocurrido, por tu maldita idea de dejarme solo para ir a ver a Popito… Pero no te abandonaré por eso, como me pide la loca de Flimnap… . ¡Que diablo será esto del amor, que a todos nos hace cometer enormes tonterías, y hasta da un aspecto grotesco a esa pobre mujer tan inocente y bondadosa!… ...

En la línea 585
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Y para todo tenía el ingenioso culpable palabras bonitas: «La luna de miel perpetua es un contrasentido, es… hasta ridícula. El entusiasmo es un estado infantil impropio de personas normales. El marido piensa en sus negocios, la mujer en las cosas de su casa, y uno y otro se tratan más como amigos que como amantes. Hasta las palomas, hija mía, hasta las palomas cuando pasan de cierta edad, se hacen cariños así… de una manera sesuda». Jacinta se reía con esto; pero no admitía tales componendas. Lo más gracioso era que él se las echaba de hombre ocupado. ¡Valiente truhán! ¡Si no tenía absolutamente nada que hacer más que pasear y divertirse… ! Su padre había trabajado toda la vida como un negro para asegurar la holgazanería dichosa del príncipe de la casa… En fin, fuese lo que fuese, Jacinta se proponía no abandonar jamás su actitud de humildad y discreción. Creía firmemente que Juan no daría nunca escándalos, y no habiendo escándalo, las cosas irían pasando así. No hay existencia sin gusanillo, un parásito interior que la roe y a sus expensas vive, y ella tenía dos: los apartamientos de su marido y el desconsuelo de no ser madre. Llevaría ambas penas con paciencia, con tal que no saltara algo más fuerte. ...

En la línea 937
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Porque todo se puede conllevar—dijo Ido bajando la voz lúgubremente—, menos la infidelidad conyugal. Terrible cosa es hablar de esto, querido tocayo, y que esta deshonrada boca pregone mi propia ignominia… pero hay momentos, francamente, naturalmente, en que no puede uno callar. El silencio es delito, sí señor… ¿Por qué ha de echar sobre mí la sociedad esta befa, no siendo yo culpable? ¿No soy modelo de esposos y padres de familia? ¿Pues cuándo he sido yo adúltero?, ¿cuándo?… que me lo digan. ...

En la línea 2964
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata dio un gran suspiro. «¡Qué farsa! Voy a dar parte a la justicia. Veremos si al juez le contesta de esa manera. Que usted es culpable, bien a la vista está. Si no, ¿por qué se marcha usted?». ...

En la línea 3558
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Con estos diferentes estados de su espíritu se relacionaban ciertas intermitencias de manía religiosa. En las horas en que se sentía muy culpable, entrábale temor de los castigos temporales y eternos. Acordábase de cuanto le enseñaron D. León y las Micaelas, y volvían a su mente las impresiones de la vida del convento con frescura y claridad pasmosas. Cuando le daba por ahí, iba a misa, y aun se le ocurría confesarse; pero de pronto le entraba miedo y lo dejaba para más adelante. Luego venía la contraria, o sea el sentimiento de su inculpabilidad, como una reversión mecánica del estado anterior, y todas las somnolencias y aprensiones místicas huían de su mente. Se pasaba entonces dos o tres días en completa tranquilidad, sin rezar más que los Padrenuestros que por rutina le salían de entre dientes todas las mañanas. Su conciencia giraba sobre un pivote, presentándole, ya el lado blanco, ya el lado negro. A veces esta brusca revuelta dependía de una palabra, de una idea caprichosa que pasaba volando por su espíritu, como pasa un pájaro fugaz por la inmensidad del Cielo. Entre creerse un monstruo de maldad o un ser inocente y desgraciado, mediaban a veces el lapso de tiempo más breve o el accidente más sencillo; que se desprendiese una hoja del tallo ya marchito de una planta cayendo sin ruido sobre la alfombra; que cantase el canario del vecino o que pasara un coche cualquiera por la calle, haciendo mucho ruido. ...

En la línea 1155
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Invadió a Hendon una confusión culpable, que le hizo sentirse aliviado al abrirse la puerta para dar paso a Hugo, ahorrándole así la necesidad de replicar. ...

En la línea 1326
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... ¿Nunca se sintió Tom Canty preocupado por el pobre principito legítimo, que lo había tratado tan bondadosamente y que se había lanzado tan celosamente a vengarlo del insolente centinela de la puerta de palacio? Sí. Sus primeros días y noches reales estuvieron bastante salpicados de penosos recuerdos del perdido príncipe y con sinceros deseos de su regreso y feliz reintegración de sus derechos y esplendores naturales. Pero a medida que pasó el tiempo y el príncipe no venía, la mente de Tom estuvo más y más ocupada con sus nuevas y encantadoras experiencias, y poco a poco el desaparecido monarca casi se esfumó de sus pensamientos; y finalmente, cuando a ratos se inmiscuía en ellos, se había convertido ya en espectro mal recibido, porque hacía sentirse a Tom culpable y avergonzado. ...

En la línea 1394
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Fue una idea afortunada, una idea feliz. Que así lo consideraron también los grandes dignatarios se manifestó en el silencioso aplauso que brotó de sus ojos en forma de brillantes miradas de aprobación. Sí, nadie sino el verdadero príncipe podría disipar el persistente misterio del Gran Sello desaparecido –a este infeliz impostorcillo le habían enseñado bien su lección, pero aquí sus enseñanzas debían fracasar, porque su mismo maestro no podría contestar esa pregunta–; ¡ah, muy bien, muy bien en verdad: ahora pronto nos libraremos de este enojoso y peligroso asunto! Y asintieron con la cabeza de modo imperceptible y sonrieron internamente con satisfacción y voltearon a ver a aquel muchacho atacado por la parálisis de la confusión culpable. ¡Cómo se sorprendieron entonces de ver que nada semejante sucedió!, ¡cómo se maravillaron al escucharlo contestar de inmediato, con voz segura y tranquila! ...

En la línea 219
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Creo que los romanos se debieron de exasperar unos a otros a causa de sus narices. Quizá por esto fueron el pueblo más intranquilo que se ha conocido. Pero sea lo que fuere, la nariz romana del señor Wopsle me irritó de tal manera durante el relato de mis fechorías, que sentí el deseo de tirarle de ella hasta hacerle aullar. Pero lo que había tenido que aguantar hasta entonces no fue nada en comparación con las espantosas sensaciones que se apoderaron de mí cuando se interrumpió la pausa que siguió al relato de mi hermana, y durante la cual todos me miraron, mientras yo me sentía dolorosamente culpable, con la mayor indignación y execración. ...

En la línea 1117
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... La policía mandada de Londres frecuentó los alrededores de la casa por espacio de una o dos semanas e hizo todo cuanto yo había oído y leído con referencia a casos semejantes. Prendieron a varios inocentes, siguieron pistas falsas y persistieron en hacer concordar las circunstancias con las ideas, en vez de tratar de deducir ideas de las circunstancias. También frecuentaron bastante Los Tres Alegres Barqueros, llenando de admiración a los parroquianos, que los miraban con cierta reserva; y tenían un modo misterioso de beber, que casi valía tanto como si hubiesen prendido al culpable. Pero ello no equivalió a tal éxito, porque no consiguieron descubrir al criminal. ...

En la línea 1208
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Desde luego es culpable, ¿verdad? — dijo —. ¡Vamos, dígalo! ...

En la línea 1209
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Caballero — replicó el señor Wopsle —, aunque no tenga el honor de conocerle a usted, puedo asegurar que ese hombre es culpable. ...

En la línea 221
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Marfa Petrovna quedó por segunda vez estupefacta, como herida por un rayo, según su propia expresión, pero no dudó ni un momento de la inocencia de Dunia, y al día siguiente, que era domingo, lo primero que hizo fue ir a la iglesia e implorar a la Santa Virgen que le diera fuerzas para soportar su nueva desgracia y cumplir con su deber. Acto seguido vino a nuestra casa y nos refirió todo lo ocurrido, llorando amargamente. En un arranque de remordimiento, se arrojó en los brazos de Dunia y le suplicó que la perdonara. Después, sin pérdida de tiempo, recorrió las casas de la ciudad, y en todas partes, entre sollozos y en los términos más halagadores, rendía homenaje a la inocencia, a la nobleza de sentimientos y a la integridad de la conducta de Dunia. No contenta con esto, mostraba y leía a todo el mundo la carta escrita por Dunetchka al señor Svidrigailof. E incluso dejaba sacar copias, cosa que me parece una exageración. Recorrió las casas de todas sus amistades, en lo cual empleó varios días. Ello dio lugar a que algunas de sus relaciones se molestaran al ver que daba preferencia a otros, lo que consideraban una injusticia. Al fin se determinó con toda exactitud el orden de las visitas, de modo que cada uno pudo saber de antemano el día que le tocaba el turno. En toda la ciudad se sabía dónde tenía que leer Marfa Petrovna la carta tal o cual día, y el vecindario adquirió la costumbre de reunirse en la casa favorecida, sin excluir aquellas familias que ya habían escuchado la lectura en su propio hogar y en el de otras familias amigas. Yo creo que en todo esto hay mucha exageración, pero así es el carácter de Marfa Petrovna. Por otra parte, es lo cierto que ella ha rehabilitado por completo a Dunetchka. Toda la vergüenza de esta historia ha caído sobre el señor Svidrigailof, a quien ella presenta como único culpable, y tan inflexiblemente, que incluso siento compasión de él. A mi juicio, la gente es demasiado severa con este insensato. ...

En la línea 494
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Al principio ‑de esto hacía ya bastante tiempo‑, lo que más le preocupaba era el motivo de que todos los crímenes se descubrieran fácilmente, de que la pista del culpable se hallara sin ninguna dificultad. Raskolnikof llegó a diversas y curiosas conclusiones. Según él, la razón de todo ello estaba en la personalidad del criminal más que en la imposibilidad material de ocultar el crimen. ...

En la línea 495
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... En el momento de cometer el crimen, el culpable estaba afectado de una pérdida de voluntad y raciocinio, a los que sustituía una especie de inconsciencia infantil, verdaderamente monstruosa, precisamente en el momento en que la prudencia y la cordura le eran más necesarias. Atribuía este eclipse del juicio y esta pérdida de la voluntad a una enfermedad que se desarrollaba lentamente, alcanzaba su máxima intensidad poco antes de la perpetración del crimen, se mantenía en un estado estacionario durante su ejecución y hasta algún tiempo después (el plazo dependía del individuo), y terminaba al fin, como terminan todas las enfermedades. ...

En la línea 1189
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Y digo por señas a uno de mis muchachos que se sitúe en la puerta. Yo, entre tanto, salgo de detrás del mostrador. Pero él adivina mis intenciones y se planta de un salto en la calle. Inmediatamente echa a correr y desaparece tras la primera esquina. Desde este momento, ya no me cupo duda de que era culpable.» ...

En la línea 71
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Añadía también: 'A los ignorantes enseñadles lo más que podáis; la sociedad es culpable por no dar instrucción gratis; es responsable de la oscuridad que con esto produce. Si un alma sumida en las tinieblas comete un pecado, el culpable no es en realidad el que peca, sino el que no disipa las tinieblas'. ...

En la línea 284
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Fue declarado culpable. Las palabras del código eran terminantes. Hay en nuestra civilización momentos terribles, y son precisamente aquellos en que la ley penal pronuncia una condena. ¡Instante fúnebre aquel en que la sociedad se aleja y consuma el irreparable abandono de un ser pensante! Jean Valjean fue condenado a cinco años de presidio. ...

En la línea 296
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Se constituyó en tribunal. Principió por juzgarse a sí mismo. Reconoció que no era un inocente castigado injustamente. Confesó que había cometido una acción mala, culpable; que quizá no le habrían negado el pan si lo hubiese pedido; que en todo caso hubiera sido mejor esperar para conseguirlo de la piedad o del trabajo; que no es una razón el decir: ¿se puede esperar cuando se padece hambre? Que es muy raro el caso que un hombre muera literalmente de hambre; que debió haber tenido paciencia; que eso hubiera sido mejor para sus pobres niños; que había sido un acto de locura en él, desgraciado criminal, coger violentamente a la sociedad entera por el cuello, y figurarse que se puede salir de la miseria por medio del robo; que es siempre una mala puerta para salir de la miseria la que da entrada a la infamia; y, en fin, que había obrado mal. ...

En la línea 496
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Mientras lloraba se encendía poco a poco una luz en su cerebro, una luz extraordinaria, una luz maravillosa y terrible a la vez. Su vida pasada, su primera falta, su larga expiación, su embrutecimiento exterior, su endurecimiento interior, su libertad halagada con tantos planes de venganza, las escenas en casa del obispo, la última acción que había cometido, aquel robo de cuarenta sueldos a un niño, crimen tanto más culpable, tanto más monstruoso cuanto que lo ejecutó después del perdón del obispo; todo esto se le presentó claramente; pero con una claridad que no había conocido hasta entonces. ...

En la línea 1851
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En cuanto a Fix, había detenido a un gentelman porque su deber se lo mandaba, fuese o no culpable. La justicia lo decidiría. ...

Más información sobre la palabra Culpable en internet

Culpable en la RAE.
Culpable en Word Reference.
Culpable en la wikipedia.
Sinonimos de Culpable.

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