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La palabra conosco
Cómo se escribe

Comó se escribe conosco o conozco?

Cual es errónea Conozco o Conosco?

La palabra correcta es Conozco. Sin Embargo Conosco se trata de un error ortográfico.

El Error ortográfico detectado en el termino conosco es que hay un Intercambio de las letras z;s con respecto la palabra correcta la palabra conozco

Errores Ortográficos típicos con la palabra Conozco

Cómo se escribe conozco o conosco?
Cómo se escribe conozco o sonozso?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece conozco

La palabra conozco puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1557
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Si te encontraras con Rafael--continuó,--ni una palabra tampoco. Le conozco: el pobre mozo iría a presidio por tu culpa. ...

En la línea 1593
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Me alegro que pienses así--dijo don Pablo, sentándose junto a su mesa, al pie del diploma de la bendición.--Tú has sido siempre algo _verde_; ya sabes que te conozco, y me gusta que no te mezcles en estos líos. ...

En la línea 1766
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Dejad al muchacho--dijo a espaldas de ellos la voz de Juanón.--Yo le conozco y respondo de él. Es el amigo del compañero Fernando; es de la _idea_. ...

En la línea 687
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Yo no tengo padrinos, señor -dijo D'Artagnan-, porque, lle gado ayer mismo a Paris, no conozco aún a nadie, salvo al señor de Tréville, al que he sido recomendado por mi padre, que tiene el honor de ser uno de sus pocos amigos. ...

En la línea 690
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -No, señor, no conozco a nadie más que a él. ...

En la línea 1045
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Y ningún hombre para instruirlos; los halconeros se van, sólo yo conozco ya el arte de la montería. ...

En la línea 1060
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Quién me ha hecho ese hermoso relato, señor? ¿Y quién que réis que sea, si no aquel que vela cuando yo duermo, que trabaja cuando yo me divierto, que lleva todo dentro y fuera del reino, tanto en Francia como en Europa?-Su majestad quiere hablar de Dios, sin duda - dijo el señor de Tréville-, porque no conozco más que a Dios que esté por encima de Su Majestad. ...

En la línea 327
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Mi costumbre invariable al llegar a un país consiste en valerme de los servicios de un indígena, con la mira principal de perfeccionarme en la lengua, y como ya conozco casi todos los idiomas y dialectos importantes de oriente y occidente, me pongo con prontitud en condiciones de hacerme entender perfectamente por los naturales. ...

En la línea 848
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... En diversas partes del mundo he vivido en contacto con la raza hebrea, y conozco bien sus maneras y fraseología. ...

En la línea 1314
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —¿Que si la conozco? Mi hermano se casó con la hija, la _Callí_ negra, de quien tuvo esa _chabí_ hace diez y seis años, poco antes de ser ahorcado por los _busné_. ...

En la línea 1413
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... A los cinco minutos llegamos a una plazoleta, en la que, en el lado opuesto al de nuestra llegada, ardía una hoguera, y en pie, o sentadas junto a ella, estaban dos o tres personas; nos habían oído acercarnos, y una de ellas gritó: «_¿Quien vive?_» «Yo conozco esa voz»—dijo Antonio—; y, dejándome allí con el caballo, avanzó rápidamente hacia la hoguera. ...

En la línea 321
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Ya conozco a su merced -dijo el cura-. ...

En la línea 461
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Para conmigo no hay palabras blandas, que ya yo os conozco, fementida canalla -dijo don Quijote. ...

En la línea 557
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -No digo yo, Sancho -replicó don Quijote-, que sea forzoso a los caballeros andantes no comer otra cosa sino esas frutas que dices, sino que su más ordinario sustento debía de ser dellas, y de algunas yerbas que hallaban por los campos, que ellos conocían y yo también conozco. ...

En la línea 779
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. ...

En la línea 408
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Uno de los espectáculos más curiosos de Buenos Aires es el gran corral donde se guardan, antes de darles muerte, los animales que han de servir para el aprovisionamiento de la ciudad. Es realmente pasmosa la fuerza del caballo comparada con la del buey. Un hombre a caballo, después de sujetar con su lazo al buey por la cornamenta, puede arrastrar a éste donde quiera. El animal hace hincapié en el suelo con las patas extendidas hacia adelante, para resistir á la fuerza que le arrastra, pero todo es inútil; por lo común, también el buey toma carrera y se echa a un lado, pero el caballo se revuelve inmediatamente para recibir el choque, el cual se produce con tanta violencia, que el buey es casi derribado; lo asombroso es que no se desnuque. Conviene advertir que el combate no es del todo igual, pues mientras que el caballo tira con el pecho, el buey tira con lo alto de la cabeza. Además, un hombre puede retener de idéntica manera al caballo más salvaje, si el lazo le sujeta precisamente por detrás de las orejas. Se arrastra al buey hasta el sitio donde han de sacrificarle; después el matador, acercándose con cautela, le corta el corvejón. Entonces el animal exhala su mugido de muerte, el más terrible grito de agonía que conozco. Lo he oído a menudo desde una gran distancia, distinguiéndolo entre otra multitud de ruidos, y siempre comprendí que la lucha estaba concluida. Toda esa escena es horrible y repugnante: se anda sobre una capa de osamentas, y caballos y jinetes van cubiertos de sangre. ...

En la línea 417
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... siguiente en la entrada de las madrigueras de los viscaches, en el camino recorrido la víspera. Esta costumbre de recoger todas las sustancias duras que pueda haber en el suelo en las cercanías de su habitación debe producir mucho trabajo a este animal. ¿Con qué fin lo hace? Me es imposible decirlo, ni siquiera sospecharlo. No puede ser con propósito defensivo, puesto que el montón de residuos está casi siempre encima de la abertura de la guarida, que penetra en tierra inclinándose un poco. Sin embargo, alguna razón habrá para ello; pero los habitantes del país no saben más que yo acerca de este particular. Sólo conozco un hecho análogo: la costumbre que tiene la Calodera maculata, esa extraordinaria ave de la Australia, de construir con ramitas una elegante habitación abovedada donde va a divertirse con mil juegos, y junto a la cual reúne conchas, huesos y plumas de ave, sobre todo plumas de brillantes colores. M. Gould, que ha descrito estos hechos, me advierte que los naturales del país van a visitar esas galerías cuando se les pierde algún objeto duro, y ha visto encontrar un pipa de esa manera. ...

En la línea 439
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... De donde se infiere que la América septentrional y la América meridional, poseyendo en una época geológica reciente esos diversos géneros en común, se asemejaban entonces mucho más que hoy por el carácter de sus habitantes terrestres. Cuanto más reflexiono acerca de este hecho, de tanto mayor interés me parece. No conozco ningún otro caso en que podamos indicar tan bien, digámoslo así, la época y el modo en que una gran región se dividió en dos provincias zoológicas tan bien caracterizadas. ...

En la línea 646
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Poco hay que decir respecto a la zoología de estas islas. Ya he descrito el buitre o Polyborus. Hay, además, halcones, búhos y algunos pajarillos terrestres; gran número de aves acuáticas, que si hemos de creer los relatos de los antiguos navegantes, eran antes mucho más numerosas todavía. Observaba yo un día un cuervo marino que gozaba con un pez que había cogido. Ocho veces sucesivas dejó escapar su presa sumergiéndose enseguida tras el desgraciado pez, y aunque estuviera el agua muy profunda volvía con él a la superficie. En el Jardín Zoológico he visto una nutria tratar a un pez de la misma manera, es decir, como los gatos juegan con los ratones, únicos ejemplos que conozco de tan refinada crueldad en la madre naturaleza. Otro día me coloqué entre un pájaro bobo (Attenodites termesa) y el agua, y me divertí mucho observando sus costumbres. Era un pájaro muy bravo y se batía conmigo para rechazarme; hasta que logró alcanzar el mar. Tenía que darle fuertes golpes para detenerlo: cuando avanzaba un paso no era posible hacerlo retroceder y tomaba un aspecto muy resuelto, curiosísimo de ver; movía la cabeza de derecha a izquierda, de la manera más extraña y como si no pudiera ver más que por la base y parte anterior de los ojos llámase de ordinario este pájaro, pájaro-burro, porque acostumbra cuando está a orillas del mar a echar la cabeza hacia atrás y prorrumpe en unos gritos que se parecen hasta confundirse a los rebuznos de un asno: al contrario, cuando está en el mar y no se le hostiga, lanza una nota profunda, solemne, que con frecuencia se oye por las noches. ...

En la línea 2821
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —No es un santo —añadía —pero no se puede creer nada de lo que se dice de doña Obdulia y él, ni lo de él y Visitación; y en cuanto a sus relaciones con los Páez, yo que soy amigo de corazón de don Manuel, y conozco a su hija desde que era así —media vara —protesto contra todas esas calumniosas especies. ...

En la línea 3303
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Entonces seguía pensando: Buenas son mis nenas; si alguno se propasa, las conozco, me avisarán con una bofetada sonora. ...

En la línea 3608
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡Bah! —decía Visitación con un poco de tristeza verdadera, que daba interés al ocaso de su hermosura —; ¡bah! tú has caído esta vez de veras, te lo conozco yo. ...

En la línea 4137
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —No conozco seductores corcovados ni enanos —decía, encogiéndose de hombros, las pocas veces que con sus amigos íntimos hablaba de estas cosas: solía ser después de cenar fuerte —. ...

En la línea 467
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Insúltame; lo merezco. Despréciame: soy un perturbado… Pero deja que me marche. La felicidad perpetua que gozo aquí me parece una esclavitud, y ser libre es ahora mi único deseo. Siento vergüenza al pensar lo mal que colocaste tu cariño. Me conozco; soy un Ingrato, un miserable; mas para bien tuyo te repito mi suplica: «Diosa, déjame partir.» ...

En la línea 471
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —No te excuses; es Inútil—continuó la dama con violencia—. Tú te imaginas de buena fe que la tienes olvidada ; pero las mujeres sabemos de eso mas que los hombres. Es ella la verdadera causa que te aleja de mí. El señor—siguió diciendo irónicamente— siente fatiga de verse querido por una dama chic y desea a la burguesilla tímida y boba. Te conozco, caballero Tannhauser, mejor que tú mismo. Estás cansado de Venus, como me has llamado tantas veces, y quieres hacer una Elisabeta de esa pobre muchacha que vive en Roma, cerca del fantasmón de su padre… Ve en busca de la paz para no encontrarla nunca. Ni paz ni libertad hallarás en ese mundo de gentes vulgares que ahora te hace falta, y del que te has burlado tantas veces en mi presencia, creyéndote de raza superior. ...

En la línea 473
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Te conozco y te veo ya volviendo a mi después de la triste experiencia. Vas a sentirte asqueado por la ordinariez de esas personas que ahora buscas; te hará falta la verdadera libertad que es la de nuestro mundo, tolerante y feliz. Tal vez lamentarás Igualmente la ausencia de mi cuerpo y de mi voz, y yo entonces me vengaré cual si fueses un mendigo importuno al que se repele por su tenacidad. Si te vas, que sea para siempre. No vuelvas, porque entonces me mostraré cruel. ...

En la línea 741
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Borja—. Acepto cuantas reglas me imponga la Iglesia; pero al mismo tiempo soy muy humano y conozco las debilidades del hombre, consecuencia lógica de su imperfección. Simpatizo con los Borgias, sin que esto disminuya mi catolicismo. No Incurriré en el absurdo de querer hacer de ellos unos santos calumniados, como algunos de sus panegiristas; pero tampoco fueron unos demonios, como quieren sus detractores. En punto a pecados, resultaron iguales a sus contemporáneos, v si alguna vez llegaron un poco más lejos que ellos (un poco nada más), fue por la fogosidad excesiva, por la tendencia al contraste y a desafiar a la opinión, propias de las gentes del Mediterráneo… Todos ellos se mostraron religiosos y creyentes. No hablemos de Calixto Tercero, varón de santa memoria. Alejandro Sexto, el Borgia más abominado, fue un Pontífice eminente que manejó con maestría los intereses de la Iglesia y la dejó poderosa, hasta el punto de que su adversario y sucesor Julio Segundo le debe la mayor parte de grandeza, heredada de él. Usted sabe que Rodrigo de Borja mostró siempre una sincera devoción a la Virgen v llevaba a todas horas una hostia consagrada dentro de un relicario de cristal pendiente del pecho o de una muñeca, para poder comulgar sin pérdida de tiempo en el caso de que le sorprendiera la muerte. ...

En la línea 218
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - ¡Cuantas palabras -dijo al extinguirse su risa-, cuantas palabras para describirme un revolver! ¡Pero si yo conozco eso tan bien como usted!… Las gentes que hoy han visto el suyo (los cargadores y los marineros) seguramente que no saben lo que es; pero para nosotros, las personas estudiosas, esa máquina del tubo grande y de los seis tubos con sus cápsulas explosivas resulta una verdadera antigualla. Además, la consideramos repugnante e indigna de todo recuerdo. No intente, gentleman, deslumbrarnos con sus descubrimientos. Aquí sabemos más que usted. Prescinda de nuevas observaciones y acuéstese prontito a tomar su leche. ...

En la línea 434
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Conozco los trabajos de las mujeres en este periodo de gestación revolucionaria. Los conozco no solamente por los libros, sino por algo más directo y viviente. Mi abuela fue una de las agitadoras en este periodo difícil y glorioso. ...

En la línea 762
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Volveré -dijo apresuradamente-, ahora que conozco tu escondrijo. Pretextaré un deseo de estudiar de cerca el modo de vivir del gigante. ...

En la línea 791
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - ¡Imprudente! -murmuró Flimnap, refiriéndose a su protegido-. Hay que ver como lo buscan por toda la capital. Muchas veces quise abandonarlo a su suerte, en vista de sus absurdas predicaciones contra el excelente gobierno de las mujeres, ¡pero le quiero tanto!… Lo conozco desde niño. Además, en los últimos días ha aumentado mucho mi afecto hacia el. ¿Se ha fijado, gentleman, como se le parece a usted?… ...

En la línea 150
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... No la conozco; se ha puesto hace poco; pero yo me enteraré. Aspecto de pobreza. Se entra por una puerta vidriera que también es entrada del portal, y en el vidrio han puesto un letrero que dice: Especialidad en regalos para amas… Antes estaba allí un relojero llamado Bravo, que murió de miserere. ...

En la línea 213
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Estás perdonado—dijo la esposa, arreglándose el cabello que Santa Cruz le había descompuesto al acentuar de un modo material aquellas expresiones tan sabias como apasionadas—. No soy impertinente, no exijo imposibles. Bien conozco que los hombres la han de correr antes de casarse. Te prevengo que seré muy celosa si me das motivo para serlo; pero celos retrospectivos no tendré nunca. ...

En la línea 602
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Jacinta se desbarataba de risa, y el Delfín hablando con un poco de seriedad, prosiguió: «Bien sabes que no soy callejero… A fe que te puedes quejar. Maridos conozco que cuando ponen el pie en la calle, del tirón se están tres días sin parecer por la casa. Estos podrían tomarme a mí por modelo». ...

En la línea 1243
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Que se levanten todos en la casa para que sepan… Pero, ¿es farsa tuya? Sí, te lo conozco en los ojos. ...

En la línea 416
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¡Sí, sí! No lo conozco. Lo aborrezco, y moriré antes de irme con él. ...

En la línea 535
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Te conozco. Eres un muchacho bueno y todo lo mereces. Terminaron tus desazones, porque ha llegado la hora de tu recompensa. Cava aquí cada siete días y siempre encontrarás el mismo tesoro: doce peniques nuevos y brillantes. No se lo digas a nadie y guarda el secreto. ...

En la línea 755
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Tú no eres mi padre. No te conozco. Soy el rey. Si has escondido a mi criado, búscamelo en seguida o te costará caro lo que has hecho. ...

En la línea 1150
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¡Ah, señor mío! –exlamó Hendon, sonrojándose levemente–. No me condenes. Espera, que ya verás. No soy un impostor: ella lo dirá. Lo oirás de los más dulces labios de Inglaterra. ¿Yo, un impostor? Yo conozco esta vieja casa, esas efigies de mis antepasados y todo lo que nos rodea, como conoce un niño su propio cuarto. Aquí nací y me eduqué, señor mío. Hablo la verdad; a ti no te engañaría. Y aunque nadie más me crea, te ruego que no dudes tú de mí; no podría soportarlo. ...

En la línea 151
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Sí, la conozco. Y ahora… ¡jaque otra vez! ...

En la línea 160
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... «¿Por qué el diminutivo es señal de cariño? –iba diciéndose Augusto camino de su casa–. ¿Es acaso que el amor achica la cosa amada? ¡Enamorado yo! ¡Yo enamorado! ¡Quién había de decirlo … ! Pero ¿tendrá razón Víctor? ¿Seré un enamorado ab initio? Tal vez mi amor ha precedido a su objeto. Es más, es este amor el que lo ha suscitado, el que lo ha extraído de la niebla de la creación. Pero si yo adelanto aquella torre no me da el mate, no me lo da. ¿Y qué es amor? ¿Quién definió el amor? Amor definido deja de serlo… Pero, Dios mío, ¿por qué permitirá el alcalde que empleen para los rótulos de los comercios tipos de letra tan feos como ese? Aquel alfil estuvo mal jugado. ¿Y cómo me he enamorado si en rigor no puedo decir que la conozco? Bah, el conocimiento vendrá después. El amor precede al conocimiento, y este mata a aquel. Nihil volitum quin praecognitum, me enseñó el padre Zaramillo, pero yo he llegado a la conclusión contraria y es que nihil cognitum quin praevolitum. Conocer es perdonar, dicen. No, perdonar es conocer. Primero el amor, el conocimiento después. Pero ¿cómo no vi que me daba mate al descubierto? Y para amar algo, ¿qué basta? ¡Vislumbrarlo! El vislumbre; he aquí la intuición amorosa, el vislumbre en la niebla. Luego viene el precisarse, la visión perfecta, el resolverse la niebla en gotas de agua o en granizo, o en nieve, o en piedra. La ciencia es una pedrea. ¡No, no, niebla, niebla! ¡Quién fuera águila para pasearse por los senos de las nubes! Y ver al sol a través de ellas, como lumbre nebulosa también. ...

En la línea 319
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Yo los conozco, hombre, yo –exclamó su señora; y volviéndose a Augusto–: tiene usted abiertas las puertas de esta casa… Pues ¡no faltaba más! Al hijo de doña Soledad… Así como así, va usted a ayudarme a quitar a esa chiquilla un caprichito que se le ha metido en la cabeza… ...

En la línea 2040
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Sí, conozco esa cantata. ...

En la línea 579
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Ahora, permítame acabar lo que quiero decirle. Yo le conozco, señor Aronnax. Si no sus compañeros, usted, al menos, no tendrá tantos motivos de lamentarse del azar que le ha ligado a mi suerte. Entre los libros que sirven a mis estudios favoritos hallará usted el que ha publicado sobre los grandes fondos marinos. Lo he leído a menudo. Ha llevado usted su obra tan lejos como le permitía la ciencia terrestre. Pero no sabe usted todo, no lo ha visto usted todo. Déjeme decirle, señor profesor, que no lamentará usted el tiempo que pase aquí a bordo. Va a viajar usted por el país de las maravillas. El asombro y la estupefacción serán su estado de ánimo habitual de aquí en adelante. No se cansará fácilmente del espectáculo incesantemente ofrecido a sus ojos. Voy a volver a ver, en una nueva vuelta al mundo submarino (que, ¿quién sabe?, quizá sea la última), todo lo que he podido estudiar en los fondos marinos tantas veces recorridos, y usted será mi compañero de estudios. A partir de hoy entra usted en un nuevo elemento, verá usted lo que no ha visto aún hombre alguno (pues yo y los míos ya no contamos), y nuestro planeta, gracias a mí, va a entregarle sus últimos secretos. ...

En la línea 926
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Señor profesor, los bosques de mis posesiones no piden al sol ni su luz ni su calor. Ni leones, ni tigres, ni panteras, ni ningún cuadrúpedo los frecuentan. Sólo yo los conozco y sólo para mí crece su vegetación. No son bosques terrestres, son bosques submarinos. ...

En la línea 2557
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Así, pues -dijo el canadiense-, como nunca he pescado en estos parajes no conozco las ballenas que los habitan, ¿no es así? ...

En la línea 1302
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Como deseo cumplir exactamente sus instrucciones, señor Jaggers, me parece mucho mejor preguntarle: ¿hay algún inconveniente en que me despida de una persona a quien conozco en las cercanías, antes de marcharme? ...

En la línea 1449
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... - Pues entonces sea un chelín - observó el cochero -. No quiero meterme en disgustos, porque le conozco - añadió guiñando un ojo para señalar el nombre del señor Jaggers y meneando la cabeza. ...

En la línea 1479
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... - No conozco a este hombre - dijo el señor Jaggers con el mayor desdén -. ¿Qué quiere este sujeto? ...

En la línea 1531
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... - ¡Caramba! ¡Es usted un maestro en hacer preguntas! - exclamó el señor Wemmick mirándome con aire de aprobación -. Sí, le conozco. Le conozco. ...

En la línea 252
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Esto tiene un pase en mamá, que es así, pero en Dunia es inexplicable. Te conozco bien, mi querida Dunetchka. Tenías casi veinte años cuando te vi por última vez, y sé perfectamente cómo es tu carácter. Mamá dice en su carta que Dunetchka posee tal entereza, que es capaz de soportarlo todo. Esto ya lo sabía yo: hace dos años y medio que sé que Dunetchka es capaz de soportarlo todo. El hecho de que haya podido soportar al señor Svidrigailof y todas las complicaciones que este hombre le ha ocasionado demuestra que, en efecto, es una mujer de gran entereza. Y ahora se imagina, lo mismo que mamá, que podrá soportar igualmente a ese señor Lujine que sustenta la teoría de la superioridad de las esposas tomadas en la miseria y para las que el marido aparece como un bienhechor, cosa que expone (es un detalle que no hay que olvidar) en su primera entrevista. Admitamos que las palabras se le han escapado, a pesar de ser un hombre razonable (seguramente no se le escaparon, ni mucho menos, aunque él lo dejara entrever así en las explicaciones que se apresuró a dar). Pero ¿qué se propone Dunia? Se ha dado cuenta de cómo es este hombre y sabe que habrá de compartir su vida con él, si se casa. Sin embargo, es una mujer que viviría de pan duro y agua, antes que vender su alma y su libertad moral: no las sacrificaría a las comodidades, no las cambiaría por todo el oro del mundo, y mucho menos, naturalmente, por el señor Lujine. No, la Dunia que yo conozco es distinta a la de la carta, y estoy seguro de que no ha cambiado. En verdad, su vida era dura en casa de Svidrigailof; no es nada grato pasar la existencia entera sirviendo de institutriz por doscientos rublos al año; pero estoy convencido de que mi hermana preferiría trabajar con los negros de un hacendado o con los sirvientes letones de un alemán del Báltico, que envilecerse y perder la dignidad encadenando su vida por cuestiones de interés con un hombre al que no quiere y con el que no tiene nada en común. Aunque el señor Lujine estuviera hecho de oro puro y brillantes, Dunia no se avendría a ser su concubina legítima. ¿Por qué, pues, lo ha aceptado? ...

En la línea 252
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Esto tiene un pase en mamá, que es así, pero en Dunia es inexplicable. Te conozco bien, mi querida Dunetchka. Tenías casi veinte años cuando te vi por última vez, y sé perfectamente cómo es tu carácter. Mamá dice en su carta que Dunetchka posee tal entereza, que es capaz de soportarlo todo. Esto ya lo sabía yo: hace dos años y medio que sé que Dunetchka es capaz de soportarlo todo. El hecho de que haya podido soportar al señor Svidrigailof y todas las complicaciones que este hombre le ha ocasionado demuestra que, en efecto, es una mujer de gran entereza. Y ahora se imagina, lo mismo que mamá, que podrá soportar igualmente a ese señor Lujine que sustenta la teoría de la superioridad de las esposas tomadas en la miseria y para las que el marido aparece como un bienhechor, cosa que expone (es un detalle que no hay que olvidar) en su primera entrevista. Admitamos que las palabras se le han escapado, a pesar de ser un hombre razonable (seguramente no se le escaparon, ni mucho menos, aunque él lo dejara entrever así en las explicaciones que se apresuró a dar). Pero ¿qué se propone Dunia? Se ha dado cuenta de cómo es este hombre y sabe que habrá de compartir su vida con él, si se casa. Sin embargo, es una mujer que viviría de pan duro y agua, antes que vender su alma y su libertad moral: no las sacrificaría a las comodidades, no las cambiaría por todo el oro del mundo, y mucho menos, naturalmente, por el señor Lujine. No, la Dunia que yo conozco es distinta a la de la carta, y estoy seguro de que no ha cambiado. En verdad, su vida era dura en casa de Svidrigailof; no es nada grato pasar la existencia entera sirviendo de institutriz por doscientos rublos al año; pero estoy convencido de que mi hermana preferiría trabajar con los negros de un hacendado o con los sirvientes letones de un alemán del Báltico, que envilecerse y perder la dignidad encadenando su vida por cuestiones de interés con un hombre al que no quiere y con el que no tiene nada en común. Aunque el señor Lujine estuviera hecho de oro puro y brillantes, Dunia no se avendría a ser su concubina legítima. ¿Por qué, pues, lo ha aceptado? ...

En la línea 907
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Bien, escucha. He venido a tu casa porque no conozco a nadie más que a ti para que me ayude a volver a empezar. Tú eres mejor que todos los demás, es decir, más inteligente, más comprensivo… Pero ahora veo que no necesito nada, ¿entiendes?, absolutamente nada… No me hacen falta los servicios ni la simpatía de los demás… Estoy solo y me basto a mí mismo… Esto es todo. Déjame en paz. ...

En la línea 1033
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¡Claro! En cambio, no pudieron dar las señas del general Kobelev, que solicitaron mientras yo estaba allí. En fin, abreviemos. Apenas llegué allí, se me informó de todo lo que te había ocurrido, de todo absolutamente. Sí, lo sé todo. Se lo puedes preguntar a Nastasia. He trabado conocimiento con el comisario Nikodim Fomitch, me han presentado a Ilia Petrovitch, y conozco al portero, y al secretario Alejandro Grigorevitch Zamiotof. Finalmente, cuento con la amistad de Pachenka. Nastasia es testigo. ...

En la línea 520
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Sí, sí, charmante… Te conozco, farsante, y no te creo ni así… —y le mostró su dedo meñique—. ¿Quién es? —preguntó luego, señalando a la señorita Blanche. La francesa, vestida de amazona y con la fusta en la mano, le producía una impresión que no podía ocultar—. ¿Vive aquí? ¡Hum! ...

En la línea 1130
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - ¡Vos sois muy malo, señor! Eso es lo que quería decir y no sabía cómo. Yo no he robado nada, soy un hombre que no come todos los días. Venía de Ailly, iba por el camino después de una tempestad que había asolado el campo. Al lado del camino encontré una rama con manzanas en el suelo, y la recogí sin saber que me traería un castigo: Hace tres meses que estoy preso y que me interrogan. No sé qué decir; se habla contra mí; se me dice ¡responde! El gendarme, que es un buen muchacho, me da con el codo y me dice por lo bajo: contesta. Yo no sé explicarme; no he hecho estudios; soy un pobre. No he robado; recogí cosas del suelo. Habláis de Jean Valjean, de Jean Mathieu, yo no los conozco; serán aldeanos. Yo trabajé con el señor Baloup. Me llamo Champmathieu. Sois muy listos al decirme donde he nacido, pues yo lo ignoro; porque no todos tienen una casa para venir al mundo, eso sería muy cómodo. Creo que mi padre y mi madre andaban por los caminos y no sé nada más. Cuando era niño me llamaban Pequeño, ahora me llama Viejo. Estos son mis nombres de bautismo. Tomadlo como queráis, que he estado en Auvernia, que he en Faverolles, ¡qué sé yo! ¿Es imposible estado en Auvernia y en Faverolles sin haber estado antes en presidio? Os digo que no he robado y que soy el viejo Champmathieu, y que he vivido en casa del señor Baloup. Me estáis aburriendo con vuestras tonterías. ¿Por qué estáis tan enojados conmigo? ...

En la línea 258
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Perdone usted -dijo al cogerlo y guardárselo en su sucia y desflorada cartera… La palabra de usted bastaba. Al pronto le desconocí; pero ahora recuerdo muy bien de su fisonomía, y caigo en la cuenta de que le conozco mucho, y también he conocido a su padre, señor de Artegui… ...

En la línea 681
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Miranda… Sí, sí, lo he visto, lo he visto abajo escrito en la tablilla también… conozco un Miranda que se habrá casado estos días… solterón, solterón… ...

En la línea 697
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Don Ignacio, Don Ignacio… no me deje usted así… Para lo que falta ya… ¿qué trabajo le cuesta a usted quedarse? Yo no conozco a este señor… en mi vida le he visto… ...

En la línea 814
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Es verdad que conociéndote a ti… y a él, cualquiera sería tan confiado como Miranda… Tú, ya se sabe, una santita, un angelín de retablo… y él… él es un caballero chapado a la antigua, a pesar de sus manías… más fama tiene que el Cid. ¡Ya viene de atrás! Yo le conozco mucho, hace tiempo -aseveró Pilar, que como todas las jóvenes de la clase media introducidas en la buena sociedad, tenía prurito de conocer al mundo entero. ...

En la línea 976
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -¡Jamás!- respondió Picaporte, que se quiso levantar y volvió a caer sintiendo que su razón y sus fuerzas le faltaban a un t»empo-. Señor Fix –dijo tartamudeado-, aun cuando fuese verdad todo lo que me habéis dicho… aun cuando mi amo fuese el ladrón que buscáis… lo cual niego… he estado… estoy a su servcio… lo conozco como bueno y generoso-… Venderlo… jamás… no, por todo el oro del mundo-… ¡Soy de un lugar donde no se come pan de esa especie! ...

En la línea 1120
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -Sólo conozco uno- respondió tranquilamente mister Fogg. ...


El Español es una gran familia


Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras z;s

Reglas relacionadas con los errores de z;s

Las Reglas Ortográficas de la Z

Se escribe z y no c delante de a, o y u.

Se escriben con z las terminaciones -azo, -aza.

Ejemplos: pedazo, terraza

Se escriben con z los sustantivos derivados que terminan en las voces: -anza, -eza, -ez.

Ejemplos: esperanza, grandeza, honradez

La X y la S

Las Reglas Ortográficas de la S

Se escribe s al final de las palabras llanas.
Ejemplos: telas, andamos, penas
Excepciones: alférez, cáliz, lápiz

Se escriben con s los vocablos compuestos y derivados de otros que también se escriben con esta letra.
Ejemplos: pesar / pesado, sensible / insensibilidad

Se escribe con s las terminaciones -esa, -isa que signifiquen dignidades u oficios de mujeres.
Ejemplos: princesa, poetisa

Se escriben con s los adjetivos que terminan en -aso, -eso, -oso, -uso.
Ejemplos: escaso, travieso, perezoso, difuso

Se escribe con s las terminaciones -ísimo, -ísima.
Ejemplos: altísimo, grandísima

Se escribe con s la terminación -sión cuando corresponde a una palabra que lleva esa letra, o cuando otra palabra derivada lleva -sor, -sivo, -sible,-eso.
Ejemplos: compresor, compresión, expreso, expresivo, expresión.

Se escribe s en la terminación de algunos adjetivos gentilicios singulares.
Ejemplos: inglés, portugués, francés, danés, irlandés.

Se escriben s con las sílabas iniciales des-, dis-.
Ejemplos: desinterés, discriminación.

Se escribe s en las terminaciones -esto, -esta.
Ejemplos: detesto, orquesta.

Más información sobre la palabra Conozco en internet

Conozco en la RAE.
Conozco en Word Reference.
Conozco en la wikipedia.
Sinonimos de Conozco.

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