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La palabra confesarr
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Comó se escribe confesarr o confesar?

Cual es errónea Confesar o Confesarr?

La palabra correcta es Confesar. Sin Embargo Confesarr se trata de un error ortográfico.

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Más información sobre la palabra Confesar en internet

Confesar en la RAE.
Confesar en Word Reference.
Confesar en la wikipedia.
Sinonimos de Confesar.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Confesar

Cómo se escribe confesar o confesarr?
Cómo se escribe confesar o confezar?
Cómo se escribe confesar o sonfesar?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece confesar

La palabra confesar puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1777
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Y el señor Bonacieux, a quien D'Artagnan había empujado a las manos de los esbirros renegándole en alta voz y a quien había prometi do en voz baja salvarle? Debemos confesar a nuestros lectores que D'Ar tagnan no pensaba en él ni por un momento, o que, si pensaba, era para decirse que estaba bien donde estaba, fuera en la parte que fuera. ...

En la línea 2120
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Oh, Dios mío! -exclamó Ana de Austria con un acento de te rror que probaba que sentía por el duque un interés mayor del que que ría confesar. ...

En la línea 2191
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El señor Bonacieux se hallaba en la mayor perplejidad: ¿debía negar todo o decir todo? Negando todo, podría creerse que sabía demasiado para confesar; diciendo todo, daba prueba de buena vo luntad. ...

En la línea 4358
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Pero como el señor Porthos es un hombre muy glorioso, excepto para la duquesa, a la que él había creído interesar haciéndole el relato de su aventura, no quiere confesar a nadie que es una estoca da lo que ha recibido. ...

En la línea 1883
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... a enviarnos a ese _burro_ de la Bolsa de Londres para que sea nuestro ministro.» Sería mucha ingratitud de mi parte no confesar aquí cuánto debo a Galiano, que me ayudó con todo su poder en el asunto que me llevaba a España. ...

En la línea 2258
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La ruindad de los caballos nos había retrasado considerablemente durante el viaje; sobre todo, el caballo de mi guía era insensible al látigo y a la espuela; además, el genovés no era jinete, y acabó por confesar que hacía treinta años no montaba a caballo. ...

En la línea 6169
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El infeliz, al pasar de nuevo por el lugar de la carnicería, lloraba, y, aunque español, maldecía a España y a los españoles, diciendo que pensaba irse muy pronto a Morería, confesar a Mahoma y seguir la ley de los moros, porque cualesquiera país y religión eran mejores que los suyos. ...

En la línea 246
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Si os la mostrara -replicó don Quijote-, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia. ...

En la línea 1381
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Mas una de las guardas le dijo: -Señor caballero, cantar en el ansia se dice, entre esta gente non santa, confesar en el tormento. ...

En la línea 1598
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... »Bien es verdad que quiero confesar ahora que, puesto que yo veía con cuán justas causas don Fernando a Luscinda alababa, me pesaba de oír aquellas alabanzas de su boca, y comencé a temer y a recelarme dél, porque no se pasaba momento donde no quisiese que tratásemos de Luscinda, y él movía la plática, aunque la trujese por los cabellos; cosa que despertaba en mí un no sé qué de celos, no porque yo temiese revés alguno de la bondad y de la fe de Luscinda, pero, con todo eso, me hacía temer mi suerte lo mesmo que ella me aseguraba. ...

En la línea 3552
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Yo, a lo menos -replicó el canónigo-, he tenido cierta tentación de hacer un libro de caballerías, guardando en él todos los puntos que he significado; y si he de confesar la verdad, tengo escritas más de cien hojas. ...

En la línea 404
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Mientras cambiábamos de caballos en Guardia, varias personas se acercaron a dirigirme una multitud de preguntas acerca del ejército. Nunca he visto una popularidad más grande que la de Rosas, ni mayor entusiasmo por «la guerra más justa de las guerras, puesto que va dirigida contra los salvajes». Preciso es confesar que se comprende algún tanto ese arranque, si se tiene en cuenta que aún hace poco tiempo estaban expuestos a los ultrajes de los indios los hombres, las mujeres, los niños, los caballos. Durante todo el día recorremos una hermosa llanura verde, cubierta de rebaños; acá y allá una estancia solitaria, sin más sombra que un sólo árbol. Por la tarde se pone a llover; llegamos a un destacamento, pero el jefe nos dice que, si no tenemos pasaportes muy en regla, no podemos seguir nuestro camino, pues hay tantos ladrones que no quiere fiarse de nadie. Le presento mi pasaporte, y en cuanto lee en él las primeras palabras El naturalista D. Carlos, se vuelve tan respetuoso y cortés como desconfiado estaba antes. ¡Naturalista! Seguro estoy de que ni él ni sus compatriotas comprenden bien qué podrá querer decir eso; pero es probable que mi título misterioso no haga sino inspirarle una idea más alta de mi persona. ...

En la línea 583
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Estamos, pues, obligados a confesar que causas que de ordinario escapan a nuestros medios de apreciación determinan la abundancia o la rareza de una especie cualquiera. ...

En la línea 668
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Son excelentes mímicos. En cuanto uno de nosotros tosía, bostezaba o hacía algún movimiento especial, lo repetían inmediatamente. Uno de nuestros marineros, por divertirse, bizcó los ojos y comenzó a hacer muecas; en el acto, uno de los fueguenses, con toda la cara pintada de negro, menos una cinta blanca a la altura de los ojos, se puso también a hacer gestos, y hay que confesar que eran mucho más horribles que los de nuestro marinero. Repiten con mucha corrección todas las palabras de una frase que se les dirige y las recuerdan por algún tiempo. Sin embargo, bien sabemos los europeos cuán difícil es distinguir separadamente las palabras de una lengua extranjera. ¿Quién de nosotros podría, por ejemplo, seguir a un indio de América en una frase de más de tres palabras? Todos los salvajes parecen poseer, en grado extraordinario, esa facultad de la mímica Hanme dicho que los cafres tienen la misma singular cualidad; y se sabe que los australianos son célebres por la facilidad que tienen para imitar la postura y la manera de andar de un hombre. ¿Cómo explicar esta facultad? ¿Es una consecuencia de la costumbre de percepción ejercitada más a menudo por los salvajes? ¿Es el resultado de sus sentidos más desarrollados comparándolos con las naciones de antiguo civilizadas? Uno de nuestros hombres comenzó a cantar; entonces creí que los fueguenses iban a caer a tierra: tanta fue su extrañeza. La misma admiración les produjo ver bailar; pero uno de los jóvenes se prestó de buena gana a dar una vuelta de vals. Por poco acostumbrados que parezcan a ver europeos, conocen, sin embargo, nuestras armas de fuego que les inspiran saludable terror; por nada del mundo querrían tocar un fusil. Nos pidieron cuchillos, dándonos el nombre español cuchilla. Hacíamos comprender al mismo tiempo lo que querían, simulando tener un trozo de carne de ballena en la boca y haciendo ademán de cortarlo en lugar de desgarrarlo. ...

En la línea 775
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... rborough ha dado a esta parte de la costa el nombre de Desolación del Sur, porque «esta tierra presenta a la vista el espectáculo de la desolación», y hay que confesar que tal nombre conviene bien a esta costa. lado de las islas principales se hallan innumerables peñascos, sobre los que constantemente vienen a romperse las anchas olas del océano. ...

En la línea 709
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Este le había dado aquella tarde la noticia de que la Regenta estaba en la capilla del Magistral esperándole para confesar. ...

En la línea 729
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El Arcediano aspiraba a esta sucesión particular; creía pertenecerle por razón de su dignidad el honor de confesar a doña Ana Ozores. ...

En la línea 750
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¿Era humildad? ¿Era que con una delicadeza y un buen gusto cristiano y no común en las damas de Vetusta, quería confundirse con la plebe, confesar de incógnito, ser una de tantas?. ...

En la línea 949
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Ah! debía confesar que el juego de cama era digno de una princesa. ...

En la línea 1238
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Resultaba absurda también la suposición de que Alejandro VI había transigido, por miedo o por mantener incólume el honor de su estirpe, con el asesino de su hijo mayor, luego de confesar César su culpabilidad, como decían los calumniadores. Rodrigo de Borja, violento en sus cariños, era incapaz de aceptar un crimen tan inaudito. Jamás habría podido tener con el supuesto fratricida la confianza que le mostró en los años posteriores, ni sentir entusiasmos tan sinceros por sus victorias. ...

En la línea 2453
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¿Pero cómo te ha dado así… tan de repente?—dijo la otra confusa. ¡Ah!, es que Dios toca en el corazón cuando menos lo piensa una. Llora, hija, desahógate, y no te asustes… ¿Sabes lo que vas a hacer? Mañana te confiesas… Puede que se te haya quedado algo por decir y confesar, porque siempre se queda algo sin saber cómo, y esos pozos son lo que más atormenta… pues dilo todo, rebaña bien… Así lo hice yo, y hasta que lo hice no tuve tranquilidad. Luego el perro de Satanás me atormentaba por vengarse, y cuando empezaba la misa, a mí me parecía que alzaban el telón, y cuando yo rompía a cantar, se me venía a la boca aquello de El Siglo, que dice: 'Somos figurines vivos… '. Y un día por poco no lo suelto… Pillinadas del diablo; pero no podía conmigo ni con mi fe, y tanto hice que lo metí en un puño, y ahora, que se atreva, ¿a que no se atreve?… Llora, hija, llora todo lo que quieras, que Dios te iluminará y te dará su gracia». ...

En la línea 3255
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Esta última queja puso al señorito de Santa Cruz un tanto pensativo y desconcertado. No desconocía él la situación poco airosa en que estaba ante Jacinta, cuya grandeza moral se elevaba ante sus ojos para darle la medida de su pequeñez. Era muy soberbio, y el amor propio descollaba en él sobre la conciencia y sobre los sentimientos todos; de manera que nada le molestaba tanto como verse y reconocerse inferior a su mujer. Cuando, media hora antes, prometió confesar sus faltas, hízolo movido de orgullo, para engalanarse con la sinceridad, a la manera del fatuo que se da tono con una cruz. La confesión de la culpa ennoblece siempre, y como demasiado sabía él que todo lo noble hallaba eco en el gran corazón de Jacinta, se dijo: «aquí me viene bien un rasgo». Pero el momento de la confesión se acercaba, y el pecador estaba algo confuso, sin saber cómo iba a salir de ella. Lo que él quería era quedar bien, remontarse hasta su mujer, y superarla si era posible, presentando sus faltas como méritos, y retocando toda la historia de modo que pareciese blanco y hasta noble lo que con los datos sueltos del botón y el cabello era negro y deshonroso. No tenía que calentarse mucho los sesos para salir del paso, porque para tales escamoteos tenía su entendimiento una aptitud particular. Su imaginación despiertísima se pintaba sola para hacer pasar de un cubilete a otro las ideas. Lo que él no podía sufrir era que se le tuviese por hombre vulgar, por uno de tantos. Hasta las acciones más triviales y comunes, si eran suyas, quería que pasasen por actos deliberadamente admirables y que en nada se parecían a lo que hace todo el mundo. Rápidamente, con aquella presteza de juicio del artista improvisador, hizo su composición, y allá te van las confidencias… Jacinta se había de quedar tamañita. Ya vería ella qué marido tenía, qué ser superior, qué persona tan extraordinaria. Hay una moral gruesa, la que comprende todo el mundo, incluso los niños y las mujeres. Hay otra moral fina, exquisita, inapreciable para el vulgo: es la que sólo pueden gustar los paladares muy sensibles… Vamos allá. ...

En la línea 3940
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En esto oyeron pasos, y miraron todas a la puerta. Era doña Guillermina, que entró, como siempre, muy apresurada, encendidas las mejillas, con su perdurable mantón oscuro, sus zapatones, su falda de merino. Doña Lupe y Fortunata se levantaron, y la fundadora saludó con aquella gracia y amabilidad que eran iguales para el Rey y para el último de los mendigos. Doña Lupe creyó que no la reconocería, pues sólo se habían hablado una vez en la función del Asilo; pero sí la reconoció, y aun la nombró, porque Guillermina era como los grandes capitanes, que tienen memoria felicísima de nombres y fisonomías, y soldado con quien hablan una vez, no se les despinta. «Mi sobrina» dijo la viuda presentándola, y Guillermina la miró sonriendo. «No me es desconocida su cara… la he visto en las Micaelas… Por muchos años». En seguida dirigiose a Mauricia, apoyando ambas manos en la cama. «¿Y qué tal te encuentras hoy? ¿Comerías algo?… Nada, este chubasco te pasará pronto. Mañana recibirás a Dios. ¿Cómo va esa conciencia? Buen limpión te vamos a dar. Eso te conviene más que nada. Yo te quería coger por mi cuenta y hacerte confesar, porque diciéndole tú misma al Señor lo buena pieza que eres, el Señor te daría su gracia… Con que prepararse. Esta tarde volverá el padre Nones. Me ha dicho que te confesaste bien. Se me figura que aún tendrás algunas heces que sacar, ¿eh?». ...

En la línea 5143
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Comentario: «¡Y yo que me había hecho la ilusión de que no era honrada, para salir ahora con que no tengo más remedio que confesar que lo es! ¿Habrá visto visiones Aurora? Lo asegura de un modo, que no sé… Puede que se equivoque… Puede que el caballero ese estuviera prendado de ella; eso no quiere decir que ella pecase ni mucho menos… ». ...

En la línea 981
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¿Qué muchacho? Dejaos de mentiras, señor, ermitaño, y no tratéis de engañarme, que no estoy de humor para sufrirlo. Cerca de aquí he apresado a los bellacos que me lo robaron, y les he hecho confesar. Me han dicho que se había escapado otra vez y que le habían seguido hasta la puerta de esta choza. Me enseñaron sus mismas huellas. No os detengáis más, porque os aseguro que si no me lo entregáis… ¿Dónde está? ...

En la línea 283
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Pues bien, debo confesar que, en mi excitación, no me importaba correr ese riesgo. ...

En la línea 618
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -No, señor, y debo confesar que al lado del suyo es muy pobre. Hay aquí por lo menos seis o siete mil volúmenes, ¿no? ...

En la línea 1576
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Debo confesar que me sentía excitado. No sé por qué veía yo una cierta conexión entre la enfermedad de uno de los tripulantes y los acontecimientos de la víspera, y este misterio me preocupaba casi tanto como el enfermo. ...

En la línea 2108
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Debo confesar que continuaba resultándome embarazosa esa discusión con el canadiense. Yo no quería de ninguna forma coartar la libertad de mis compañeros, y sin embargo no tenía el menor deseo de dejar al capitán Nemo. Gracias a él, gracias a su aparato, iba yo completando cada día mis estudios oceanográficos y reescribiendo mi libro sobre los fondos submarinos en el seno mismo de su elemento. Ciertamente, jamás volvería a tener una ocasión semejante de observar las maravillas del océano. Yo no podía, pues, hacerme a la idea de abandonar el Nautilus antes de haber completado el ciclo de mis investigaciones. ...

En la línea 398
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Me sobresalté por habérseme ocurrido una idea vaga, y debo confesar que también cierta esperanza de que Joe se había divorciado de mi hermana en favor de los Lores del Almirantazgo o del Tesoro. ...

En la línea 403
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Espera un poco. Sé perfectamente lo que vas a decir, Pip. Espera un poco. No puedo negar que tu hermana se ha convertido en una especie de rey absoluto para ti y para mí. Y eso desde hace mucho tiempo. Tampoco puedo negar que nos maltrata bastante en los momentos en que se pone furiosa. - Joe pronunció estas palabras en voz baja y miró hacia la puerta, añadiendo -. Y no puedo menos de confesar que tiene la mano dura. ...

En la línea 421
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Espero - dijo mi hermana - que no se descarriará. Aunque he de confesar que tengo algunos temores. ...

En la línea 882
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Aunque no parecía muy vigoroso, pues tenía el rostro lleno de barros y un grano junto a la boca, he de confesar que me asustaron aquellos temibles preparativos. Me pareció que mi contendiente sería de mi propia edad, pero era mucho más alto y tenía un modo de moverse que le hacía parecer más temible. En cuanto a lo demás, era un joven caballero que vestía un traje gris (antes de quitárselo para la lucha) y cuyos codos, rodillas, puños y pies estaban mucho más desarrollados de lo que correspondía a su edad. ...

En la línea 3372
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Sí. Ahí tiene usted a ese pobre Nicolás, al que habrá atormentado usted con sus métodos psicológicos hasta hacerle confesar. Sin duda, usted le repetía a todas horas y en todos los tonos: «Eres un asesino, eres un asesino.» Y ahora que ha confesado, empieza usted a torturarlo con esta otra canción: «Mientes; no eres un asesino, no has cometido ningún crimen; dices una lección aprendida de memoria.» Después de esto, usted no puede negar que sus funciones resultan a veces bastante cómicas. ...

En la línea 3655
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Cálmese, señora, cálmese ‑dijo gravemente‑. Este asunto no le concierne en lo más mínimo. Nadie piensa acusarla de premeditación ni de complicidad, y menos habiendo sido usted misma la que ha descubierto el robo al registrarle los bolsillos. Esto basta para demostrar su inocencia… Me siento inclinado a ser indulgente ante un acto en que la miseria puede haber sido el móvil que ha impulsado a Sonia Simonovna. Pero ¿por qué no quiere usted confesar, señorita? ¿Teme usted al deshonor? ¿Ha sido la primera vez? ¿Acaso ha perdido usted la cabeza? Todo esto es comprensible, muy comprensible… Sin embargo, ya ve usted a lo que se ha expuesto… Señores ‑continuó, dirigiéndose a la concurrencia‑, dejándome llevar de un sentimiento de compasión y de simpatía, por decirlo así, estoy dispuesto todavía a perdonarlo todo, a pesar de los insultos que se me han dirigido. ...

En la línea 3798
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Había hecho esta súplica amargamente. No era así como él había previsto confesar su crimen: la realidad era muy distinta de lo que se había imaginado. ...

En la línea 3803
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑No lo comprendo, Sonia. Me abrazas y me besas después de lo que te acabo de confesar. No sabes lo que haces. ...

En la línea 1769
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Por otro lado, Fix, preciso es decirlo, no comprendía nada. La conquista de la 'Enriqueta', la compra de su tripulación, ese Fogg maniobrando como un marino consumado, todo ese conjunto de cosas, lo aturdía. ¡Ya no sabía qué pensar! Pero, después de todo, un gentleman que empezaba por robar cincuenta y cinco mil libras, bien podía concluir robando un buque. Y Fix acabó por creer naturalmente que la 'Enriqueta' dirigida por Fogg, no iba a Liverpool, sino a algún punto del mundo donde el ladrón, convertido en pirata, se pondría tranquilamente en seguridad. Preciso es confesar que esta hipótesis era muy posible, por cuya razón comenzaba el agente de policía a estar seriamente pesaroso de haberse metido en este negocio. ...


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Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r

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