Cual es errónea Comenzaba o Comensaba?
La palabra correcta es Comenzaba. Sin Embargo Comensaba se trata de un error ortográfico.
El Error ortográfico detectado en el termino comensaba es que hay un Intercambio de las letras z;s con respecto la palabra correcta la palabra comenzaba

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece comenzaba
La palabra comenzaba puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1864
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El dinero cautivo en los estudis durante el invierno, oculto en el arca o en el fondo de una media, comenzaba a circular por la vega. ...
En la línea 2054
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... » Y después de exponer este curso breve de filosofía rústica, apelaba al segundo argumento, que era sacar de su faja una tagarnina de tabaco negro con una navaja enorme, y comenzaba a picarla para liar un cigarrillo. ...
En la línea 227
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Cuando el antiguo rebelde llegó a ser capataz de la viña, había ya sufrido una gran transformación en sus ideas. Se consideraba como una parte de la casa Dupont. Le enorgullecía la importancia de las bodegas de don Pablo y comenzaba a reconocer que los señores no eran tan malos como creían los pobres. Hasta dejó a un lado el respeto que profesaba a Salvatierra, el cual andaba por entonces fugitivo fuera de España, y se atrevió a confesar a los amigos que las cosas no iban del todo mal después del desastre de sus ilusiones políticas. Él era el de siempre, federal, sobre todo federal: hasta que no viniese la suya, España no sería feliz, pero mientras tanto, a pesar de los malos gobiernos y de que «el pobre pueblo estaba oprimido», él se creía mejor que en los tiempos pasados. La niña y la cuñada vivían en la viña, en un caserón antiguo, espacioso como un cuartel; el muchacho iba a la escuela en Jerez, y don Pablo le había tomado ley y prometía hacerlo «todo un hombre», en vista de su inteligencia despierta. Él, tenía tres pesetas diarias, sin otra obligación que llevar la cuenta de los jornales, reclutar la gente y vigilarla, para que los remolones no descansasen antes de que él diese la voz para fumar un cigarro. ...
En la línea 257
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El capataz de Marchamalo sintió la muerte del amo más que toda la familia. No lloró, pero su hija María de la Luz, que comenzaba a ser una mocita, andaba tras él, animándolo para que saliese de su triste marasmo, para que no pasase las horas sentado en la plazoleta con la mandíbula entre las manos y la vista perdida en el horizonte, desalentado y triste como un perro sin dueño. ...
En la línea 463
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y mientras Salvatierra aproximábase a la lumbre, que comenzaba a crepitar con alegre llama, el aperador salió de la cocina. Poco después volvió, llevando al brazo su capote de monte. ...
En la línea 1366
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y se dejó caer jadeante en una silla, sintiendo que, con la agitación de la danza, comenzaba a rodar todo en torno de ella; la explanada, la gente y hasta la gran torre de Marchamalo. ...
En la línea 42
del libro El cuervo
del afamado autor Leopoldo Alias Clarín
... El último artículo que publicó Resma en El Despertador Eléctrico comenzaba diciendo: ...
En la línea 95
del libro El cuervo
del afamado autor Leopoldo Alias Clarín
... : ya sabemos que cayó otra»; y después de hacerse rogar, sonriendo y rascándose la cabeza someramente, comenzaba con voz muy baja y, mirando a las puertas y ventanas, como si temiese que por allí pudiese entrar el otro: ...
En la línea 245
del libro El cuervo
del afamado autor Leopoldo Alias Clarín
... Y comenzaba a sonar la maquinaria de aquella fábrica de conserva humana; gruñía el vapor, saltaba la chispa, chisporroteaba la lumbre, chillaba el aceite, y era el conjunto animado de tal orquesta un ergo vivamuns que sustituía al ergo bibamus, que no sería allí oportuno, aunque viniese a decir lo mismo. ...
En la línea 651
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Señor, os equivocáis tratando de humillarme -dijo D'Artagnan, en quien el carácter peleón comenzaba a hablar más alto que las resoluciones pacíficas-. ...
En la línea 726
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Ah, ahí está uno según creo!En efecto, por la esquina de la calle de Vaugirard comenzaba a apa recer el gigantesco Porthos. ...
En la línea 1609
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La noche del día siguiente al arresto del pobre Bonacieux cuando Athos acababa de dejar a D'Artagnan para ir a casa del señor de Trévi lie cuando acababan de sonar las nueve, y cuando Planchet, que no había hecho todavía la cama, comenzaba su tarea, se oyó llamar a la puerta de la calle; al punto esa puerta se abrió y se volvió a cerrar: al guien acababa de caer en la ratonera. ...
En la línea 1789
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Desde hacía dos horas París estaba sombrío y comenzaba a que darse desierto. ...
En la línea 431
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La tarde comenzaba a oscurecer; el sol estaba ya cerca de la raya del horizonte; hacía mucho frío, y las olas del noble Tajo comenzaron a coronarse de espumas. ...
En la línea 4571
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero lo que más me sorprendía era que después de pegar al criado el amo se sentaba, y al instante comenzaba a hablar y a reír con él como si no hubiera ocurrido nada, y el gigante reía y conversaba con su amo como si no le hubiera pegado nunca. ...
En la línea 6373
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Me puse en pie y miré al Oriente, observando los progresos graduales del amanecer: primero un débil fulgor, luego unas bandas de claridad, después un arrebol, un rayo brillante, y por fin el disco de oro de ese orbe que cada día emerge del inmenso abismo; al instante, el vasto panorama fulguró con claros resplandores; la tierra reía, chispeaban las aguas, los pájaros trinaban, y los hombres levantábanse regocijados, porque era un nuevo día, y el sol, en la misión que le dió su Creador, comenzaba a difundir la luz y el contento, ahuyentando la pesadumbre y las tinieblas. ...
En la línea 511
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... En fin, su segunda parte, siguiendo la tradución, comenzaba desta manera: Puestas y levantadas en alto las cortadoras espadas de los dos valerosos y enojados combatientes, no parecía sino que estaban amenazando al cielo, a la tierra y al abismo: tal era el denuedo y continente que tenían. ...
En la línea 814
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que, así como don Quijote se despidió de sus huéspedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor Grisóstomo, él y su escudero se entraron por el mesmo bosque donde vieron que se había entrado la pastora Marcela; y, habiendo andado más de dos horas por él, buscándola por todas partes sin poder hallarla, vinieron a parar a un prado lleno de fresca yerba, junto del cual corría un arroyo apacible y fresco; tanto, que convidó y forzó a pasar allí las horas de la siesta, que rigurosamente comenzaba ya a entrar. ...
En la línea 962
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Cuando el cuadrillero tal oyó, túvole por hombre falto de seso; y, porque ya comenzaba a amanecer, abrió la puerta de la venta, y, llamando al ventero, le dijo lo que aquel buen hombre quería. ...
En la línea 2055
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Al punto que oí el pregón, me salí de la ciudad con mi criado, que ya comenzaba a dar muestras de titubear en la fe que de fidelidad me tenía prometida, y aquella noche nos entramos por lo espeso desta montaña, con el miedo de no ser hallados. ...
En la línea 1729
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... a este propósito cuenta la anécdota siguiente: se iba a poner a jugar a las cartas, cuando un alemán, uno de los huéspedes, se levanta y dice que no consentirá jamás, en este país, estar en un gabinete con la puerta cerrada, porque había corrido riesgo de ser aplastado en Copiapó por esta circunstancia. dirige, pues, a la puerta para abrirla, y apenas la había abierto, grita: «¡Un terremoto!» Era el famoso choque que comenzaba ...
En la línea 2372
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Con motivo de la discusión habida, varios jefes hicieron muchas preguntas al capitán Fitz-Roy sobre las leyes y costumbres internacionales, en particular acerca del trato usado con los barcos y los extranjeros. seguida comenzaba la discusión y muy poco después quedaban votadas las leyes ...
En la línea 6494
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y además, si no fuera por don Víctor, el Magistral no tendría por qué defenderla, ni aquella lucha entre dos hombres distinguidos que comenzaba aquella tarde tendría razón de ser. ...
En la línea 6702
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ahora lo mejor de la población, el ensanche de Vetusta iba por aquel lado, y si bien el Espolón y sus inmediaciones se respetaron, a pocos pasos comenzaba el ruido, el movimiento y la animación de los hoteles que se construían, de la barriada colonial que se levantaba como por encanto, según El Lábaro, para el cual diez o doce años eran un soplo por lo visto. ...
En la línea 6757
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Llevaba el manteo terciado sobre la panza, que comenzaba a indicarse; y mano sobre mano —ya se sabe que eran muy hermosas —a paso lento (que buen trabajo le costaba, muy de buen grado hubiera echado a correr. ...
En la línea 8020
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Entró a las ocho y cuarto (la función comenzaba a las ocho) en el palco de los Vegallana en compañía de la Marquesa, Edelmira, Paco y Quintanar. ...
En la línea 1388
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Era extraño, era maravilloso, sí, era inexplicable, así dijeron todos cuantos lo oyeron. La corriente comenzaba a variar y las esperanzas de Tom Canty a crecer, cuando el Lord Protector meneó la cabeza y dijo: ...
En la línea 270
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Bebió algunos sorbos de agua para calmar la fiebre que comenzaba a invadirlo y se arrastró hasta debajo de un gigantesco árbol, una areca que le ofrecía sombra fresca. Durmió largo rato y despertó con una sed abrasadora. ...
En la línea 378
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... ¿Qué le importaba que en Mompracem lo lloraran por muerto? ¿Qué le importaba su fiel Yáñez, cuando Mariana comenzaba a corresponderle? ¿Qué le importaba no experimentar las emociones terribles de las batallas, si ella le hacía sentir emociones mucho más sublimes? ¿Qué le importaba que lo descubrieran y que lo mataran, si todavía respiraba el mismo aire que respiraba Mariana? ...
En la línea 1058
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... En cambio Sandokán se levantó y se fue a la playa. Trataba de orientarse y de reconocer la costa. Cuando regresó comenzaba a alborear. La lluvia había cesado y el viento rugía con menos fuerza. ...
En la línea 79
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -¡Conseil! -repetí, mientras comenzaba febrilmente a hacer mis preparativos de partida. ...
En la línea 637
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El estado de estupefacción que me había augurado el comandante del Nautilus comenzaba ya a apoderarse de mi ánimo. ...
En la línea 1027
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El capitán Nemo se detuvo y nos hizo un gesto de alto. Por muchos deseos que hubiera tenido de franquear aquella muralla hube de pararme. Ahí terminaban los dominios del capitán Nemo, que él no quería sobrepasar. Más allá comenzaba la porción del Globo que se había jurado no volver a pisar. ...
En la línea 1193
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A dos millas, por estribor, se divisaba la isla Gueboroar, cuya costa se redondeaba desde el Norte al Oeste como un inmenso brazo. Hacia el Sur y el Este el reflujo comenzaba a dejar al descubierto las crestas de algunos arrecifes de coral. Habíamos tocado de lleno y en uno de esos mares que tienen mareas pobres, lo que dificultaba la puesta a flote del Nautilus. Sin embargo, éste no parecía haber sufrido ninguna avería gracias a la extraordinaria solidez de su casco. Pero si no podía abrirse ni irse a pique, sí corría el riesgo, en cambio, de permanecer para siempre aprisionado en esos escollos. Así, tal vez había acabado allí su carrera el aparato submarino del capitán Nemo. ...
En la línea 3433
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Estas sociedades le inspiraban un terror que podía calificarse de infantil. Varios años atrás, cuando comenzaba su carrera en su provincia, había visto a los revolucionarios desenmascarar a dos altos funcionarios con cuya protección contaba. Uno de estos casos terminó del modo más escandaloso en contra del denunciado; el otro había tenido también un final sumamente enojoso. De aquí que Piotr Petrovitch, apenas llegado a Petersburgo, procurase enterarse de las actividades de tales asociaciones: así, en caso de necesidad, podría presentarse como simpatizante y asegurarse la aprobación de las nuevas generaciones. Para esto había contado con Andrés Simonovitch, y que se había adaptado rápidamente al lenguaje de los reformadores lo demostraba su visita a Raskolnikof. ...
En la línea 1302
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... No hubiera podido decir lo que quería, y él mismo no se daba cuenta de su tristeza. Al cabo de una hora o dos —noté esto dos o tres veces, cuando Blanche permanecía ausente todo el día, probablemente en casa de Albert— comenzaba de pronto a agitarse, a mirar a todas partes, buscando algo bajo la influencia de un recuerdo, pero como no veía a nadie ni recordaba lo que quería preguntar caía en somnolencia hasta que llegaba Blanche, que alegre, compuesta y sonriente corría a él y le abrazaba. ...
En la línea 179
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Miranda se reía, sentado próximo a su novia, mirándola de cerca y hallándola muy linda, transformada casi con el tocado de viaje y la animación que encendía sus mejillas y arrebolaba su fresca tez. Lucía también comenzaba a recobrar la antigua familiaridad con Miranda, algo interrumpida últimamente por la novedad de la situación respectiva de ambos. ...
En la línea 225
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Lanzose desatinado al andén: el tren, con pérfida lentitud de reptil, comenzaba a resbalar suavemente por los rieles. Miranda le enseñó los puños, y un sentimiento de impotente y fría rabia apoderose de su espíritu. Así perdió un segundo, un segundo precioso. El andar del convoy se aceleraba, como el columpio que, empezando a oscilar, describe a cada paso curvas más abiertas, y vuela con brío mayor por los aires. Precipitadamente y sin mirar al terreno, saltó Miranda a la vía, para alcanzar los vagones de primera, que en aquel punto desfilaban ante sus ojos, como mofándose de él. Quiso lanzarse al estribo, pero al tocarle fue despedido a la vía con gran violencia, y cayó, sintiendo agudo y repentino dolor en el pie derecho. Quedose en el suelo, medio incorporado, profiriendo una imprecación de esas que en España los hombres más preciados de distinguidos y elegantes no recelan tomar del lenguaje patibulario de los facinerosos. El tren, rugiente, majestuoso y veloz, cruzó ante él, despidiendo la negra máquina centellas de fuego, semejantes a espíritus fantásticos danzando entre las tinieblas nocturnas. ...
En la línea 231
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Difusa y pálida claridad comenzaba a tenderse sobre el paisaje. Ya se discernía la forma de montañas, árboles y chozas; la noche se retiraba barriendo las tembladoras estrellas, como una sultana que recoge su velo salpicado de arabescos argentinos. El estrecho segmento de círculo de la luna menguante se difumaba y desvanecía en el cielo, que pasaba de obscuro a un matiz de azul opaco de porcelana. Glacial sensación corrió por las venas del viajero, que subió el cuello de su americana y llegó los pies instintivamente al calorífero, tibio aún, en cuyo seno de metal danzaba el agua, produciendo un sonido análogo al que se oye en la cala de los buques. De improviso se abrió bruscamente la puerta del departamento, y saltó dentro un hombre ceñudo, calada la gorra de dorado galón, en la mano una especie de tenacilla o sacabocados de acero. ...
En la línea 314
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Bajémonos: beberá usted en la fonda -respondió Artegui, a quien el imprevisto suceso comenzaba a sacar de su abstracción. Y saltando el primero, ofreció el brazo a Lucía, que se apoyó sin ceremonias, y a impulsos de la sed, echó a correr hacia la cantina, donde algunas botellas empezadas, naranjas a medio exprimir, tarros de horchata y jarabe, frasquitos de azahar, se disputaban un mostrador cubierto de zinc y unos estantes pintados de amarillo. Sirviéronle el agua, y sin dar tiempo a que se disolviese el bolado, la bebió a sorbetones, de prisa; sacudió los mojados dedos, limpiándose después con su pañolito. ...
Reglas relacionadas con los errores de z;s
Las Reglas Ortográficas de la Z
Se escribe z y no c delante de a, o y u.
Se escriben con z las terminaciones -azo, -aza.
Ejemplos: pedazo, terraza
Se escriben con z los sustantivos derivados que terminan en las voces: -anza, -eza, -ez.
Ejemplos: esperanza, grandeza, honradez
La X y la S
Las Reglas Ortográficas de la S
Se escribe s al final de las palabras llanas.
Ejemplos: telas, andamos, penas
Excepciones: alférez, cáliz, lápiz
Se escriben con s los vocablos compuestos y derivados de otros que también se escriben con esta letra.
Ejemplos: pesar / pesado, sensible / insensibilidad
Se escribe con s las terminaciones -esa, -isa que signifiquen dignidades u oficios de mujeres.
Ejemplos: princesa, poetisa
Se escriben con s los adjetivos que terminan en -aso, -eso, -oso, -uso.
Ejemplos: escaso, travieso, perezoso, difuso
Se escribe con s las terminaciones -ísimo, -ísima.
Ejemplos: altísimo, grandísima
Se escribe con s la terminación -sión cuando corresponde a una palabra que lleva esa letra, o cuando otra palabra derivada lleva -sor, -sivo, -sible,-eso.
Ejemplos: compresor, compresión, expreso, expresivo, expresión.
Se escribe s en la terminación de algunos adjetivos gentilicios singulares.
Ejemplos: inglés, portugués, francés, danés, irlandés.
Se escriben s con las sílabas iniciales des-, dis-.
Ejemplos: desinterés, discriminación.
Se escribe s en las terminaciones -esto, -esta.
Ejemplos: detesto, orquesta.
Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras z;s

El Español es una gran familia
Errores Ortográficos típicos con la palabra Comenzaba
Cómo se escribe comenzaba o comensaba?
Cómo se escribe comenzaba o somenzaba?
Cómo se escribe comenzaba o comenzava?
Más información sobre la palabra Comenzaba en internet
Comenzaba en la RAE.
Comenzaba en Word Reference.
Comenzaba en la wikipedia.
Sinonimos de Comenzaba.
Palabras parecidas a comenzaba
La palabra alegres
La palabra rocines
La palabra abundancia
La palabra eras
La palabra correteaban
La palabra bandas
La palabra rubias
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