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La palabra caballerros
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Comó se escribe caballerros o caballeros?

Cual es errónea Caballeros o Caballerros?

La palabra correcta es Caballeros. Sin Embargo Caballerros se trata de un error ortográfico.

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Más información sobre la palabra Caballeros en internet

Caballeros en la RAE.
Caballeros en Word Reference.
Caballeros en la wikipedia.
Sinonimos de Caballeros.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Caballeros

Cómo se escribe caballeros o caballerros?
Cómo se escribe caballeros o caballeroz?
Cómo se escribe caballeros o saballeros?
Cómo se escribe caballeros o cavalleros?
Cómo se escribe caballeros o cabayeros?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece caballeros

La palabra caballeros puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 205
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Lo que más halagaba al señor Fermín en sus entusiasmos juveniles, era la categoría social de los jefes revolucionarios. Ninguno era jornalero, y esto lo apreciaba él como un mérito de las nuevas doctrinas. Los más ilustres defensores de «la idea» en Andalucía salían de las clases que él respetaba con atávica adhesión. Eran señoritos de Cádiz, acostumbrados a la vida fácil y placentera de un gran puerto; caballeros de Jerez, dueños de cortijos, hombres de pelo en pecho, grandes jinetes, expertos en las armas e incansables corredores de juergas: hasta curas entraban en el movimiento, afirmando que Jesús fue el primer republicano y que al morir en la cruz dijo algo así como «Libertad, Igualdad y Fraternidad». ...

En la línea 240
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El marqués de San Dionisio mostrábase satisfecho de sus alardes de fuerza, de la rudeza de sus bromas, que terminaban casi siempre con lesiones de los compañeros. Cuando le llamaban bruto con acento de admiración, sonreía orgulloso de su raza. Bruto, sí: como lo habían sido sus mejores abuelos: como lo fueron siempre los caballeros de Jerez, espejo de la nobleza andaluza, arrogantes jinetes formados en dos siglos de batalla diaria y continua algarada en tierras de moros, pues por algo Jerez se llamaba de la Frontera. Y recapitulando en su memoria lo que había leído u oído sobre la historia de los suyos, reíase de Carlos V el gran Emperador, que, al pasar por Jerez, había querido correr unas lanzas con los jinetes famosos de la tierra que no gustaban de combates de puro juego, tomándolos en serio como si aún luchasen con moros. En el primer encuentro le rasgaron la ropilla al emperador; en el segundo le hicieron sangre, y la emperatriz, que estaba en los tablados, llamó muy asustada a su esposo, rogándole que reservase su lanza para gentes menos rudas que los caballeros jerezanos. ...

En la línea 240
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El marqués de San Dionisio mostrábase satisfecho de sus alardes de fuerza, de la rudeza de sus bromas, que terminaban casi siempre con lesiones de los compañeros. Cuando le llamaban bruto con acento de admiración, sonreía orgulloso de su raza. Bruto, sí: como lo habían sido sus mejores abuelos: como lo fueron siempre los caballeros de Jerez, espejo de la nobleza andaluza, arrogantes jinetes formados en dos siglos de batalla diaria y continua algarada en tierras de moros, pues por algo Jerez se llamaba de la Frontera. Y recapitulando en su memoria lo que había leído u oído sobre la historia de los suyos, reíase de Carlos V el gran Emperador, que, al pasar por Jerez, había querido correr unas lanzas con los jinetes famosos de la tierra que no gustaban de combates de puro juego, tomándolos en serio como si aún luchasen con moros. En el primer encuentro le rasgaron la ropilla al emperador; en el segundo le hicieron sangre, y la emperatriz, que estaba en los tablados, llamó muy asustada a su esposo, rogándole que reservase su lanza para gentes menos rudas que los caballeros jerezanos. ...

En la línea 370
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y los dos sonreían, aspirando el tufillo de la cazuela, donde acababan de cocerse el pan y el ajo, bien majados. La anciana ponía la mesa, sonriendo a los elogios con que celebraba Rafael sus manos de guisandera. Ya no era más que una ruina: podía burlarse de ella el muchacho, pero en otro tiempo le habían dicho cosas mejores los caballeros que venían con el difunto amo a ver los potros del cortijo, celebrando las comidas que ella les guisaba. ...

En la línea 1756
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Ya hemos di cho que los jóvenes caballeros recibían sin vergüenza de su rey: aña-damos que, en aquel tiempo de moral fácil, no tenían tampoco ver güenza con sus amantes, ni de que éstas les dejaran casi siempre pre ciosos y duraderos recuerdos, como si ellas hubieran tratado de conquistar la fragilidad de sus sentimientos con la solidez de sus dones. ...

En la línea 4135
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Esos caballos de mano pertenecían evidente mente a los tres hombresque estaban vestidos de caballeros. ...

En la línea 4150
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El que sehabía quedado en el pabellón volvió a cerrar la ventana, salió un instante después por la puerta y se aseguró de que la mujer estaba en el coche: sus dos compañeros le esperaban ya a caballo, saltó él a su vez a la silla; el lacayo ocupó su puesto junto al cochero; la carroza se alejó al galope escoltada por los tres caballeros, y todo terminó. ...

En la línea 7472
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Al cabo de un inst ante, y cuando precisamente salía la luna de una nube, vieron aparecer en una vuelta del camino dos caballeros que al divisarlos se detuvieron también, pa reciendo deliberar si debían continuar su ruta o volver atrás. ...

En la línea 1822
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¡Salud, _aguadores_ de Asturias, que, con vuestro grosero vestido de muletón y vuestras monteras de piel, os sentáis por centenares al lado de las fuentes, sobre las cubas vacías, o tambaleándoos bajo su peso, una vez llenas, subís hasta los últimos pisos de las casas más altas! ¡Salud, _caleseros_ de Valencia, que, recostados perezosamente en vuestros carruajes, picáis tabaco para liar un cigarro de papel, en espera de parroquianos! ¡Salud, mendigos de la Mancha, hombres y mujeres que, embozados en burdas mantas, imploráis la caridad indistintamente a las puertas de los palacios o de las cárceles! ¡Salud, criados montañeses, _mayordomos_ y secretarios de Vizcaya y Guipúzcoa, _toreros_ de Andalucía, _reposteros_ de Galicia, tenderos de Cataluña! ¡Salud, castellanos, extremeños y aragoneses, de cualquier oficio que seáis! Y, en fin, vosotros, los veinte mil _manolos_ de Madrid, hijos genuinos de la capital, hez de la villa, que con vuestras terribles navajas causasteis tal estrago en las huestes de Murat el día Dos de Mayo, ¡salud! Y a las clases más elevadas—a los caballeros, a las _señoras_—, ¿las pasaré en silencio? En verdad tengo poco que decir de ellos. ...

En la línea 1827
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Quién puede rivalizar con el aristócrata inglés en prestancia, fuerza y valentía? ¿Quién monta mejores caballos? ¿Quién goza de posición más sólida? ¿Quién más amable que su esposa, su hermana o su hija? Pero tratándose de la aristocracia española, así de las _señoras_ como de los caballeros, cuanto menos se diga en cada uno de los puntos aludidos, será mejor. ...

En la línea 2868
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... LA CARCELERA.—Sí; somos muy buenos con ellos; me refiero a los que son _caballeros_, porque con los que no tienen más que _miseria_, ¿qué podemos hacer? La cárcel de Toro es muy divertida: dejamos entrar todo el vino que quieren los presos, mientras tienen dinero para comprarlo y para pagar el derecho de entrada. ...

En la línea 2978
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Me parece, caballeros, que ustedes son catalanes—dijo el cura.—¿Traen ustedes noticias de aquel reino? —¿Por qué supone usted que somos catalanes?—pregunté. ...

En la línea 125
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Decíase él a sí: -Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendido: ''Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante''? ¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. ...

En la línea 167
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío -respondió don Quijote-; y así, os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana en aquel día me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla deste vuestro castillo velaré las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder, como se debe, ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes fazañas es inclinado. ...

En la línea 168
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... El ventero, que, como está dicho, era un poco socarrón y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oírle semejantes razones, y, por tener qué reír aquella noche, determinó de seguirle el humor; y así, le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba y pedía, y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía y como su gallarda presencia mostraba; y que él, ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España; y que, a lo último, se había venido a recoger a aquel su castillo, donde vivía con su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los caballeros andantes, de cualquiera calidad y condición que fuesen, sólo por la mucha afición que les tenía y porque partiesen con él de sus haberes, en pago de su buen deseo. ...

En la línea 168
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... El ventero, que, como está dicho, era un poco socarrón y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oírle semejantes razones, y, por tener qué reír aquella noche, determinó de seguirle el humor; y así, le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba y pedía, y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía y como su gallarda presencia mostraba; y que él, ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España; y que, a lo último, se había venido a recoger a aquel su castillo, donde vivía con su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los caballeros andantes, de cualquiera calidad y condición que fuesen, sólo por la mucha afición que les tenía y porque partiesen con él de sus haberes, en pago de su buen deseo. ...

En la línea 742
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Durante la segunda quincena del mes de mayo de 1834 penetramos por segunda vez en la boca oriental del estrecho de Magallanes. En ambas costas de esta parte del estrecho consiste el país en llanuras casi del mismo nivel, muy semejantes a las de la Patagonia. El cabo Negro, que se halla un poco al interior de la segunda parte, más estrecha, puede considerarse como el punto en que comienza el terreno a tomar los caracteres distintivos de la Tierra del Fuego. En la costa occidental y al sur del estrecho hay un terreno que parece un parque y une entre sí estos dos países, cuyos caracteres son diametralmente opuestos, hasta el punto de sorprender tan radical cambio de paisaje en un espacio de 20 millas. Si examinamos una distancia algo mayor, como de 60 millas, entre Puerto-Desolación y la bahía de Gregory, por ejemplo, resulta la diferencia todavía más extraña. En Puerto-Desolación se encuentran montañas redondeadas cubiertas de bosques impenetrables anegados por la lluvia, originada por una sucesión no interrumpida de tempestades; en el cabo Gregory, por el contrario, un magnífico cielo azul, y una atmósfera muy clara se dilatan sobre secas y estériles llanuras. Las corrientes atmosféricas, aunque rápidas y turbulentas, por más que no parezcan detenidas por ninguna barrera, se las ve seguir una vía determinada y regular, como un río en su lecho. Durante nuestra anterior visita (en enero) habíamos tenido una entrevista, en el cabo Gregory, con los famosos gigantes patagones, que nos recibieron con gran cordialidad. Sus grandes abrigos de piel de guanaco, sus largos cabellos flotantes, su aspecto general, los hacen parecer más altos de lo que realmente son. Por término medio vienen a tener seis pies, aunque algunos son más altos; los más pequeños son pocos; las mujeres son también muy altas; en suma, esta es la raza más corpulenta que en mi vida he visto. Sus facciones se parecen mucho a las de los indios que he visto en el norte con Rosas; sin embargo, tienen un aspecto más salvaje y más formidable, se pinta la cara con rojo y negro, y uno de ellos estaba cubierto de rayas y puntos blancos como un fueguense. Les ofreció el capitán Fitz-Roy llevar a dos o tres de ellos a bordo del Beagle, y todos querían ir. Por esto tardamos algún tiempo en abandonar la costa; al fin llegamos a bordo con nuestros tres gigantes, que comieron con el capitán y se condujeron como unos verdaderos caballeros. Sabían servirse de los cuchillos y los tenedores y cucharas; el azúcar les gustaba mucho. Ha tenido esta tribu tan frecuente ocasión de comunicarse con los balleneros, que la mayor parte de los individuos que la componen saben algo de inglés y de español; están medio civilizados, y su desmoralización es proporcional a su civilización. ...

En la línea 1247
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Si llegara el caso, que claro que no llegaría, él no pensaba prorrumpir en preciosa tirada de versos, porque ni era poeta ni quería calentarse al calor de su casa incendiada; pero en todo lo demás había de ser, dado el caso, no menos rigoroso que tales y otros caballeros parecidos de aquella España de mejores días. ...

En la línea 1263
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Leía, pues, don Víctor a Calderón, sin cansarse, y próximo estaba a ver cómo se atravesaban con sendas quintillas dos valerosos caballeros que pretendían la misma dama, cuando oyó tres ladridos lejanos. ...

En la línea 1509
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Don Carlos no tenía más amistad que la de unos cuantos hongos, filosofastros y conspiradores; estos caballeros debían de estar solos en el mundo; si tenían hijos y mujer, no los presentaban ni hablaban de ellos nunca. ...

En la línea 2452
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Todos estos caballeros respetables y dignos de estima viven esclavos de tamaña servidumbre, la servidumbre del noticierismo cortesano. ...

En la línea 253
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Lo único que se le puede reprochar fue su gran afición a las mujeres. Toda su vida mostró esta debilidad, hasta en sus últimos años. Cuando ya tenía cerca de sesenta, hizo reír un poco a los de Nápoles con su amor senil por la hermosa y joven Lucrecia de Alagno, aunque él dijo siempre que esta pasión era puramente platónica. Hasta en su vejez tenia bella presencia y aspecto majestuoso, siendo uno de los caballeros más cumplidos de aquella época. ...

En la línea 271
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Además el descendiente de los caballeros de Játiva, eternos guerreadores contra los moros, publicó inmediatamente cuál iba a ser la verdadera finalidad de su Pontificado: combatir a los turcos hasta reconquistar Constantinopla, que su antecesor, el Pontífice bibliófilo, había dejado perderse con desesperados lamentos, pero sin ninguna medida enérgica que impidiese dicha catástrofe cristiana. ...

En la línea 335
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Todos los historiadores durante tres siglos han venido equivocándose al suponer que el caballero que casó con Isabel de Borja se apellidaba Llansol, y, por tanto. Rodrigo de Borja, el futuro Alejandro Sexto, debía llamarse en realidad Llansol de primer apellido. Y como no hay argumento que no se haya usado para ennegrecer la figura de Alejandro Sexto, le acusaron de renegar del apellido de su padre Llansol, anteponiendo el de su madre para ser Borja… Todo falso, sin fundamento alguno, como la mayoría de las calumniosas historias que se atribuyen a esta familia. Los Llansols (tú sabes lo que significa esta palabra en valenciano; sábana o sudario) fueron caballeros de guerra que también bajaron de Aragón con el rey don Jaime a la conquista de Valencia. Cierto Llansol casó, efectivamente, con otra de las hermanas de Calixto Tercero, y uno de sus hijos, Llanaol y Borja, llegó a cardenal, confundiéndole los historiadores con Alejandro Sexto. Este se llamó en realidad Rodrigo de Borja y de Borja, por ser del mismo apellido su padre y su madre. ...

En la línea 495
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Para este personaje, cuantos españoles marcharon en otros siglos a América fueron segundones de grandes casas, todos linajudos, todos muy caballeros y de valor heroico, lo mejor de la raza, y se abstenía modestamente de añadir que entre la selección aristocrática que pasó el Océano, los que llevaban sus dos apellidos eran los mejores Su fe en la sangre noble de los que colonizaron el Nuevo Mundo —como si nunca hubiesen ido allá bandidos, ni buena gente de origen modesto—le hacía considerar con ciega simpatía a todos los que llegaban hasta él procedentes de España. Cuanto más alto ponía a este país y más entusiásticas hipérboles dedicaba a su historia, mayor lustre creía dar a su propio origen y al nombre doblemente famoso, por la aristocracia y por la literatura, que iba a legar a sus hijas. ...

En la línea 428
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Las de Santa Cruz no llamaban la atención en el teatro, y si alguna mirada caía sobre el palco era para las pollas colocadas en primer término con simetría de escaparate. Barbarita solía ponerse en primera fila para echar los gemelos en redondo y poder contarle a Baldomero algo más que cosas de decoraciones y del argumento de la ópera. Las dos hermanas casadas, Candelaria y Benigna, iban alguna vez, Jacinta casi siempre; pero se divertía muy poco. Aquella mujer mimada por Dios, que la puso rodeada de ternura y bienandanzas en el lugar más sano, hermoso y tranquilo de este valle de lágrimas, solía decir en tono quejumbroso que no tenía gusto para nada. La envidiada de todos, envidiaba a cualquier mujer pobre y descalza que pasase por la calle con un mamón en brazos liado en trapos. Se le iban los ojos tras de la infancia en cualquier forma que se le presentara, ya fuesen los niños ricos, vestidos de marineros y conducidos por la institutriz inglesa, ya los mocosos pobres, envueltos en bayeta amarilla, sucios, con caspa en la cabeza y en la mano un pedazo de pan lamido. No aspiraba ella a tener uno solo, sino que quería verse rodeada de una serie, desde el pillín de cinco años, hablador y travieso, hasta el rorró de meses que no hace más que reír como un bobo, tragar leche y apretar los puños. Su desconsuelo se manifestaba a cada instante, ya cuando encontraba una bandada que iba al colegio, con sus pizarras al hombro y el lío de libros llenos de mugre, ya cuando le salía al paso algún precoz mendigo cubierto de andrajos, mostrando para excitar la compasión sus carnes sin abrigo y los pies descalzos, llenos de sabañones. Pues como viera los alumnos de la Escuela Pía, con su uniforme galonado y sus guantes, tan limpios y bien puestos que parecían caballeros chiquitos, se los comía con los ojos. Las niñas vestidas de rosa o celeste que juegan a la rueda en el Prado y que parecen flores vivas que se han caído de los árboles; las pobrecitas que envuelven su cabeza en una toquilla agujereada; los que hacen sus primeros pinitos en la puerta de una tienda agarrándose a la pared; los que chupan el seno de sus madres mirando por el rabo del ojo a la persona que se acerca a curiosear; los pilletes que enredan en las calles o en el solar vacío arrojándose piedras y rompiéndose la ropa para desesperación de las madres; las nenas que en Carnaval se visten de chulas y se contonean con la mano clavada en la cintura; las que piden para la Cruz de Mayo; los talluditos que usan ya bastón y ganan premios en los colegios, y los que en las funciones de teatro por la tarde sueltan el grito en la escena más interesante, distrayendo a los actores y enfureciendo al público… todos, en una palabra, le interesaban igualmente. ...

En la línea 1664
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El tal Ulmus sylvestris era un chico simpático, buen mozo, alegre y de cabeza un tanto ligera. De todos los compañeros de Rubinius vulgaris, aquel era el que más le quería, y Maximiliano le pagaba con un cariño que tenía algo de respeto. Llevaba Olmedo una vida muy poco ejemplar, mudando cada mes de casa de huéspedes, pasándose las noches en lugares pecaminosos, y haciendo todos los disparates estudiantiles, como si fueran un programa que había que cumplir sin remedio. Últimamente vivía con una tal Feliciana, graciosa y muy corrida, dándose importancia con ello, como si el entretener mujeres fuese una carrera en que había que matricularse para ganar título de hombre hecho y derecho. Dábale él lo poco que tenía, y ella afanaba por su lado para ir viviendo, un día con estrecheces, otro con rumbo y siempre con la mayor despreocupación. Tomaba él en serio este género de vida, y cuando tenía dinero, invitaba a sus amigos a tomar un bacalao en su hotel, dándose unos aires de hombre de mundo y pillín, con cierta imitación mala del desgaire parisiense que conocía por las novelas de Paul de Kock. Feliciana era de Valencia, y ponía muy bien el arroz; pero el servicio de la mesa y la mesa misma tenían que ver. Y Olmedo lo hacía todo tan al vivo y tan con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino, cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hacía todos los desatinos que, a su parecer, constituían el rito de perdido; pues a él se le antojó ser perdido, como otros son masones o caballeros cruzados, por el prurito de desempeñar papeles y de tener una significación. Si existiera el uniforme de perdido, Olmedo se lo hubiera puesto con verdadero entusiasmo, y sentía que no hubiese un distintivo cualquiera, cinta, plumacho o galón, para salir con él, diciendo tácitamente: «Vean ustedes lo perdulario que soy». Y en el fondo era un infeliz. Aquello no era más que una prolongación viciosa de la edad del pavo. ...

En la línea 1860
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... La declaración de Maximiliano había puesto a Fortunata en perplejidad grande y penosa. Aquella noche y las siguientes durmió mal por la viveza del pensar y las contradictorias ideas que se le ocurrían. Después de acostada tuvo que levantarse y se arrojó, liada en una manta, en el sofá de la sala; pero no se quedaban las cavilaciones entre las sábanas, sino que iban con ella a donde quiera que iba. La primera noche dominaron al fin, tras largo debate, las ideas afirmativas. «¡Casarme yo, y casarme con un hombre de bien, con una persona decente… !». Era lo más que podía desear… ¡Tener un nombre, no tratar más con gentuza, sino con caballeros y señoras! Maximiliano era un bienaventurado, y seguramente la haría feliz. Esto pensaba por la mañana, después de lavarse y encender la lumbre, cuando cogía la cesta para ir a la compra. Púsose el manto y el pañuelo por la cabeza, y bajó a la calle. Lo mismo fue poner el pie en la vía pública que sus ideas variaron. ...

En la línea 2242
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Qué alboroto es este?—clamó doña Lupe entrando a poner paz—. ¡Vaya con los caballeros estos! Ya les dije otra vez a los señores ojalateros, que cuando quisieran disputar por alto se fueran a hacerlo a la calle. En mi casa no quiero escándalos. ...

En la línea 130
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Al cabo de media hora se le ocurrió de pronto que el príncipe llevaba mucho tiempo ausente, y al instante comenzó a sentirse solo. Pronto se dio a escuchar anheloso y cesó de entretenerse con las preciosas cosas que lo rodeaban. Se incomodó, luego se sintió desazonado e inquieto. Si apareciera alguien y lo sorprendiera con las ropas del príncipe, sin que éste se hallara presenté para dar explicaciones, ¿no lo ahorcarían primero, para averiguar después lo ocurrido? Había oído decir que los grandes eran muy estrictos con las cosas pequeñas. Sus temores fueron creciendo más y más; al fin abrió temblando la puerta de la antecámara, resuelto a huir en busca del príncipe, y, con él, de protección y libertad. Seis magníficos caballeros de servicio y dos jóvenes pajes de elevada condición, vestidos como mariposas, se pusieron en pie al punto y le hicieran grandes reverencias. El niño retrocedió velozmente y cerró la puerta diciéndose: ...

En la línea 142
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Mientras permanecía allí, paralizado de terror, por el palacio circulaban espantosas noticias. El susurro –porque era siempre susurro– voló de lacayo en lacayo, de caballera en dama, por los extensos corredores, de piso en piso, de salón en salón: '¡El príncipe se ha vuelto loco! ¡El príncipe se ha vuelto loco!' Muy pronto cada sala, cada vestíbulo de mármol vio grupos de engalanados caballeros y damas, y otros grupos de gente de menor alcurnia, pero también deslumbrante, –charlando a media voz, y todos con muestras de pesar. Pronto apareció por entre ellos un pomposo oficial, haciendo esta solemne proclamación: ...

En la línea 198
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Tom fue conducido al principal aposento de un suntuoso apartamiento y lo hicieron sentar, cosa que repugnaba hacer, pues se veía rodeado de caballeros ancianos y de hombres de elevada condición. Rogóles que se sentaran también, pero sólo se inclinaron agradeciéndolo o murmuraron las gracias, y permanecieron en pie. Tom habría insistido, pero su 'tío' el conde de Hertford susurró a su oído: ...

En la línea 202
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Observando que Tom no parecía saber cómo proceder, Hertford le susurró que hiciera una seña con la mano y no se molestara en hablar a menos que así lo deseara. Cuando se retiraron los caballeros de servicio, dijo lord St. John: ...

En la línea 344
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Una tía abuela del señor Wopsle daba clases nocturnas en el pueblo; es decir, que era una ridícula anciana, de medios de vida limitados y de mala salud ilimitada, que solía ir a dormir de seis a siete, todas las tardes, en compañía de algunos muchachos que le pagaban dos peniques por semana cada uno, a cambio de tener la agradable oportunidad de verla dormir. Tenía alquilada una casita, y el señor Wopsle disponía de las habitaciones del primer piso, en donde nosotros, los alumnos, le oíamos leer en voz alta con acento solemne y terrible, así como, de vez en cuando, percibíamos los golpes que daba en el techo. Existía la ficción de que el señor Wopsle «examinaba» a los alumnos una vez por trimestre. Lo que realmente hacía en tales ocasiones era arremangarse los puños, peinarse el cabello hacia atrás con los dedos y recitarnos el discurso de Marco Antonio ante el cadáver de César. Inevitablemente seguía la oda de Collins acerca de las pasiones, y, al oírla, yo veneraba especialmente al señor Wopsle en su personificación de la Venganza, cuando arrojaba al suelo con furia su espada llena de sangre y tomaba la trompeta con la que iba a declarar la guerra, mientras nos dirigía una mirada de desesperación. Pero no fue entonces, sino a lo largo de mi vida futura, cuando me puse en contacto con las pasiones y pude compararlas con Collins y Wopsle, con gran desventaja para ambos caballeros. ...

En la línea 678
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Ron - repitió el extranjero -. ¿Y estos caballeros? ...

En la línea 685
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — No conozco esta región, caballeros, pero me parece que hacia el río debe de ser muy solitaria. ...

En la línea 1794
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... veces mas obtusa que la de muchos caballeros. ...

En la línea 107
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... En una palabra, un “gentleman” no debe considerar el juego más que como un pasatiempo organizado con el único objeto de divertirle. No debe ni siquiera sospechar las trampas y los cálculos sobre los que está fundada la banca. Obraría muy delicadamente suponiendo que todos los demás jugadores, todas las gentes que le rodean y tiemblan por un florín, se componen de ricos caballeros, que, como él mismo, juegan únicamente para distraerse y divertirse. ...

En la línea 214
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -Señor cónsul- respondió Fix-, esas gentes las sentimos más bien que las reconocemos. Hay que tener olfato, y ese olfato es un sentido especial nuestro, al cual concurren el oído, la vista y el olor. He agarrado durante mi vida a más de uno de esos caballeros, y con tal que mi ladrón esté a bordo, os respondo que no se me irá de las manos. ...

En la línea 823
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -¡Es evidente, es evidente! -decía para sí el honrado mozo, ufano de su perspicacia-. ¡Es un espía que esos caballeros han enviado tras de nosotros! ¡Eso no es digno! ¡Mister Fogg, tan probo, tan hombre de bien! ¡Hacerle espiar por un agente! ¡Ah! ¡Señores del Reform Club, caro os costará! ...

En la línea 937
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -… ¡Ahora que lo sé todo, compadre! ¡Ah! ¡Eso no tiene chiste! ¡Pero, en fin, seguid; mas antes dejadme deciros que esos caballeros hacen gastos bien inútiles! ...

En la línea 944
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -¿Eh?- dijo Picaporte-, ¿Qué estáis ahí diciendo? ¡Cómo! ¡No contentos con hacer seguir a mi amo y sospechar de su lealtad, esos caballeros quieren además promover obstáculos! ¡Me avergüenzo por ellos! ...


El Español es una gran familia

Reglas relacionadas con los errores de r

Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r

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