Cual es errónea Anunciaba o Anunziaba?
La palabra correcta es Anunciaba. Sin Embargo Anunziaba se trata de un error ortográfico.
El Error ortográfico detectado en el termino anunziaba es que hay un Intercambio de las letras c;z con respecto la palabra correcta la palabra anunciaba

El Español es una gran familia
Reglas relacionadas con los errores de c;z
Las Reglas Ortográficas de la Z
Se escribe z y no c delante de a, o y u.
Se escriben con z las terminaciones -azo, -aza.
Ejemplos: pedazo, terraza
Se escriben con z los sustantivos derivados que terminan en las voces: -anza, -eza, -ez.
Ejemplos: esperanza, grandeza, honradez
La X y la S
Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras c;z
Algunas Frases de libros en las que aparece anunciaba
La palabra anunciaba puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 302
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Cuando Rafael se sintió fuerte tuvo que dar por terminado este período de dulce intimidad. Una tarde habló a solas con el señor Fermín. Él no podía seguir allí; pronto llegarían los viñadores, y la casa de Marchamalo recobraría su animación de pequeño pueblo. Además, don Pablo anunciaba su propósito de echar abajo el caserón, para construir aquel castillo con el que soñaba como una glorificación de su familia. ¿Cómo explicar Rafael su presencia en la viña? Era una vergüenza que un hombre de sus energías permaneciese allí, sin ocupación, viviendo al amparo de su padrino. ...
En la línea 707
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El cielo se azuleaba sin la más leve mancha de nubes. En el límite del horizonte una faja de escarlata anunciaba la salida del sol. ...
En la línea 915
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Pero los infelices sacudían ya su atonía: el dios era un cadáver. No más resignación. Ante el Cristo muerto había que aclamar el triunfo de la Vida. El cadáver inmenso aun pesaba sobre la tierra, pero las muchedumbres engañadas se agitaban ya, dispuestas a sepultarle. Por todos lados se oían los vagidos del mundo nuevo que acababa de nacer. La Poesía que profetizó vagamente la llegada de Cristo, anunciaba ahora la aparición del gran Redentor, que no había de encerrarse en la debilidad de un hombre, sino que encarnaría en la inmensa masa de los desheredados, de los tristes, con el nombre de Rebelión. ...
En la línea 1040
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... La gitana Mari-Cruz se moría. Lo anunciaba _Alcaparrón_ con sus lloriqueos a todos los del cortijo, sin hacer caso de las protestas de su madre. ...
En la línea 4127
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El viejo lo escuchó atentamente, al tiempo que hacía señas de que estaba bien todo aquello; luego, cuando D'Artagnan hubo terminado, movió la cabeza con un aire que no anunciaba nada bueno. ...
En la línea 4740
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -No hablemos, pues, más -dijo D'Artagnan-, y quememosesta carta que, sin duda, os anunciaba alguna nueva infelicidad de vues tra costurerilla o de vuestra doncella. ...
En la línea 5421
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... D'Artagnan lo vio un día enca ntinarse hacia la iglesia de Saint- Leu, y lo siguió instintivamente: entró en el lugar santo después de haberse atusado el mostacho y estirado su perilla, lo cual anunciaba de su parte las intenciones más conquis tadoras. ...
En la línea 5821
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... En total, tres pasantes y medio; lo cual, para la época, anunciaba un bufete de los más surtidos. ...
En la línea 5559
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ya lo anunciaba él muchos días antes. ...
En la línea 9417
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Sin saber cómo, San Blas anunciaba la primavera; Ana esperaba ya aquellos días en que, con largos intervalos de mal tiempo, aparece un poco de luz que arranca vibraciones de alegría y resplandor al verde dormido de los campos vetustenses; aquellos días que son algo mejor que Abril y Mayo; su esperanza. ...
En la línea 10230
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El sol anunciaba sus rayos en los colores vivos de las nubes de Oriente. ...
En la línea 12249
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Entonces anunciaba la orquesta un rigodón. ...
En la línea 94
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Su tío el canónigo de Valencia, don Baltasar Figueras, iba camino de Italia—según le anunciaba en una carta—para completar alguno de aquellos estudios históricos que le habían hecho célebre en España entre dos docenas de eruditos semejantes a él. ...
En la línea 170
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Cicerón era preferido a Virgilio y Horacio. La elocuencia lo dominaba todo, impidiendo las guerras, cimentando la paz, manteniendo las buenas relaciones entre soberanos. Los embajadores recibían el título de oradores. Todo príncipe o pequeña República procuraba tener a sueldo un orador más elocuente y de un latinismo más elegante que las potencias rivales. En las invitaciones a los banquetes se anunciaba como gran aliciente una arenga latina a los postres, pronunciada por algún humanista célebre. ...
En la línea 652
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Hacia construir palacios de madera para banquetes de gala que sólo duraban unas horas, deshaciéndolos a continuación. Cada servicio lo anunciaba su senescal entrando a caballo en el comedor, con traje distinto y seguido de músicos que escoltaban los platos. ...
En la línea 1654
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Era de cuerpo pequeño y no bien conformado, tan endeble que parecía que se lo iba a llevar el viento, la cabeza chata, el pelo lacio y ralo. Cuando estaban juntos él y su hermano Nicolás, a cualquiera que les viese se le ocurriría proponer al segundo que otorgase al primero los pelos que le sobraban. Nicolás se había llevado todo el cabello de la familia, y por esta usurpación pilosa, la cabeza de Maximiliano anunciaba que tendría calva antes de los treinta años. Su piel era lustrosa, fina, cutis de niño con transparencias de mujer desmedrada y clorótica. Tenía el hueso de la nariz hundido y chafado, como si fuera de sustancia blanda y hubiese recibido un golpe, resultando de esto no sólo fealdad sino obstrucciones de respiración nasal, que eran sin duda la causa de que tuviera siempre la boca abierta. Su dentadura había salido con tanta desigualdad que cada pieza estaba, como si dijéramos, donde le daba la gana. Y menos mal si aquellos condenados huesos no le molestaran nunca; ¡pero si tenía el pobrecito cada dolor de muelas que le hacía poner el grito más allá del Cielo! Padecía también de corizas y las empalmaba, de modo que resultaba un coriza crónico, con la pituitaria echando fuego y destilando sin cesar. Como ya iba aprendiendo el oficio, se administraba el yoduro de potasio en todas las formas posibles, y andaba siempre con un canuto en la boca aspirando brea, demonios o no sé qué. ...
En la línea 2214
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata apoyó esta idea con un signo de cabeza; mas no estaba segura de lo que significaba la palabra inmueble, ni quería tampoco preguntarlo. Ello debía de ser lo contrario de muebles. Maxi la sacó de dudas más tarde, hablando de sus olivares y viñas y de la buena cosecha que se anunciaba; por lo cual vino a entender que inmuebles es lo mismo que decir árboles. También ella prefería las propiedades de campo a todas las demás clases de riqueza. Después que se retiró su amante, se quedó pensando en su fortuna, y todo aquel fárrago de olivos, parrales y carrascales que tenía metido en la cabeza le impidió dormir hasta muy tarde, enderezando aún más sus propósitos por la vía de la honradez. ...
En la línea 2378
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Mauricia creía que estaba ya bastante iluminada, porque la excitación encendía sus ideas dándole un cierto entusiasmo; y después de hacer un poco de ejercicio corporal colgándose de la reja, porque sus miembros apetecían estirarse, se puso a rezar con toda la devoción de que era capaz, luchando con las varias distracciones que llevaban su mente de un lado para otro, y por fin se quedó dormida sobre el duro lecho de tablas. Sacáronla del encierro al día siguiente temprano, y al punto se puso a trabajar en la cocina, sumisa, callada y desplegando maravillosas actividades. Después de cumplir una condena, lo que ocurría infaliblemente una vez cada treinta o cuarenta días, la mujer napoleónica estaba cohibida y como avergonzada entre sus compañeras, poniendo toda su atención en las obligaciones, demostrando un celo y obediencia que encantaban a las madres. Durante cuatro o cinco días desempeñaba sin embarazo ni fatiga la tarea de tres mujeres. Pasadas dos semanas, advertían que se iba cansando; ya no había en su trabajo aquella corrección y diligencia admirables; empezaban las omisiones, los olvidos, los descuidillos, y todo esto iba en aumento hasta que la repetición de las faltas anunciaba la proximidad de otro estallido. Con Fortunata volvió a intimar después de la escena violenta que he descrito, y juntas echaron largos párrafos en la cocina, mientras pelaban patatas o fregaban los peroles y cazuelas. Allí gozaban de cierta libertad, y estaban sin tocas y en traje de mecánica como las criadas de cualquier casa. ...
En la línea 2439
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Llamó a Fortunata y a Mauricia, y en breves palabras las puso al corriente de la situación. Ambas recogidas, particularmente la Dura, no querían otra cosa. O se apoderaban del enemigo, o no eran ellas quienes eran. Bajó Sor Marcela a la iglesia, y las dos mujeres emprendieron su campaña. No quedó trasto que no removieran, y para separar de su sitio la cómoda, que era pesadísima, estuvieron haciendo esfuerzos varoniles cosa de un cuarto de hora, no acabando antes porque la risa les cortaba las fuerzas. Por fin, tanto trabajaron que cuando Sor Marcela salió de la iglesia, una monja le dio la feliz noticia de que el ratón había sido cogido. Subió la enana a su celda, y la algazara de las recogidas le anunciaba por el camino las diabluras de Mauricia, que tenía el ratón vivo en la mano y asustaba con él a sus compañeras. ...
En la línea 2340
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Ninguna tierra a la vista. Nada más que el mar inmenso. Algunas velas en el horizonte, de los barcos que van a buscar hasta el cabo San Roque los vientos favorables para doblar el cabo de Buena Esperanza. El cielo estaba cubierto, y se anunciaba un ventarrón. ...
En la línea 3244
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Pero el cielo se tornaba cada vez más amenazador. Se manifestaban los síntomas de un huracán. La atmósfera estaba blanca, lechosa. A los cirros en haces sueltos sucedían en el horizonte capas de nimbo cúmulus. Otras nubes bajas huían rápidamente. La mar, ya muy gruesa, se hinchaba en largas olas. Desaparecían las aves, con excepción de esos petreles que anuncian las tempestades. El barómetro bajaba muy acusadamente e indicaba en el aire una extremada tensión de los vapores. La mezcla del stormglass se descomponía bajo la influencia de la electricidad que saturaba la atmósfera. La lucha de los elementos se anunciaba ya próxima. ...
En la línea 650
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -La mañana no anunciaba este turbión -repuso Artegui-. Es muy húmeda toda Francia en general, y esta cuenca del Adour no desmiente la regla. ¡Lástima no haber podido recorrer Biarritz! Hay allí palacios y comercios monísimos. La llevaría a usted a ver la Virgen que, desde una roca, parece que sosiega el Océano… Más hermosa idea artística no se puede dar. ...
En la línea 985
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Mas también la golondrina de Levante se voló, en busca de zonas más templadas. Un día no encontraron ya a Ibrahim Antonio en su sitio de costumbre: probablemente cansado de una jornada sin venta, había cargado con el surtido y emprendido el camino Dios sabe dónde. Lucía le echó de menos; pero el movimiento de retirada era general; no se veían sino tiendas que se vaciaban y cerraban. Había en las aceras montones de paja, rimeros de recortes de papel de embalaje, cajones y cajas con grandes rótulos que decían: «muy frágil.» Era la tristeza, el desorden, el creciente vacío de una casa mudada. Pilar encontraba tan feo a Vichy de aquel modo, que ideaba paseos inusitados, que la apartasen de las calles principales. Una mañana se encaprichó en ir a ver la pastillería, y presenció el nacimiento de dos o tres mil pastillas y bombones; otra quiso visitar las subterráneas galerías que encierran los inmensos depósitos del agua, y los formidables tubos por donde asciende a alimentar los baños del establecimiento termal. Bajaron estrecha escalera, cuyos últimos peldaños se hundían ya en la obscuridad de las galerías. La guardiana les precedía alumbrando con una lámpara de minero, aplastada y de hediondo tufo; Miranda llevaba otra, y un pilluelo que allí se apareció caído de las nubes, encargose de la última. Era la bóveda tan baja, que Miranda hubo de inclinar la cabeza, por no deshacerse la frente. Hacía brusco recodo el angosto pasadizo, y se hallaron de pronto en otra galería, abierta como una boca, donde se internaban los tubos, comidos de orín, gracias a la perenne humedad. Sudaba el techo pálidas y brillantes gotitas de vapor acuoso; a uno y otro lado corría el agua, sobre un lecho de residuos, de fosfatos alcalinos, blancos y farináceos, como nieve recién llovida. A medida que adelantaban por el largo canal subterráneo, calor sofocante anunciaba el paso de las sobras de la Reja Grande, un raudal hirviente, cuya temperatura subía más aún en aquella prisión. De las paredes, leprosas, herpéticas, cubiertas de roña caliza, colgaban monstruosas fungosidades, criptógamas preñadas de veneno, cuya blancura ponzoñosa se destacaba sobre el muro, como una pupila pálida y siniestra en un rostro amoratado. En los codos de los tubos, polvorientas telarañas se tendían, semejantes a sudario gris de olvidados muertos. Las losas der pavimento, dislocadas, dejaban entrever el agua negra. Sobre sus cabezas oían los expedicionarios el pisar de la gente, el batir del duro casco de las bestias. A veces se abría un respiradero, y al través de la reja de hierro filtrábase la luz del día, lívida y cadavérica, amarilleando la rojiza de las lámparas. Los tubos, intestinos de aquel húmedo vientre, daban mil vueltas, y tan pronto rastreaban a flor de tierra, parecidos a sierpes enormes, como se erguían a la bóveda, remedando los negros tentáculos de un pulpo descomunal. Hubo un instante en que los expedicionarios salieron de los pasadizos a plaza más despejada; era una especie de cueva circular, con tragaluz, y en su fondo bostezaban las anchas fauces del pozo Lucas, lleno de un agua soñolienta, sombría y honda. El pilluelo acercó curioso su lámpara. La guardiana le asió del brazo. ...
En la línea 662
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Hacia las diez, el guía anunciaba la estación de Hallahabad. Allí arrancaba de nuevo la interrumpida vía, cuyos trenes recorren en menos de un día y una noche la distancia que separa a Allahabad de Calcuta. ...
En la línea 1100
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Con el alba, el viento arreció más. Había en el cielo apariencias de un cercano chubasco. Además, el barómetro anunciaba un próximo cambio en la atmósfera; su marcha diuma era irregular, y el mercurio oscilaba caprichosamente. La marejada hacia el Sureste se presentaba ampollada, como indicio precursor de la tempestad. La víspera se había puesto el sol entre una bruma roja, en medio de los destellos forforescentes del Océano. ...

la Ortografía es divertida
Errores Ortográficos típicos con la palabra Anunciaba
Cómo se escribe anunciaba o hanunciaba?
Cómo se escribe anunciaba o anunziaba?
Cómo se escribe anunciaba o anunciava?
Más información sobre la palabra Anunciaba en internet
Anunciaba en la RAE.
Anunciaba en Word Reference.
Anunciaba en la wikipedia.
Sinonimos de Anunciaba.
Palabras parecidas a anunciaba
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