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La palabra hacabado
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Comó se escribe hacabado o acabado?

Cual es errónea Acabado o Hacabado?

La palabra correcta es Acabado. Sin Embargo Hacabado se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra hacabado es que se ha eliminado o se ha añadido la letra h a la palabra acabado


El Español es una gran familia

Reglas relacionadas con los errores de h

Las Reglas Ortográficas de la H

Regla 1 de la H Se escribe con h todos los tiempos de los verbos que la llevan en sus infinitivos. Observa estas formas verbales: has, hay, habría, hubiera, han, he (el verbo haber), haces, hago, hace (del verbo hacer), hablar, hablemos (del verbo hablar).

Regla 2 de la H Se escriben con h las palabras que empiezan con la sílaba hum- seguida de vocal. Observa estas palabras: humanos, humano.

Se escriben con h las palabras que empiezan por hue-. Por ejemplo: huevo, hueco.

Regla 3 de la H Se escriben con h las palabra que empiezan por hidro- `agua', hiper- `superioridad', o `exceso', hipo `debajo de' o `escasez de'. Por ejemplo: hidrografía, hipertensión, hipotensión.

Regla 4 de la H Se escriben con h las palabras que empiezan por hecto- `ciento', hepta- `siete', hexa- `seis', hemi- `medio', homo- `igual', hemat- `sangre', que a veces adopta las formas hem-, hemo-, y hema-, helio-`sol'. Por ejemplo: hectómetro, heptasílaba, hexámetro, hemisferio, homónimo, hemorragia, helioscopio.

Regla 5 de la H Los derivados de palabras que llevan h también se escriben con dicha letra.

Por ejemplo: habilidad, habilitado e inhábil (derivados de hábil).

Excepciones: - óvulo, ovario, oval... (de huevo)

- oquedad (de hueco)

- orfandad, orfanato (de huérfano)

- osario, óseo, osificar, osamenta (de hueso)


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra h

Algunas Frases de libros en las que aparece acabado

La palabra acabado puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1837
del libro la Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Teresa y su hija, rendidas por el llanto, agotada la energía después de tantas noches de insomnio, habían acabado por quedar inertes, cayendo sobre aquella cama que aún conservaba la huella del pobre niño. ...

En la línea 424
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Habíase acabado la siembra de los garbanzos, los yeros y los arvejones. ...

En la línea 1237
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El calavera había acabado por asombrar con su nueva conducta al poderoso primo... ¡Ni mujeres ni escándalos! La _Marquesita_ ya no se acordaba de él: ofendida por sus desvíos, había vuelto a unirse con el tratante de cerdos, «el único hombre que sabía hacerla marchar». ...

En la línea 1454
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Relataba a Montenegro cómo habían terminado sus amores. Ella le llamó una noche para hablar en la reja, y con una voz y un gesto, cuyo recuerdo aún estremecía al pobre mozo, le anunció que todo había acabado entre los dos. ¡Cristo; qué noticia para recibirla así, de sopetón! Rafael se agarró a los hierros para no caer. Después hubo de todo: súplicas, amenazas, lloros; pero ella se mantenía inflexible, con una sonrisa que daba miedo, negándose a continuar los amoríos. ¡Ah, las mujeres!... ...

En la línea 1461
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El mocetón gemía al decir esto, mientras su amigo, que había acabado de comer, apoyaba pensativo su frente en una mano. ...

En la línea 1979
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Por fin, los dos últimos, durante esta comisión, montaban guardia en la puer ta; luego, cuando todo ha acabado, se han marchado dejando la casa vacía y completamente abierta. ...

En la línea 3829
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Además, el ballet había acabado, pero la noche apenas había comenzado: se cenaba a las tres y el reloj de Saint- Jean hacía algún tiempo que había tocado ya las dos y tres cuartos. ...

En la línea 4184
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El señor de Tréville escuchó el relato del joven con una gravedad que probaba que había algo más en toda aquella aventura que una intriga de amor; luego, cuando D'Artagnan hubo acabado:-¡Hum! -dijo-. ...

En la línea 4442
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Dos horas después todo había acabado, nosotros les habíamos arreglado el asunto a cada uno, admirándonos al mismo tiempo de la previsión de nuestro pobre padre, que había tomado la precaución de educar nos a cada uno en una religión diferente. ...

En la línea 5428
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... «_Tenez, gueux enragé_», me gritó, tirándome una furiosa estocada; pero no había acabado de decir esas palabras, cuando resbaló, y cayó hacia adelante todo lo largo que era, y la espada se le escapó de la mano _comme une flêche_. ...

En la línea 7106
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Entonces exclamó: «Cesad, tangerinos; quizás hemos destruído la _ayana_, quizás hemos acabado con ellas.» ¡Ja, ja! Mira alrededor, y encima de ti, y debajo, y dime si el cónsul ha destruído la _ayana_. ...

En la línea 592
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Apenas había el cabrero acabado de decir esto, cuando llegó a sus oídos el son del rabel, y de allí a poco llegó el que le tañía, que era un mozo de hasta veinte y dos años, de muy buena gracia. ...

En la línea 1138
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Quisiera don Quijote mirar si el cuerpo que venía en la litera eran huesos o no, pero no lo consintió Sancho, diciéndole: -Señor, vuestra merced ha acabado esta peligrosa aventura lo más a su salvo de todas las que yo he visto; esta gente, aunque vencida y desbaratada, podría ser que cayese en la cuenta de que los venció sola una persona, y, corridos y avergonzados desto, volviesen a rehacerse y a buscarnos, y nos diesen en qué entender. ...

En la línea 1188
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Pues, por Dios, que se ha acabado el cuento, que no hay pasar adelante. ...

En la línea 1302
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -No dices mal, Sancho -respondió don Quijote-; mas, antes que se llegue a ese término, es menester andar por el mundo, como en aprobación, buscando las aventuras, para que, acabando algunas, se cobre nombre y fama tal que, cuando se fuere a la corte de algún gran monarca, ya sea el caballero conocido por sus obras; y que, apenas le hayan visto entrar los muchachos por la puerta de la ciudad, cuando todos le sigan y rodeen, dando voces, diciendo: ''Éste es el Caballero del Sol'', o de la Sierpe, o de otra insignia alguna, debajo de la cual hubiere acabado grandes hazañas. ...

En la línea 444
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Como los restos de esos géneros se encuentran a los dos lados del estrecho de Behring7 y en las llanuras de Siberia, nos vemos obligados a considerar el lado noroeste de la América del Norte como el antiguo punto de comunicación entre el antiguo mundo y lo que se llama el nuevo mundo. Pues bien: como tantas especies vivas y extintas de esos mismos géneros han habitado y habitan aún en el antiguo mundo, parece muy probable que los elefantes, los mastodontes, el caballo y los rumiantes de cuernos huecos de la América septentrional hayan penetrado en este país pasando por tierras hoy hundidas junto al estrecho de Behring; y de allí, pasando por tierras también sumergidas después, por las cercanías de las Indias occidentales, esas especies penetrarían en la América del Sur, donde, luego de mezclarse durante algún tiempo con las formas que caracterizan a este continente meridional, han acabado por extinguirse. ...

En la línea 1163
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... is hombres habían desertado de un ballenero americano, y desembarcado un poco más al sur del lugar en que nos encontramos; una ola había roto su canoa y hacía quince meses que erraban por la costa sin saber dónde se hallaban ni hacia qué punto dirigirse. Qué suerte fue para ellos nuestro descubrimiento de este puerto! Sin él habrían vagado hasta llegar a hacerse viejos en aquella costa silvestre y hubiesen acabado por morir allí ...

En la línea 2617
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Había acabado la carrera aquel año y su propósito era casarse cuanto antes con una muchacha rica. ...

En la línea 3553
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aquello se había acabado. ...

En la línea 5663
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Su estudio más acabado era el del joven que se entrega a la lujuria. ...

En la línea 12820
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Allí era él el amo, prueba de ello que su mujer había ido al baile: se había acabado el Paraguay, no más misticismo; una prudente piedad heredada de nuestros mayores y basta y sobra. ...

En la línea 322
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Nuestro Papa español llegaba demasiado tarde para la defensa de la Cristiandad. Era el último Pontífice de la Edad Media entusiasta y lleno de fe. Sus asombrosos y rápidos triunfos no los apreció nunca como resultado de su actividad personal. Los consideraba modestamente un efecto de las plegarias que dirigía a Dios y de las rogativas ordenadas n los pueblos cristianos, ya que sus príncipes no querían ayudarle. De no traicionarlo y robado descaradamente estos gobernantes, ¿quién sabe si el primero de los Borjas habría acabado por plantar otra vez la cruz sobre las murallas de Constantinopla? ...

En la línea 1327
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Desde España, el primer político de la época, que lo veía todo por oculto que estuviese—y lo que no sabía lo adivinaba—, había acabado por presentir la maquinación papal y francesa. Fernando el Católico se indigno al ver que un español convertido en Pontífice intentaba moverse solo, siguiendo una política independiente que podía resultar contraria a la suya. Como era hombre de acciones múltiples y contradictorias, valiéndose a la vez de minas y contraminas, hasta el punto de enmarañar las cosas de tal modo que, finalmente, sólo él conocía el hilo conductor, buscó ponerse de acuerdo en secreto con el rey de Francia para repartirse entre ambos los territorios de Nápoles, si es que la tal partición resultaba inevitable, y envió al mismo tiempo una embajada amenazadora al Papa, pretendiendo asustarlo. ...

En la línea 1619
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Consideraba lógico que dos hombres quisieran matarse por aquella hermosa viuda, hacia la cual se volvía su recuerdo muchas veces. Todas las mujares de vida interesante que provocaban batallas entre los hombres o eran motivo de sus lágrimas, heroínas de teatro y de libro, le hacían pensa inmediatamente en la señora de Pineda. Era para él una concreción de cuantas aventuras y caprichos alegran la existencia humana y la amargan a un tiempo, embelleciendo su natural monotonía. El también, de no ser quien era, habría acabado por hacer locuras, lo mismo que estos jóvenes, que le inspiraban una envidia mansa. ...

En la línea 1625
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Esta tranquilidad permitió al buen Enciso mostrarse algo jactancioso en sus apreciaciones sobre el próximo combate. Hubiese preferido un duelo a espada. Aborrecía las armas modernas. La pólvora, según él, había acabado con la poesía de la Historia. ...

En la línea 1129
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Ya está acabado el traje, gentleman -decía Flimnap-. Hay que ponérselo inmediatamente, y con eso quedará terminado el conflicto con todo ese pueblo que no le conoce bien. Los empleados del gobierno quieren que salga usted de la Galería. Le será mas fácil vestirse al aire libre, y los sastres podrán apreciar mejor su obra. ...

En la línea 1270
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Así vivían, satisfechos de su nueva situación, participando de la pobreza y las esperanzas de todo aquel rebaño servil, que escuchaba a Ra-Ra como a un apóstol. El doctor era el encargado de cocinar y también de limpiar la choza en que vivían, encontrando un placer original en el desempeño de estas funciones que habían pertenecido a su sexo en tiempos tan remotos que ya estaban olvidados. Además se consideraba feliz porque Ra-Ra parecía contento. La fe de este en la victoria de los hombres había acabado por sentirla ella igualmente, traicionando por amor los intereses de su sexo. ...

En la línea 1573
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... En el mismo instante el bote quedó inmovilizado con tal brusquedad, que Edwin casi cayó de espaldas. Miró en torno de él, sin distinguir nada amenazante en el mar; pero sobre una de las bordas de su embarcación vio como se movía una especie de hilo de araña. Este filamento había acabado por pegarse a la madera, como si fuese un ser vivo, mientras su extremo opuesto se perdía en la profundidad acuática. ...

En la línea 1701
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Su salud era mejor que nunca; pero había necesitado fingirse enferma durante un mes, con gran abundancia de melancolias y llantos, y hasta privarse de bailar en tanto tiempo. Esto último era lo que había asustado más a la madre, haciéndola creer en una muerte próxima; y como amaba mucho a su hija, la grave señora había acabado por acceder a su matrimonio con el ingeniero. ...

En la línea 285
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Fíjate ahora en los alambres. Son iguales al pentagrama de un papel de música. Mira cómo sube, mira cómo baja. Las cinco rayas parece que están grabadas con tinta negra sobre el cielo azul, y que el cielo es lo que se mueve como un telón de teatro no acabado de colgar. ...

En la línea 533
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Moreno fue allá, y Guillermina, que aún no había acabado de reír, decía a sus amigas. ...

En la línea 610
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Cuando salieron las dos damas, Santa Cruz pensó un ratito en su mujer, formulando un panegírico mental. ¡Qué ángel! Todavía no había acabado él de cometer una falta, y ya estaba ella perdonándosela. En los días precursores del catarro, hallábase mi hombre en una de aquellas etapas o mareas de su inconstante naturaleza, las cuales, alejándole de las aventuras, le aproximaban a su mujer. Las personas más hechas a la vida ilegal sienten en ocasiones vivo anhelo de ponerse bajo la ley por poco tiempo. La ley las tienta como puede tentar el capricho. Cuando Juan se hallaba en esta situación, llegaba hasta desear permanecer en ella; aún más, llegaba a creer que seguiría. Y la Delfina estaba contenta. «Otra vez ganado—pensaba—. ¡Si la buena durara!… ¡si yo pudiera ganarle de una vez para siempre y derrotar en toda la línea a las cantonales… !». ...

En la línea 4631
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¿Ustedes gustan?… Pues decía que en las cajas que están ahora en la Aduana de Irún, vienen unos trajecitos de niño, de punto, que han de hacer sensación. El modelo llegó ayer en gran velocidad, y también vino un fichú del cual estamos haciendo imitaciones de clase inferior, con puntilla ordinaria. Verán, verán ustedes… Pues el faldón de bautizo, por ejemplo, que estamos arreglando con encaje valenciennes, no se podrá poner menos de quinientos francos. (Aurora tenía la costumbre de contar siempre por francos). Es verdaderamente encantador. Lo traeré aquí cuando esté acabado para que lo vean ustedes». ...

En la línea 1155
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Ah, ¿te acuerdas? Pues aquella mujer ha acabado por rechazarme del todo. Nunca la gané, pero ahora la he perdido del todo, ¡del todo! ...

En la línea 817
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... No había acabado Ned Land de pronunciar estas últimas palabras, cuando súbitamente se hizo la oscuridad, una oscuridad absoluta. El techo luminoso se apagó, y tan rápidamente que mis ojos sintieron una sensación dolorosa, análoga a la que produce el paso contrario de las profundas tinieblas a la luz más brillante. ...

En la línea 1193
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A dos millas, por estribor, se divisaba la isla Gueboroar, cuya costa se redondeaba desde el Norte al Oeste como un inmenso brazo. Hacia el Sur y el Este el reflujo comenzaba a dejar al descubierto las crestas de algunos arrecifes de coral. Habíamos tocado de lleno y en uno de esos mares que tienen mareas pobres, lo que dificultaba la puesta a flote del Nautilus. Sin embargo, éste no parecía haber sufrido ninguna avería gracias a la extraordinaria solidez de su casco. Pero si no podía abrirse ni irse a pique, sí corría el riesgo, en cambio, de permanecer para siempre aprisionado en esos escollos. Así, tal vez había acabado allí su carrera el aparato submarino del capitán Nemo. ...

En la línea 1349
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Apenas había acabado de formular su proposición el arponero cuando cayó una piedra a nuestros pies. ...

En la línea 1865
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Yo hubiera querido socorrer al capitán, pero el espanto me clavaba al suelo. Miraba despavorido y veía modificarse las fases de la lucha. Derribado por la fuerza inmensa de aquella masa, el capitán cayó al suelo. Las mandíbulas del tiburón se abrieron desmesuradamente como una guillotina, y en ellas hubiera acabado el capitán si, rápido como el rayo, Ned Land, arpón en mano, no hubiera golpeado con él al tiburón. ...

En la línea 334
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Entonces, algo que yo había observado ya antes resonó otra vez en la garganta de aquel hombre, que se volvió de espaldas. Había regresado el bote y la guardia estaba dispuesta, de modo que seguimos al preso hasta el embarcadero, hecho con pilotes y piedras, y lo vimos entrar en el bote impulsado a remo por una tripulación de penados como él mismo. Ninguno pareció sorprendido ni interesado al verlo, así como tampoco alegre o triste. Nadie habló una palabra, a excepción de alguien que en el bote gruñó, como si se dirigiera a perros: «¡Avante!», lo cual era orden de que empezaran a mover los remos. A la luz de las antorchas vimos el negro pontón fondeado a poca distancia del lodo de la orilla, como si fuese un Arca de Noé maldita. El barco prisión estaba anclado con cadenas macizas y oxidadas, fondeado y aislado por completo de todo lo demás, y a mis infantiles ojos me pareció que estaba rodeado de hierro como los mismos presos. El bote se acercó a un costado de la embarcación, y vimos que lo izaban y que desaparecía. Luego, los restos de las antorchas cayeron silbando al agua y se apagaron como si todo hubiese acabado ya. ...

En la línea 732
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... La ventana daba a un rincón miserable del jardín abandonado, y se veían algunos tallos de coles casi podridos y un boj podado mucho tiempo antes, en forma semejante a un pudding y que había echado un renuevo de diferente color en la parte superior, alterando la forma general y como si aquella parte del pudding se hubiese caído de la cacerola, quemándose. Ésta fue mi impresión mientras miraba el boj. La noche anterior había nevado un poco, y la nieve desapareció casi por completo, pero no había acabado de derretirse en la parte sombreada de aquel trozo de jardín; el viento cogía los copos y los arrojaba a la ventana, como si me invitase a reunirme con ellos. ...

En la línea 1201
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Si lo hubiese acabado ya, me habría quedado en lo más profundo de mis dudas, según creo. Pero no lo terminé, sin embargo, porque llegó a un fin prematuro, según se verá por lo que sigue. ...

En la línea 1697
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Entonces observé, pues tuve tiempo de contarlos, que allí había no menos de seis pequeños Pockets en varias fases de crecimiento. Apenas había acabado de contarlo, cuando se oyó el séptimo, chillando lastimeramente desde la casa. ...

En la línea 310
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «¡Pobre muchacha! ‑se dijo mirando el pico del banco donde había estado sentada‑. Cuando vuelva en sí, llorará y su madre se enterará de todo. Primero, su madre le pegará, después la azotará cruelmente, como a un ser vil, y acto seguido, a lo mejor, la echará a la calle. Aunque no la eche, una Daría Frantzevna cualquiera acabará por olfatear la presa, y ya tenemos a la pobre muchacha rodando de un lado a otro… Después el hospital (así ocurre siempre a las que tienen madres honestas y se ven obligadas a hacer las cosas discretamente), y después… después… otra vez al hospital. Dos o tres años de esta vida, y ya es un ser acabado; sí, a los dieciocho o diecinueve años, ya es una mujer agotada… ¡Cuántas he visto así! ¡Cuántas han llegado a eso! Sí, todas empiezan como ésta… Pero ¡qué me importa a mí! Un tanto por ciento al año ha de terminar así y desaparecer. Dios sabe dónde… , en el infierno, sin duda, para garantizar la tranquilidad de los demás… ¡Un tanto por ciento! ¡Qué expresiones tan finas, tan tranquilizadoras, tan técnicas, emplea la gente… ! Un tanto por ciento; no hay, pues, razón, para inquietarse… Si se dijera de otro modo, la cosa cambiaria… , la preocupación sería mayor… ...

En la línea 3208
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Quiero decirle una cosa, mi querido Rodion Romanovitch; una cosa que le ayudará a comprender mi carácter ‑continuó Porfirio Petrovitch, sin cesar de dar vueltas por la habitación, pero procurando no cruzar su mirada con la de Raskolnikof‑. Yo soy, ya lo ve usted, un solterón, un hombre nada mundano, desconocido y, por añadidura, acabado, embotado, y… y… ¿ha observado usted, Rodion Romanovitch, que aquí en Rusia, y sobre todo en los círculos petersburgueses, cuando se encuentran dos hombres inteligentes que no se conocen bien todavía, pero que se aprecian mutuamente, están lo menos media hora sin saber qué decirse? Permanecen petrificados y confusos el uno frente al otro. Ciertas personas tienen siempre algo de que hablar. Las damas, la gente de mundo, la de alta sociedad, tienen siempre un tema de conversación, c'est de rigueur; pero las personas de la clase media, como nosotros, son tímidas y taciturnas… Me refiero a los que son capaces de pensar… ¿Cómo se explica usted esto, amigo mío? ¿Es que no tenemos el debido interés por las cuestiones sociales? No, no es esto. Entonces, ¿es por un exceso de honestidad, porque somos demasiado leales y no queremos engañarnos unos a otros… ? No lo sé. ¿Usted qué opina… ? Pero deje la gorra. Parece que esté usted a punto de marcharse, y esto me contraría, se lo aseguro, pues, en contra de lo que usted cree, estoy encantado… ...

En la línea 3857
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Tienes razón otra vez, Sonia. Todo lo que te he dicho es absurdo, pura charlatanería… La verdad es que, como sabes, mi madre está falta de recursos y que mi hermana, que por fortuna es una mujer instruida, se ha visto obligada a ir de un sitio a otro como institutriz. Todas sus esperanzas estaban concentradas en mí. Yo estudiaba, pero, por falta de medios, hube de abandonar la universidad. Aun suponiendo que hubiera podido seguir estudiando, en el mejor de los casos habría podido obtener dentro de diez o doce años un puesto como profesor de instituto o una plaza de funcionario con un sueldo anual de mil rublos ‑parecía estar recitando una lección aprendida de memoria‑, pero entonces las inquietudes y las privaciones habrían acabado ya con la salud de mi madre. Para mi hermana, las cosas habrían podido ir todavía peor… ¿Y para qué verse privado de todo, dejar a la propia madre en la necesidad, presenciar el deshonor de una hermana? ¿Para qué todo esto? ¿Para enterrar a los míos y fundar una nueva familia destinada igualmente a perecer de hambre… ? En fin, todo esto me decidió a apoderarme del dinero de la vieja para poder seguir adelante, para terminar mis estudios sin estar a expensas de mi madre. En una palabra, decidí emplear un método radical para empezar una nueva vida y ser independiente… Esto es todo. Naturalmente, hice mal en matar a la vieja… , ¡pero basta ya! ...

En la línea 4116
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Oye, ¿te acuerdas de aquel asesinato, de aquel asunto que Porfirio estaba encargado de instruir? Me refiero a la muerte de la vieja. Pues bien, ya se ha descubierto al asesino. Él mismo ha confesado y presentado toda clase de pruebas. Es uno de aquellos pintores que yo defendía con tanta seguridad, ¿te acuerdas? Aunque parezca mentira, todas aquellas escenas de risas y golpes que se desarrollaron mientras el portero subía con dos testigos no eran más que un truco destinado a desviar las sospechas. ¡Qué astucia, qué presencia de ánimo la de ese bribón! Verdaderamente, cuesta creerlo, pero él lo ha explicado todo, y su declaración es de las más completas. ¡Cómo me equivoqué! A mi juicio, ese hombre es un genio, el genio del disimulo y de la astucia, un maestro de la coartada, por decirlo así, y, teniendo esto en cuenta, no hay que asombrarse de nada. En verdad, personas así pueden existir. Que no haya podido mantener su papel hasta el fin y haya acabado por confesar es una prueba de la veracidad de sus declaraciones… Pero no comprendo cómo pude cometer tamaña equivocación. Estaba dispuesto a sostener en todos los terrenos la inocencia de esos hombres. ...

En la línea 1832
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -Señor- le dijo entonces el capitán Speedy, que había acabado por interesarse en sus proyectos-, siento mucho lo que os suceue. Todo conspira contra vos. Todavía no estamos más que a la altura de Queenstown. ...


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Más información sobre la palabra Acabado en internet

Acabado en la RAE.
Acabado en Word Reference.
Acabado en la wikipedia.
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